JEEPERS CREEPERS

024_jeepers_creepers

“Hay reinsertados con las manos manchadas de sangre, goteando (…) se les recibe con banda y con música. Hombre, lo que tendrían que hacer es guardar sus vergüenzas (…)” Gregorio Ordóñez

En una época en la que el tradicional hombre del saco ha sido progresivamente desplazado en el imaginario colectivo por amenazas invisibles en forma de guerras bacteriológicas o armas nucleares o visibles como el terrorismo, la tarea de construir un nuevo mito que contribuya a reformular los parámetros de los monstruos clásicos se antoja compleja, pero no imposible.

La historia que hoy nos ocupa, se explica a través de una leyenda alimentada en el contexto esas tradicionales reuniones de personajes inverosímiles, que unen sus almas alrededor de una fogata urbana prendida en un viejo y corroído bidón metálico, humeando negro intenso, en cualquier callejón estrecho y oscuro de la ciudad.  La criatura se desliza a través de las sombras, y sus ataques aparecen precedidos por una añeja melodía jazz -en un detalle similar al uso de la música en “La noche del demonio” (Night of the demon, 1957), o de las canciones folk escritas por Paul Giovanni en “The wicker man” (1973) cuya letra, extraída de su inicial contexto cómico, prefigura los escalofriantes placeres prohibidos de esta abyecta entidad.

Es un demonio antiguo que lleva vivo, años… despertando cada 23 primaveras y alimentándose durante días de seres humanos a los cuales escoge con su olfato. Cuando huele algo que le gusta, no puede detenerse….

Esta criatura guarda los cadáveres de sus víctimas en lugares oscuros y deshabitados y puede recorrer distancias elevadas hasta desaparecer de la vista e incluso de las autoridades. Su nombre “The Creeper”.

Afortunadamente, “The Creeper” es un monstruo de ficción, aunque lleve atormentando la imaginación de todo aquel que ose conocerlo desde que fuera creado por Steve Ditko como personaje de cómic en 1968, o interpretado, posteriormente, por Jonathan Breck en la saga de películas “Jeepers Creepers” en 2001 y 2003.

Lamentablemente, sin que nos hayamos dado cuenta, deben haber pasado ya esos 23 años de hibernación porque tanto nuestro “The Creeper” como otros personajes siniestros han hecho su aparición en la escena de la actualidad, irrumpiendo sin cortapisas y causando el estupor y el espanto de muchos ciudadanos.

En España, concretamente, el “candidato fantasma” Arnaldo Otegi trata de formalizar a toda costa el encabezamiento de la lista de Bildu  para convertirse en Lehendakari del Gobierno Vasco, estando inhabilitado por la Justicia, hasta 2020.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha remitido un escrito al tribunal que condenó a Otegi por intentar refundar Batasuna a través de Bateragune, en el que le reclama que envíe a las Juntas Electorales vascas la sentencia, para que éstas pueda cumplir de forma imperativa la resolución que le mantiene inhabilitado hasta el 28 de febrero de 2021 y que le impide por tanto presentarse a las elecciones vascas del próximo 25 de septiembre.

Tal como afirmaba hace pocos días el ministro de Justicia y Fomento en funciones, Rafael Catalá,  el “candidato” Otegi no va a formar parte del Parlamento vasco por estar inhabilitado hasta 2020, instando a la Junta Electoral para que sea quien rechace la candidatura, porque si no, el Partido Popular recurrirá la sentencia.

Otegi fue condenado a 10 años de prisión y a dos inhabilitaciones, una especial para empleo o cargo público y otra de inhabilitación especial para el sufragio pasivo. Posteriormente, el Tribunal Supremo mantuvo en 2012 ambas inhabilitaciones aunque las redujo a una duración de seis años y medio. La fecha en que comenzó a computar el tiempo de esta condena no arrancó hasta septiembre de 2014, justo el día siguiente a que cumpliera la pena de inhabilitación absoluta impuesta en un procedimiento anterior respecto a su participación en 2005 en el homenaje al miembro de ETA, José María Sagarduy en el municipio vizcaíno de Amorebieta.

Parece ser que tras la decisión de la Audiencia Nacional de inhabilitarle, la defensa del “candidato fantasma” ha renunciado a recurrir al Supremo. Llegados a este punto, yo me pregunto si toda esta farándula solo responde a una artificiosa polémica buscada; si la izquierda abertzale lo que está pretendiendo es, con la excusa de alimentar la leyenda del victimismo- focalizado sobre ese “hombre de paz” llamado Otegi- detener la masiva fuga de apoyos que está sufriendo frente a Podemos, tratando de fidelizar apoyos radicales.

Tal vez habría que recordar, para que esté bien latente en la memoria colectiva de todos los españoles, que Arnaldo Otegi entró a formar parte de la banda terrorista ETA, allá por el año 1977, formando parte de su facción más radical; y contando en su haber con un amplio currículum de delitos, como el asalto al Gobierno Militar de San Sebastián, su participación en varios secuestros, así como en la liberación de un etarra que se encontraba detenido en un hospital, diversos robos, la explosión de una gasolinera, etc., etc.

El “candidato fantasma” Otegi está más cerca de parecerse al “HOMBRE DEL SACO” que de ser un “hombre de paz”. La Justicia le ha condenado, ha estado en prisión y aún sigue inhabilitado. El hecho de que pudiera llegar a Lehendakari podría llegar a ser tan macabro, como un episodio de “Jeepers Creepers”…..porque recuerde mi querido lector, que la realidad, en ocasiones, supera con creces a la ficción.

 

CON LAS MANOS ABIERTAS

con las manos abiertas

“Estoy a favor de bajar los impuestos bajo cualquier circunstancia, por cualquier excusa y por cualquier razón, siempre que sea posible.” Milton Friedman

Escribía el genial novelista Benito Pérez Galdós, en uno de los Episodios Nacionales, que: “La voluntad del hombre apunta, y otra voluntad más grande dispara; pero rara vez va el tiro a donde uno pone la puntería”.

Y parece que así, entre tiro y tiro y escasez de puntería; entre alzamientos, advenimientos de nuevos regímenes, efímeros reyes que llegaban desde el extranjero, revueltas sociales, restauraciones de difícil diseño y demás episodios, fue fraguándose la historia de nuestra querida España, llegando a convertirse en alguno de sus más descarnados momentos, en ese Saturno devorando a sus hijos, que plasmara Francisco de Goya con descomunal maestría en uno de sus más famosos lienzos.

Los españoles fuimos poco a poco asistiendo al nacimiento de esas dos Españas atávicas, antagónicas y confrontadas, que también el genial Goya retrató, con preclara y dolorosa anticipación a su tiempo, en ese otro lienzo titulado “Duelo a garrotazos”. Un cuadro que aún a día de hoy me estremece y me provoca un dolor infinito en el alma cuando lo contemplo en el Museo del Prado.

España destrozada a garrotazos por España. Devorada por sí misma. Trágica visión la de Goya, triste realidad de locura, pérdida de rumbo, violencia y odio la que afrontó esta nación durante siglo y medio, y tuvo su más trágico desenlace en nuestra guerra fratricida, consecuencia última de una brutal falta de entendimiento entre esas dos visiones de un mismo país que hicieron brotar lo más sombrío del ser humano, pero que dejaron a lo más importante, al individuo, nuevamente espectador sin butaca.

Como muchos historiadores hoy reconocen, el mito de esas dos Españas escondía una realidad aún más cruda, la de una tercera España que asistía atónita e impotente al devenir de los acontecimientos.

Esa tercera España estaba formada una mayoría de la población, cuyo único interés vital no era otro que el de proveer de futuro a su familia y vivir en una nación en la que la Justicia y la Libertad rigieran sus destinos. Esa tercera España ansiaba que la libertad individual fuera el auténtico motor de su vida, el eje de su propio progreso y el epicentro de la transformación de la sociedad. La misma libertad que a día de hoy debemos seguir defendiendo.

La Constitución de 1978, no sólo sirvió para instaurar una democracia moderna e indispensable en nuestro país, no sólo representó el reconocimiento explícito de que todas las Españas cabían en una, sino que convirtió al ciudadano en el epicentro de la nación. Atrás quedaban los tiempos de confrontación, los espadones, las conspiraciones, las imposiciones y los alzamientos.

Por eso, sigo sin entender que unos pocos traten de desafiar permanentemente la mayor época de paz, estabilidad, progreso y libertad que ha vivido nuestro país en los últimos dos siglos. Estamos condenados a aprender de nuestros errores, y aun así parece que hay quienes hoy en día no temen tropezar dos veces en la misma piedra, en alzar viejas banderas y agitar unos sentimientos en pro de un pueblo que sirva de excusa para sus propios intereses.

No podemos engañarnos. Como todo sistema, nuestra democracia aún puede y debe evolucionar, aún puede y debe adaptarse a los nuevos desafíos de una época tan cambiante como ésta que nos ha tocado vivir.

Pero creo, honestamente, que no hay mayor progreso que la libertad individual, que una sociedad en la que el ciudadano es el protagonista. Y eso es exactamente lo que nos ha dado nuestra Constitución de 1978, el sistema que todos los españoles nos hemos otorgado en paz y prosperidad.

Si algo nos han demostrado estos años de Democracia, es que España es una nación sólida, más fuerte de lo que nosotros mismos creemos, capaz de lograr los mayores éxitos cuando avanza en un mismo sentido, de resistir todos los envites y encerronas que la historia nos coloca en el camino a modo de trampa.

El tiempo nos ha brindado la oportunidad de comprender que con el poder y la fuerza de todos los ciudadanos somos capaces de superar con éxito los mayores desafíos. Aunque ya no seamos el país del duelo a garrotazos,  tampoco podemos permitirnos ni un segundo relajarnos y no afrontar los retos y hallar las soluciones que los nuevos tiempos nos exigen. Porque con puntería o sin puntería… algunos se empeñan en no bajar sus puños  y enterrar sus garrotes. Por fortuna, son muchas más las manos abiertas y tendidas, manos para trabajar unidas por el mejor futuro de España.

Desde Olimpia a Río

fran garrigos quino ruiz brunete rio2016
“No es la talla del hombre la que importa, importa la talla de su corazón” (Evander Holyfield)

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un hombre griego llamado Oxilos al que se le ocurrió una ingeniosa idea que más tarde, se transformaría en grandiosa: realizar un torneo de juegos deportivos en el cual pudieran participar todos los hombres libres de Grecia. Y, así, con el beneplácito del rey Ifitos de Élida, se disputaron los primeros Juegos Olímpicos, en honor al dios Zeus, en el año 776 a.C., en la ciudad de Olimpia, enclavada en la península mediterránea de Peloponeso.

La idea resultó tan inmensa que llegó a imponerse por encima de los conflictos bélicos tan numerosos en aquellos días, y si en el momento en el que debían disputarse unos Juegos, había guerra, se imponía una tregua entre los contendientes para que pudieran llevarse a cabo. En aquella época, los deportistas que triunfaban adquirían una gran fama y prestigio, recibiendo el “cotinus” corona ramas de olivo, a modo de público reconocimiento y convirtiéndose prácticamente en héroes ante los ojos de los demás ciudadanos. Hoy, nuestros deportistas, han cambiado el olivo por medallas, pero siguen siendo nuestros héroes admirados.

De los 28 deportes que reconoce el Comité Olímpico Internacional, en estos Juegos de Verano, se cuenta con representación española en 25, ya que no se ha obtenido clasificación en fútbol, esgrima y pentatlón moderno. Nuestros deportistas competirán en esas 25 categorías deportivas, dando lo mejor de sí mismos y demostrando los frutos cosechados mediante el ímprobo trabajo y el esfuerzo realizados durante toda una vida, su vida.

Sin duda, el deporte español se encuentra en un gran momento y la mejor muestra es que España acude a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro con una numerosísima delegación, llena de deportistas de primer nivel.

Nuestro país ha conseguido clasificar a un total de 306 deportistas, lo que supone que seamos la décima delegación en número de participantes a nivel mundial, y la cuarta europea, superada únicamente por los equipos de Francia, Alemania y Reino Unido. También resulta digno de ser destacado que España ha clasificado a 9 equipos, todo un hito para nuestro deporte, si tenemos en cuenta que solo lo han superado Brasil como país anfitrión con 14 equipos, y nada menos que el titán de Estados Unidos, con 10 equipos.

El Consejo Superior de Deportes ha calculado que la delegación puede tener unos resultados similares a los logrados hace cuatro años en Londres, cuando se consiguieron 15 medallas. Pero con independencia de los resultados, lo verdaderamente importante son los valores, el trabajo y la ilusión que subyacen del deporte de forma transversal, calando en los pilares más profundos de la sociedad.

Quienes nos dedicamos a la administración pública, somos responsables del deporte, bien sea a nivel municipal, regional o nacional. En nuestras manos tenemos la posibilidad y la obligación de sustentarlo, impulsando su desarrollo, desde la práctica del deporte base, hasta la alta competición, promoviendo un marco normativo adecuado y ofreciendo cuantas facilidades e incentivos tengamos en nuestras manos.

En este sentido, en los últimos años, el Gobierno del Partido Popular, ha trabajado firmemente para dotar al deporte español de medidas de impulso y apoyo, en tres áreas fundamentalmente: la salud de los deportistas respecto al juego limpio; la igualdad de género en el deporte con medidas como la creación la Subdirección General de Mujer y Deporte dentro del Consejo Superior de Deportes; y el reconocimiento, mediante la modificación del régimen de los deportistas de alto nivel, a los deportistas de apoyo que acompañan a deportistas de alto nivel con discapacidad, que también son élite y no recibían su merecido reconocimiento.

Todos y cada uno de los deportistas que integran la delegación española, pueden estar seguros de que van a contar con nuestro ánimo en cada una de las pruebas que disputen. Con permiso de los lectores, me voy a tomar la pequeña licencia de recordar en estas líneas, al joven yudoca Fran Garrigós, del Club de Judo de Brunete, que dirige el extraordinario seleccionador nacional Joaquín Ruiz “Quino”, y que participa en estos Juegos de Río. Un claro ejemplo más, de cómo el deporte español ha ido escalando puestos muy importantes en los últimos años. Desde Brunete estaremos especialmente pendientes de él.

Todos estos atletas han hecho del deporte su filosofía de vida, transformando su día a día en una búsqueda continua de la excelencia, gracias a su espíritu de superación. Han aprendido lo que significa tropezar y caer para levantarse con más fuerza. Han hecho de valores como la fortaleza, la competitividad, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el trabajo en equipo y la honestidad, los ejes transversales de su vida.

Espero que el deporte español escriba de nuevo en Río una de sus mejores páginas, no obstante, para nosotros, el mero hecho de estar allí, ya ha convertido a nuestro atletas en héroes. El hecho de ganar alguna medalla, a modo de “cotinus”, les convertiría en leyenda. El sueño de Olimpia nos espera en Río.

LOS INVISIBLES

Los_invisibles2

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.” Eleanor Roosevelt

Pronto se cumplirán trescientos años desde que el genial Daniel Defoe convirtiera a Robinson Crusoe en el náufrago más famoso de la historia de la literatura (1719). Veintiocho años condenado a la más profunda soledad, bajo el sol abrasador de aquella isla de arenas blancas, palmeras y cocoteros, que no resultó hallarse tan desierta, sino poblada por una tribu de caníbales que pretendían fagocitar a aquel rehén que Crusoe pudo liberar y al que decidió llamar Viernes. Recordará el lector que el náufrago Robinson, condenado a un obligado ostracismo vital, realizaba muescas en los árboles para contabilizar los días que iban transcurriendo y, así, evitar perder la noción del tiempo.

Aquí y ahora, se cumple ya un mes y tres días desde la celebración de las segundas elecciones llevadas a cabo en un periodo de seis meses. Toda una condena de desgobierno para nuestro país en la que podríamos contabilizar los días, a base de palitroques realizados con muescas, al más puro estilo “Crusoe”.

Una “condena” que los españoles no merecen, y por la que habría que pedir responsabilidades a algunos políticos, a los que no estaría de más recordarles, que los verdaderamente perjudicados por esta falta de entendimiento político, son España y todos los españoles.

Esta misma semana escuchaba una intervención de Pedro Sánchez durante una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, en la que afirmaba alegremente que “éste es el momento de Rajoy”. Pues yo le digo al señor Sánchez que se equivoca rotundamente, no es el turno de Mariano Rajoy, ni de Albert Rivera, ni de Pablo Iglesias, ni siquiera del mismo Pedro Sánchez, por el contrario, es el tiempo de España y de los españoles. Es el tiempo de esos “invisibles” con quienes parece no ir todo este asunto de los pactos y de la formación de gobierno, y que son los verdaderos protagonistas, a pesar de que su presencia se vea diluida en paisaje político por quienes pretenden erigirse, una y otra vez, como epicentro de toda esta historia.

En estos momentos, y ya llegamos tarde… lo verdaderamente importante es lograr la formación de un gobierno constitucionalista y estable, liderado por el partido político con mayor respaldo electoral por parte de los ciudadanos en los últimos comicios.

En este sentido, Mariano Rajoy, ha manifestado su voluntad de liderar un gobierno de consenso entre los tres grandes partidos constitucionalistas, abriendo la puerta al diálogo, desde el minuto uno, con los líderes de las demás formaciones políticas. Su actitud de aperturismo en la que ha expresado su intención de hablar, debatir y consensuar medidas con el objetivo de alcanzar pactos de gobernabilidad, asentados sobre los pilares de todos aquellos principios y valores comunes, ha encontrado, por el contrario, posturas de bloqueo y rechazo por parte de los restantes partidos democráticos.

Tras ese primer rechazo en bloque que le impidió presentarse como candidato a la investidura tras las elecciones del 20D, Rajoy no ha cejado en su empeño de dialogar para lograr la formación de gobierno. Ya hay fecha para su encuentro con Pedro Sánchez, será el próximo martes 2 de agosto y el miércoles 3, se reunirá con Albert Rivera.

Desde el PSOE dicen que sería una “irresponsabilidad” facilitar la investidura de Rajoy y luego “no permitir su gobernabilidad” y en eso, estoy completamente de acuerdo. Si el PSOE o Ciudadanos facilitan la investidura de Rajoy, deben permitir su gobernabilidad.

Hoy, la oferta que hay sobre la mesa por parte del Partido Popular es la de intentar conformar una mayoría suficiente para poner en marcha el país; resulta fundamental formar gobierno lo antes posible porque España lo necesita.

No debemos conformarnos con hacer muescas en los árboles para contabilizar de forma anodina el transcurrir de los días de un gobierno en funciones bloqueado en su esfuerzo por conformar un nuevo gobierno. No debemos perder la noción del tiempo, sino afianzar la responsabilidad de dotar a “los invisibles” del protagonismo que merecen, brindándoles la formación de un gobierno estable al que le sea permitida la gobernabilidad. Lo grave de las muescas no es que dejen su huella sobre la corteza de los árboles, sino la repercusión que la profundidad de su relieve está provocando en el desarrollo, el crecimiento, la credibilidad y la confianza en nuestro país.

Abierto por vacaciones

abierto por vacaciones“Cuando tu trabajo te enamora, es como si todos los días fueran vacaciones” (Frank Tyger)

Lejos quedan aquellos largos días de verano de la infancia y de la juventud, en los que la jornada se prolongaba misteriosamente multiplicando sus horas, permitiéndome aprovechar los momentos de sol y de juegos con toda intensidad. Por aquel entonces, las vacaciones se convertían en un verdadero paréntesis en la vida, un oasis, un auténtico “antes y después” en nuestras vidas, cargándonos de experiencias y de vivencias. Aquellos meses de julio y agosto nos permitían ir madurando, e incluso físicamente experimentábamos un crecimiento mucho más acelerado, en comparación, con el que vivíamos más lentamente durante los restantes diez meses del año.

Comparto una generación en la que el verano se planteaba sin campamentos urbanos ni colonias deportivas, y aunque viajara unos días a la playa o a visitar a parte de la familia en otros lugares, el resto del verano (la mayor parte del tiempo), lo vivíamos en el pueblo, en Brunete. A la ventana de mis recuerdos asoman las interminables partidas de chapas que jugaba con mis amigos sobre la arena de la Plaza Mayor, a esas horas del atardecer en las que empezaba a caer el sol y el vientecillo suave comenzaba a barrer el calor de las calles y zarandeaba hipnóticamente los centenares de banderitas que adornaban la plaza, presagiando las fiestas patronales del mes de septiembre.

Hoy, los días siguen siendo igualmente largos y soleados, sin embargo, el oasis y las chapas, se diluyeron en la vorágine de las responsabilidades. Alcanzando la recta final del mes de julio, las jornadas de trabajo siguen reclamando una total dedicación; sin ir más lejos, esta misma semana hemos celebrado un Pleno municipal.

Muchos ciudadanos aprovechan estos meses para disfrutar de ese merecido descanso que llevan anhelando el resto del año y algunos se marchan unos días fuera. Quienes nos dedicamos a la función pública, debemos, por el contrario, seguir dando el mil por cien estos días, preocupándonos por quienes se han quedado en las ciudades y municipios, y trabajando para procurar que todo esté en orden y completamente preparado, para cuando comiencen a regresar los que se han marchado.

Es un buen momento, quizás el único realmente práctico, para realizar aquellas obras en infraestructuras que durante el resto del año no podemos acometer debido a su uso continuado por los vecinos. Es tiempo de hacer balance de la gestión que hemos llevado a cabo durante “el curso” anterior, de fijar nuevos objetivos y de establecer las correspondientes estrategias para su consecución.

La dedicación al servicio público y más concretamente en el ámbito del municipalismo, no permite descanso. Cuando uno vive por y para sus vecinos, lo que inicialmente se planteaba como el ejercicio de una vocación de servicio público, acaba convirtiéndose en una forma de vida. En los municipios pequeños y medianos donde conoces prácticamente al cien por cien de los vecinos y vives y convives con ellos, la implicación respecto a sus demandas, sus problemas y necesidades y, por qué no, a veces también sus alegrías, es absolutamente indisoluble.

A veces, uno se implica tanto en los problemas de algunos de sus vecinos, que llega a mimetizar sus sentimientos; supongo que es normal. Al reflexionar sobre esta idea, me viene al recuerdo una querida vecina, ya octogenaria, que se había quedado viuda en fechas próximas a la Navidad, y su estado de salud y circunstancias no le permitían viajar para pasar unas fechas tan familiares y emotivas con sus hijos y nietos. Había ido a visitarla a su domicilio en varias ocasiones y ella me transmitía su soledad y su tristeza. No sé si alguien puede pensar que después de conocer la situación de esta mujer tan entrañable, es posible ponerse un velo sobre los ojos y sobre el corazón y disfrutar de una Noche Buena en familia; yo les aseguro que no.

Por ello, unos días antes de esa Navidad, pensé sobre el modo en que se podía reconfortar a María y a otras personas que se hallasen en su misma situación. Así nació, en aquellos días, la iniciativa “Nadie solo en Navidad, en Brunete”, y desde el equipo de Gobierno del Ayuntamiento pusimos en marcha todos los mecanismos necesarios para poder establecer un sistema de acompañamiento mediante voluntarios, a personas en la misma situación.

Cuando haces de la dedicación al servicio público tu forma de vida, priorizas las necesidades de los vecinos sobre las tuyas propias. Por ello, no cerramos nuestra actividad
ya sea Navidad o verano. Permanecemos, en estas fechas, abiertos por vacaciones.

CARTAS AL DIRECTOR

cartas_al_director

No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores.” Mahatma Gandhi

Érase una vez, y no precisamente hace mucho tiempo, una época en la que el ser humano controlaba la información y los canales de comunicación; eran los tiempos dorados de la radio, de la prensa escrita y de la diversificación de canales de televisión. Una época en la que las “cartas al director” eran la vía más directa que el ciudadano tenía para expresar su opinión públicamente a través de los medios de comunicación, fundamentalmente escritos.

Por aquellos días, cuando alguien deseaba estar informado, accedía a la información de forma voluntaria y proactiva. Lejos queda aquella situación del actual bombardeo de información indiscriminada que prácticamente “acosa” cada día al ciudadano, quien en ocasiones se ve arrastrado por la inercia del uso compulsivo de las redes sociales y otros canales de comunicación.  Hoy podemos recordar, casi con nostalgia, como aquel ciudadano, cuando deseaba compartir su opinión, lo hacía conversando o debatiendo con otras personas, de frente, cara a cara.

Hoy, todo ha cambiado. La tecnología ha hecho evolucionar a marchas forzadas los canales de comunicación lo cual ha incidido directamente en la información, tanto en la forma, como en el fondo, transformando la tipología de mensajes en su estructura y su contenido.

El desarrollo del mundo de la comunicación ha generado un avance social de un valor incalculable y, ciertamente, muy positivo; pero como sucede en cualquier ámbito de la vida, lo positivo se puede transformar en negativo, si el uso se convierte en abuso y, sobre todo, si se hace de una  forma irresponsable y se actúa de mala fe. Esta reflexión me lleva muchos días a preguntarme por qué nos empeñamos una y otra vez en llevarlo todo a lo extremo. Qué extraña capacidad tiene el hombre de convertir algo positivo, en un infierno.

Cuando surgieron las redes sociales, principalmente aquellas más generalizadas como Facebook o Twitter, los usuarios las utilizaban para informarse y, a su vez, informar y opinar. Hoy, el abuso indiscriminado y descontrolado de esta herramienta, amparada por el anonimato, ha convertido un medio eficaz en un arma arrojadiza contra todo aquél que no piense o que no actué a imagen y semejanza de quienes masacran en manada, como lobos cegados por el odio.

Lejos quedan aquellas “cartas al director” en las que el autor debía responder con su nombre, apellidos y número de documento nacional de identidad, de las opiniones y comentarios que vertiera en ellas. Hoy, por el contrario, cualquiera puede abrirse una cuenta en Twitter o Facebook sin tener que responsabilizarse del contenido de la misma, es más, un mismo usuario puede crear varios perfiles y utilizarlos a su mejor conveniencia.  El anonimato ha protegido de tal manera las malas prácticas, que la figura del troll se ha multiplicado hasta el infinito y más allá. Estoy convencido de que en la actualidad, el número de cuentas correspondientes a perfiles falsos es prácticamente equiparable al de cuentas de personas reales; si en algún momento cambiara la legislación y se hiciera exigible un número de identificación personal como el DNI o el pasaporte para registrar cuentas, desaparecerían millones de ellas.

Estos días, el debate sobre la impunidad en las redes ha vuelto a saltar a la primera línea de la actualidad, tras la trágica muerte en el ruedo del joven torero de 29 años, Víctor Barrios, al que las redes sociales, desgraciadamente, convirtieron en tendencia.

Nada más conocerse la trágica noticia, algunos antitaurinos convirtieron las redes en un hervidero de críticas tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Algunos dejaban únicamente comentarios a favor del toro y otros, directamente, celebraban la muerte del torero.

Las redes sociales se transformaron en un cuadrilátero virtual, en el que numerosos usuarios de Twitter recriminaban a los antitaurinos la crudeza de sus comentarios, y comenzaba entonces un cruce de insultos, acusaciones y reproches que ha inundado las redes durante varios días.

Lamentablemente hemos podido leer todo tipo de barbaridades, insultos, vejaciones y humillaciones, regadas por un profundo odio. No voy a reproducir en estas líneas ni una sola de las aberraciones publicadas en Twitter ya que no quiero sumarme a la difusión de mensajes éticamente obscenos y moralmente penalizables.

Siempre ocurre que ante este tipo de situaciones, se producen reacciones negativas y positivas. La posición del Partido Animalista PACMA ha sido ciertamente vergonzosa al situar en la misma escala comparativa a personas y animales.

En la vertiente positiva, ejemplos como el de Pablo Casado que ha animado públicamente y ofrecido todo su apoyo a la viuda del torero y a la Fundación Toro de Lidia por denunciar los hechos ante la Guardia Civil, lo cual ha permitido a la Fiscalía abrir una investigación. Sin embargo, a pesar de existir la posibilidad de denunciar, la indefensión del ciudadano en las redes es terrible.

Cualquier ciudadano puede ser acosado, insultado y humillado casi con total impunidad, y aún lo padecemos mucho más quienes desarrollamos profesionalmente una labor pública. Insisto, una vez más, en que el anonimato es una de las principales causas que amparan a estos delincuentes de las redes y abogo por un control escrupuloso desde la Dirección de las empresas propietarias de la redes, para la  identificación de los usuarios a la hora de registrar sus cuentas.

Las “cartas al director” aunque sean virtuales, deben ser responsabilidad de sus autores. No todo vale, y el daño que se inflige, lamentablemente no es virtual.

 

CARME-NADA

018_carmenada

“La vida pocas veces espera a que estemos listos.” Gilles Legardinier

Si el diccionario de la RAE contuviera entre sus páginas el vocablo “carme-nada” lo definiría, probablemente, de la siguiente manera: “iniciativa completamente disparatada y absurda que se lanza a los medios de comunicación con el objetivo de procurarse notoriedad a través del disparate y de provocar la desensibilización de los ciudadanos hacia lo grotesco.”  Pues ésa, querido lector, es la táctica que utiliza la alcaldesa podemita de Madrid, Manuela Carmena, para adquirir popularidad y para acostumbrar a los vecinos a vivir el disparate de forma cotidiana, de modo que se anestesie su capacidad de reacción y protesta. No me negarán que en los últimos tiempos ya han empezado a escuchar de vez en cuando a alguna persona exclamar con cierto aire conformista: “¡Ah, bueno… otra carmenada!”, como si ya no tuviera importancia o trascendencia lo que la iniciativa pudiera traer consigo.

Desde que Manuela Carmena y su equipo de Ahora Madrid fueran investidos como “alcaldes” de la capital de España, hemos sido testigo de las absurdas ideas que ha gestado de modo crónico, cada pocos días, como si quisiera “colárselas” a los madrileños a modo de prescripción médica: una cada equis horas o días.

Cuán interminable resulta ya la lista de despropósitos de doña Manuela: madres que limpien los colegios donde estudian sus hijos, universitarios que barran las calles como “servicio social a la comunidad”, niños recoge-colillas, Madrid capital del bridge o Madrid ciudad de los abrazos, huertos urbanos en el barrio de Salamanca, cultivo de hortalizas ecológicas en la azotea del Ayuntamiento de Madrid, el día sin bañador en las piscinas municipales, etc., etc.

Y mientras, entre tantas carmenadas minúsculas que no hacen sino anestesiar la opinión pública, acostumbrándola al dislate peramente, la alcaldesa y su equipo de gobierno de Ganar Madrid, ejecutan carmenadas con mayúsculas, como la supresión de la partida destinada a las víctimas del terrorismo en los Presupuestos de 2016, o el boicot a inversores extranjeros que han tenido que huir buscando otros lugares donde colocar sus millones y sus ofertas de empleo, el IBI selectivo, la eliminación de terrazas en el barrio de Salamanca…  Y, naturalmente, no podemos olvidarnos de los proyectos urbanísticos que ha paralizado, cuando habían sido aprobados previamente, dejando a cientos de familias sin las viviendas en las que habían invertido durante los últimos años, locales sin construir, y prestación de servicios perdidos.

Una de las más recientes “carme-nadas” consiste en la creación de jurados vecinales para mediar entre delincuentes y vecinos. “Menos represión y más mediación”, es el lema al que se aferran los podemitas de Cibeles y parece que Manuela Carmena está dispuesta a seguir a rajatabla su plan de restar poder a los mandos policiales.

La figura del “jurado vecinal” busca que infractores, delincuentes y víctimas tengan la oportunidad de encontrarse con el entorno social donde se cometió la infracción, para reconocer su culpa y acordar conjuntamente vías para restaurar el daño hecho a la comunidad. Esta idea se asemeja mucho a los tribunales populares que ya existen en Cuba y México o a los “modelos participativos” de Venezuela. La iniciativa tiene el “bonito” fin de buscar la reintegración social del delincuente mediante acuerdos que deberán ser ratificados por un “juez ordinario”.

De nuevo, los podemitas muestran una extraña compasión por quienes violan la ley con la justificación de ejercer una protesta social (véanse los casos del asalto a la capilla de la Complutense llevado a cabo por la concejal de Ahora Madrid, Rita Maestre, o bien ocupando lugares como el Patio Maravillas por los ediles Rommy Arce y Celia Meyer), que por quienes son agredidos o violentados.

Para Podemos, la sociedad ideal habrá abolido las cárceles, ya que defienden que un acto delictivo no debe juzgarse en función de lo que indique el Código Penal, sin no por la necesidad de la lucha de clases.

Debemos ser conscientes de los trucos propagandísticos que se esconden detrás de las medidas esperpénticas utilizadas por la formación morada, no es difícil comprobar que en realidad se trata de una estrategia perfectamente planificada porque Manuela Carmena no es la única protagonista de semejantes acciones, véase el caso de Ada Colau, “Kichi”, etc., etc.

Tal vez en el diccionario de la RAE, el término “carme-nada”, podría tener una acepción complementaria, en la que el “-nada”, se tradujera en un “no”; un rotundo NO, porque el gobierno o el desgobierno de Carmena, es el gobierno de la negación. Se trata de una gestión que lejos de buscar el crecimiento y de ser positiva, se basa en la negación permanente. Carmena ha dicho no a la ayuda a las víctimas del terrorismo, a las inversiones extranjeras, al desarrollo de proyectos urbanísticos, a la entrada libre de vehículos a la capital, a las terrazas del barrio de Salamanca.

 No a las luces de Navidad durante toda la campaña de diciembre, no al Belén en la Plaza Mayor…por decir no, hasta le negó la participación en la Cabalgata de Reyes al pavero que llevaba participando en ella toda la vida.

Dejémonos de despropósitos y de negaciones. Y, sobre todo, no permitamos que la costumbre de recibir el golpe del disparate de forma continuada, anestesie nuestra sensibilidad de reacción ante cuestiones de gran trascendencia para nuestro desarrollo económico, social y moral, para el futuro de los madrileños y de los españoles.
Madrid es vida, España es progreso, queremos ser líderes… no bufones.