LA YENKA CATALANA

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Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.”

El Quijote

Cuentan los cronistas de la prensa catalana que a medida que se acerca la fecha elegida para realizar el acto ilegal del 1-O, el ambiente en el ‘Govern’ se ha vuelto aún más asfixiante y shakesperiano, con muchas suspicacias entre los miembros del ejecutivo catalán; sospechas -de momento no contrastadas- de escuchas telefónicas entre ellos; críticas internas de altos responsables de la antigua Convergencia que no entienden como ERC se está yendo de rositas en las sucesivas crisis afrontadas, y en consecuencia son la única formación secesionista que no se la pega en las encuestas; y con un interino president Puigdemont, que sabe que su estancia en la plaza de Sant Jaume tiene fecha de caducidad y ya no se fía ni de su sombra.

El cese del consejero Baiget por dudar del ‘procés’ le ha llevado a reunirse uno por uno con los restantes miembros del Gobierno catalán. Un ‘test de estrés’ para desenmascarar más traidores, no vaya a ser que alguien más titubee en público. Y como con las cosas de comer no se juega, Puigdemont ha puesto al líder de ERC, Junqueras, a organizar el teatro del referéndum ilegal y le ha ordenado irse el próximo martes a la tienda más cercana a comprar las urnas. Junqueras ahora tiene que saltar a escena y mojarse, no vaya a ser que cuando la farsa teatral se venga abajo, los de ERC sean el personaje secundario que recibe el aplauso del público y el resto de actores sufran la catarsis del tomatazo.

Cabe sospechar que en el fondo lo que Puigdemont quiere es que Junqueras se una a la lista de aquellos ilustres secesionistas que deberán responder con su patrimonio personal si se destina dinero público -el dinero de todos, independentistas o no- a financiar un referéndum ilegal que, como ya advirtió el Tribunal Constitucional, no puede ser pagado con fondos públicos. Una lista a la que dentro de poco se podrían unir los artífices de ese otro referéndum ilegal y chapuza del 9-N, los señores Artur Mas, Ortega y Rigau, que puede que tengan que depositar una fianza de más de 5 millones de euros, no vaya a ser que el Tribunal de Cuentas demuestre que se destinó dinero público a pagar unas cutre-urnas de cartón y demás dispendios que organizaron.

Lo único cierto es que Puigdemont y los suyos andan como pollos sin cabeza. Andan tan desnortados que se han convertido en bailarines para demostrarnos que el independentismo es como “la yenka”. Ya saben, un pasito adelante y otro pasito hacia detrás. Y por eso mientras se dedican a preparar el vodevil del 1-O y echarse los trapos sucios los unos a los otros- de momento, en privado-, le filtran a la prensa acérrima que pidieron a Rajoy en mayo una solución dialogada al ‘procés’, aunque, claro, siempre con la ruptura de la legalidad vía referéndum como premisa indiscutible. Otros que andan bailando ‘la yenka’ son esos alcaldes secesionistas, los que fueron con el bastón de mando acompañando a Mas a declarar ante el tribunal, y que han enmudecido desde que saben que si ceden datos personales de sus vecinos para elaborar censos electorales, se enfrentan a multas de hasta 600.000€.

Aunque los verdaderos maestros en bailar ‘la yenka’ son los de Podemos. Primero, miraban de perfil todo esto. Ahora, Iglesias Turrión dice que hay que poner las instituciones catalanas al servicio de un acto ilegal. Si Iglesias da este pasito delante es porque su propio partido se está resquebrajando con la ‘cuestión catalana’. Y lo hace por su ala más radical, la de los anticapitalistas, a cuyos brazos debe echarse una vez más porque sin ellos no hubiera vencido a Errejón en Vistalegre II. Al coro de entusiastas también se ha unido Ada Colau. Cabe entender que la alcaldesa será la primera en poner medios del Ayuntamiento de Barcelona para que se celebre el referéndum ilegal. Pero, llegado el caso, ¿escurrirá también su responsabilidad legal echándole el muerto de organizar todo a los funcionarios, para que sean ellos los que incumplan la Ley y no ella, como también ha intentado el Gobierno catalán?

Y entre medias de este lío, está el PSOE de Sánchez, que, como en las películas americanas, es ese chiquillo que no encuentra pareja para el baile de fin de curso, y se toma unos zumos con pajita en solitario al fondo de la sala. Ese PSOE de Sánchez que en municipios como Lasarte, San Fernando o Jerez no apoya que se rinda un homenaje a Miguel Ángel Blanco; o que en ocasiones te sueltan a su vicesecretaria general, Adriana Lastra, asturiana ella, a deslumbrarte informando de que “Asturias es un Principado y España es un Reino; y Principado y Reino son dos formas de gobierno distintas”, y luego te pone a Bolivia como ejemplo de lo quiere para España. Ese PSOE en el que Sánchez e Iceta se lían (y nos lían) con el invento del “plurinacionalismo”, que es como no decir nada. Porque nación sólo hay una. Se llama España. Y desde hace muchos siglos.

A medida que el disparate nacionalista se va apoderando de los independentistas y la izquierda radical, más claro queda que lo único que está consiguiendo el referéndum ilegal es dividir a los catalanes, y que esta película finalizará con la desfenestración del actual Gobierno catalán. Porque la fuerza de las leyes no necesita de tanto teatro como el secesionismo, ni de tanta ‘yenka’ de los artífices y adláteres de un acto ilegal en el que ni ellos mismos creen. Cataluña lo que necesita es diálogo, moderación y entendimiento para seguir construyendo un futuro conjunto entre todos los españoles, y no castillos en el aire, como hacen Puigdemont y los suyos.

LA TIRANÍA DEL OLVIDO

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Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.” Franklin

 

El dolor es un tirano más terrible que la propia muerte del ser querido al que lloramos. Pero se convierte en todo un infierno cuando quien lo sufre, se encuentra con el olvido de la sociedad que le rodea, y sólo le queda algún tímido hombro en el que, en soledad, apoyar el rostro cuando las lágrimas afloran en los ojos. La autopsia a los años de plomo de ETA que Fernando Aramburu realiza en su libro “Patria”, arranca con el alto al fuego de la banda y el olvido al que se intenta obligar a una viuda de una víctima del terrorismo, que se niega a resignarse a él porque los sanguinarios mafiosos de ETA digan que, de momento, no van a matar a más gente.

“¿Es necesario poner nombres y apellidos a ese dolor?”, se preguntaba un concejal de Podemos de Cádiz, para justificar que ni el alcalde Kichi, ni él mismo, ni el resto de concejales de la izquierda radical, fueran a votar a favor de que se le pusiera una calle en la ciudad a Miguel Ángel Blanco, concejal asesinado por ETA. Su argumentación, altamente sesuda como corresponde a esta clase de ralea intelectual, iba más allá al asegurar que el PP de Cádiz proponía dedicar una calle a Miguel Ángel por el simple hecho de haber sido concejal de ese partido.

Hasta aquí nada nuevo con esta patulea de la izquierda radical que nos ha tocado sufrir, por obra y gracia del apoyo del PSOE de Sánchez, que fue quien les puso en bandeja las alcaldías del cambio a peor. Porque el caso de Cádiz no es el único, y por desgracia sospecho que no será el último. Con parecidos argumentos, la izquierda radical también se ha lucido en San Fernando o Jerez. Y cruzando el Ebro, en el nuevo nomenclator de la muy modernuki, hispanofoba y cristianofoba Barcelona que le gusta a Ada Colau, se le quitan las plazas al Rey Juan Carlos I o a la plaza de la Hispanidad para que se llamen, por ejemplo, plaza de la República. Allí tampoco encuentran un espacio para recordar a Miguel Ángel Blanco. A los que Colau y los suyos sí ceden un local municipal es a quienes fueron a agasajar y aplaudir al dirigente etarra Arnaldo Otegi, ese que mientras España tomaba las calles llena de indignación por el asesinato de Miguel Ángel, se encontraba plácidamente tomando el sol en la playa de Zarautz.

Vivimos en un tiempo en el que si Consuelo Ordoñez, presidenta de Covite, pone placas en San Sebastián para recordar el nombre de las víctimas del terrorismo en el lugar en el que fueron asesinadas, va el Ayuntamiento y las quita. Y ya no digamos nada de ese otro concejal podemita de Alicante que te suelta, así sin anestesia, que lo de otorgar el nombre a una pista de skate en homenaje a otro héroe español, el recién asesinado Ignacio Echeverría, no le parece bien “porque no está demostrado que llevara un monopatín” el día en el que los terroristas yihadistas le mataron en Londres mientras intentaba ayudar a salvar la vida de un policía.

Es otro perfecto ejemplo de la nueva postverdad de la izquierda radical: la que ellos pintan y con la que tratan de convencernos de su relato. Supongo que este concejal de Podemos estará tomando el primer vuelo a Venezuela para comprobar si también los venezolanos que han salido a manifestarse contra el gobierno de Maduro (más de 90 víctimas ya en las calles) son absolutamente todos unos “fascistas”, como les llamó Monedero.

En estos días en los que estamos recordando el 20 aniversario de la liberación de ese otro héroe español llamado Ortega Lara -enterrado en vida en un zulo durante 532 días y al que los terroristas le pensaban dejar morir de hambre- y el aniversario del vil y cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco, lo que está claro es que el virus maligno del olvido no nos puede tiranizar la memoria. Poco no se puede reescribir la historia del terrorismo en España al antojo de quienes consideran que es impropio recordar los nombres, los rostros y el motivo por el que fueron asesinados. Porque aquí sólo hubo víctimas y asesinos. Nada más.

Porque esta izquierda radical es la misma que hizo senador a un miembro de ETA como Josetxo Arrieta; es la misma que se alía con los representantes del brazo político de ETA en muchos Ayuntamientos del País Vasco y Navarra; son los mismos que convierten en “hombre de paz” a un condenado por pertenencia a ETA como Otegi; son los mismos que te hacen diputada en Madrid a una señora que acusa a la Policía de maltratar a los detenidos “de forma sistemática”, mientras se alegran de las absoluciones de miembros de las juventudes de ETA. Y hablando de recordar: todos estos son los mismos que salen a la calle para decirnos que los agresores de la brutal paliza a dos guardias civiles (y sus mujeres) en Alsasua, son gente pacífica y son las auténticas víctimas.

Por eso, para ellos es mejor olvidar el nombre y apellidos de las víctimas del terrorismo. Sobre todo porque así tratan de convencer de su postverdad a una generación de nuevos españoles que no creció con la sangre de españoles derramada en las calles por culpa de ETA. Pero frente a la tiranía del olvido que tratan de imponernos desde la izquierda radical, sólo cabe decir: Verdad, Memoria, Dignidad, Justicia para todas las víctimas del terrorismo. No permitamos que el paso del tiempo condene al olvido a ninguno de ellos.

EL LOCO CARIOCO

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“Los invasores serán expulsados de Cataluña.” Puigdemont

 

Es sorprendente la capacidad que tienen el independentismo y la izquierda radical para inventar una realidad paralela. Un Matrix propio, que ellos llaman “revisionismo histórico”, con el que tratan de ganar adeptos a la causa a base de administrar pastillas rojas a la gente. Pero las falsedades tienen un defecto: no sólo contradicen a la verdad, sino que muchas veces son incluso contradictorias entre sí mismas. Por mucho postureo ‘rufianesco’ con el que se trate de hacerlas más creíbles.

La antología del disparate es amplia y variopinta. En el caso del independentismo catalán, hemos tenido que soportar falsedades tales como que Leonardo Da Vinci, Cervantes y Santa Teresa de Jesús (sí, sí… ¡la de Ávila!) eran tan payeses como la butifarra. Los revisionistas catalanes también nos trataron de convencer de que Cristóbal Colón se enfundaba la barretina hasta que a unos malvados españoles les dio por decir que el viaje de Descubrimiento de América no zarpó desde el Ampurdán sino de Palos de la Frontera (Huelva).

Otro disparate habitual en el independentismo catalán es su pasión por compararse con otros países. Hace unos días, Puigdemont y Mas se pusieron la venda en los ojos y lanzaron un nuevo dardo al azar hacia un mapamundi. Esta vez el agraciado en el que hizo diana fue Dinamarca. Ahora, Mas y Puigdemont quieren ser la “Dinamarca del Mediterráneo”, a pesar de que este país sea una monarquía (lo cual difícilmente encaja con el republicanismo de los independentistas), sea un país unificado ya en el siglo X y los primitivos vikingos daneses provocaran el terror cada vez que se acercaban por el Mediterráneo. Pero algo tendrá Dinamarca que se nos escapa al común de los mortales.

En el colmo del dislate, el dúo Puigdemont-Mas nos han advertido de que ellos aspiran a crear unas “Naciones Unidas de Europa”, confundiendo una estructura de organización internacional con un modelo de organización supranacional entre países. Claro, debe ser que a los intelectuales del independentismo se les queda pequeña la Unión Europea, ese club al que dejarían de pertenecer tras cometer el atropello secesonista. Y por eso es mejor crear otro modelo diferente a la UE, el que les encaje a ellos.

Pero en esto de emularse con otros países, el verdadero maestro fue Jordi Pujol. Un catedrático de Geografía con el que los catalanes conocieron el planeta. Pujol nos dijo que Cataluña debía seguir ejemplos como el de Letonia, Lituania, Panamá, las Islas Feroe, Puerto Rico, Quebec, Irlanda (aunque luego más de Irlanda del Norte)… incluso hasta walon y flamenco al mismo tiempo. Antes de la guerra que desmembró a Yugoslavia, nos alentaba a seguir su modelo federal, pero cuando las bombas empezaron a llover, se nos hizo esloveno y animó al presidente de aquel país a radicalizar su postura nacionalista. Con Pujol se viajó mucho, aunque con el tiempo, el ‘president’ nos demostrara que a donde más le gustaba ir era a Andorra.

Esta pasión a la hora de viajar no es única en los independentistas. A ese engendro ideológico llamado Podemos, también les gusta. Pablo Iglesias se dio mucha prisa en fotografiarse con la Siryza de Grecia, hasta que Tsipras y Varoufakis tardaron 3 días, 3, en aceptar que las principales medidas que prometieron para llegar al poder, no se podían cumplir. Luego se desplazó hasta Ecuador para elogiar al populista Correa y ponerle como ejemplo, mientras la prensa española explicaba que la cooperativa fundada por uno de los miembros de Podemos habría recibido 3 millones de euros del gobierno ecuatoriano. Podemos, ese movimiento en el que una senadora nos dijo que Ceuta y Melilla eran de Marruecos, un señor nacido en Argentina te convence de que Aragón debe ser independiente, pero a cuyos líderes, en el fondo, donde les gusta viajar es a Venezuela, Cuba e Irán.

El problema no es que los ungidos de la verdad suprema, ya sean secesionistas o izquierda radical, se crean sus propias mentiras. Lo verdaderamente dramático es que haya gente dispuesta a creérselas. Y peor aún es que el renacido Sánchez y lo que queda del PSOE, se sumen a la fiesta con alegre entusiasmo. Y ahí tenemos a Adriana Lastra diciendo que ahora el modelo de país a seguir es la Bolivia de Evo Morales, mientras se lía diciendo que un “principado” y “un reino” no son lo mismo. Ella, que es asturiana y candidatable a esta autonomía, desconoce por qué Asturias es un Principado y que el nombre hace mención al heredero de la corona de España. Y luego te surgen personajes como el alcalde de Blanes, de origen familiar andaluz, que también pide ser como Dinamarca y se abraza al independentismo. Ya sabemos a qué se refiere el PSOE con el “plurinacionalismo”: Donde dije España, digo desafío territorial.

Un buen amigo, el periodista Ramón Pi, con el que comparto tertulia semanal en Radio Ínter, suele comparar a todos estos lumbreras con el cómic del loco Carioco. Un personaje que residía en un manicomio y que por la noche conseguía un pase de nocturnidad para dedicarse a las más esperpénticas aventuras. El loco Carioco carecía de maldad, para él la locura era casi un placer. El problema de estos otros “locos Cariocos” es que sí tienen maldad. Y son capaces de hacernos creer que vamos camino del paraíso, mientras nos despeñamos por un precipicio. Prefieren una locura que entusiasme, a una auténtica realidad. Y el problema es que cuando se colabora con un loco, o no se advierte su locura, uno acaba igual que ellos. Y España no está para locuras ni revisionismos históricos. Está para construir un mejor país entre todos.

 

ESCRACHE A LA GLOBALIZACIÓN

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“(…) Claro que es una enfermedad; en la práctica, un rechazo del otro porque es la aspiración completamente utópica de ir hacia sociedades racial, religiosa o ideológicamente homogéneas. Y eso no es democrático y, además, no es realista, porque todas las sociedades han evolucionado y se han diversificado extraordinariamente, que es lo que la globalización significa, un fenómeno del que nadie puede apartarse.” 
Mario Vargas Llosa

 

La globalización es el acontecimiento histórico de nuestro tiempo, propiciado por unas comunicaciones, avances científicos e infraestructuras que han permitido conectarnos muy rápidamente con cualquier otro punto del planeta que hasta hace pocas décadas parecía muy lejano. Hoy nos parece normal caminar por una calle de Nueva York y comprar en una tienda de Zara. O viceversa, pasear por Madrid y entrar a una hamburguesería tradicional de Estados Unidos. Hablamos por videoconferencia a través de nuestro móvil con un amigo que reside en América; y en ese mismo país americano alguien compra un automóvil de una marca francesa fabricado en España.

Durante mucho tiempo, la izquierda mundial se dedicó a propagar toda clase de críticas al sistema liberal económico acusándole de todos los males de la sociedad. Eso sucedió hasta que el comunismo cayó, momento en el que incluso los marxistas tuvieron que admitir que el liberalismo era un sistema propicio para el progreso individual, en contraposición al socialismo real que era lo más parecido a la catástrofe.

Agotado ese discurso antiliberal, los grupos de la izquierda más radical -esos que ahora se autodenominan “anticapitalistas”- tuvieron que cambiar su rumbo para subsistir. Y han encontrado en el fenómeno de la globalización el paraguas perfecto para seguir echándonos su monserga antisistema. Para ellos, la globalización es la madre de todos los males de la sociedad, y la generadora de lo que ellos llaman “desigualdad mundial”, siempre amparados en unas cifras que lanzan a determinados medios para su posterior magnificación y propaganda, y cuya credibilidad real es, en muchas ocasiones, más que cuestionable. Y por supuesto, el sistema liberal económico es lo más cercano a la tiranía social.

En su opinión, es preferible otorgar el poder supremo al Estado, o lo que es lo mismo: a quienes lo gobiernan. El Estado, entendido por ellos como quien lo debe pagar todo, dicta lo que está bien y lo que está mal; quien ordena a sus obedientes ciudadanos lo que deben hacer; y prohíbe todo aquello que consideran inmoral, improductivo o simplemente una amenaza al sistema. Y por eso, allá donde gobiernan los del partido de “la gente”, a lo que se han dedicado es a censurar moralmente a una parte de la sociedad que no opina como ellos, y a ejercer un populismo de puño duro. Son más partidarios de los escraches, de la ofensa a los católicos y de dejar perder oportunidades de inversión privada que generarían miles de empleos. Ya se sabe: para ellos la “opinión pública” es la base de sustitución de la Ley. Todo por la gente, pero sin la gente.

Viene esta reflexión a colación de los vaivenes a los que nos ha sometido Pedro Sánchez en torno al Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA). Este tratado, cuyo objetivo es impulsar el intercambio de bienes y servicios y el flujo bilateral de inversiones, reduciendo trabas administrativas y aranceles para impulsar la economía y la creación de empleo, fue votado a favor por el PSOE de la era EntreSánchez.

Ahora, el renacido líder del PSOE quería impulsar un “no es no” al CETA, y por tanto enfrentarse a la política económica europea en su conjunto. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, en el programa con el que Sánchez se presentó a las primarias, en su apartado 2.2, nos regalaba su filosofía económica en una sola línea: “El adversario es el capitalismo neoliberal”. O sea, lo que en el fondo le mola es ser anticapitalista. Sólo le faltó a Sánchez añadir como punto número 1: “Echar al PP. Como sea, y acompañados de quien haga falta”. De hecho, con haber puesto sólo esta última idea como programa político, no tendría que haber añadido nada más. Y hubiera ahorrado mucho papel.

Ha tenido que visitar España el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici -también socialdemócrata él-, para decirle a Sánchez que “ser de izquierdas no es estar contra la globalización”. O sea, que ser de izquierdas no es ser anticapitalista, no es ser de la izquierda radical que en España representa Podemos, ese partido al que Sánchez tanto quiere parecerse. Y tras la reunión con Moscovici, Sánchez ha virado a la abstención, como hizo su partido aquel fatídico 1 de octubre del año pasado. Una abstención con la que España evitará el ridículo mundial de vetar un tratado que sí votaran a favor otros partidos socialistas europeos. Por cierto, entre los socialistas que siguen empeñados en el “no es no” al CETA, está el partido socialista francés, que también decidió “podemizarse” y ha cosechado sus peores resultados históricos en las urnas.

Del ejemplo francés debería tomar nota Sánchez, muy interesado en volatilizar la historia reciente del PSOE y convertirle en una mímesis de la izquierda radical para ver si araña algunos votos. Craso error: allá donde el socialismo europeo ha jugado a ser izquierda radical, ha cosechado sus peores resultados. Entre el original y la fotocopia, uno siempre prefiere el original. Que tome nota Sánchez de eso, antes de que sea demasiado tarde. Porque lo que España necesita es moderación, acuerdos, diálogo y trabajo en común entre las grandes fuerzas constitucionalistas. No dos Podemos, a cada cual más radical.

EL DINAMITERO

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“Todo hombre debe conocer sus limitaciones”. Clint Eastwood  en “Harry el Sucio”

Un 15 de junio de 1977, el camino democrático de la Historia de España iniciaba un viaje sin vuelta atrás. Hace 40 años que los españoles eran llamados a las urnas para configurar unas Cortes constituyentes que llevaran a cabo la reforma democrática con la que se culminaría el proceso de Transición que nos llevaría a tener una Constitución aprobada con masivo respaldo de todos los españoles sólo un año y medio después.

Atrás quedaban unos meses no exentos de tensiones, en los que la reforma democrática sufrió muchos problemas y en los que los españoles decidieron que por encima de intereses partidistas o ideológicos, lo que de verdad importaba era hacer un gesto patriótico a favor de la Democracia basándose en el consenso, el diálogo, la reconciliación y el acuerdo por España.

Muchos de los actuales líderes de la izquierda radical contemporánea estaban jugando en el chiquipark o directamente no habían nacido, cuando los españoles de todas las ideologías culminaban este gran acuerdo de concordia nacional, que nos ha llevado a los 40 años más fructíferos de libertades y derechos civiles de la Historia de España. Por eso sorprende que esos mismos líderes de la izquierda radical, con Iglesias Turrión a la cabeza, se hayan convertido en los mayores dinamiteros de lo que ellos llaman desafortunada y despectivamente “Régimen del 78”. Ese mismo ‘régimen’ del que ellos ya forman parte, porque ya están dentro de las instituciones, y cuya demolición persiguen apoyados por los independentistas radicales, que quieren romper España y destruir la soberanía nacional; o los filoetarras de Bildu, que aún no han condenado públicamente los asesinatos de ETA.

Conviene recordar esto en una semana en la que Iglesias Turrión y los suyos nos han sometido a la moción pestiño, que nació abocada al fracaso y con un claro fin partidista: rellenar la programación televisiva durante dos días a mayor gloria de la propaganda podemita. Un numerito circense que insistía una vez más en romper el espíritu dialogante de la Transición con el afán de seguir construyendo una postverdad basada en una España negra donde todo es miseria, ruina, hambre y desastre provocado por los herederos de quienes pilotaron aquel proceso de advenimiento de la Democracia. Porque ya sabemos que cuanto peor le va a España, mejor le va a Podemos, porque necesitan de esos brochazos de irrealidad para construir su palabrería propagandística. Aunque para su desgracia, a España cada vez le va mejor.

Decía Harry Callahan, el personaje que interpretaba Clint Eastwood en “Harry el Fuerte”, que “todo hombre debe conocer sus limitaciones”. La enorme vanidad que destila Iglesias le lleva a no percatarse de sus propias limitaciones, y a no darse cuenta de que cuanto más odio y sectarismo inyecta en sus largas peroratas -más de 3 horas en la moción de tortura, al más puro estilo Fidel Castro-, más votos pierde.

Porque mientras nos habla de pobreza, su partido tilda de “limosnas de ricos” el hecho de que la fundación de Amancio Ortega entregue a la sanidad pública maquinaria de última tecnología para el tratamiento del cáncer por valor de 320 millones de euros. Mientras nos habla de pobreza infantil, el Gobierno de Carmena se inventa las cifras de supuestos niños con deficiencias alimenticias, para ver si cuela el discurso. Mientras Iglesias nos habla de la lucha feminista, su programa de televisión ha recibido financiación de un régimen teocrático que lapida mujeres. Y así pasa luego, que cuando la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, le saca los colores recordando las actitudes machistas de Iglesias con otras mujeres, cientos de trolls de Podemos le acribillan las redes sociales a la diputada canaria. Mientras Iglesias nos habla de que el Estado debe ser el omnímodo velador de todos sus ciudadanos, nos esconden su intención de subir impuestos.

Lo que ha quedado demostrado una vez más esta semana es que de tanto intentar asaltar los cielos, Iglesias y los suyos acabarán donde merecen: en el infierno del olvido. Porque no se puede dividir tanto tiempo a los españoles sin que reaccionen. Su discurso es el de la trinchera entre derecha e izquierda. Y es tan caduco como la ideología comunista que trata de imponer, y que ya sabemos cómo ha funcionado en los países donde se ha implantado. Menos dinamita para los españoles, y más moderación, diálogo y consenso. Palabras que en el caso del señor Iglesias, no figuran en su vocabulario habitual.

 

EL EJEMPLO DE IGNACIO

El ejemplo de Ignacio

“Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada.” Burke

 

A estas alturas ya nadie duda de que el terrorismo yihadista es la mayor amenaza a la que se enfrenta la sociedad occidental. Desde la caída del comunismo y el final de la Guerra Fría, Europa y Estados Unidos no se enfrentaban a un enemigo capaz de poner en peligro nuestra Democracia y sistema de valores, atacando por sorpresa en cualquier lugar, incluso usando un martillo como arma, como sucedió esta semana a los pies de la catedral de Notre Dame en París.

Este nuevo terrorismo -que en el fondo es muy viejo porque atentados de corte islámico se han venido produciendo desde los años 80-, nos enfrenta a un enemigo muy complejo de contrarrestar. El DAESH no asesina para pedir la independencia de un territorio, o porque el suyo haya sido invadido, o como respuesta a un ataque previo de algún otro país. No se quieren sentar a negociar nada. Los terroristas islámicos matan por el simple placer de asesinar, y a cuantos más seres inocentes mejor, incluso niños. Inspirados en un fundamentalismo teocrático que sirve de excusa para la mayor de las atrocidades, sólo buscan la máxima aniquilación de esa gente que no es como ellos. Y para ejecutar a infieles, se valen de cualquier mártir al que la propaganda islámica le conduce a pensar que su vida en esta Europa sucia y promiscua, sólo tiene sentido si alcanza el paraíso matando a los enemigos del islam.

Decía la primera ministra Theresa May que “hemos tenido demasiada tolerancia. Ya es suficiente”. Ha necesitado más de 40 muertes y decenas de heridos para darse cuenta. Efectivamente, ya es suficiente. Pero a este tipo de terrorismo solo se le puede enfrentar de dos maneras: haciéndole frente o mirando para otro lado mientras se cantan canciones de pacifismo en una plaza, mientras se atenúa la angustia por habernos librado del terror, esta vez, y a la espera de ver qué país el siguiente.

Nuestro héroe español, Ignacio Echeverría, optó por el primer camino: hacer frente al terrorismo. Él también podía haber huido en su bicicleta, aliviado de haberse salvado del mal. Pero no lo hizo. Se detuvo, y armado con su monopatín trató de salvar la vida de una muchacha que estaba siendo apuñalada. A cambio entregó la suya. Sin pretenderlo, Ignacio debería ser el espejo en el que todos deberíamos mirarnos, no sólo por su indudable valentía, sino por mostrarnos el camino adecuado. Sólo hay una opción contra el terrorismo: enfrentarnos a él. Sabiendo que será una lucha difícil, compleja, constante, en la que toda la sociedad occidental deberá participar de una u otra forma, consciente de que a partir de ahora las medidas de seguridad serán aún más extremas, por muy molestas que a veces puedan resultar.

El ejemplo de Ignacio debería servirnos para pensar en lo que sucedió con Miguel Ángel Blanco, del que dentro de un mes se cumplirá el 20 aniversario de su asesinato. El vil, cobarde y cruel disparo que ETA descerrajó en la nuca de Miguel Ángel ayudó a despertar a una parte de la sociedad española, que permanecía aliviada porque el terrorismo aún no había llamado a su puerta, y a que la comunidad internacional abriera los ojos y entendiese que los terroristas de ETA no eran simples “libertadores vascos”, como durante muchos años deslizaban desde la Francia de Miterrand. El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue la espita que unió definitivamente a la sociedad española en contra del terrorismo e hizo claudicar a ETA en aquellos otros países donde las autoridades sabían que se refugiaban terroristas pero no se hacía nada para su detención.

Ojalá que la lección que nos ha brindado Ignacio, y que el recuerdo de Miguel Ángel Blanco, y de todas las víctimas del terrorismo en España, nos ayuden a darnos cuenta de que sólo se vence al terrorismo desde la unidad, aplicando los mecanismos del Estado de Derecho, y siendo constantes en la vigilancia y colaboración entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad europeos. Haciéndole frente. Sin fisuras.

 

UN PASEO POR TWIN PEAKS

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“Las lechuzas no son lo que parecen”. El Gigante

Descubrir al asesino de Laura Palmer era el gran misterio de la serie Twin Peaks. “Hay muchas historias en Twin Peaks, algunas son tristes, otras divertidas”, decía la dama del leño al agente Cooper en la serie que, 25 años después, ha regresado a la televisión.

La actualidad informativa que nos regalan la izquierda y los independentistas es un poco así: entre triste y divertida. Ellos se encargan de trasladarnos constantemente hasta esos frondosos bosques que rodeaban a Twin Peaks y que, como decía la dama del leño, ocultan los más terribles misterios.

Hace unos días, Pedro Sánchez ha regresado a la habitación roja, para bailar y hablarnos al revés, perturbado en el sueño de guiar al pueblo hacia la nación de naciones culturales, el rencor histórico y el odio enfermizo a la derecha. Mientras, una silenciosa Susana Díaz contempla la escena sentada en el sofá, pensando en la cantidad de veces que ha cruzado “DespeñaPedros” para terminar atrapada en una pesadilla.

Sánchez ha regresado a la habitación roja de Ferraz caminando… y mandando. Porque ahora lo que toca es organizar el poder. Y para ello se servirá de su dedo divino para rodearse de sus fieles. Porque si algo no desea Sánchez es que le vuelvan a arrojar por una ventana como pasó el pasado 1 de octubre y por eso cambiará los procesos orgánicos para evitarlo. Porque lo que quiere Sánchez es organizar un partido a su medida, ahora que los barones de Twin Peaks han depuesto las armas, aunque aún no hayan hecho mutis por el foro, tal y como anunció el presidente manchego cuando dijo aquello de que “si gana Sánchez, nos vamos todos”. Y mientras Susana se atrinchera en los cuarteles de invierno del palacio de San Telmo, el presidente de Extremadura ya cambia su discurso. Ha pasado del “con Sánchez el PSOE se va al sumidero”, al tan manido mensaje de arrimar el hombro. Eso sí, advirtiendo de que él en Extremadura propondrá lo que considere más oportuno. En su taifa manda él.

Pero lo que más asusta de Pedro Sánchez no es que, como el personaje de “El Renacido”, se haya levantado de su tumba para emprender una venganza contra los suyos. Lo verdaderamente aterrador es su falta de proyecto de país, porque el concepto “nación de naciones culturales” es un corta y pega del Pacto de Granada para agradar a sus amigos independentistas, los mismos que le querían poner de presidente para luego romper España. Aquello que Rubalcaba llamó el “gobierno Frankenstein”, que quién sabe si un día se materializará.

Otro personaje de Twin Peaks es la alcaldesa del “pueblo”, Manuela Carmena, que le regaló un espacio del Ayuntamiento de Madrid al presidente secesionista catalán Puigdemont para hablarnos de que la independencia llegará sí o sí, como lo hacía el diabólico Bob a los sueños del agente Cooper. Porque la logia negra de Twin Peaks ya tiene una ley oculta para irse de España en 24 horas de forma unilateral y tratar como extranjeros a todos aquellos que no tengan ocho apellidos catalanes. Lo de cumplir las leyes les da igual, incluso si ese texto oculto de declaración de independencia unilateral choca hasta con el propio Estatut catalán que ellos mismos votaron.

El chantaje y la amenaza de la logia negra catalana es intolerable. Porque, como dijo esta semana Mariano Rajoy, supone la liquidación del Estado de Derecho. Es liquidar la ley y a un Estado entero con un texto que se pretende aprobar en un parlamento autonómico. Todo un disparate desde cualquier punto de vista: político, jurídico y social. Pero ahí estaba la izquierda radical encabezada por Iglesias Turrión y Carmena, haciéndose la foto junto a Puigdemont, Junqueras y Romeva.

Hablando de Iglesias Turrión, de nombre Pablo, éste es también un personaje de Twin Peaks. En su caso es la dama del leño. Abrazado a un leño que todo lo sabe, Iglesias Turrión no cesa a la hora de suplicar votos para su moción de censura contra Rajoy, que es como un brindis al sol porque nadie, ni siquiera sus socios valencianos procatalanistas de Compromís, la ven oportuna. Pero él sigue erre que erre, porque lo que quiere es que Sánchez controle toda la habitación roja para volver a contar los ministerios que ocuparían Pablo Iglesias y los suyos en un hipotético gobierno. Ya sabemos que no se conforma con los ministerios más sociales, esos que tanto ayudan e invierten en la gente. Él ya anunció el año pasado que quería el control de los servicios de seguridad, la Justicia, la Defensa, los servicios secretos y la televisión española. Porque a Iglesias Turrión, como a Chávez y Maduro, lo que le gusta es manejar la tele. Es una pena que el leño no le advierta al de PODEMOS de que los errejonistas andan algo timoratos con esto de la moción de censura. Ellos, como Susana Díaz o Page, también están guardando sus armas para mejor ocasión.

Parafraseando a la verdadera dama del leño de Twin Peaks, ésta le dice en una conversación al agente Cooper aquello de “mírate en el espejo. ¿Qué ves? ¿Es un sueño o una pesadilla?”. La izquierda radical y los independentistas son sólo eso, una pesadilla. De la que siempre hay que despertar. Y hay que hacerlo a tiempo.