LA BANDERA DE TODOS

la bandera de todos

“¡Español sois, sin duda! Y lo soy, lo he sido y lo seré mientras que viva,
y aun después de ser muerto ochenta siglos.” Miguel de Cervantes

Parece mentira que, en pleno siglo XXI, y en una de las naciones más antiguas del mundo, debamos estar recordando permanentemente la historia de nuestros símbolos, del conjunto de valores que representan la unidad y la libertad de todos los españoles, sin importar su credo o ideología política. Pero la izquierda radical se empeña en que debamos hacerlo cada año, especialmente cuando llega el 14 de abril, fecha que estos nostálgicos de la Historia, siempre contada a medias y a su beneficio propio, se arrogan para asaetearnos con su discurso caduco amparado en la bandera tricolor, que para ellos representa todo lo contrario de lo que debe representar la rojigualda, la bandera que desde los tiempos de Carlos III ha unido a todos los españoles.

El relato republicano indica que fue durante el Sexenio Revolucionario, entre 1868 y 1874, cuando nació la tricolor, pero no es así. Y es más, durante la I República nunca se reconoció esta bandera como el estandarte nacional, hasta el punto de que los independentistas cantonales de Cartagena enarbolaron una bandera roja en el castillo local para indicar que la ciudad era libre al fin. La tricolor ni la conocían. El republicanismo durante la Restauración no cambió la rojigualda y sólo comenzó a convertirse en un símbolo alternativo en la década de los 20. Su imposición como bandera nacional, 13 días después de proclamarse la II República en 1931, se hizo por decreto, sin consenso alguno, sin ser sometido a consulta nacional o a debate en las Cortes. Como dicen por ahí, se hizo “por el artículo 33”.

Conviene recordar la breve historia de la tricolor, que la izquierda radical ha convertido en su enseña nacional, justo ahora que también se cumplen 40 años de la legalización del Partido Comunista de España. La Transición española fue un ejemplo para el mundo por varios motivos. El principal de ellos, porque todos los españoles decidieron que la reconciliación nacional era un bien superior a las veleidades particulares de cada formación política.

Y por ello, precisamente otro 14 de abril, pero de 1977, el PCE, recién legalizado unos días antes, se reúne por primera vez y accedió a la petición que Adolfo Suárez le había realizado a Carrillo, en unos momentos muy tensos a nivel social: reconocer la Monarquía constitucional y la bandera rojigualda como elementos de unión de todos los españoles. “En lo sucesivo, en los actos del partido, al lado de la bandera de éste figurará la bandera con los colores oficiales del Estado. Consideramos la Monarquía como un régimen constitucional y democrático. Estamos convencidos de ser a la vez enérgicos y clarividentes defensores de la unidad de lo que es nuestra patria común”, declaró Carrillo. Y en aquel momento quedó claro que la Transición comenzaba a ser una realidad.

40 años después, los herederos directos del PCE, algunos de ellos hoy bien posicionados y con sueldo público en las filas de Podemos, reniegan de todo este proceso y nos dan su caduca chapa cada 14 de abril colgando la tricolor en cuanto espacio público pueden. Lo hemos visto en San Sebastián de los Reyes, Rivas Vaciamadrid, Sagunto, Silla, Navarra… Y en Cádiz, cuyo alcalde ha hecho la “Kichillada” de izarla nada menos que en la Plaza de la Constitución, un texto que fue votado masivamente por los españoles en las urnas, y en el que se recoge la bandera rojigualda como enseña nacional. Más le valdría a alcaldes como Kichi preocuparse más de los verdaderos problemas de sus ciudadanos que de andar provocando, porque mientras Kichi iza la tricolor en un mástil cutre que se vuela con el viento, Cádiz es la capital de provincia con más paro de España.

Pero el problema que vivimos actualmente va más allá de que la izquierda radical, tan experta en la algarada y el escrache, el efectismo político y la propaganda barata, nos diga que el régimen del 78 hay que abolirlo, considere que Carrillo fue un traidor, o se arrogue para sí la tricolor, que sólo fue oficial por decreto y sin consultárselo a los españoles, durante 8 de los más de 500 años en los que España es nuestra patria común.

El verdadero problema lo tiene el PSOE, que camina sin rumbo ideológico claro y en muchos de estos territorios compite con los del “partido del coleta morada” en ver quien es más radical. Y ahí tenemos ejemplos como el del PSOE de Navarra votando a favor de que la tricolor ondee en el Parlamento navarro. Los mismos que luego te pactan con Bildu, piden la libertad para los agresores de dos guardias civiles y sus mujeres, apaleados en un bar de Alsasua, o se hacen fotos en Euskadi con ese condenado terrorista y ahora autoproclamado “apóstol de la paz” llamado Otegi, que aún no ha pedido ni perdón a las víctimas del terrorismo.

Lo que necesita España es exactamente lo contrario: la moderación, recuperar el espíritu de esa Transición que ahora quieren demoler como si no hubiera concedido a España su mayor época de libertades y progreso. Este país no está para provocaciones gratuitas, ya sean enfundadas en tricolor o en fotos con terroristas. Este país lo que merece y necesita es acuerdos, es consolidar sus libertades, es respetar su historia y tradiciones, es trabajar juntos para afrontar los desafíos que tenemos por delante. Pero hay mucho tonto a las 3 que eso aún no quiere entenderlo, porque es más fácil provocar para conquistar a la masa, escrachar a quien no opina igual y luego echarse unas risas por el twitter. Incluso haciendo chistes miserables sobre personas fallecidas o víctimas del terrorismo. Todo les vale. Y no, no todo vale.

LA FOTO DE LA VERGÜENZA

La foto de la verguenza
Toda el agua de los ríos no sería suficiente para lavar la mano ensangrentada de un asesino” Esquilo, dramaturgo griego.
Quien no recuerda bien su pasado, debería abstenerse de mentir. O al menos, debería tener memoria para no cometer los mismos errores pretéritos. Así que, comencemos estas líneas refrescando algunos recuerdos. Corría el mes de agosto de 1998 cuando el PNV, Eusko Alkartasuna y ETA firmaron un acuerdo que demagógicamente denominaron como “una nueva era en el conflicto con España”.
Y digo bien demagógicamente, porque el único conflicto con España que existía en ese momento era el que protagonizaban unos matones mafiosos terroristas que asesinaban a sangre fría a periodistas, jueces, empresarios, miembros de los Cuerpos de Seguridad o Fuerzas Armadas, o políticos. Los señores del PNV, EA y ETA tuvieron las santas narices de firmar ese acuerdo un año después de que Miguel Ángel Blanco fuera vilmente secuestrado y asesinado, en una tarde de julio en la que millones de personas en todo el mundo clamaban por la libertad de Miguel Ángel mientras el señor Otegi se tostaba al sol de la playa de Zarautz.
Entre otras barbaridades, en aquel acuerdo a tres bandas se decía textualmente: “EA y EAJ-PNV asumen el compromiso de romper con los partidos (PP y PSOE) que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria”. Y ETA se comprometía a declarar una “tregua indefinida”. Aquel acuerdo dio paso pocos días después al Pacto de Estella, en el que todos los anteriores actores, sumados a la izquierda más radical, el condumio de asociaciones proamnistía, el mamandurrio de sindicatos abertzales y la kale borroka política se unían para aislar al PSOE y al PP y crear una “Udabiltza”, una nueva institución que aspiraba a integrar a todos los partidos y que daba alas a la ilegalizada Herri Batasuna para volver a las instituciones. El brazo político de ETA necesitaba tener voz en el parlamento vasco. Y financiación.
Aquel sainete duró lo que tardó el brazo político de ETA en ir aumentando sus exigencias. ETA anunció el final de su tregua un año después y el 21 de enero de 2000 volvió a asesinar. Lo que quedó claro es que aquella tregua fue una trampa, como siempre advirtió el gobierno de Aznar, y sirvió para que ETA siguiera recabando financiación a través de la extorsión a los empresarios vascos y lograr su rearme. Todo fue una gran mentira.
Cinco años y medio después de su anuncio del cese definitivo de la “actividad armada”, y una vez que las fuerzas de Seguridad del Estado les asestaron consecutivos golpes para su supervivencia, ahora ETA nos ha propiciado un nuevo sainete: el de su supuesto desarme. Un epílogo a décadas de asesinatos reconvertido en un acto propagandístico y de blanqueamiento de su historia, para ver si así algunos olvidan sus crímenes.
Este sábado dicen que van a entregar 45 bidones llenos de armas y explosivos, escondidos en zulos cercanos a la frontera de Francia con España. Un gesto al que seguirá un espectáculo circense de conferencias, manifestaciones y muchas fotos protagonizadas por unos supuestos verificadores internacionales y por grupos abertzales, autodenominados de forma muy cursi como “artesanos de la paz”, que serán quienes nos informen de que todo está correcto. ETA podía habernos ahorrado este circo: bastaba con que enviaran por GPS las coordenadas de sus zulos a la Guardia Civil. Y asunto zanjado. Y ya que estamos, que entreguen TODAS las armas, algo que las fuerzas policiales saben que no va a suceder.
Pero la ignominia es aún mayor. A todo este sainete se ha sumado otra romería abertzale. Otegi, ese “hombre de paz” que secuestró a un empresario vasco y fue condenado por pertenencia a ETA, reunió a representantes de todas las fuerzas políticas vascas, a excepción del PP, en una reedición euskaldun del “Pacto del Tinell”. A la foto de la vergüenza le siguió una declaración muy pomposa en el Parlamento vasco. Y a todos estos actos asistió de forma sonrojante el Partido Socialista de Euskadi, el mismo que perdió a tantos compañeros de filas a manos del terrorismo de ETA. Lo que logró esa imagen es expulsar a algunos de los que más han sufrido y a quienes fueron artífices de quienes han conseguido que ETA no consiga absolutamente nada después de 40 años de asesinatos y de extorsión al conjunto de la sociedad vasca. Menos mal que en el PP no olvidamos a nuestras propias víctimas y a todas las víctimas de ETA. No vamos a permitir que sean los terroristas quienes reescriban el relato de tantas décadas de asesinatos.
ETA ha durado tanto tiempo porque siempre contó con apoyo político y social, y sólo empezó a morir de inanición cuando se ilegalizó a su brazo político (aunque sigue manteniendo marcas blancas) y se le restó el apoyo de, entre otras fuerzas políticas, el PSE. Que se aplauda y que se diga que ETA es un “actor de la paz”, es tan vergonzoso como ver a los socialistas vascos, con los que tantos muertos hemos compartido, rebajar su nivel de exigencia a ETA y hacerle el juego a Otegi. Pero nada nuevo hay en la arena: también desde el Partido Socialista de Navarro se apoyó a quienes molieron a golpes a dos guardias civiles y sus mujeres en Alsasua, en un claro ejemplo de equiparación de víctimas y agresores.
Frente a esa foto de la vergüenza, lo que cabe es realizar otra foto: La de la Verdad, Memoria, Dignidad y Justicia de las víctimas del terrorismo. Porque mientras ETA se va de romería pacifista, quedan más de 300 crímenes sin resolver. No basta con entregar algunas armas: sus miembros con crímenes de sangre deben responder ante la Justicia. No basta con buscarse a unos observadores internacionales, como si Francia o España no fueran países democráticos, lo que tiene que hacer ETA es disolverse de una vez, someterse a la Justicia y pedir perdón a las víctimas del terrorismo. Porque ni los verdugos son víctimas, ni el relato de décadas de asesinatos puede reinterpretarse desde la única visión de los asesinos. Se lo debemos a las más de mil personas que dieron su vida y a miles de heridos y familiares. Sólo habrá paz cuando los malvados sean los auténticos perdedores. Se lo debemos a España.

EL DÍA DE LA MARMOTA

El dia de la marmota

– ¿Alguna vez ha tenido un déjà vu, señora Lancaster? 
– Creo que no, pero puedo preguntar en la cocina.
Bill Murray- Ángela Paton (Atrapado en el tiempo)

 

Cada día puntualmente a las 6 de la mañana, sonaba el despertador en la habitación de hotel del pequeño pueblo de Punxsutawney (Pensilvania). Y el presentador de televisión interpretado por el actor Bill Murray amanecía siempre en el mismo día, en la película “Atrapado en el tiempo”. “Hoy es el día de la marmota… ¡otra vez!”, afirmaba hastiado ante las cámaras de televisión, mientras la marmota nos volvía a informar de las semanas de invierno que aún aguardaban.

Me preguntaba un vecino de Brunete esta semana: “Alcalde, ¿y sobre qué tema centrarás tu próximo artículo de opinión?”. A lo que respondí: “Hablaré de nuevo de Cataluña”. ¿Otra vez?”, me reprochó con cierto rostro de cansancio. “Otra vez, querido amigo”.

A Cataluña le está pasando lo mismo que al País Vasco en la etapa de Ibarretxe. Todos los días los exégetas del relato histórico catalán se asoman a la ventana de la actualidad con alguna falsedad secesionista nueva. El espejo de Ibarretxe, que es en quien deberían mirarse Puigdemont, Mas y la fallecida Convergencia, es el más ilustrativo: el PNV terminó por hartarse de tanto secesionismo que les arrojaba a un precipicio legal y financiero; los ciudadanos les apartaron de la Lehendakaritza por primera vez en la Democracia; y el ala más moderada de la burguesía nacionalista vasca tomó las riendas del PNV. En definitiva, hubo un profundo hartazgo de la antología racista, xenófoba y antiétnica de los discípulos de Sabino Arana. Para radicales ya estaban los de Batasuna y los del tiro en la nuca.

Es curioso que cuando algo de racionalidad se ha asentado en el País Vasco -a excepción de los Bildutarras y sus fieles imitadores podemitas-, Mas, Puigdemont y los de las Cuptasuna tomen el testigo de la radicalidad secesionista en Cataluña, rozando en numerosas ocasiones el más absoluto de los ridículos.

Esta semana, el hombre elegido a dedo por Mas y Junqueras, el presidente Puigdemont, se marchaba otra vez al extranjero para explicar no sé cuantas bondades sobre “el procés” a alumnos universitarios estadounidenses, seguro que muy versados todos ellos en la auténtica historia de España desde que los Reyes Católicos la convirtieron en una auténtica nación.

Debe ser francamente divertido ver a Puigdemont por las universidades de Estados Unidos explicándole a jóvenes oriundos de Kansas o Texas que allá en el año 2010, cuando fracasó el “Estatut” que Zapatero pensaba votar a ciegas, fuera cual fuera su texto aprobado en el “Parlament”, se produjo una “brutal regresión de derechos civiles y poder político” en Cataluña. También es descacharrante escucharle equiparar su “lucha independentista” con el movimiento social que la comunidad afroamericana llevó a cabo en el país de las barras y las estrellas durante los años 60 en favor del reconocimiento de sus derechos civiles. Ahora resulta que Puigdemont se ha transmutado en un nuevo Kennedy y que su lucha es “por los derechos civiles de los catalanes”. Claro, sólo de los catalanes independentistas. Los auténticos para él.

Y lo dice la misma semana en la que Homs ha abandonado su escaño en el Congreso tras ser condenado por no hacer caso al máximo órgano judicial de nuestro país, el Tribunal Constitucional, por aquello de esas urnas de cartón que algunos misteriosos “voluntarios” colocaron en ciertos edificios públicos de Cataluña, ¡oh, misterios nacionalistas!, para que se incumpliera flagrantemente la Ley, aquel 9 de noviembre de 2014.

Uno se imagina la estupefacta cara de esos universitarios escuchando cómo se critica la falta de Democracia en España comparándola con la de Erdogan en Turquía, y es inevitable partirse de la risa ante el ridículo en el que el presidente catalán es capaz de caer. Lo que no les habrá explicado es que Cataluña goza de una autonomía mucho mayor que otras regiones de Europa, como por ejemplo los lander alemanes. Aquí las comparaciones se realizan con quien nos interesa. Puestos a comparar con otras naciones, Puigdemont también podría hablar de la buena salud de nuestra Democracia en contraposición al régimen chavista de Venezuela y su “Madurazo”. Pero entonces se enfadarían con él los de las Cuptasuna, esos redentores de la patria catalana, los mismos que desearían ser criados en tribus, y que asaltaron la sede del PP de Barcelona, demostrando así su profundo espíritu democrático una vez más.

Tampoco explicará a los universitarios estadounidenses que encuesta tras encuesta del CIS catalán -que hasta de eso tienen allende El Segre-, el independentismo pierde fuelle frente a quienes se sienten catalanes y españoles.

Es una pena que Puigdemont tampoco explique a los alumnos de Harvard lo del 3%, el Clan Pujol… No informará asimismo del desorbitado gasto público que realiza el “Govern” en TV3, televisión en permanente servicio a la causa, como demostraron una vez más al no informar de la manifestación masiva en contra del independentismo, que convocó Societat Civil Catalana hace unas semanas. Unos señores que se sienten catalanes y españoles pero que sólo salen en la televisión y radio públicas cuando se les llama “fascistas”.

A Puigdemont le interesa mucho expandir “el procés” por el Universo entero, mientras Cataluña adeuda millones de euros a los farmacéuticos. Y, por seguir con ejemplos de un servicio básico como la sanidad, el “procés” avanza mientras su gobierno cierra quirófanos en los hospitales o se cerraron el pasado verano casi 1.800 camas hospitalarias durante el mes de agosto, cuando más turismo reciben.

Enfrascándose su barretina en la cabeza en el avión de regreso a la Cataluña libre, Puigdemont le comentará a su acompañante en tan flamante tour internacional, el señor Romeva: “Que no paguemos a los farmacéuticos o se cierren camas hospitalarias son cosas veredes, amigo Sancho. Lo importante es que en Harvard conozcan el “procés y hacernos una foto”. A lo que Romeva, el autoproclamado “ministro de exteriores catalán”, pondrá gesto serio mientras le vienen a la mente recuerdos de cuando se presentaba ante la audiencia como un español convencido durante su etapa como eurodiputado en Bruselas, tal y como esta semana recordaba un periódico, no sin cierto sonrojo.

“Hoy es el día de la marmota en Cataluña… ¡otra vez!”. A ver cuando llega el día de trabajar TODOS juntos por los catalanes y por el conjunto de los españoles, como ya está haciendo el presidente Rajoy… mientras tanto toca ver cómo Puigdemont se ancla en la Universidad de Harvard, impartiendo clases magistrales sobre la secesión de Texas… quizás se ha equivocado y debería haber acudido a la Universidad de Hogwarts donde la imaginación no es una asignatura pendiente (Harry Potter dixit).

TERRORISMO DE TABERNA

Terrorismo de Taberna

“Toda el agua de los ríos no sería suficiente para lavar la mano ensangrentada de un asesino.” Esquilo, dramaturgo griego.

En el clásico del cine “La jauría humana”, un pueblo de la América profunda desata toda su furia contra un joven que ha huido del penal y regresa a su localidad natal. Él sólo busca redimirse, pero su pueblo no le perdona y emprenden una cacería sin límites. “No haremos nada. Dejaremos que los hombres blancos resuelvan sus propios problemas”, dice una abuela de color a su nieto, mientras conduce por una carretera por la que corre Robert Redford aún vestido de presidiario.

Es sábado noche, los bares están llenos y el personaje de Redford debe ser rescatado del linchamiento por el sheriff del pueblo, interpretado por Marlon Brando, el único personaje honesto. En una escena vibrante, todo el pueblo se congrega ante la oficina del sheriff, al que amenazan y agreden por ocultar al reo. El sheriff, cansado de lidiar con la violencia y miseria de sus vecinos, sale de su oficina manchado de sangre y cojeando para enfrentarse a una multitud que le mira impasible. La degradación moral de la sociedad y el ambiente opresivo de un pueblo es el núcleo del infierno retratado en “La jauría humana”.

Esa opresión, en este caso por motivos únicamente ideológicos y políticos, es la misma que ejerció durante muchos años la banda terrorista ETA en todo el País Vasco y Navarra: “No vayas a tal pueblo del País Vasco -nos recomendaban a los que éramos de otras partes de España-. Y si lo haces, pasa desapercibido y no hables de política”. Eran los años de plomo, un tiempo en el que todo el mundo sabía a quién votaba su vecino. Y si éste no colocaba su ikurriña bien alta en el balcón, ya era sospechoso del peor de los pecados: ser “españolista”.

Las sucesivas operaciones policiales y las fuertes medidas legales que gobiernos como el de Aznar adoptaron contra ETA, llevaron a la banda a una situación de huida hacia adelante que sólo podía acabar necesariamente con el cese del terrorismo. Una ETA cada vez más debilitada y con menor respaldo social llevó a que declararan unilateralmente el cese de la lucha armada y sangrienta, como mecanismo para intentar sobrevivir a las continuas detenciones que llevaban a cabo las fuerzas policiales. Hace unos días nos dijeron que ahora quieren entregar las armas que aún tienen ocultas, pero la banda terrorista sigue sin anunciar lo más importante: que se disuelven, que ponen a sus miembros con delitos de sangre a disposición de la Justicia, que entregan realmente todo su armamento sin ficciones y que piden perdón a las víctimas de su barbarie.

ETA aún no está derrotada, aunque lo quieran hacer ver. Y el problema es que en muchos de esos pueblos, la degradación moral y social que la huella de ETA ha dejado, lleva a que el ambiente siga siendo opresivo contra todo aquel que no sea un buen “euskaldun” independentista. La nueva “kale borroka” es la de quienes aún amedrentan a todo aquel que no tenga el RH negativo. Y para prueba de ello lo sucedido en Alsasua (Navarra): el pasado mes de octubre, entre 30 y 50 personas agredieron brutalmente a dos agentes de la Guardia Civil, y a sus respectivas mujeres, en un bar de la localidad navarra de Alsasua. Lo hicieron al grito de ‘Alde Hemendik’ (Que se vayan), mismo título que otros agresores han utilizado en anteriores ocasiones o que los abertzales utilizaron en manifestaciones para pedir que el Ejército y la Guardia Civil se fueran del País Vasco. No es casualidad.

Lo peor de esta agresión no son las graves secuelas que dejaron en los agredidos, y por las que uno de los agentes sigue de baja. Lo peor es que esto se veía venir. Una de las mujeres agredidas -porque a algunos se les olvida que aquí ha habido personas agredidas sólo por ser “mujeres de”- ha afirmado que siempre se sintieron vigilados y visualmente amenazados. Además, en Alsasua todos sabían que los agredidos eran agentes de la Guardia Civil y que ellas eran sus mujeres.

Esta semana, los Podemitas, volvían a hacer gala de su profundo antiespañolismo y de su afinidad con el ambiente proetarra invitando a familiares de los agresores de Alsasua al Congreso. Ochenta y nueve diputados y senadores de Podemos y de las fuerzas nacionalistas ERC, EH Bildu, PDeCAT y PNV firmaron un manifiesto para solicitar que a los agresores no se les juzgue por delito de terrorismo. Para ellos, lo sucedido es lo más parecido a “una pelea de bar” y la solicitud de más de 10 años de cárcel para los agresores “es una venganza”, como dijo el diputado Tardá de ERC. Normal que en el PSOE le cortaran la cabeza a Pedro Sánchez cuando intuyeron que estaba muy avanzado el pacto de gobierno con los abajo firmantes que esta semana apoyaban a los agresores de Alsasua.

Lo más grave de lo acontecido en el Congreso es que Podemos y nacionalistas vascos y catalanes equiparan a agresores y agredidos, en una vuelta de tuerca que lleva a que la turba que envió al hospital a los guardias civiles y a sus mujeres sean víctimas de uno no sabe muy bien qué. Cabría suponer que a Pablo Iglesias le habrá emocionado de nuevo “la agresión a un Policía”, como dijo en un famoso vídeo. El manifiesto firmado evidencia una vez más que Podemos es la marca blanca de Bildu en Navarra y en el resto de España, y que ambas fuerzas compiten entre sí para ver quién está más cerca de los verdugos. Y en el colmo de la intromisión en la separación de poderes, Pablo se erige en juez y es quien determina, sin leerse el auto judicial, como él mismo ha confesado, si lo de Alsasua fue una pelea de bar o un delito de terrorismo. Para Iglesias que la Justicia sea independiente depende de si a él le interesa o no. Como pasa en su amada Venezuela chavista, donde si hace falta se inventan pruebas contra Leopoldo López para condenarle y dejarle en la cárcel. Pero de eso Pablo y los abajo firmantes prefieren no hablar.

Frente al terrorismo, contra la amenaza a la unidad de España y el reconocimiento al dolor de las víctimas, solo cabe contundencia y esfuerzos unísonos de todas las fuerzas políticas. Todo lo demás es mero artificio.

LAS OCURRENCIAS Y LOS OCURRENCIOS

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“Me ha emocionado ver a alguien jugársela contra un antidisturbios.” Pablo Iglesias

En la película “Origen”, Leonardo DiCaprio da vida a un ladrón prófugo de la justicia que se especializa en infiltrarse en los sueños de otras personas para robarles sus ideas o las claves de seguridad del banco, mientras sus víctimas duermen plácidamente. Para ello utiliza un sueño inducido por un dispositivo conocido como “la máquina de los sueños”. “Los sueños nos parecen reales mientras los tenemos, solo cuando nos despertamos nos damos cuenta de que algo no cuadra”, dice en un momento el protagonista.

A los de Podemos el manejo de la máquina de los sueños se les da brillantemente. Nada más fácil que una oratoria tan efectista como vacua en su contenido para introducirse en la mente de muchas personas y adormecerlas en la confianza de que los del “partido de la gente” serán capaces hasta de bajar la Luna a la Tierra si se lo proponen. Y si algo falla en el propósito, basta con utilizar algo de retórica y echarle la culpa de todo a la “casta”.

Manuela Carmena también tenía un sueño: ser alcaldesa de Madrid. Y lo logró por abandono del PSOE. La alcaldesa por accidente también encendió la máquina de los sueños, pero no paran de crecerle los enanos y las enanas… Y las lechugas y los lechugos en el huerto plantado en la terraza del Ayuntamiento en Cibeles, una de sus medidas estrella más “aclamadas”. Sin duda, los madrileños nunca imaginaron huerto tan productivo a tantos metros de altura, y a buen seguro que, si no se queda en el tintero de las ocurrencias y los ocurrencios como tantas otras cosas, también se fascinarán cuando vean en marcha otra medida estrella: el césped en los techos de los autobuses urbanos. Pero eso daría para otra columna.

Hablando de lechugos, otros que no paran de brotar como flores en primavera son las Mayer y los Mayer, esos concejales que no paran de meter en líos a la alcaldesa por su torpeza y sectarismo y que evidencian, por si alguien aún no lo tenía claro, que con las cosas del comer no debería jugarse. Esta semana a la inminente ex concejal de Cultura de Madrid, Celia Mayer, se le bajó el telón en el escenario del Matadero tras dos años plagados de titiri-etarras, desmemorias históricas, reinas magas y desencuentros.

Hace un mes, la alcaldesa perdió la oportunidad de preguntarles a los madrileños, a mitad de legislatura, si les parecía bien la gestión que se realizaba en el Ayuntamiento. Ya que el Ayuntamiento se gastó más de un millón de euros en una consulta popular tan pueril en su contenido como estéril en su participación, podía haber aprovechado para ello. Una consulta, por cierto, que será recordada en los anales de la Historia: que el 0,1% de los madrileños decida cambiar el nombre del parque de Felipe VI es sin duda un éxito intergaláctico de la Democracia. En eso Carmena también se parece a otros “alcaldes de la máquina de los sueños” como Ada Colau o el alcalde de Zaragoza, el de la “gomina”: hay que borrar cualquier huella de la Monarquía, ya sea escondiendo el busto del Rey, quitando el cuadro del Jefe del Estado del despacho del alcalde o retirándole su nombre a un parque. Y si hace falta también se le cambia el nombre a la Plaza de la Hispanidad de Barcelona, que eso atufa a españolismo en la Ciudad Condal y allí los votos a favor en los plenos de las Cuptasuna son muy necesarios para seguir adormeciendo a la gente. ¡Y lo que quedará por ver!

En su afán de alentar a la participación, ahora descubrimos que el Ayuntamiento de Madrid se ha gastado 12.000 euros en un vídeo promocional que dura 60 segundos. O lo que es lo mismo: 200 euros por segundo. ¡Ni Fernando Alonso está tan bien remunerado! Y todo para promocionar otra ocurrencia: los foros de participación vecinal. A los de Ahora Desgobernamos Madrid les encanta decir que son muy participativos, pero luego sólo te preguntan en las papeletas si deseas un Madrid más sostenible y no, por ejemplo, si estás de acuerdo con su Plan A… A de más Atascos. Porque claro, hostigar al conductor y restringirle su libertad sin ofrecerle alternativas para la movilidad, es mejor no someterlo a votación, no vaya a ser que el resultado no sea lo que uno buscaba inicialmente, por muy capciosa que fuera la redacción de la pregunta en la papeleta.

Hay que recordarle a la alcaldesa por accidente que cuando uno se presenta a unas elecciones lo hace acompañado de un programa electoral, que los vecinos respaldan con su voto y con el que después gobiernas. No es necesario gastarse un millón de euros, ni escurrirse las neuronas para formular preguntas teledirigidas, ni gastar 200 euros por segundo en un vídeo. Para escuchar a la ciudadanía sólo es necesario pisar la calle. El problema es que ellos la pisan poco. Y cuando lo hacen es para cambiar la calle de nombre o para meterse a tomar una cerveza en alguna casa okupa, marchándose luego en coche oficial, de esos que podrán circular y aparcar en el centro de la capital cuando otros ciudadanos no puedan. Parafraseando el viejo eslogan, de Madrid al cielo… al cielo del sectarismo ideológico y de las ocurrencias y los ocurrencios.

LIBERTAD ESCRACHADA

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“Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación.” Mario Vargas Llosa

Decía Montaigne que “la verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo”; en la templanza, en el respeto a la libertad de los demás. Pero desde hace un tiempo se ha instalado en una parte de la siempre “bienpensante” izquierda radical, barnizada con su clásica superioridad moral frente al resto de la sociedad, el tótem del linchamiento ideológico, de la falta de respeto sistemática a quien no piensa como ellos.

Por ello,  una señora que ejerce de líder de Podemos en Galicia puede decir en un tuit que los del PP de Galicia asesinan mujeres, y quedarse tan ancha. Y cuando se le pide explicaciones por semejante atroz afirmación, aún responde que es una cuestión ortográfica ya que al texto le faltaba una coma para entenderse correctamente y, de paso, volver a echar la culpa una vez más al Gobierno de Feijóo de no tomar las “medidas oportunas” para detener la violencia de género. Naturalmente, todo ello sin pedir disculpas.

Que esta “lideresa” de Podemos en Galicia deje caer que el Partido Popular es responsable, directo o indirecto, de que haya mujeres que sean asesinadas, es de una zafiedad tan brutal como la utilización, como ataque hacia un rival político, de los desgraciados casos de violencia de género. Eso sí, nunca veremos a esta lideresa de Podemos acusar de lo mismo a los dirigentes de aquellas comunidades donde gobierna la izquierda. Y en ellas, por desgracia, también se producen víctimas de género.

Este es también un país donde un concejal del PSOE de Villarrobledo, en Albacete, se disfraza de terrorista yihadista en el Carnaval de su pueblo, y sale por la calle con un arma fingiendo matar a alguno de sus paisanos. Una auténtica ofensa a las víctimas del terrorismo, sin duda. Y, obviamente,  una falta de la más mínima humanidad, porque hacer chanza sobre el dolor ajeno y el fanatismo terrorista sólo demuestra una gran miseria moral. Pero de momento ahí sigue: aferrado al sillón. Como también lo está en Madrid el ‘humorista’ Guillermo Zapata, el de los tuits de “humor negro”, en los que nadie, salvo él mismo, encontró la gracia. Ya se sabe que para algunos el humor, expresión muy sana por otra parte cuando se ejerce sin ridiculizar a otras personas, es la gran excusa que suelen utilizar para soltar su bilis particular. Incluso a diario desde una televisión y en prime time.

Y hablando de televisión y de la excusa del humor, en este caso para evidenciar el racismo y xenofobia marca “Sabino Arana” de siempre… Este es también el país donde la izquierda radical no se escandaliza de que en un programa de una televisión autonómica, como la ETB vasca, pueda llamarse a los españoles “fachas”, “chonis”, “paletos” y no pedir responsabilidades por ello.  ¿Se imaginan que en una televisión regional francesa se dijera lo mismo de sus compatriotas? Será que la izquierda radical tampoco se siente identificada con otro improperio que se vertía contra los españoles, el de “progre”. Para ellos, los “progres” serán los de la “cal viva” y adláteres. Los mismos que les han permitido gobernar en las principales ciudades españolas. Los mismos “progres”, siguiendo su pensamiento, que permiten que Ada Colau siga al frente del Ayuntamiento de Barcelona y cambie el nombre de la plaza de la Hispanidad o quite el busto del jefe del Estado. La hispanofobia de Ada Colau es tan conocida como el sueldecito con dinero público que su antecesor en la Alcaldía del Barcelona, Xavier Trías, de la ahora independentista Convergencia, le consiguió durante un año mientras era líder de la PAH. ¡Todo financiado con dinero público pero no para el público! Este debe ser el  eslogan del nuevo despotismo ilustrado que practican en la izquierda radical.

Lo más grave de todo es que quien se atreve a criticar estas conductas desde un medio de comunicación o simplemente plasma su opinión con libertad, puede ser escrachado. Que se lo digan -otra vez más- a la actriz Marta Etura, que protagoniza la película “El guardián de la noche”, donde también participa la supuesta actriz “humorista” de ETB. Etura fue una de las abajo firmantes del equipo de la película que se desmarcaba de los hechos acaecidos en la televisión pública vasca. Y claro, el gran justiciero de la izquierda radical, Willy Toledo, le dedicó unas bellas palabras en forma de insultos denigrantes. Que desde una televisión pública, o sea de todos, se practique el racismo debe ser algo normal para este exiliado en el paraíso cubano, donde sólo conocen la palabra “urna” cuando se trata de rendir un último homenaje funerario a sus amados líderes comunistas.

Y por si no tuviéramos poco, la izquierda radical también se ha sumado al coro de insultos contra la Asociación de la Prensa de Madrid, solidarizada y preocupada  por el “amedrentamiento y amenazas” que reciben periodistas que cubren la información de Podemos y publican informaciones que no son del agrado del “partido de la gente”. Ya lo dijo Pablo Iglesias: “Que existan medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión. Los medios de comunicación tienen que tener control público”. O sea, el control suyo y el de su partido político. Y mientras tanto linchan a la APM y a su presidenta, Victoria Prego, una señora que a su parecer sólo debe ser famosa por haber entrevistado alguna que otra vez a Adolfo Suárez. Para ellos, la práctica habitual es denigrar a quienes les llevan la contraria para que no tengan que cerrar el chiringuito.

Parece impropio después de casi 40 años de Democracia que a estas alturas tengamos que hablar de uno de los bienes más valiosos que nos ha deparado el sistema constitucional de 1978, ese que los mismos antes referenciados quieren derribar al grito de que no les representa, a pesar de que ya están cómodamente representados en las instituciones. Pero vivimos en una España donde lo kafkiano se asoma por la ventana con los primeros rayos de sol, y donde aún hoy debemos escribir en defensa de un valor fundamental como la “libertad de expresión”. Esto en otros países democráticos no sucede. Y no somos por fortuna la Venezuela de Maduro, pero está claro que hay algunos que se niegan a evolucionar. O que preferirían evolucionar hacia otro modelo: el autocrático.

LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

ultimos de filipinas

“Me gusta saber que dejo una parte de mi mismo en cada campo de batalla, a cambio de un poco de gloria”. Blas de Lezo

Las lluvias habían cesado concediendo una pequeña tregua a la tierra de color ámbar, empapada por hallarse inmersa en plena estación de lluvias. La temperatura superaba ligeramente los 30 grados pero, a veces, la humedad tornaba casi irrespirable un aire puro y limpio, fresco, de ese que cuando acaricia la cara y ondea el pelo, parece rejuvenecer el espíritu de quien lo respira. Ese aire que mece suavemente la exuberante vegetación verde que crece de manera silvestre tapizando toda la superficie de la tierra, hasta donde los ojos alcanzan a ver.

Pero el gran portalón de madera que daba entrada a la iglesia, se cerró a cal y canto, y allí dentro, hacinados durante once largos meses, la sensación de sentir la lluvia y el aire fresco, y de abrazar con la vista el verde horizonte infinito, llegaron a convertirse en una ilusión, casi en un sueño.

El 30 de junio de 1898 un destacamento de cincuenta soldados españoles fue sitiado en la iglesia de Baler, en la isla de Luzón, por una fuerza militar de filipinos, muy superior a la española.

Aquel grupo de militares españoles, aguataron con estoica heroicidad los ataques feroces de quienes se habían sublevado contra la Corona Española. Además, tuvieron que hacer frente a otro tipo de enemigos tales como el hambre, la enfermedad o la desesperación que les acechaban cada día en el más absoluto de los silencios, surgidos ante la imposibilidad de poder reponer víveres.

Fuera de aquellos muros recios, los acontecimientos bélicos internacionales habían virado rápidamente, por ello, sin creer que la guerra había acabado, continuaron luchando fieles al cumplimiento de su deber y a la misión que allí les había llevado: defender hasta las últimas consecuencias la bandera española.

Fueron múltiples las intimaciones de rendición del enemigo, quienes incluso llegaron a utilizar a un niño portando una carta para ablandar la defensa de los asediados. También fueron numerosas las órdenes de los comisionados españoles para que abandonaran su inútil resistencia; pero ellos las desoyeron pensando que se trataba de una treta para sacarles de su posición, logrando mantenerla durante 337 días en condiciones verdaderamente infrahumanas, y escribiendo, de este modo, una de las páginas más brillantes de la historia militar de España. Tanto es así, que este episodio de resistencia es aún, hoy en día, analizado y estudiado en diferentes academias militares de todo el mundo.

Aquellos héroes, los últimos de Filipinas,  defendieron en una situación límite el honor y la memoria de todos aquellos compatriotas que murieron por España en tierras lejanas. Ellos se ocuparon de recordar al mundo por qué España forjó uno de los mayores imperios conocidos por el hombre.

Aquel puñado de soldados españoles, aquellos héroes fueron quienes en unos tiempos profundamente amargos para nuestra nación, tras la pérdida de Cuba y Filipinas, dieron esperanzas al pueblo español que vivía con el ánimo completamente hundido,  una auténtica tragedia nacional, y buscaba un halo de esperanza ante los últimos episodios de derrota y deshonor.

Algunos se han atrevido a afirmar, no sé si  con el atrevimiento que supone la ignorancia  o con la intencionalidad de tergiversar nuestra historia para denostarla, algo tan común en España y, sin embargo, inconcebible en el resto de países del mundo, que aquel grupo de medio centenar de hombres estaban locos, pero no… No estaban locos aquellos soldados españoles,  sabían cuál era su deber y no dudaron en cumplirlo con creces. Querían resistir, mantener el tipo, por ellos y por España.

Mantuvieron la posición porque era su deber, ni siquiera fueron conscientes de estar haciendo algo heroico y, sin embargo, dieron una lección de compromiso y de amor por España, tan grande y generosa que rubricaron uno de los episodios más gloriosos de la historia de nuestro país.

Aquéllos soldados arriesgaron su vida por España y por los intereses de todos los españoles y hoy es justo reconocer su heroicidad y manifestar públicamente nuestro orgullo por todos y cada uno de ellos.

Un reconocimiento y un orgullo que naturalmente hago extensivo a cada soldado español que a lo largo de la historia ha dado su vida por defender nuestra nación y, naturalmente, a todos aquellos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que hoy son la mejor representación de España y de nuestra bandera, en cada rincón del planeta al que acuden en alguna misión.

El día 338 el portalón de madera de la desvencijada iglesia de Baler volvió a abrirse para dejar entrar un soplo de ese añorado aire fresco y limpio y, a la vez, para dejar salir con la cabeza bien alta, a aquel grupo de soldados españoles supervivientes, que llegaron de reemplazo y, sin pretenderlo, se convirtieron leyenda.