UN PASEO CON EL GRANMA

granma

“…Una triste tormenta 
te está azotando sin descansar 
pero el sol de tus hijos 
pronto la calma te hará alcanzar. 
Cuando salí de Cuba, 
dejé mi vida dejé mi amor. 
Cuando salí de Cuba, 
dejé enterrado mi corazón.”
Luis Aguilé ( Canción “Cuando Salí de Cuba” )

Desde el fallecimiento el pasado viernes de Fidel Castro, algunos periódicos y diarios online han recogido auténticas hagiografías de uno de los últimos dictadores que quedaban sobre la faz de la tierra. Algunos columnistas nos han regalado su visión de un país convertido en lo más parecido al Jardín del Edén, una sociedad que nada en la abundancia y la felicidad, y a un Fidel transmutado en un visionario de la libertad. Qué paradoja, la misma que él arrebató durante décadas a los propios cubanos.

Y cómo no, a esta pléyade de plañideras se sumó con inusitado entusiasmo la izquierda radical de nuestro país, siempre contumaz en su sentimiento de superioridad moral frente al resto de la humanidad, y que no ha parado en estos días de agitar el mito del castrismo hasta límites indecorosos. Ya lo dijo el secretario general del partido comunista español (o de lo que queda de él tras la OPA hecha por Podemos): “Fidel es una guía para toda la izquierda mundial”.

La maquinaria propagandística del régimen cubano ha sido tan eficaz que aún hoy, casi 60 años después de la revolución cubana, la realidad paralela construida a golpe de Granma y mucha televisión, empaña la cruda realidad de un régimen autocrático que convirtió Cuba en un gigantesco Alcatraz comunista del que sólo se podía escapar en balsa de goma. Una sociedad empobrecida hasta límites tercermundistas en la que conseguir electricidad era cuestión de puro azar o de que Hugo Chávez siguiera regalando el petróleo de Venezuela. El régimen castrista ha dejado muchas víctimas arrojadas en el olvido de las cárceles, en las brutales torturas y en el fusilamiento de todo aquel sospechoso de ser contrarrevolucionario. Episodios que, quién sabe, si un día llegarán ser condenados.

El legado de Castro ha sido miseria para su pueblo y lujo para su oligarquía de escogidos y su propia familia. Que un dictador comunista acumule más de 20 mansiones, varios yates, una plantilla de servicio digna del mismísimo Ritz, y que hasta tuviera una fábrica de quesos y yogures para su uso y disfrute personal, poco tiene que ver con el perfil de una persona de ideología comunista.

Hace pocos días, la revista Forbes publicaba que la fortuna de Castro se estimaba que superase los 800 millones de dólares. Uno de los guardaespaldas que había trabajado bajo sus órdenes, describía la vida de dispendio y de disfrute toda clase de lujos excéntricos del dictador; tanto que podría haber sido perfectamente, la de un personaje de Hollywood. Resulta moralmente una aberración que el general y su “clan” de gerifaltes hayan podido vivir de forma obscenamente lujosa, mientras miles de cubanos pasaban necesidades vitales, llegando a situaciones límites que, en algunos casos les obligaban incluso a prostituirse para poder sobrevivir o a lanzarse al mar, tratando de llegar a la otra orilla, la de Miami, buscando igualmente, su supervivencia y la de su familia.

Aunque en esto de vivir a todo lujo a costa del comunismo, Fidel no ha sido una excepción. En Rumanía, otro dictador, Nicolae Ceacescu, mandó construir un fortín inexpugnable y a prueba de bombas, por si sus socios comunistas se cansaban de sus estridencias y ordenaban una invasión. Una modesta residencia privada, apodada la “Casa del Pueblo”, construida en una colina de Bucarest que supuso el derribo de más de 7.000 viviendas cercanas que entorpecían las vistas. La construcción de este edificio de 340.000 metros cuadrados y 5 toneladas de peso, llegó a agotar todo el mármol de Rumanía. De los detalles interiores mejor no hablar.

Aún hoy, cuando ya se cumple una semana de la muerte de Fidel Castro, seguimos leyendo y escuchando loas sobre sus bondades y su defensa de la libertad. Si no fuera porque con el dolor y la privación de libertades de un pueblo no se juega, sería para reír a carcajadas de semejante esperpento. ¿Libertad? ¿Esa libertad de la cual no disfrutan el casi medio centenar de presos políticos encerrados en las cárceles de la isla? Claro, que según siempre ha afirmado el hermano del general y seguidor más ferviente de su estirpe, Raúl Castro: no hay ningún preso político en Cuba; es más, seguramente recordarán mis queridos lectores, cómo el marzo de 2016, durante la visita de Barack Obama a la isla, Raúl Castro se atrevió a desafiar a un periodista durante una rueda de prensa conjunta celebrada en La Habana, retándole a que presentara una lista con los presos políticos que decía se hallaban encarcelados. Adolfo Fernández Sainz instó a Castro a liberar esta misma noche a los presos de la lista que le suministró, la cual detalla sus nombres, sentencia y la fecha y lugar de encarcelamiento. Finalmente, todo quedó diluido.

Resulta lamentable que el aparato castrista, aún logre seguir maquillando la realidad. Podrían preguntarle hoy mismo al periodista español Vicenç Sanclemente, enviado especial de Televisión Española a Cuba para informar sobre los acontecimientos acaecidos tras la muerte de Fidel Castro, qué opina sobre la libertad en Cuba, tras haber permanecido varias horas detenido en una comisaría de La Habana por entrevistar al disidente cubano Reinaldo Escobar, que también fue arrestado. Por lo visto, fue detenido y conducido a una comisaría por “posible alteración del orden público”. Lo dicho… ¡viva la libertad!

Dijo el historiador Alexis de Tocqueville que en una revolución, como en una novela, la parte más difícil de inventar es el final. La muerte de Fidel Castro no permite vislumbrar aún el final del castrismo, porque el poder autocrático sigue resistiéndose a cambiar de manos por mor de su hermano Raúl. Pero el final de esta era llegará y cuando eso suceda muchos de los que estos días lloraban al dictador y le convertían en el libertador del pueblo cubano, deberán llorar de nuevo pero, esta vez, de alegría por haber terminado las más largas y amargas décadas liberticidas de la historia cubana…de la revolución solo quedará…un paseo con el Granma…

 

LA MÁQUINA DE HACER FANGO

la_maquina_de_hacer_fango

….Acabaron con él. Hubo una época en la que poseían los ojos de todo el mundo. Pero eso era poco para ellos, claro… También querían tener los oídos de todo el mundo. Abrieron sus bocazas y empezaron a hablar, hablar, hablar…” William Holden en EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

La cima del monte Olimpo, el más alto de Grecia, era la morada de los dioses,  con Zeus a la cabeza ocupando su inamovible trono, controlando todos los destinos, después de haber llevado a sus hermanos a la victoria en la guerra contra los titanes. Los dioses griegos eran antropomórficos, inmortales, no tenían sangre sino hondura, y se alimentaban de néctar, ambrosía y del humo de los sacrificios que los mortales realizaban en su nombre.

Desde el Monte Olimpo han bajado ahora otros dioses, ungidos por el aceite sagrado de la Verdad Absoluta, que casualmente sólo es la suya. Unos dioses que se han propuesto aplicar “jarabe democrático” a base de escraches, algaradas en las calles y linchamiento ideológico, para mejorar la salud democrática y guiar al pueblo por el camino adecuado, el que marcan ellos. Los lunes estos profesionales del odio y el acoso lanzan su furia sagrada contra un objetivo, el martes contra otro y así sucesivamente hasta que los titanes vuelvan a ser vencidos por un Zeus de barba y coleta cuidadosamente desaliñados. En esa lucha andan, con la complicidad del fuego sagrado azuzado por algunos semidioses de las 625 líneas en HD.

El caudillo del partido de la gente consiguió esta semana algo que nadie había logrado en los últimos 25 años: acusar, juzgar y condenar a Rita Barberá. Y lo hizo en formato tuit. En un nuevo ejercicio de enfermizo postureo político, para ganarse ese ratito de gloria semanal en la televisión, que debe ser como una droga adictiva, Pablo ordenó a golpe de telegram ausentarse del minuto de silencio por la repentina muerte de la senadora porque era “una corrupta”. Había que seguir destruyendo la imagen de una persona, saltándose de nuevo hasta la presunción de inocencia.

Nada nuevo en el firmamento: ya sea en el discurso del Rey; cuando Rafael Hernando les reprocha el “apoyo” millonario de regímenes autocráticos; dándole el pecho a un bebé durante horas (¿alguien ha vuelto a ver al bebé de Bescansa?); o acudiendo de smoking dos tallas más grande a la Gala de los Goya, que para eso sí se ponen el trajecito de los domingos, Pablo y el partido de la gente siempre encuentran la forma de ofrecer espectáculo a mayor gloria de los mortales.

Pero no pensemos que Pablo y los suyos se ponen estupendos cada vez que se convoca un minuto de silencio. Cuando el pasado mes de junio falleció Periko Solabarria, fundador de Herri Batasuna, se echaron una vez más a las calles para homenajear a quien afirmó en un juicio contra dirigentes de ETA, que los terroristas encausados eran “héroes y mártires. Ellos son nuestros Sandinos y nuestros Ché Guevara”.

Los de la gente, siempre tan cercanos a los abertzales y lejanos al sufrimiento de las víctimas del terrorismo, incluso organizaron un minuto de silencio en la asamblea de Podemos en Barakaldo, con el ínclito Juan Carlos Monedero de cuerpo presente, golpeándose en el pecho por la muerte de este gran defensor del pueblo vasco libre a golpe de sangre. El dolor y la tristeza a veces confunden y convierten en grandes prohombres a quienes hicieron la vista ciega ante la crueldad y el asesinato. Ya se sabe: para ellos incluso Otegi es un adalid de la libertad. Y en esa ceguera persiste hasta Don Pisito, el senador Ramón Espinar, al que aún esperamos que reproche a su compañero de Senado por Bildu, Iñaki Goioaga, el haber sido procesado por un delito de pertenencia a ETA. Casualmente por el mismo Tribunal Supremo al que acudió Barberá el pasado lunes.

La superioridad moral de los nuevos dioses del escrache, tan característica de la más rancia izquierda y de esta nueva caspa antisistema, les lleva a un inagotable sectarismo ideológico por el que son ellos mismos quienes colocan la línea divisoria entre el Bien y el Mal. Una línea, por cierto, que mueven con gran entusiasmo en función de si son ellos los sometidos a sospecha. Rita Barberá es el Mal personificado. En contraposición a la condenada asalta capillas Rita Maestre “arderéis como en el 36”; el beneficiado por la ‘beca black’ Errejón; Monedero, el bien pagado de Venezuela por un informe de 3 hojas; o el alcalde de Cádiz, enfrentándose a la Policía en una pelea de hinchas del fútbol, que son el Bien. La Justicia moral. Y cuando alguien osa criticarles desde un medio de comunicación es porque la máquina de hacer fango se ha puesto en marcha. La misma máquina que ellos encienden y calientan cada día contra todo aquel que no forma parte de su casta de la gente. Aplican la “cal viva” en formato tuit.

El problema es que estos nuevos mitos del Olimpo se han creído inmortales y en realidad no lo son. En la película “El crepúsculo de los dioses” el protagonista se sorprendía al reconocer a Norma Desmond: “Usted salía en las películas mudas. Era grande”. A lo que ella replicó: “Soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas”. Tenga cuidado el líder de la gente: el postureo es siempre efímero, sobre todo cuando se basa en recetas rancias. No vaya a ser que acabe como Norma Desmond, bajando lentamente las escaleras de su ocaso, mientras pedía que una cámara le hiciera un nuevo y último primer plano.

 

LAS TONTUNAS

tontunas

“Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.” Ramón María del Valle Inclán

Es legendaria la capacidad del independentismo más tramposo para inventar una realidad paralela (“revisionismo histórico” lo llaman ellos) mediante la que tratar de ganar parroquianos para su causa. La falsedad, que es tan antigua como Adán y Eva, es una herramienta muy poderosa en sus manos. Aunque lo peor no es que el nacionalismo invente un producto, lo adorne con astutos embustes y le ponga una pizca de postureo “rufianesco” para hacerlo más atractivo: lo más grave es que haya una masa de gente dispuesta a comprar el producto y sin rechistar.

Llevamos ya unos cuantos años escuchando muchas tontunas, creadas por las mentes más “brillantes”, esas de aquellos que han convertido el independentismo en una forma de ganarse el pan. Hemos tenido que escuchar auténticos delirios por parte de prohombres nacionalistas, siempre bien pagados y casi siempre con dinero público, tales como que Cervantes y Santa Teresa de Jesús eran incuestionables catalanes; que el viaje de Descubrimiento de América zarpó en realidad desde el Ampurdán porque Cristobal Colón también se enfundaba una barretina, al igual que conquistadores como Hernán Cortés, cuya partida de bautismo habrá sido falseada por los conspiradores españoles para convertirle en un extremeño de meseta y traje pañero.

En la antología permanente del disparate, hubo quien llegó a afirmar -eso sí, todo muy científicamente probado- que Erasmo de Rotterdam y Leonardo Da Vinci eran tan payeses como la butifarra. Tras esta docta dosis de ingenio, lo verdaderamente sorprendente es que el Renacimiento se propagara desde Florencia y no desde Gerona. Pero nunca se sabe: puede que pronto descubramos que Neil Armstrong era de L’Hospitalet del Llobregat y que, cuando pisó la Luna, una conspiración mundial le obligó a poner la bandera de Estados Unidos en lugar de la “senyera”.

De quienes han convertido el independentismo en un “modus vivendi” poco podemos esperar. Pero que desde otros partidos políticos y sectores de la sociedad se les baile el agua, y se abone más el campo en la carrera del disparate, es verdaderamente preocupante. La izquierda española, una parte de la vieja casta y la entusiasta nueva caspa antisistema, se han echado en brazos de estas tontunas.

La última de ellas la ha protagonizado Pablo Echenique, a la sazón número 3 de Podemos, que ha reivindicado a Aragón como país independiente con soberanía propia. ¡Huesca libre y del pueblo! Ya sabemos que Echenique nació en Argentina y su conocimiento de la historia de España puede ser insuficiente. Pero bastaría con que realizara una búsqueda en internet sobre lo que significó el “compromiso de Caspe” para entender algo sobre el proceso que llevó a la reunificación de los reinos de España, durante el proceso de la Reconquista a los árabes, que desembocó en la reunificación del territorio español. Y ya si eso que aproveche para buscar los orígenes de España, no vaya a ser que se remonten a más de 20 siglos de historia.

Lo de Echenique no dejaría de ser una broma más sino fuera porque marca la línea ideológica de un partido muy interesado en convertir a España en un nuevo reino de Taifas. Y sino que se lo pregunten a Pablo Iglesias, que entre otras derivas nacionalistas, defiende que Cataluña es una nación. En esto coincide con el desfenestrado Pedro Sánchez, su aliado natural, que dijo lo mismo en una entrevista en televisión.

La semilla del independentismo se ha extendido a otras formaciones de izquierda, como MES, el socio de Podemos en Baleares del que forma parte el partido socialista de Mallorca; o Valencia a través de Compromís. También por Andalucía, donde grandes intelectuales como el alcalde de Marinaleda, Sánchez-Gordillo, nos ilustran informándonos de que “Andalucía era anterior a España”. También Cartagena, que ya se autoproclamó independiente en 1873 con escaso éxito, recupera el viejo espíritu cantonalista a través de su alcalde, que forma parte de la marca blanca de Podemos y gobierna junto al PSOE. En su caso, anhela la independencia de la región de Murcia y propone unirse a Almería, ciudades separadas por “apenas” 176 kilómetros de distancia.

Al socialismo y al comunismo lo de unirse a los independentistas les va en el ADN, porque ya lo dijo Lenin: todo movimiento nacionalista tiene un contenido que el proletariado ha de sostener sin reservas.  Para la vieja izquierda, el nacionalismo es otra lucha de clases contra los opresores, como ya definieron en su congreso de la Internacional Socialista de finales del siglo XIX. El secesionismo era la mejor forma de hacer la revolución anticapitalista y crear sociedades nuevas y liberadoras del proletariado. Y en esas andan un siglo después estos de la izquierda española.

Lo sorprendente es que en pleno siglo XXI, parte de la burguesía de regiones como Cataluña se haya sumado de forma alegre a este “movimiento”. En su caso no se trata de liberar al proletariado, sino al pueblo catalán del yugo español. Porque el independentismo catalán sólo se entiende desde un fuerte sentimiento de superioridad que encierra un profundo racismo. El cuidador de ganado en la meseta es el opresor, frente al ingenio, la destreza y el desarrollo financiero y creativo que sólo tiene cabida allende el río Segre gracias a catalanes de pura cepa como Da Vinci, Erasmo o Colón.

Los nacionalistas siempre se miran en un espejo, el de su propio ombligo, para crear su relato de confrontación. Lo que sucede es que a veces esos espejos son como los que Max Estrella miraba en el callejón del Gato en “Luces de Bohemia” y generan una deformación grotesca de la realidad. Ya lo dijo Valle-Inclán: Los héroes que se asoman a estos espejos se acaban deformando hasta el esperpento… Lo dicho… TONTUNAS.

HUMPTY DUMPTY

humpty-pumty

“Humpty Dumpty se sentó en un muro, Humpty Dumpty tuvo una gran caída. Ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey pudieron a Humpty Dumpty recomponer.” Rima infantil inglesa

Cuentan que en una ocasión que debía nombrar a un nuevo general del Ejército, Napoleón Bonaparte pidió que le presentaran a diferentes candidatos. Todos eran grandes militares, con buenas dotes de liderazgo, con conocimientos tácticos holgados y méritos suficientes. Ante la lógica duda de cuál de ellos sería el ideal, Napoleón preguntó: “¿Cuál de ustedes tiene más suerte?”. Los aspirantes se giraron al unísono y señalaron a uno de ellos. “Pues tú eres el nuevo general”, sentenció.

¡Quién sabe qué hubiera ocurrido si se le hubiera hecho esa misma pregunta al líder socialista en Cataluña! Porque Miquel Iceta va camino de convertirse en la viva representación del mal fario después de que sus encendidos apoyos a otras personas hayan dado un resultado completamente opuesto al que pretendía. Primero elogió a Pedro Sánchez con su “líbranos de Rajoy”. Pocos días después, sus propios compañeros de partido finiquitaban el desastroso bienio de Sánchez al frente del PSOE. La siguiente en la lista fue Hillary Clinton a quien dedicó el “Go Hillary Go”. Sólo cuatro días después, los votantes respondieron con un “Hillary Go Home”. Así que, por si acaso… ¡Líbranos Iceta de estar en tus pensamientos a la hora de desear buenos augurios!

Para Pedro Sánchez, no fue suficiente la eficacia contrastada de Iceta a la hora de desear suerte al prójimo. Por eso, esta semana cogió la maleta y se marchó a Nueva York a apoyar a Hillary. ¡Quién le ha visto y quién le ve! Sánchez respaldando a una candidata de la “casta”, como esgrimían sus detractores, mientras en España el mismo Sánchez quería despeñar al PSOE en brazos de los de la “anticasta”.

Entre paseo y paseo por Nueva York, quizá se encontró con Hillary y le explicó el misterioso truco de cómo empeorar tus propios resultados elección tras elección, y quien sabe si, una vez consumado el nuevo revés electoral, el intrépido Sánchez se escapó a Disneylandia para olvidar tantas penas acumuladas en tan poco tiempo. Lo de coger el cochecito para recorrer España, ya si eso lo dejará para un poco más adelante.

Detrás del despliegue de los prohombres de la ‘progresía’ española, tan animosos a la hora de apoyar a los demócratas, lo que se encierra, una vez más, es la obsesión reiterada del socialismo español por tratar de identificarse con los principios de este partido. Según ellos, el PP es equivalente al Partido Republicano, y el PSOE al Demócrata. Dicotomía que es un grave error. Porque el debate político en Estados Unidos se ubica en la derecha. En contraposición a todo ello, el PP ha mantenido siempre buenas relaciones con demócratas y republicanos. Porque Estados Unidos no se puede entender sin España y España no se puede entender sin ese vínculo atlántico. Por eso, ahora lo que sigue tocando es fortalecer la relación bilateral, fundamentalmente en materia comercial y de seguridad, para plantar cara a los desafíos que tiene la economía mundial y la sociedad internacional.

Esta permanente obstinación de la izquierda alcanzó su mayor gloria en la era de ZP, cuando el PSOE utilizó la imagen de Obama en un vídeo electoral en las elecciones europeas de 2009. En aquel momento los demócratas se enfadaron mucho y lo dejaron muy claro: “Obama no es socialista” y su imagen no podía ser utilizada en un proceso electoral europeo. Por aquel entonces, para el PSOE era mejor asociar su depauperada imagen a la de Obama, seguir negando la crisis y ‘olvidar’ el hecho de que ZP se quedó sentado en un desfile militar al paso de la bandera norteamericana, foto que se erigió en una metáfora de la “hibernación” de nuestras relaciones bilaterales con la primera potencia del mundo a la que nos condujeron ZP y los suyos durante años. Y es que para los ciudadanos de Estados Unidos, con los símbolos nacionales no se juega.

La necesidad de asociar los principios de la socialdemocracia con los del Partido Demócrata, que defiende ese capitalismo que tanto denosta la izquierda española, esconde una deriva ideológica mucho mayor. Aunque cada país es diferente, y no es fácil extraer conclusiones globales, la crisis que ha afectado a la mayoría de los partidos socialdemócratas de Europa es el resultado de años en los que la izquierda ha estado carente de referentes claros. Un tiempo en el que cayó el muro de Berlín, la extinta URSS abrazó principios del capitalismo, la globalización de la economía avanzó de forma imparable y la Unión Europea creció hacia el Este y apostó por una mayor integración y cohesión. El socialismo empezó a quedarse poco a poco anclado en la nostalgia.

Sólo a mediados de los 90 surgió esa tabla ideológica que lo reflotó en forma de “Tercera Vía”, que en el fondo era una vuelta de tuerca al neoliberalismo, aunque eso sus padres no lo explicaron con tanta claridad. La fórmula la alumbró Blair en Gran Bretaña, la apadrinó Schröeder en Alemania, llegó a gobernar en varios países y fue el camino en el que ZP se refugió tímidamente para construir un relato propio, en contraposición al socialismo clásico de la vieja guardia del PSOE, que le permitió ser secretario general. Desde que la Tercera Vía quedó en el olvido por el agotamiento de su modelo, la socialdemocracia en Europa camina huérfana y acumulando sucesivos fracasos. Y es que, como le ocurrió al famoso personaje Humpty Dumpty, esta caída al vacío de la socialdemocracia puede que genere daños irreparables imposibles de restaurar. Nada mejor que una rima infantil para comprender la realidad más compleja.

LOS ANTILIBERALES

los-antiliberales

“El malvado descansa algunas veces; el necio jamás.” Ortega y Gasset

Para Karl Marx, el materialismo histórico era una disciplina científica infalible que predecía cómo se desarrollaba y evolucionaba la sociedad y que, por extensión, proporcionaba elementos para prever cómo serían las futuras sociedades y las revoluciones que se sucederían. También el filósofo y economista liberal John Stuart Mill trabajó en sistemas inductivos que pretendían generar herramientas para anticiparse al conocimiento del comportamiento de la sociedad. En su obra “Sobre la Libertad”, donde defiende con pasión la libertad de expresión, indicó que “la sociedad puede ejecutar, y ejecuta, sus propios decretos; y si dicta malos decretos, en vez de buenos, o si los dicta a propósito de cosas en las que no debería mezclarse, ejerce una tiranía social más formidable que muchas de las opresiones políticas”.

Ambas reflexiones de dos filósofos tan dispares entre sí, tienen un nexo en común: el antiliberalismo se sustenta en el principio de tratar de explicar científicamente la evolución de la sociedad y se aferra a que esa realidad social puede ser anticipada. Es la tesis que aplican el comunismo, los populismos o los nacionalismos, que se enraízan en su poderoso conocimiento de lo que la sociedad deseará en el futuro, y que encierran por sí mismos el ejercicio de una tiranía social, en la que la masa se convierte en la herramienta ideológica sobre la que se sustenta la transformación para, una vez asaltado el poder, conducir a la sociedad de forma caudillista, a esa Ítaca a la que nunca llegan. Porque al final, todas estas fórmulas mágicas, como bien sabemos, han fracasado una y otra vez cada vez, que han tratado de ser aplicadas en la práctica real.

Además de esta capacidad visionaria de la sociedad, el comunismo, los populismos y los nacionalismos también comparten el otorgar el poder supremo al Estado, o lo que es lo mismo: a quienes lo gobiernan. El Estado, entendido por ellos como quien dicta lo que está bien y lo que está mal, quien ordena a sus obedientes ciudadanos lo que deben hacer y prohíbe todo aquello que consideran inmoral, improductivo o simplemente una amenaza al sistema. Es como ese Gran Hermano omnipresente que relató George Orwell en su novela “1984”. Una sociedad donde la vigilancia masiva lleva a la manipulación social y a la represión política. En Venezuela, en pleno siglo XXI, algunas lecciones de ello nos pueden ofrecer los populistas- nacionalistas- comunistas de Chávez y Maduro.

Aunque si deseamos conocer otras lecciones de antiliberalismo, tampoco hace falta cruzar el charco. Quedémonos en España. Allá donde gobiernan los del partido de “la gente” se han dedicado a prohibir conductas, censurar moralmente a una parte de la sociedad que no opina como ellos, y ejercer un populismo de puño duro, ocultado en guante de seda. Son más partidarios de los escraches, de la ofensa a los católicos y de dejar perder oportunidades de inversión privada que generarían miles de empleos. Ya se sabe: para ellos la “opinión pública” es la base de sustitución de la Ley.

Todo lo arreglan con la subvención de dinero público a sus partidarios y afines, defendiendo la “okupación” frente a la propiedad privada, incumpliendo el equilibrio presupuestario para que haya menos deuda pública y aumentando el gasto público. De bajar impuestos no hablemos, ya que sólo los bajan en aquellos barrios donde los populistas han ganado, como ha sucedido en Madrid con el IBI. Al menos no hemos llegado a lo que sucedió en Caracas, donde algunos barrios se quedaban sin alumbrado público por las noches para que la “gente” pudiera “reequilibrar” la sociedad asaltando las casas de “los ricos”. Arruinar a una sociedad lleva años, pero si de algo van sobrados el comunismo y el populismo es precisamente de tiempo.

En contraposición a ello, para el pensamiento liberal la solución a un problema no debe generarla por sí misma el Estado. Más al contrario, las sociedades liberales han sido prósperas (no sólo en materia económica sino también en lo social, cultural o educativo) gracias a que el individuo, en un contexto de libertad, es el verdadero motor de crecimiento. El tiempo se ha encargado de demostrarnos que si el liberalismo es un sistema eficiente y progresista, es justo por la ausencia de propiedad estatal en los bienes de producción, y por tanto del intervencionismo absoluto del Estado en el devenir de la sociedad.

Un sistema que comprende que los servicios esenciales  deben ser prestados por lo público (educación, sanidad, seguridad social…) para garantizar el acceso universal de los ciudadanos en igualdad de oportunidades, pero cumpliendo con dos premisas. La primera es que la Administración Pública no es generadora de empresas, y por tanto la creadora de empleo. De eso se encargan las personas. Un ejemplo de ello fue el estrepitoso fracaso del “Plan E” de Zapatero.

La segunda es adecuar la fiscalidad y que ésta sea lo más baja posible, en función de la coyuntura económica de cada periodo, para que el Estado no se convierta en un ente opresor, sino en un regulador del contexto social y económico. Y también en la voz de las necesidades de la sociedad a través del sistema democrático representativo. Regresando a Stuart Mill, el Estado debe preservar que cada individuo tenga el derecho a actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tales acciones no perjudiquen o dañen a otros. Pero los antiliberales aún no lo entienden.

 

LA RUINA MORAL

la ruina moral

“Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo.” (Benedicto XVI)

El ejercicio de la libertad individual, entendida como el espacio en el que una persona es capaz de desarrollarse y relacionarse con el resto de la sociedad, es uno de los conceptos básicos que cualquier joven aprende durante su proceso de tránsito a la madurez. La verdadera libertad consiste en respetar la de los demás, entender que la sociedad es plural. La libertad se consolida en el respeto a la Ley, y en comprender que el fin no lo justifica todo y que existen numerosos canales de participación democrática para expresar una opinión, sea la que sea.

Vivimos en una sociedad en la que conceptos tan básicos como éste, deben ser permanentemente recordados, porque hay algunos que se encargan de destrozar día a día esa misma libertad que luego dicen defender. Y lo hacen mediante el tradicional mecanismo de la imposición ideológica y de la algarada. Es decir, sólo lo que a ellos les parece bien, es ejemplar.

Quienes hacen uso de este tipo de mecanismos no han descubierto la rueda. Los regímenes totalitarios, como la Venezuela de Chávez y Maduro o la Cuba de los hermanos Castro, siguieron el mismo proceso. Primero la violencia verbal como forma de amedrentamiento. A continuación, la violencia física. Y por extensión, el surgimiento de un régimen totalitario que concede el poder a los de la algarada para crear un nuevo orden basado en impedir que quien no piensa como tú, tenga algún espacio de poder y libertad.

Viene esto a colación de lo sucedido la pasada semana en la Universidad Autónoma de Madrid, con los 200 encapuchados que reventaron la conferencia que iba a impartir Felipe González. Episodio que no es nuevo. Hay muchos precedentes recientes, y algunos más lejanos. Me resultaría imposible enumerarlos todos, aunque recuerdo cómo los grupos de ultraizquierda reventaron en la Universidad de Salamanca un acto del padre del preso político venezolano Leopoldo López, entre insultos y gritos de “golpista”. También en Brunete sufrimos el acoso de los radicales, a través de pintadas, cuando el padre de Leopoldo López vino a exponer la gran mentira del juicio político a su hijo.

Para Pablo Iglesias, el autoproclamado líder de “la gente”, lo sucedido en la Universidad Autónoma es “salud democrática”. Ya se sabe: la turba siempre tiene razón. Peculiar concepto de “salud” el que tiene Iglesias, para quien los motines carcelarios “han mejorado la Democracia” y los escraches, no lo olvidemos, eran también “jarabe democrático”. Seguro que la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, también quería aplicar “jarabe democrático” cuando asaltó una capilla de la Universidad Complutense al grito de “arderéis como en el 36”. Unos hechos por los que ha sido condenada por vulnerar los derechos fundamentales de los católicos, y por los que debería haber asumido responsabilidades políticas que en Podemos, por cierto, no le han pedido. Seguramente, ni siquiera se lo habrán planteado. Todos sabemos que aplicar remedios de “salud democrática” a veces conlleva “contraindicaciones”. Salvo si eres del partido de “la gente”.

El linchamiento ideológico tiene muchas caras y más caminos que los que conducen a Roma. El anonimato de las redes sociales ha propiciado que la jauría propague su dictadura ideológica. Y cada día expelen contra un objetivo diferente. Si un niño llamado Adrián, enfermo de cáncer a sus 8 años, sueña con ser torero, qué mejor que desearle directamente una muerte rápida. Si fallece corneado el torero Víctor Barrio, qué mejor que festejarlo y de paso desearle la muerte también a su viuda. Si la actriz Marta Etura se atreve a decir en una entrevista que cree que se debe dejar gobernar a Rajoy para que no haya terceras elecciones y que Otegi debe estar fuera de las instituciones, lo de menos es leerse la entrevista entera para entender sus razonamientos. Es más fácil el linchamiento, el insulto y la humillación.

A estas alturas habrá quien aún se sorprenda de que el PSOE se haya abierto en canal para evitar un gobierno Frankenstein con los de Podemos y con los que quieren romper España. Con los que revientan actos en las Universidades y propagan el sectarismo ideológico en las redes sociales y en muchos de los Ayuntamientos en los que gobiernan.

Estos días de relativismo moral han provocado incluso la agresión en Alsasua a dos guardias civiles, y lo más grave: también a sus mujeres. Una agresión que no ha sido condenada por los abertzales proetarras, ni por los de Podemos, y que ha contado con el silencio, cuando no connivencia, de parte del PSOE navarro. Precisamente por ello, son tiempos de defender que lo que necesita España es lo mismo que reivindica el presidente Mariano Rajoy: moderación. España necesita un gobierno que siga construyendo un relato de nuestra sociedad a partir de la pluralidad de los españoles.

En España la convivencia está lejos de ser un problema, mas al contrario, pero no debemos permitirnos dar ni un paso atrás en ese sentido. Los españoles reclamaron en las urnas, a todos los partidos políticos, un esfuerzo a la hora de alcanzar acuerdos. Es el momento de que los intereses partidistas queden atrás para avanzar en una política que defienda el bienestar de todos los españoles. Debemos impedir, con diálogo y moderación, con unidad y voluntad de conciliación, que algunos impongan su relativismo moral. Debemos buscar una España unida, sólida y fuerte para afrontar todos los retos y compromisos que el siglo XXI nos propone como sociedad y como nación.

El ‘seny’

blog el seny“El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él” (Proverbio chino)

En los años 80 se hicieron muy célebres unos anuncios publicitarios en los que diferentes marcas de detergentes competían por ser quien más blanco lavara. Cientos de consumidores se decantaban por una u otra marca en la esperanza de que esa mancha que se resistía a abandonar nuestra ropa, quedara definitivamente eliminada por las bondades del detergente de turno.

El paseíllo por Madrid que ha realizado esta semana el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, ha sido, precisamente, buscando una operación de blanqueamiento. Puigdemont se trajo a Madrid su perfil aparentemente más moderado. Eso sí, lo hizo después de repetir hasta la saciedad que en Cataluña habrá referéndum de independencia a cualquier precio. Es por tanto imposible dialogar con quien sólo aceptará que se cumpla con su ruta secesionista.

Porque de lo único que Puigdemont quiere hablar es de cuándo y cómo se realizará un referendum, que el ‘president’ sabe que nunca tendrá lugar, básicamente porque sería ilegal. Ya lo dice el artículo 2 de la Constitución Española, que en 1978 fue aprobada en las urnas por amplia mayoría, también en Cataluña, y en el que se fija la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Convergencia, el viejo partido del ‘seny’ (sensatez), de la burguesía catalana moderada, ha perdido toda la cordura desde que Artur Mas le precipitara por el barranco de la independencia, en una permanente huida hacia delante que, de momento, a lo único que ha conducido es a dividir a la sociedad catalana; a que Convergencia haya perdido votos elección tras elección; y a tener que ‘refundarse’ como Partido Demócrata Catalán para blanquear un pasado ‘convergente’ acorralado por la investigación al clan Pujol. Para terminar de volatilizar el ‘seny’, qué mejor que la burguesía catalana se alíe con los radicales antisistema de las CUP-Jong-Un. Los mismos que lanzaban cocktails molotov por la noche en el barrio de Gracia y se vestían de concejal por la mañana; que pedían quitar la estatua de Colón; o pretendían educar a los hijos en una tribu, entre otras distopías.

Pero Puigdemont se ha dado cuenta de que en el detergente catalán se necesita un agente blanqueador extra más allá de las CUP-Jong-Un. Y eso lo ha encontrado en Pablo Iglesias, el autoproclamado líder del “partido de la gente”. Debe ser que quien no vote a Podemos, no debe ser “gente”. Serán otra cosa. ¿Quizá gentuza?

La deriva nacionalista de Podemos, junto a su perfil marxista añejo, es ciertamente preocupante y se extiende por diferentes territorios. En el País Vasco, por ejemplo, eligieron de cabeza de cartel a Pili Zabala, hermana del miembro de ETA asesinado por los GAL, para robarle voto independentista a EH Bildu. Con escaso acierto, a tenor del resultado obtenido por Podemos que ha llevado a otra nueva purga en esta formación. Pili Zabala no es la portavoz de su grupo. En román paladino: le han indicado el camino de salida. Incluso en territorios donde el nacionalismo no llegó a inocular su veneno, como Andalucía, Podemos se llegó a plantear hace un tiempo la creación de una “marea andaluza” con tintes nacionalistas. Veremos si en el futuro dan ese paso.

Lo que está claro es que a Puigdemont le van los radicales. La antigua Convergencia, la casta burguesa catalana, y el partido de “la gente”, el de Iglesias, han dialogado para un fin común: romper España. Mesa y mantel mediante, al más viejo estilo “casta”, Iglesias le mostró a Puigdemont su apoyo al “derecho a decidir”, eufemismo inventado por el nacionalismo para ver si engañan a todo aquel que los quiera escuchar.

Iglesias le dijo sí a Puigdemont a un referéndum pactado. Y también le dijo que votará que no al suplicatorio para que el portavoz de Convergencia en el Congreso, Francesc Homs, no vaya al banquillo de los acusados, juzgado por aquel teatrillo ilegal, vestido de referéndum secesionista, que Artur Mas y los suyos nos regalaron un 9-N. En la moral de Iglesias, si sus “amigos” cometen una ilegalidad, mejor tratar de evitar que haya juicio.

A esta comida sólo faltó un invitado: Pedro Sánchez. A Sánchez su partido le obligó a dimitir. Entre otros motivos, por apuntarse al blanqueamiento del nacionalismo con un pacto que algunos en el PSOE creen que ya estaba muy avanzado, y que pasaba por convertirle en presidente de España con los votos a favor de los que quieren romper España. Todo valía para formar un gobierno “Frankenstein”. El día que en clase explicaron que no se puede poner al zorro a vigilar el gallinero, Sánchez debía estar en casa.

Para recuperar el ‘seny’ no hace falta una operación de blanqueamiento. Lo imprescindible es seguir explicando a los catalanes que España es un proyecto abierto, plural y moderno, fraguado sobre generaciones de españoles que trabajaron por su país. Un país en el que caben todos. Lo que debe hacer Puigdemont es sentarse a dialogar de lo que de verdad importa a los catalanes, que lo que quieren es vivir en una sociedad más próspera y con más libertades, donde se respete la Ley y haya igualdad de oportunidades.

Puigdemont debe abandonar la ciencia ficción, apartarse de los radicales, recuperar el sentido común y el camino de la realidad. Debe apostar por una Cataluña integrada en España, donde la Libertad y la conciliación sean las protagonistas. Cataluña y los catalanes merecen unas instituciones que estén a la altura y ahora, sin duda, no las tienen.