LAS OCURRENCIAS Y LOS OCURRENCIOS

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“Me ha emocionado ver a alguien jugársela contra un antidisturbios.” Pablo Iglesias

En la película “Origen”, Leonardo DiCaprio da vida a un ladrón prófugo de la justicia que se especializa en infiltrarse en los sueños de otras personas para robarles sus ideas o las claves de seguridad del banco, mientras sus víctimas duermen plácidamente. Para ello utiliza un sueño inducido por un dispositivo conocido como “la máquina de los sueños”. “Los sueños nos parecen reales mientras los tenemos, solo cuando nos despertamos nos damos cuenta de que algo no cuadra”, dice en un momento el protagonista.

A los de Podemos el manejo de la máquina de los sueños se les da brillantemente. Nada más fácil que una oratoria tan efectista como vacua en su contenido para introducirse en la mente de muchas personas y adormecerlas en la confianza de que los del “partido de la gente” serán capaces hasta de bajar la Luna a la Tierra si se lo proponen. Y si algo falla en el propósito, basta con utilizar algo de retórica y echarle la culpa de todo a la “casta”.

Manuela Carmena también tenía un sueño: ser alcaldesa de Madrid. Y lo logró por abandono del PSOE. La alcaldesa por accidente también encendió la máquina de los sueños, pero no paran de crecerle los enanos y las enanas… Y las lechugas y los lechugos en el huerto plantado en la terraza del Ayuntamiento en Cibeles, una de sus medidas estrella más “aclamadas”. Sin duda, los madrileños nunca imaginaron huerto tan productivo a tantos metros de altura, y a buen seguro que, si no se queda en el tintero de las ocurrencias y los ocurrencios como tantas otras cosas, también se fascinarán cuando vean en marcha otra medida estrella: el césped en los techos de los autobuses urbanos. Pero eso daría para otra columna.

Hablando de lechugos, otros que no paran de brotar como flores en primavera son las Mayer y los Mayer, esos concejales que no paran de meter en líos a la alcaldesa por su torpeza y sectarismo y que evidencian, por si alguien aún no lo tenía claro, que con las cosas del comer no debería jugarse. Esta semana a la inminente ex concejal de Cultura de Madrid, Celia Mayer, se le bajó el telón en el escenario del Matadero tras dos años plagados de titiri-etarras, desmemorias históricas, reinas magas y desencuentros.

Hace un mes, la alcaldesa perdió la oportunidad de preguntarles a los madrileños, a mitad de legislatura, si les parecía bien la gestión que se realizaba en el Ayuntamiento. Ya que el Ayuntamiento se gastó más de un millón de euros en una consulta popular tan pueril en su contenido como estéril en su participación, podía haber aprovechado para ello. Una consulta, por cierto, que será recordada en los anales de la Historia: que el 0,1% de los madrileños decida cambiar el nombre del parque de Felipe VI es sin duda un éxito intergaláctico de la Democracia. En eso Carmena también se parece a otros “alcaldes de la máquina de los sueños” como Ada Colau o el alcalde de Zaragoza, el de la “gomina”: hay que borrar cualquier huella de la Monarquía, ya sea escondiendo el busto del Rey, quitando el cuadro del Jefe del Estado del despacho del alcalde o retirándole su nombre a un parque. Y si hace falta también se le cambia el nombre a la Plaza de la Hispanidad de Barcelona, que eso atufa a españolismo en la Ciudad Condal y allí los votos a favor en los plenos de las Cuptasuna son muy necesarios para seguir adormeciendo a la gente. ¡Y lo que quedará por ver!

En su afán de alentar a la participación, ahora descubrimos que el Ayuntamiento de Madrid se ha gastado 12.000 euros en un vídeo promocional que dura 60 segundos. O lo que es lo mismo: 200 euros por segundo. ¡Ni Fernando Alonso está tan bien remunerado! Y todo para promocionar otra ocurrencia: los foros de participación vecinal. A los de Ahora Desgobernamos Madrid les encanta decir que son muy participativos, pero luego sólo te preguntan en las papeletas si deseas un Madrid más sostenible y no, por ejemplo, si estás de acuerdo con su Plan A… A de más Atascos. Porque claro, hostigar al conductor y restringirle su libertad sin ofrecerle alternativas para la movilidad, es mejor no someterlo a votación, no vaya a ser que el resultado no sea lo que uno buscaba inicialmente, por muy capciosa que fuera la redacción de la pregunta en la papeleta.

Hay que recordarle a la alcaldesa por accidente que cuando uno se presenta a unas elecciones lo hace acompañado de un programa electoral, que los vecinos respaldan con su voto y con el que después gobiernas. No es necesario gastarse un millón de euros, ni escurrirse las neuronas para formular preguntas teledirigidas, ni gastar 200 euros por segundo en un vídeo. Para escuchar a la ciudadanía sólo es necesario pisar la calle. El problema es que ellos la pisan poco. Y cuando lo hacen es para cambiar la calle de nombre o para meterse a tomar una cerveza en alguna casa okupa, marchándose luego en coche oficial, de esos que podrán circular y aparcar en el centro de la capital cuando otros ciudadanos no puedan. Parafraseando el viejo eslogan, de Madrid al cielo… al cielo del sectarismo ideológico y de las ocurrencias y los ocurrencios.

LIBERTAD ESCRACHADA

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“Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación.” Mario Vargas Llosa

Decía Montaigne que “la verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo”; en la templanza, en el respeto a la libertad de los demás. Pero desde hace un tiempo se ha instalado en una parte de la siempre “bienpensante” izquierda radical, barnizada con su clásica superioridad moral frente al resto de la sociedad, el tótem del linchamiento ideológico, de la falta de respeto sistemática a quien no piensa como ellos.

Por ello,  una señora que ejerce de líder de Podemos en Galicia puede decir en un tuit que los del PP de Galicia asesinan mujeres, y quedarse tan ancha. Y cuando se le pide explicaciones por semejante atroz afirmación, aún responde que es una cuestión ortográfica ya que al texto le faltaba una coma para entenderse correctamente y, de paso, volver a echar la culpa una vez más al Gobierno de Feijóo de no tomar las “medidas oportunas” para detener la violencia de género. Naturalmente, todo ello sin pedir disculpas.

Que esta “lideresa” de Podemos en Galicia deje caer que el Partido Popular es responsable, directo o indirecto, de que haya mujeres que sean asesinadas, es de una zafiedad tan brutal como la utilización, como ataque hacia un rival político, de los desgraciados casos de violencia de género. Eso sí, nunca veremos a esta lideresa de Podemos acusar de lo mismo a los dirigentes de aquellas comunidades donde gobierna la izquierda. Y en ellas, por desgracia, también se producen víctimas de género.

Este es también un país donde un concejal del PSOE de Villarrobledo, en Albacete, se disfraza de terrorista yihadista en el Carnaval de su pueblo, y sale por la calle con un arma fingiendo matar a alguno de sus paisanos. Una auténtica ofensa a las víctimas del terrorismo, sin duda. Y, obviamente,  una falta de la más mínima humanidad, porque hacer chanza sobre el dolor ajeno y el fanatismo terrorista sólo demuestra una gran miseria moral. Pero de momento ahí sigue: aferrado al sillón. Como también lo está en Madrid el ‘humorista’ Guillermo Zapata, el de los tuits de “humor negro”, en los que nadie, salvo él mismo, encontró la gracia. Ya se sabe que para algunos el humor, expresión muy sana por otra parte cuando se ejerce sin ridiculizar a otras personas, es la gran excusa que suelen utilizar para soltar su bilis particular. Incluso a diario desde una televisión y en prime time.

Y hablando de televisión y de la excusa del humor, en este caso para evidenciar el racismo y xenofobia marca “Sabino Arana” de siempre… Este es también el país donde la izquierda radical no se escandaliza de que en un programa de una televisión autonómica, como la ETB vasca, pueda llamarse a los españoles “fachas”, “chonis”, “paletos” y no pedir responsabilidades por ello.  ¿Se imaginan que en una televisión regional francesa se dijera lo mismo de sus compatriotas? Será que la izquierda radical tampoco se siente identificada con otro improperio que se vertía contra los españoles, el de “progre”. Para ellos, los “progres” serán los de la “cal viva” y adláteres. Los mismos que les han permitido gobernar en las principales ciudades españolas. Los mismos “progres”, siguiendo su pensamiento, que permiten que Ada Colau siga al frente del Ayuntamiento de Barcelona y cambie el nombre de la plaza de la Hispanidad o quite el busto del jefe del Estado. La hispanofobia de Ada Colau es tan conocida como el sueldecito con dinero público que su antecesor en la Alcaldía del Barcelona, Xavier Trías, de la ahora independentista Convergencia, le consiguió durante un año mientras era líder de la PAH. ¡Todo financiado con dinero público pero no para el público! Este debe ser el  eslogan del nuevo despotismo ilustrado que practican en la izquierda radical.

Lo más grave de todo es que quien se atreve a criticar estas conductas desde un medio de comunicación o simplemente plasma su opinión con libertad, puede ser escrachado. Que se lo digan -otra vez más- a la actriz Marta Etura, que protagoniza la película “El guardián de la noche”, donde también participa la supuesta actriz “humorista” de ETB. Etura fue una de las abajo firmantes del equipo de la película que se desmarcaba de los hechos acaecidos en la televisión pública vasca. Y claro, el gran justiciero de la izquierda radical, Willy Toledo, le dedicó unas bellas palabras en forma de insultos denigrantes. Que desde una televisión pública, o sea de todos, se practique el racismo debe ser algo normal para este exiliado en el paraíso cubano, donde sólo conocen la palabra “urna” cuando se trata de rendir un último homenaje funerario a sus amados líderes comunistas.

Y por si no tuviéramos poco, la izquierda radical también se ha sumado al coro de insultos contra la Asociación de la Prensa de Madrid, solidarizada y preocupada  por el “amedrentamiento y amenazas” que reciben periodistas que cubren la información de Podemos y publican informaciones que no son del agrado del “partido de la gente”. Ya lo dijo Pablo Iglesias: “Que existan medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión. Los medios de comunicación tienen que tener control público”. O sea, el control suyo y el de su partido político. Y mientras tanto linchan a la APM y a su presidenta, Victoria Prego, una señora que a su parecer sólo debe ser famosa por haber entrevistado alguna que otra vez a Adolfo Suárez. Para ellos, la práctica habitual es denigrar a quienes les llevan la contraria para que no tengan que cerrar el chiringuito.

Parece impropio después de casi 40 años de Democracia que a estas alturas tengamos que hablar de uno de los bienes más valiosos que nos ha deparado el sistema constitucional de 1978, ese que los mismos antes referenciados quieren derribar al grito de que no les representa, a pesar de que ya están cómodamente representados en las instituciones. Pero vivimos en una España donde lo kafkiano se asoma por la ventana con los primeros rayos de sol, y donde aún hoy debemos escribir en defensa de un valor fundamental como la “libertad de expresión”. Esto en otros países democráticos no sucede. Y no somos por fortuna la Venezuela de Maduro, pero está claro que hay algunos que se niegan a evolucionar. O que preferirían evolucionar hacia otro modelo: el autocrático.

LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

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“Me gusta saber que dejo una parte de mi mismo en cada campo de batalla, a cambio de un poco de gloria”. Blas de Lezo

Las lluvias habían cesado concediendo una pequeña tregua a la tierra de color ámbar, empapada por hallarse inmersa en plena estación de lluvias. La temperatura superaba ligeramente los 30 grados pero, a veces, la humedad tornaba casi irrespirable un aire puro y limpio, fresco, de ese que cuando acaricia la cara y ondea el pelo, parece rejuvenecer el espíritu de quien lo respira. Ese aire que mece suavemente la exuberante vegetación verde que crece de manera silvestre tapizando toda la superficie de la tierra, hasta donde los ojos alcanzan a ver.

Pero el gran portalón de madera que daba entrada a la iglesia, se cerró a cal y canto, y allí dentro, hacinados durante once largos meses, la sensación de sentir la lluvia y el aire fresco, y de abrazar con la vista el verde horizonte infinito, llegaron a convertirse en una ilusión, casi en un sueño.

El 30 de junio de 1898 un destacamento de cincuenta soldados españoles fue sitiado en la iglesia de Baler, en la isla de Luzón, por una fuerza militar de filipinos, muy superior a la española.

Aquel grupo de militares españoles, aguataron con estoica heroicidad los ataques feroces de quienes se habían sublevado contra la Corona Española. Además, tuvieron que hacer frente a otro tipo de enemigos tales como el hambre, la enfermedad o la desesperación que les acechaban cada día en el más absoluto de los silencios, surgidos ante la imposibilidad de poder reponer víveres.

Fuera de aquellos muros recios, los acontecimientos bélicos internacionales habían virado rápidamente, por ello, sin creer que la guerra había acabado, continuaron luchando fieles al cumplimiento de su deber y a la misión que allí les había llevado: defender hasta las últimas consecuencias la bandera española.

Fueron múltiples las intimaciones de rendición del enemigo, quienes incluso llegaron a utilizar a un niño portando una carta para ablandar la defensa de los asediados. También fueron numerosas las órdenes de los comisionados españoles para que abandonaran su inútil resistencia; pero ellos las desoyeron pensando que se trataba de una treta para sacarles de su posición, logrando mantenerla durante 337 días en condiciones verdaderamente infrahumanas, y escribiendo, de este modo, una de las páginas más brillantes de la historia militar de España. Tanto es así, que este episodio de resistencia es aún, hoy en día, analizado y estudiado en diferentes academias militares de todo el mundo.

Aquellos héroes, los últimos de Filipinas,  defendieron en una situación límite el honor y la memoria de todos aquellos compatriotas que murieron por España en tierras lejanas. Ellos se ocuparon de recordar al mundo por qué España forjó uno de los mayores imperios conocidos por el hombre.

Aquel puñado de soldados españoles, aquellos héroes fueron quienes en unos tiempos profundamente amargos para nuestra nación, tras la pérdida de Cuba y Filipinas, dieron esperanzas al pueblo español que vivía con el ánimo completamente hundido,  una auténtica tragedia nacional, y buscaba un halo de esperanza ante los últimos episodios de derrota y deshonor.

Algunos se han atrevido a afirmar, no sé si  con el atrevimiento que supone la ignorancia  o con la intencionalidad de tergiversar nuestra historia para denostarla, algo tan común en España y, sin embargo, inconcebible en el resto de países del mundo, que aquel grupo de medio centenar de hombres estaban locos, pero no… No estaban locos aquellos soldados españoles,  sabían cuál era su deber y no dudaron en cumplirlo con creces. Querían resistir, mantener el tipo, por ellos y por España.

Mantuvieron la posición porque era su deber, ni siquiera fueron conscientes de estar haciendo algo heroico y, sin embargo, dieron una lección de compromiso y de amor por España, tan grande y generosa que rubricaron uno de los episodios más gloriosos de la historia de nuestro país.

Aquéllos soldados arriesgaron su vida por España y por los intereses de todos los españoles y hoy es justo reconocer su heroicidad y manifestar públicamente nuestro orgullo por todos y cada uno de ellos.

Un reconocimiento y un orgullo que naturalmente hago extensivo a cada soldado español que a lo largo de la historia ha dado su vida por defender nuestra nación y, naturalmente, a todos aquellos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que hoy son la mejor representación de España y de nuestra bandera, en cada rincón del planeta al que acuden en alguna misión.

El día 338 el portalón de madera de la desvencijada iglesia de Baler volvió a abrirse para dejar entrar un soplo de ese añorado aire fresco y limpio y, a la vez, para dejar salir con la cabeza bien alta, a aquel grupo de soldados españoles supervivientes, que llegaron de reemplazo y, sin pretenderlo, se convirtieron leyenda.

 

MARCIANADA AMB TOMÀQUET

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“La firmeza en el propósito es una de las virtudes más necesarias, y uno de los mejores instrumentos para el éxito. Sin ella genios desperdician sus esfuerzos en laberintos de incongruencias.” Felipe Stanhope de Chesterfield

Desde esta semana, el lugar más propicio para encontrar alguna forma de vida similar a la terrícola son los alrededores de la estrella “Trappist-1”, un astro frío y no muy grande que flota en el espacio y sobre el que giran siete exoplanetas de forma similar a nuestro sistema solar. En un viaje de 40 años luz de distancia, seríamos capaces de llegar a este punto del cosmos, que según los astrónomos cumple con muchas condiciones para albergar vida, y sobre el que ya están trabajando para investigar si hubiera presencia de ozono, lo cual significaría actividad biológica, y por lo tanto vida.

Teniendo en cuenta que un año luz equivaldría en la Tierra a 9,46 billones de kilómetros, la distancia entre nuestro planeta y “Trappist-1” se antoja difícil de recorrer con los medios de que disponemos actualmente. Pero quién sabe si algún científico inventará algún día una nave espacial que permita recorrer confortablemente, y sobre todo de forma rápida, esta inmensa distancia. O si dentro de un tiempo los periódicos se llenarán de titulares porque algún astrónomo encuentre certeza de vida en este punto recóndito del universo.

De lo que sí que dudo mucho es de que, una vez hallada vida, en alguno de esos exoplanetas nos encontremos con unos marcianos que pretendan separarse de su vecino de toda la vida, saltándose la vieja amistad y las normas legales de común acuerdo entre ellos, levantando una frontera a modo de muro, erigiendo su bandera lo más alto que puedan y explicando a sus congéneres que mejor vivir aislados que integrados con el resto de los marcianos.

El independentismo catalán se ha convertido en una auténtica marcianada a millones de años luz de cualquier lógica. Tanto se ha desvirtuado que sus próceres ya no saben dar una respuesta convincente ni a los suyos. Entregado el futuro del “procés”y del gobierno catalán a los radicales de las Cuptasuna -esos grandes filósofos que creen que la educación de los niños debe estar a manos de la tribu-, el capitán Artur Mas, el almirante Junqueras y el muñeco de guiñol de ambos, Puigdemont, navegan a la deriva entre el espionaje mutuo, la deslealtad permanente y la sensación de que el barco naufraga, y de que eso sucede porque el capitán y la tripulación son plenamente conscientes de que su viaje no iba a llegar nunca a buen puerto. Todos iban “juntos” en la lista de pasajeros, sí, pero no se fían el uno del otro, se hacen la vida imposible, se acusan mutuamente de maliciosas filtraciones y da la sensación de que no existe proyecto de futuro más allá de colocar unas urnas de cartón y llamarlo referéndum… ilegal.

Por mucho que se empeñe, el discurso del victimismo hace tiempo que se le agotó a Mas. Cuando vocifera que España les “agrede”, a lo mortales les suena igual que cuando nos trataba de convencer de que España también les robaba, mientras Maragall nos informaba de que CiU tenía el problema del 3%, y el clan Pujol se metía en un cochecito para cruzar por La Seu D’Urgell y visitar los bancos de Andorra. Un viaje en el que no portaban una senyera, pero en el que iban con las manos bien llenas… de amor por los catalanes.

Al sainete se ha unido Juan José Ibarretxe, a quien Mas le ha dado un abrazo en el Kursaal pensando que es el ejemplo vivo a seguir.  Parece mentira que Mas no haya aprendido de lo que pasó en el País Vasco. La fallida consulta del  autoproclamado Plan Ibarretxe también convulsionó la política vasca en el 2008. El lehendakari anunció por dos veces un referéndum para la secesión del País Vasco, bien es cierto que en su caso el resultado no era vinculante. Pero eso es lo mismo que afirmar que uno pide un crédito al banco y ya verá si al final lo paga o no.

El PNV implosionó  y en el Euskadi Buru Batzar afilaron los cuchillos una plácida tarde del mes de julio en la que su entonces presidente, Josu Jon Imaz, escribió su artículo “No imponer-No impedir”, en el que advertía de que el fracaso de las negociaciones con ETA y la deriva secesionista de su partido, lastrando sus resultados electorales, llevaba a que el gobierno tripartito encabezado por Ibarretxe empezara a ser marginal electoralmente. El PNV sufrió la misma caída en picado que padece ahora Convergencia. Y al año siguiente un acuerdo PSE-PP quitaba del gobierno al PNV por primera vez en la Democracia. Por aquel entonces a Patxi López no le suponía dilema moral pactar con “la derecha”.

“¿Qué pasaría el día después de la consulta si no hubiera acuerdo político con el Estado?”, se preguntaba el entonces presidente del PNV en aquel artículo. “Visto lo visto en los últimos años no hace falta ser adivino para imaginar a ETA matando en nombre de la defensa de una presunta voluntad popular no atendida”. En el caso catalán, no existe el terrorismo de ETA, pero sí está la radicalización de unos gobernantes que están batasunizando las instituciones para desobedecer cualquier Ley, mientras siguen recopilando los datos fiscales de los catalanes, ya sean independentistas o no, porque con las cosas del dinero vía impuestos no se juega. Sobre todo si de lo que se trata es de montar un estado catalán, aunque luego el sistema sanitario sea ineficaz para evitar la muerte de una niña en Blanes, que tuvo que esperar dos horas a que una ambulancia la trasladara al hospital de la comarca.

“Podemos detenernos cuando subimos, pero nunca cuando descendemos”, dijo en una ocasión Napoleón, buen conocedor de que determinados procesos políticos caen en declive con la misma fuerza y rapidez con la que alcanzaron su cénit. Y al independentismo catalán el cuento se le acaba desde el momento en el que sabe que enfrente tiene un Gobierno dispuesto a dialogar, verbo que es la base de la Democracia. Un Gobierno que está a favor de trabajar por los catalanes. Porque el verdadero aliado de los catalanes es el Gobierno de España. Y su enemigo son los de las Cuptasuna. El problema es que para dialogar son necesarios dos interlocutores. Y en el caso de Artur Mas y los suyos, el problema de sentarse a dialogar es que les agota el discurso del victimismo y la marcianada amb tomàquet se deshace como un azucarillo en el café de la mañana. Prefieren darse golpes contra la pared de Ibarretxe. Quién sabe, a lo mejor aprenden de lo que le pasó al lehendakari. Pero eso sería mucho presuponer.