Ensueño cognitivo

“Dar a cada emoción una personalidad, a cada estado del alma, un alma”.
Fernando Pessoa

ensueño

Es difícil precisar con exactitud la génesis de nuestros sueños; en realidad y de acuerdo a distintos estudios, alrededor del 70% del ensueño nocturno responde a escenarios idílicos con finales predecibles. Por distintos motivos, la dinámica rectora de los mismos se repite y deja poco margen a aquello que no tenga relación con la vigilia.

Hace un tiempo que mantengo con extraña asiduidad y singular repetición, una serie de ideas entre mis espacios oníricos. Sueño con ecuaciones. Son ecuaciones racionales, con esmero preparadas y con solvencia en sus soluciones. Muchas, variadas, pero todas tienen un entronque común: el comportamiento desleal del PSOE contra el Gobierno de la nación y, por supuesto, contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

¿Cómo es posible que haya un grupo político -representante de los ciudadanos- que vote NO a la ley de Transparencia? Nuestro país, nuestra sociedad, necesitan esta ley. Los españoles demandábamos este golpe moral, y nuestra democracia exigía auxiliarse con trazas maestras como ésta. Una ley de todos y para todos, con la participación de todos y promovida, por primera vez en la historia, por un partido político: el Partido Popular. Tanto es así, que la propia ley recoge más de 90 enmiendas propuestas por los distintos grupos.

El principio de nuestra regeneración democrática se sustenta en cimientos como éste, por el esfuerzo de aquéllos que buscan cambiar las cosas, con el único propósito de conseguir que España sea mejor.

¿Qué oscuras pretensiones pueden llevar al PSOE a votar NO a la transparencia de un país, a postularse como frontera a la información ciudadana, a esquivar el cumplimiento constitucional de dotar a todos del testimonio necesario para poder tomar decisiones? ¿Por qué sesgado empeño se olvida el PSOE que la democracia sin el pueblo no existe?

Esta es la incógnita de mis ecuaciones oníricas. Trato de despejarla y obtener soluciones que no tiendan al infinito, busco respuestas.

Quizás, el partido socialista no quiere que se sepa la verdad sobre los EREs fraudulentos, quizás no quiere que se conozca la verdad sobre posibles financiaciones irregulares, quizás no quiere que se sepa la verdad sorbre el Caso Campeón o, quizás, no quieren que se sepa la verdad sobre el Caso Tomás Gómez y su #complejoatila, destrozando todo aquel lugar por donde pasa.

Números y más números, ecuaciones rigurosas y, sin embargo, la lógica nos abandona para llegar a la razón. ¡Por favor! Dejen de una vez de dinamitar las propuestas necesarias para nuestro país, región o municipio con el único propósito torticero de desgastar al Gobierno con la pretensión de recuperar el poder. Señores del PSOE, eso es política en desuso, anacrónica, justo la causa por la que la ciudadanía se rebela. Este no es el sistema de participación que exige una España moderna.
Resuelvan sus ecuaciones de Estado con dignidad, apoyando el bien común, con lealtad aunque eso desplace de su sitio algo más que sus conciencias. Si no, tendré que aceptar como única vía, aquella que decía Nash, que sólo en las ecuaciones del amor encontramos la lógica.

Al principio

“La Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”.
Abraham Lincoln (Político estadounidense)

participacion-ciudadanaResulta prácticamente inevitable que hoy entendamos la Democracia, además de como una forma de gobierno, como un estilo de vida. También la existencia de una relación indisoluble entre la Democracia y la participación ciudadana. De hecho, estoy completamente de acuerdo con quienes sostienen que la construcción y la consolidación de la Democracia involucra no sólo a las instituciones de gobierno y a los partidos políticos, sino también a los ciudadanos. Porque su participación voluntaria y responsable resulta imprescindible en los regímenes democráticos.

En la actualidad hablamos constantemente de la participación ciudadana y nos preocupa ya que es una extraordinaria vía que nos permite incluir nuevas opiniones y perspectivas. La participación es siempre un acto social, ya que significa trascender del plano individual para formar parte de una organización o un grupo más amplio, pero también significa compartir. En este sentido, siempre me ha resultado curiosa la idea de que incluso quien cree que no interviene en absoluto, en realidad está dando un voto de confianza a quien toma las decisiones. Por tanto, al final también participa a su manera.

No comparto, en ningún caso, la opinión de que la participación ciudadana se agota en las elecciones. Ni que por tanto, los votos son la única forma de darle vida. Para que los gobiernos puedan actuar en las prácticas cotidianas es indispensable que existan otras formas de contribución ciudadana más allá de los votos. Por tanto el voto es un primer puente, pero le pueden y le deben seguir otras muy variadas vías de cooperación. Tal como afirma Robert Dahl, participación y representación son dos términos que en las democracias modernas han dejado de significar lo mismo, pero que se necesitan recíprocamente, ya que la primera se vuelve representación gracias al voto, y la representación se sujeta a la voluntad popular gracias a la participación cotidiana de los ciudadanos.

Existe un difícil equilibrio entre las razones que animan a las personas a colaborar y sus posibilidades reales de hacerlo. Igualmente, entre el ambiente que les rodea y su voluntad de intervenir activamente en los asuntos públicos. Por eso resulta imprescindible que el entorno político sea lo más estimulante posible. Para ello, no hay recetas pero sí varias vías como la observación y la verdadera voluntad de querer conocer la realidad y de buscar esa interacción. Pero lo que sí está claro es que cuantos más estímulos reciba una persona de su entorno inmediato, más inclinación tendrá a participar en asuntos colectivos y más profunda será su participación.

Al ciudadano siempre le ha costado “atravesar” esa barrera que le parecía percibir al acercarse a una administración pública para realizar cualquier tipo de gestión o trámite, cuanto más para participar voluntariamente con el objetivo de promover una inquietud, plantear una sugerencia o realizar cualquier acción que no le resulte prácticamente obligada. Tal vez los tediosos trámites burocráticos, la lentitud a la hora de obtener una solución o respuesta, o la frialdad de un despacho y de ser atendidos desde el otro lado de una mesa, hayan lastrado las ganas de participar de la gente que aún en nuestros días se ve poco incentivada y le cuesta mostrarse más participativa.

Sin embargo, las cosas están cambiando y, hoy, diversos elementos están propiciando un acercamiento mucho menos rígido, más natural, fresco y familiar. En este sentido, las redes sociales están jugando un papel importante porque el ciudadano viene observando cómo puede interaccionar con una institución, o un representante de la administración en tiempo real. Yo mismo soy testigo, cada día, de esta realidad.

No obstante, la principal vía de acercamiento al ciudadano sigue siendo la más tradicional, aquella que mueve la vocación y sentido de servicio público: estar a pie de calle.

El trato directo con el ciudadano es el que nos ofrece la posibilidad de tomar el pulso a la realidad social sin intermediarios, de conocer las inquietudes, problemas y necesidades de nuestros vecinos yendo directamente a la fuente: los propios vecinos. Y este contacto debe ser constante y permanente ya que cada demanda satisfecha genera otras nuevas.

Este es el único modelo de gestión por el que apostamos el equipo de Gobierno de Brunete, aprendiendo día a día del Gobierno de la Comunidad de Madrid, con sus Consejeros, Directores generales y el Presidente a la cabeza a pie de calle cada día escuchando a los ciudadanos.

A menudo me vienen a la memoria las palabras que una buena amiga con una consolidada trayectoria política me dijo en una ocasión: “los políticos deben estar en la calle. Calle, calle y más calle”. Completamente de acuerdo con ella, nuestra experiencia de cada día viene a poner en valor aquellas palabras. Hay que estar en la calle, en los parques, en los colegios… Hay que estar en los negocios apoyado a los de siempre y apostando por los nuevos emprendedores. Hay que estar en los centros deportivos y culturales, impulsando el deporte entre nuestros niños y jóvenes. Hay que compartir experiencias con los mayores y escuchar a quienes vienen desde otros países. Hay que estar con los vecinos y visitarles. Es la mejor forma de atestiguar que todos cuentan, que la participación de cada uno de ellos es imprescindible y que gracias a ello, es como se construye una sociedad con alma, un pueblo con alma.