EL PARTIDO MÁS IMPORTANTE, LO JUGAMOS EN CASA

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“Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español.”
General de Artillería Jürgens, Comandante General del XXXVIII Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht.

En otros tiempos fui un voraz lector, de esos capaces de leer de forma ávida varios libros a la vez, intercalando ensayo, novela, poesía… según el momento y las circunstancias. Hoy, sin embargo, busco mis pequeños momentos de lectura, con el mismo afán de quien buscara El Dorado, absorbido por completo mi tiempo por el trabajo y los quehaceres diarios. Cuando por fin hallo el momento propicio, me dejo arrastrar por las palabras hasta perderme entre las páginas de papel. Esta tarde acaricio una obra que me gusta releer de vez en cuando… “No era el hombre más honesto, ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba…” El tintineo mudo de las palabras leídas y pensadas, que no pronunciadas, me traslada a la vieja Taberna del Turco. Estoy convencido de que mis queridos lectores, ya sabrán el título de la novela que tengo entre mis manos… Continúo, pues: “…Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes”.

Por un momento abandono la taberna del Turco y vuelo hacia las verdes tierras de Baviera, donde los tercios españoles aniquilaron a las huestes nórdicas en la Batalla de Nördlingen, terminando con su hegemonía en Europa y con la leyenda de su invencibilidad.

Lejos queda aquel imperio español sobre el que nunca se ponía el sol. Rememoro con orgullo,  ese espíritu entre aventurero y patriótico que llevó a los aguerridos soldados del ejército español a poner sus picas en Flandes, o a recorrer centenares de kilómetros en inverosímiles expediciones por el desconocido continente americano para conquistar nuevos territorios que regalar a España a cambio de su sudor, su esfuerzo y sus vidas. Hoy, aquel sentimiento que hacía girar nuestro universal imperio ha quedado anestesiado, diluido entre aguas edulcoradas, confusas y manipuladas. Hoy, lamentablemente, aquel orgullo patrio que nos ennoblecía como pueblo, solo parece aflorar en intervalos de dos años, cuando se celebran eventos futbolísticos como la Eurocopa o el Mundial. Hoy, el mundo se conquista en los terrenos de fútbol.

Es, precisamente, cada dos años, cuando no está “socialmente penalizado” portar la bandera de España y, por tanto, se puede enarbolar sin complejos; cuando miles de aficionados se pintan la cara con ceras de color rojo y gualda; y cuando se escucha cantar con orgullo aquello de: “Yo soy español, español, español”.

Bendito sea el fútbol que hace emanar de forma natural la alegría, la satisfacción y el orgullo de ser español y, lo más importante, de sentirse español.

España es una gran nación y posee un legado histórico, artístico y cultural, sin parangón en el mundo. ¿Cómo es posible que frente a toda esa riqueza siempre nos hayamos querido tan mal y no hayamos cejado en nuestro empeño de autodestruirnos? A mi memoria viene la célebre frase de Otto von Bismark: “España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido.” Lamentablemente, es así.

En España, por el contrario de lo que ocurre en la mayoría de los países, principalmente los de carácter anglosajón, existe una nefasta fascinación por adulterar la historia, por manipular el pasado para servir a determinados partidos e intereses políticos.

El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, reparte de forma sistemática unos panfletos para “indicar” a los profesores de historia como tienen que “interpretar” para sus alumnos, la Guerra de Sucesión y cómo han de definir las consecuencias que tuvo aquel conflicto para la sociedad catalana.

Cuando cada uno mira para un lado, resulta un lastre para nuestra educación, nuestra cultura, y para tener una visión de conjunto sobre nuestro pasado como pueblo y como nación, que existan 17 sistemas educativos, algunos parece que “empeñados” en destruir una historia común, llevando a nuestros estudiantes a un provincialismo absurdo, y abocándonos, irremediablemente, a la disgregación, a la pérdida del sentimiento nacional y, por tanto, abonando el campo para el independentismo.

Elementos como el territorio, el idioma, la religión, las costumbres y tradiciones, no constituyen por sí mismos el carácter de una nación; es el sentimiento de pertenencia a una vida colectiva el que dota a un pueblo de ese carácter. Los españoles tenemos ese sentimiento desde hace ya más de 500 años y en nuestras manos, principalmente en las de quienes nos hallamos en la Administración Pública, trabajando directamente por y para España, quienes debemos tratar de reconducir a toda costa, los cauces –como la educación común, general y no adulterada- para que el sentimiento de orgullo por pertenecer a este país no permanezca hibernando entre los ciudadanos, despertando solamente cada dos años, al calor de los goles que se marcan en los campos de fútbol.

No hace falta viajar a Nördlingen o a Flandes… hoy los españoles tenemos la responsabilidad de luchar por la unidad de nuestro país “jugando en casa”. Demos juntos la victoria a España.

PALABRA DE LEOPOLDO

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“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.” Miguel de Cervantes

Venezuela sufre, y la desesperación propiciada por un régimen político  que denigra el propio concepto vida, anida en el corazón del pueblo venezolano que clama por la libertad, la justicia y la prosperidad. En Venezuela se llora por la falta de libertad que no se constriñe al interior de las cárceles donde se hallan encerrados un centenar de presos políticos, sino que impregna las calles, los comercios, los colegios, los medios de comunicación…

Hace dos años, Leopoldo López fue perseguido víctima de una farsa judicial y encarcelado injustamente en la prisión militar de Ramo Verde, a las afueras de Caracas, por defender la democracia y oponerse pacíficamente al gobierno populista y liberticida de Nicolás Maduro; por exigir el respeto a la libertad y los derechos políticos de los venezolanos, y el cumplimiento del orden constitucional.

Desde entonces, su familia  realizando un extraordinario ejercicio  de fuerza y valentía, ha enarbolado la bandera por la libertad y la democracia del pueblo venezolano, centrando su vida en llevar a todos los rincones posibles, el mensaje que Leopoldo López. Ellos se han convertido en sus ojos, sus manos, sus brazos y su voz, fuera de la prisión. Pero, no solo claman por la libertad de Leopoldo, ni por la del centenar de presos políticos en Venezuela, sino que han cargado sobre sus espaldas la  responsabilidad de reivindicar la defensa de los derechos y libertades irrenunciables de todos sus compatriotas.

El testimonio de su familia, nos ha permitido a todos entrar en la celda de Leopoldo y ser testigos de cómo “vive” y qué siente. Desde hace dos años, cada día lucha para mantener la dignidad y la voluntad de ser útil para su país.

Hace pocos días tuve el honor, como alcalde de Brunete, de acoger en nuestro municipio un encuentro en el que pudimos escuchar el testimonio terriblemente desgarrador de Leopoldo López Gil, describiendo el sufrimiento de su hijo, de su familia y de tantas y tantas personas en Venezuela que viven amedrentadas y padeciendo todo tipo de calamidades, bajo el yugo del populismo totalitario de un gobierno que mantiene presos a sus ciudadanos, ya sea en cárceles físicas, o bien apresados por la falta de alimentos, la precariedad de la sanidad y la educación, la falta de independencia de la justicia, el intervencionismo económico, y en definitiva… la falta de libertad.

Cuando un ser humano nace, llega al mundo desnudo de ataduras y de cadenas. Todos nacemos iguales, como páginas en blanco de un libro con nuestra particular historia por escribir. Es el contexto geográfico, histórico, cultural y social, el que moldea las circunstancias de todo ser humano, “preparándolo” para afrontar y vivir la vida, de formas muy diferentes.

Nadie debería rellenar esas páginas en blanco privado de libertad, desde la cárcel, como ha hecho Leopoldo López. Nadie debería escribir la historia de su vida desde el temor, la represión, el hambre, la miseria, el fracaso, la desesperación…

Venezuela se merece un futuro mejor. El pueblo venezolano no merece vivir en un infierno, ni dentro ni fuera de las cárceles.

La libertad es un derecho universal y, como tal, su defensa es algo que nos compete a todos, ya sea en Caracas,  en Madrid, o en cualquier otro lugar del mundo.

Mientras, en España, la ultraizquierda no ceja en su empeño de mostrar su apoyo a Maduro.

En la Eurocámara, una abrumadora mayoría votó a favor de la liberación de los presos políticos en Venezuela y por la celebración del referéndum revocatorio. La izquierda volvió a “asomar la patita” con la abstención de Podemos y el voto en contra de IU.

Ese mismo Podemos, al que le interesa que no se conozca la devastadora realidad que se vive bajo los regímenes totalitarios y populistas como el de su admirado Chávez o su heredero Maduro, se permite acusar a los partidos democráticos de utilizar políticamente con fines electoralistas sus manifestaciones de apoyo a la causa de la libertad.

Pero claro, haber recibido 7 millones de euros de la Venezuela chavista para financiar el germen de Podemos y “crear en España fuerzas políticas bolivarianas”,  a través de la Fundación CEPS de Iglesias, Monedero y Errejón, merecen agradecimiento y  pleitesía por parte de los podemitas al gobierno de Maduro. Podemos no puede dejar de atender su compromiso con el comunismo y con el objetivo de trasladar el régimen bolivariano a España.

Deberíamos escuchar con muchísima atención las constantes advertencias de los ciudadanos venezolanos que nos advierten de los peligros del populismo que están padeciendo en sus propias carnes. Es necesario hacer un esfuerzo por alertar y educar al votante, haciéndole consciente de que su voto es el primer escalón para el futuro de sus hijos.

En España no necesitamos “libertadores” porque somos un pueblo que vive en libertad. Los españoles necesitamos un gobierno serio, moderado y responsable cuyas políticas reviertan en crecimiento económico, en bienestar social, en desarrollo y prosperidad. Y esas son las bases sobre las que se asienta el proyecto de gobierno del Partido Popular.

El próximo 26 de junio, los españoles tenemos  en nuestros  manos la oportunidad de elegir  el camino para el futuro de España: liberticidio o libertad.

CONTRA LA ESPAÑA DE CHARANGA Y PANDERETA

España

“España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido.” Otto von Bismarck

Escribió Antonio Machado, para la posteridad, aquel poema que empezaba con el verso “España de charanga y pandereta…”, estoy convencido de que al plasmar con su pluma aquellas palabras, nunca fue consciente del alcance que llegarían a tener. Posteriormente, se han utilizado de forma muy común y con demasiada ligereza para referirse a nuestro querido país, por desgracia, con una connotación peyorativa, que perdura hasta nuestros días, casi un siglo después.

No comparto en absoluto esa imagen que algunos desean transmitir de nuestra nación. España no es ni por asomo, un país de pandereta,  y ver cómo se trata de denostar su imagen, encorsetando todo su valor y su potencial bajo un cliché tan nimio como vacío, me resulta  doloroso y frustrante.

Es cierto que España es un país singular, de eso no cabe la menor duda; pero cada nación, cada territorio y cada pueblo tienen sus peculiaridades que, lógicamente, engloban aspectos positivos y también, cómo no, algunos negativos. Los españoles somos un pueblo al que, en general,  nos gusta dejarnos llevar con facilidad por algunas modas y, una vez envueltos en tal o cual corriente, nos dejamos mecer por su sutil inercia, sin establecer fecha de caducidad alguna.

Estos días ha venido a mi consciencia una reflexión, a propósito de los contenidos que ofrecen los medios de comunicación, principalmente la radio y la televisión, sobre todo, esta última.

Seguramente recordaréis, mis queridos lectores, cómo hace apenas cinco  o seis años, todos los espacios  en televisión, estaban copados por programas de corazón, y la prensa rosa llegó a convertirse en un auténtico fenómeno social en nuestro país. Fueron los años dorados del papel couche, del fenómeno “Tómbola” capitaneado por Ximo Rovira que cada viernes, nada menos que durante siete temporadas, era seguido por millones de telespectadores desde sus casas.  Fue la época en la que triunfó un nuevo formato de programa representado por aquel “Qué Me Dices!” que convirtió a sus presentadores Belinda Whasington y Chapis, en dos miembros más de las miles de familias españolas que cada tarde encendían sus televisores, y dejaban invadir el salón de sus hogares por un ejército de personajes creados a base fotos robadas, posados disimulados y alguna que otra exclusiva.

Aquella fue la década en la que incorporamos en nuestras vidas a un numeroso grupo de personajes que pasaron, rápidamente, de ser de unos completos desconocidos, a ser nuestros compañeros de frecuencias y ondas hertzianas,  hasta el límite de saber absolutamente todo de sus vidas e intimidades.

Hoy, la prensa del corazón ha quedado diluida, confinada a determinados ecosistemas concretos y, el espacio vacío que antes ocupaban los personajes de la crónica rosa, ahora lo ocupamos erróneamente los políticos. No hay cadena que no tenga en su parrilla de programación más de un programa de corte político, ya sea debate, tertulia, entrevista… hasta de entretenimiento.

Los políticos nos hemos convertido en protagonistas perpetuos de los medios de comunicación, siendo partícipes forzosos y de forma desmesurada, de la cotidianidad de los ciudadanos. Todo en la vida ha de tener su medida y, afortunadamente, algunos medios otorgan a la política su justo espacio, pero no es la generalidad. Lo más triste, en muchas ocasiones, no es ya una cuestión de cantidad –que también-, sino de calidad.  Estoy convencido de que la política ha de ser siempre cercana y entendible, pero no  ese circo que algunos se empeñan en dibujar.

Para finalizar, deseo romper una lanza a favor de quienes nos dedicamos a la política, salvando excepciones que haberlas las hay como en cualquier ámbito profesional, y defender la figura del político como gestor serio y responsable, como persona trabajadora con vocación de servicio público, y como comunicador cercano a los conciudadanos para quienes trabaja. Debemos tener nuestro espacio para llegar a la población, para informar, integrar y hacer partícipes a los vecinos, pero siempre en los espacios y tiempos adecuados, y sin provocarles saturación.

La información, la divulgación de ideas, el debate… deben existir, son muy necesarios para crear opinión pública, y suponen un ejercicio muy saludable para la democracia,  pero seamos serios,  la función de entretenimiento deben asumirla otros.

A los políticos nos toca seguir trabajando por la estabilidad, la unidad, el crecimiento y el desarrollo de nuestro país. Sin duda España es diferente, pero lo es por la rica singularidad que proyectamos hacia el exterior y por la diversidad interior que lejos de dividirnos, nos enriquece y nos hace fuertes.

Lejos de aquella “España de charanga y pandereta”,  la solvencia de nuestros profesionales y el prestigio de la Marca España, traspasa fronteras, situándonos en algunas de las mejores posiciones en áreas como la ingeniería o la construcción, y son empresas españolas las responsables de la ejecución de algunos de los proyectos de ingeniería más importantes del mundo en lugares como Nueva York, Londres, Montreal, Rabat, La Meca, Olso, Kuwait, Panamá, etc.

España es, también, un país reconocido por su aportación en el campo de las nuevas tecnologías y las energías del futuro. Somos líderes en grafeno, en soluciones energéticas, y en materiales biodegradables. Nuestro país ha aportado veinte avances a la Misión Rosseta de la Agencia Especial Europea,  y la estación medioambiental Mars Curiosity ha sido construida en España, para la NASA.

Somos un país de referencia mundial en avances médicos, y el segundo con mayor esperanza de vida. El trabajo, la labor y el valor de nuestro Ejército es reconocido en cada una de las misiones en las que participa en cualquier rincón del mundo.

Enterremos de una vez la pandereta, pongamos fecha de caducidad al circo mediático político y dejemos la labor de entretenimiento a quienes corresponda. Nos toca seguir trabajando por España. Dejemos a un lado la “España de la rabia” y centrémonos en “la de idea.”

No somos “charanga”, no somos “pandereta”, somos un país serio que unido trabaja mejor.