El doctor NO (Segunda parte)

no1 Iniciaba la primera parte de este artículo diciendo: “Existe una antigua leyenda de las tribus germánicas según la cual, en los inicios del mundo, sólo había dos clases de hombres: héroes y contemplativos.”

Y concluía esa primera parte, lanzando la siguiente pregunta: “¿Cómo puede ser que un partido solo conviva en el espectro contemplativo y anclado en la negación?”

Tiene respuesta…

Cuando Johnson asumió la presidencia de los Estados Unidos en 1963, comenzó un “Combate contra la Pobreza”, una combinación de programas en el que se incluía un plan estrella destinado a proveer instrucción preescolar a niños en sus principales guetos urbanos así como capacitación vocacional para quienes habían abandonado la escuela e impulsó empleos de servicio comunitario para los jóvenes de los barrios más desfavorecidos. Al año de esta declaración de guerra contra la escasez, este proyecto había fracasado.

Naturalmente, la administración Johnson ordenó un estudio que pudiera esclarecer las causas del fracaso. La comisión evaluadora indicó una génesis principal entre todos los factores de actuación negativa. Los maestros del programa se disponían a tratar con “niños desaventajados”, todos los educadores que lideraban los proyectos, se referían a sus futuros alumnos precisamente así y, de manera inconsciente, transmitían esa percepción a los niños. Éstos, a su vez, “interiorizaban el rol” acorde a ese perfil y se comportaban como tales. Se esperaba de los alumnos un rendimiento insuficiente y esto fue exactamente lo que ofrecieron.

Por tanto, podemos concluir que dependiendo en gran medida del planteamiento que el líder tenga del grupo, resultará el rendimiento final de éste.

Sin duda, éste es el escenario en el que se encuentra cómodo el PSOE, un escenario en el que la coexistencia se resista, en el que la pericia y el ingenio queden hibernados y, un escenario, en el que las expectativas de mejora queden derrotadas. Ahí es donde quieren anquilosar a la sociedad para que ello genere un estado permanente de desasosiego y de derrota, atrofia social en definitiva y, por tanto, de incompetencia de gestión por parte de los gobernantes.

Pero ya no estamos en la época de las cavernas, ni esto es una leyenda.

Nuestra sociedad exige una manera diferente de entender la política. Exige, por tanto, un liderazgo no solamente programático, sino paradigmático; exige sociedades que busquen el positivismo como canal en el que, a través del esfuerzo personal, se consiga el éxito.

Nuestra sociedad exige gestores que gestionen y equipos que completen esa gestión con aportaciones desde las distintas esferas políticas donde la democracia los haya ubicado. Gobiernen o no.

No son tiempos de disputas, no son tiempos de negativas sistemáticas. El doctor NO en las sociedades modernas ha desaparecido y, lo más lamentable, es que en el PSOE no se han dado cuenta todavía.

Bien podía el PSOE haber diseñado una hoja de ruta política creíble en su último congreso o, al menos, convencerse de que la sociedad ha cambiado y de que el NO por defecto no es un recurso, es un fraude.

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