EL REY DE LOS HUNOS

el_rey_de_los_hunos

“Esta España produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dió para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio”. Pacato, retórico galo romano

Dijo el temido Atila, rey de los Hunos: “Yo soy el martillo del mundo… donde mi caballo pisa no crece hierba”. Y cabalgando por toda Europa, allá por el 400 d.C., espada o antorcha en mano, iba arrasando toda tierra que conquistaba. Desde el punto de vista de la sensatez y el raciocinio humano, parece algo totalmente contradictorio que una persona desee conquistar algo para posteriormente destruirlo. Sin embargo, a pesar de que los tiempos cambian y la evolución de la Humanidad avanza, seguimos encontrándonos de frente son seres destructores, crueles y sin alma, que buscan a toda costa la venganza y la destrucción. En España, estamos reviviendo estos días, el germen del caos, el desmembramiento y la destrucción que Pedro Sánchez y su Gobierno de concesiones, están asestado a nuestra querida patria.

Instalado el Gobierno tras una torticera maniobra y sustentando por un pírrico número de escaños, Sánchez ha comenzado a dar respuesta a esa ronda de concesiones que debe pagar inexorablemente a los grupos políticos que le han entregado la presidencia nacional. Lo más lamentable es que esta ronda no la paga el señor Sánchez, ni siquiera el partido socialista, sino que la pagaremos todos los españoles a corto, medio y largo plazo. Porque Sánchez, para desgracia de todos, es de la misma escuela que Atila: tras la conquista, solo busca la destrucción.

Es muy triste contar con un presidente de España que no crea en España. Que no ame ni apueste por la nación que dirige, sino todo lo contrario, que busque la ruptura de su unidad para alcanzar ese modelo de “nación de naciones” que persigue de una forma febril e irresponsable. Un concepto de estado que, por otro lado, no le incomodará en absoluto cuando tenga que comenzar a materializar las concesiones que debe a los independentistas sediciosos que le han encaramado al sillón azul del Congreso.

Por otro lado, empezamos a ser testigos, del ejercicio que como vicepresidente en la sombra, ya ha empezado a ejercer otro de sus socios, Pablo Iglesias. Y para que el líder podemita esté contento y logre uno de los objetivos que ya le había pedido en 2016, cuando coquetearon para juntos formar un gobierno de izquierdas alternativo al Partido Popular que, finalmente, no pudieron materializar, Sánchez le ha entregado la dirección de Radio Televisión Española. Andrés Gil, hombre de Pablo Iglesias, es el nuevo fichaje del Gobierno para dirigir RTVE. Y tras haber llegado a este acuerdo entre Pedro y Pablo, todavía la ministra socialista Celaá se ha atrevido a afirmar que no le constaba que se estuviese “priorizando a Podemos” en el proceso de negociación para elegir presidente y Consejo de Administración. Ver para creer.

El señor Sánchez afirmó que celebraría unas elecciones generales nada más llegar al Gobierno para que los españoles pudiésemos tener la oportunidad de elegir de forma democrática en las urnas, a nuestro próximo gobierno, tras la moción de censura al presidente Rajoy. Sin embargo mintió. Y tal como algunos nos temíamos, una vez sentado en el sillón presidencial de sus anhelos y sus desvelos, ha decidido agotar el plazo para ejercer la presidencia por dos años.

Y naturalmente, también como cabía esperar, ha iniciado un gobierno de gestos, de concesiones y de poses forzadas de cara a la galería. Y no me refiero a los poses corriendo por La Moncloa o jugando con su perrita al más puro estilo Obama, o a la imagen de su reunión en el avión presidencial revisando documentos parapetado tras unas oscuras gafas de sol (ideales para leer documentos), imitando a Kennedy. Me refiero a algo mucho más serio y trascendente que hará mucho daño a España. Son esos “gestos” que siguen impulsando el despertar de sentimientos de división y resentimiento entre españoles a costa de la Memoria Histórica, o aquellos que van en contra del derecho más fundamental y sagrado, el derecho la vida, tras la aprobación en el Congreso de la proposición de ley para la aplicación de la eutanasia.

Y, sin duda, aquellos otros gestos que humillan a las víctimas del terrorismo, como el acercamiento de presos etarras a las cárceles del País Vasco, entre otras prebendas que tendremos que pagar a los proetarras de Bildu, que también han contribuido a llevar a Sánchez a la presidencia. Un panorama más que desolador.

Pedro Sánchez lleva apenas un mes en la Moncloa pero, sin duda, está haciendo todos los méritos posibles e imposibles para destruir España. Y es que cuando se prende la llama del revanchismo, el recelo y el gobernar en “contra” en lugar de “a favor”, es imposible conocer el alcance futuro de las acciones destructoras que se llevan a cabo. Lo que desgraciadamente para los españoles está más que claro, es que allí por donde pise Sánchez, será harto difícil que vuelva a crecer la hierba.

Anuncios

EXORCISMOS, AQUÍ

exorcismos_aqui

Yo no estoy dispuesto a gobernar a cualquier precio, no voy a ser presidente del Gobierno a cualquier precio.” Pedro Sánchez (año 2015)

 

Define el Diccionario de la Real Academia Española el término exorcismo como un conjuro contra el demonio. Breve y claro, tal vez demasiado. Sin embargo, otros diccionarios amplían algo más la definición, indicando que es el conjunto de fórmulas y de ritos que se practican para expulsar un espíritu maligno, especialmente el demonio, del cuerpo de una persona, de un lugar, etc. Esta segunda definición ya me satisface algo más, porque amplía el abanico de opciones a entes malignos, en general, y en su afección, no se ciñe exclusivamente a personas, sino también a lugares. Y, sin querer comparar a Pedro Sánchez con ningún ente maligno, sí que estoy firmemente convencido de que representa un importante mal para España, y de que causará a nuestra querida patria un daño terrible cuya reparación posterior puede complicarse de sobremanera.

Pedro Sánchez ha arrancado su pírrico gobierno haciendo mucho ruido mediático para tratar de disimular tanto su falta de ideas,  como la demolición que está realizando de aquello que propugnaba previamente a la moción de censura y, naturalmente, para distraer sobre  los pactos secretos y concesiones con los que deberemos claudicar todos los españoles como pago a determinados partidos indeseables que le han propiciado el sillón azul en el Congreso.

La escasísima representación de sus 84 diputados (de 350), no le va a permitir llevar las riendas de un Gobierno proactivo y eficaz que promueva leyes e iniciativas capaces de mejorar la vida de los españoles. Muy al contrario, el señor Sánchez parece haber iniciado su mandado, haciendo oposición a la oposición, y echando la culpa al Partido Popular de sandeces tales como haber provocado la alteración de la convivencia de España. Y esto lo afirma el presidente de los socialistas, que para alcanzar el gobierno de nuestro país, ha tenido que pactar con los golpistas de Cataluña y los proetarras vascos.

Sánchez ha mentido. No ha tardado en aniquilar su discurso previo a la moción de censura, anunciando que no convocará elecciones. Esas elecciones que se comprometió a celebrar de una forma inmediata para que los españoles pudiéramos elegir a nuestros gobernantes de forma democrática. Sin embargo, todo era una farsa, y este nuevo presidente que nunca ganó unas elecciones y que por dos veces fue vapuleado en las urnas, ha decidido agotar la legislatura hasta 2020, atrincherándose al frente del Gobierno.

Sánchez miente una y otra vez. Lo que sí tiene claro, es su intención de retomar el Estatuto catalán ideado por su predecesor socialista, Zapatero y por el señor Más, que en su parte esencial fue declarado inconstitucional por el Tribunal Constitucional. Este mismo miércoles, la ministra Batet señalaba que la intención del Gobierno es recuperar los artículos que en su día tumbó el TC, a través de leyes orgánicas, para alcanzar ese modelo de estado que defienden a toda costa y que es una atrocidad denominada “nación de naciones”.

Y frente al vacío de ideas positivas, constructivas y eficaces, tal como tristemente cabía esperar, mucho ruido mediático para atolondrar y distraer a la opinión pública de cuestiones realmente relevantes para España.

Por ello, se han permitido hacer demagogia y populismo a costa de la desgracia y el drama humano que supone la inmigración, de una forma irresponsable y fea, a propósito de la coyuntura provocada por Aquarius y los últimos refugiados llegados a nuestras costas.

Y, naturalmente, han vuelto a aferrarse a la ley de la Memoria Histórica, para remover los sentimientos encontrados de los españoles, que ya en su día se ocupó de revivir el insigne presidente Zapatero. Tiene el señor Sánchez la desvergüenza de afirmar públicamente que su obligación es eliminar todos aquellos símbolos que significan la división entre españoles, a propósito de la polémica que ha suscitado entorno al Valle de los Caídos. Pues yo, desde esta humilde tribuna, invito al señor Sánchez a emplear ese mismo ímpetu en la eliminación, por ejemplo, de los lazos amarillos que inundan Cataluña, las cruces amarillas que se atestan en sus playas o las banderas inconstitucionales que se asoman a las balconadas de los edificios públicos.

Vuelve a mentir el señor Sánchez, porque su deseo no es unir España, sino aplicar una sesgada memoria histórica de forma torticera que ahonde en la separación de los españoles. Pedro Sánchez no quiere eliminar todos aquellos símbolos que implican división entre los españoles porque lo que desea es desmembrar España para conformar su anhelada nación de naciones. España no merece tantos agravios y despropósitos. España no merece tanta maldad.