EL PRESIDENTE TRANQUILO

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“¿Ve usted ese camino de ahí?, pues olvídese de él, no le sirve para nada.”
EL HOMBRE TRANQUILO (John Ford)

 

El gran John Ford supo retratar, como pocos, la esencia de la tranquilidad en una de sus películas más reconocidas y hermosas, tanto por las formas como por el fondo. “El hombre tranquilo” ha cautivado a varias generaciones que han sabido apreciar la sencillez de una película que, siendo realmente profunda, parece sin embargo fluir con una naturalidad brillante, casi como si no se ajustara a ningún guion. El personaje de Sean Thornton interpretado magistralmente por John Wayne, irradia la tranquilidad de un hombre pacífico, nostálgico y ciertamente obstinado que, precisamente por su carácter, es tomado por los ajenos como alguien a quien le falta valentía o arrojo, pero que sin embargo, a lo largo de toda su particular historia, irá demostrando cómo su tesón le permitirá enfrentarse tanto a unas costumbres que le son extrañas, como a sus propios temores.

Y es que el tiempo, lejos de ser sabio, termina poniendo a cada cual en su sitio porque avanza inexorable, aunque existan mil y una diferentes percepciones de su ritmo. Lo que para algunos es inacción, para otros es prudencia; lo que para unos es falta de arrojo, para otros es responsabilidad; lo que para algunos es puramente economía, para otros es el garante de la estabilidad y de la prestación de servicios de calidad a los ciudadanos, la certeza del disfrute de las pensiones, o la creación de empleo, entre otras vitales cuestiones.

Mariano Rajoy se ha marchado. Algunos no han sabido comprender el ritmo de sus tiempos y de sus decisiones, pero los hechos son los que son, y cómo él mismo señaló en su despedida en el Congreso, deja una España mucho mejor de que la que encontró.

Para cualquier político lo fácil es dejarse llevar por recetas populistas, esas que te garantizan la simpatía de unos ciudadanos que satisfechos a corto plazo, te concederán su voto. Pero las promesas irrealizables, más tarde, a medio y largo plazo, provocan el desengaño de los electores al ver incumplidas sus expectativas, o acaban arruinando un país, hipotecado con regalías “express” que van minando la economía, hasta dejar el país en la absoluta quiebra tal como dejó España el gobierno del PSOE ya en dos ocasiones.

No es nada fácil para un político que tiene en sus manos la responsabilidad del gobierno de España, haber aguantado durante siete años las constantes arremetidas de quienes han ido denostando cada una de sus acciones. El desgaste como gestor y como persona es tremendo, casi incuantificable. Sin embargo, Mariano Rajoy supo hacer lo más difícil, aguantar estoicamente los envistes mientras toreaba con aparente serenidad una España quebrada económicamente, rota anímicamente y desesperanzada, con una tasa de desempleo que había subido en 2,9 millones de parados durante el desgobierno de Zapatero. Una España que ha vivido un cambio de Rey y, una España sumida en el mayor momento de tensión secesionista a manos de los golpistas que desde Cataluña pretenden desmembrarla.

Ante este desolador escenario que encontró Rajoy al llegar a la Moncloa, creo que los españoles hemos sido afortunados de contar estos años tan complejos con un presidente con su capacidad de trabajo y de sacrificio, con su inteligencia y con su carácter moderado, y prudente que ha sabido encajar los golpes a costa de su propia imagen. En los momentos más críticos ha sabido tener templanza y flexibilidad, y ha ofrecido diálogo permanente,  evitando actuar “en caliente” como otros muchos demandaban. Sin duda, para esos otros muchos, plácidamente sentados en la bancada de la oposición, jalear, soliviantar, exigir y hostigar, sin tener la responsabilidad del Gobierno, ha sido un ejercicio fácil y cómodo; pero sin duda irresponsable, desleal y deshonesto con España.

Los últimos datos de paro en España correspondientes al mes de mayo sitúan la tasa de desempleados en 3,25 millones de personas, cuando la herencia recibida de Zapatero alcanzaba los 4,42 millones de parados. Y todavía hay quienes tratan de manipular la opinión pública achacando al gobierno de Partido Popular, escasez de políticas sociales. Una cuestión absolutamente falsa, que la izquierda trata de vender permanentemente a la ciudadanía, derrochando su acostumbrada sobredosis de suficiencia moral. Sin duda, la mejor política social es que los españoles tengan trabajo, que las familias puedan llegar a fin de mes, y que se active el consumo, el ahorro y la economía. Que exista estabilidad económica para que los inversores tengan confianza y que los emprendedores puedan crear empresas y con ellas, empleo y riqueza. Qué pronto olvidamos los sobresaltos con los que cada mañana desayunábamos respecto a las cifras de la prima de riesgo, o cómo numerosísimas familias tenían a todos sus miembros en paro, teniendo que subsistir con la ayuda económica de las pensiones de los abuelos.

Rajoy ha sido un presidente sencillo, sin corte a su alrededor. Un trabajador infatigable. Un magnífico parlamentario. Un jefe de Gobierno que ha preferido que le golpearan a él, antes que golpearan España. Un hombre tranquilo que, sin embargo, de forma humilde y sin exabruptos, se ha dejado el alma por España.

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