Aleluya lorquiana (I parte)

ImageEl poeta Federico García Lorca nos contaba, allá en el año 1933, la desafortunada historia de amor de Don Perlimplín con Belisa, su vecina, en el jardín. Era una historia tierna en clave de tragicomedia en la que su protagonista, un hombre anciano de posición notable y guiado por los cantos de sirena de su criada Marcolfa, se casó con Belisa sin amor, por inercia. Y ella, cuyo sentimiento era recíproco, ya en la noche de bodas le fue infiel.

El pobre Perlimplín comienza a sentir cariño y buscar refugio en la despegada Belisa y, ya desesperado, se hace pasar por un joven cubierto por una capa roja y que bebe los vientos por la dama. A escondidas y amparado por el anonimato, comienza a escribir cartas de amor que hacen caer rendida al engaño a Belisa, que se enamora de este joven oculto sin saber que en realidad es su marido. Finalmente, y como colofón a este desnortado viaje en común, Perlimplín decide matarse enmascarado en la capa roja del joven enamorado. Cuando Belisa descubre el engaño, enloquece al descubrir que el cadáver es el de su marido.

Buscando el silogismo, esta tragicomedia se repite en nuestros días, en unos momentos en los que algunos de nuestros representantes políticos se dedican a boicotear, muchas veces la labor de los gobiernos, usando y utilizando a su antojo la Ley para la batalla política. Parece que para algunos la Ley ha dejado de ser un orden de la razón y se ha convertido en la imposición de la mayoría parlamentaria.

O incluso, la Ley se ha convertido en un elemento manipulable y voluble a los intereses propios, no a los generales, los de todos los españoles. Desde Bildu, esa coalición que se ha significado por no condenar las acciones terroristas y criminales de la banda ETA, su portavoz Laura Mintegi nos recordaba hace unos días el asesinato de Fernando Buesa como “una muerte por causas políticas” y no tuvo reparos en añadir que “todas las víctimas tienen un origen político”. Es la misma portavoz que días antes impidió con su abstención que se aprobara una resolución en el Parlamento Vasco que solicitaba el esclarecimiento de los crímenes sin resolver de ETA. Mintegi pertenece al mismo partido que pide la liberación de una terrorista por padecer diabetes, mientras critica que el mensaje navideño de Su Majestad el Rey D. Juan Carlos se emita en la televisión autonómica vasca. La misma Mintegi que afirma que “España es una mala compañía” mientras que su partido tacha de “crimen político” la muerte en la cárcel de un terrorista enfermo.

Mientras tanto, hay políticos de determinados partidos que no dudan en hacerse fotos junto a ella o sus correligionarios de Bildu. O no digamos ya, hacerse una foto junto a uno de los fundadores de ETA en un acto homenaje organizado por Bildu.

Estos últimos parecen vivir afectados por el síndrome de Don Perlimplín. Quieren enamorar a quien nunca se enamoró de ellos. Quieren conquistar a una Belisa que le fue infiel desde su misma boda democrática, desde la constitución de las instituciones en las que Bildu tiene hoy, por desgracia para la moral, representación política. Y es que mientras Belisa siga sin renegar de las muertes que ha causado a su alrededor, mientras los Don Perlimplín sigan intentando conquistar con trucos y flores a quien no quiere serlo, España estará abocada a que esta tragicomedia lorquiana siga repitiéndose una y otra vez. (Continuará…)

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