LA MÁQUINA DE HACER FANGO

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….Acabaron con él. Hubo una época en la que poseían los ojos de todo el mundo. Pero eso era poco para ellos, claro… También querían tener los oídos de todo el mundo. Abrieron sus bocazas y empezaron a hablar, hablar, hablar…” William Holden en EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

La cima del monte Olimpo, el más alto de Grecia, era la morada de los dioses,  con Zeus a la cabeza ocupando su inamovible trono, controlando todos los destinos, después de haber llevado a sus hermanos a la victoria en la guerra contra los titanes. Los dioses griegos eran antropomórficos, inmortales, no tenían sangre sino hondura, y se alimentaban de néctar, ambrosía y del humo de los sacrificios que los mortales realizaban en su nombre.

Desde el Monte Olimpo han bajado ahora otros dioses, ungidos por el aceite sagrado de la Verdad Absoluta, que casualmente sólo es la suya. Unos dioses que se han propuesto aplicar “jarabe democrático” a base de escraches, algaradas en las calles y linchamiento ideológico, para mejorar la salud democrática y guiar al pueblo por el camino adecuado, el que marcan ellos. Los lunes estos profesionales del odio y el acoso lanzan su furia sagrada contra un objetivo, el martes contra otro y así sucesivamente hasta que los titanes vuelvan a ser vencidos por un Zeus de barba y coleta cuidadosamente desaliñados. En esa lucha andan, con la complicidad del fuego sagrado azuzado por algunos semidioses de las 625 líneas en HD.

El caudillo del partido de la gente consiguió esta semana algo que nadie había logrado en los últimos 25 años: acusar, juzgar y condenar a Rita Barberá. Y lo hizo en formato tuit. En un nuevo ejercicio de enfermizo postureo político, para ganarse ese ratito de gloria semanal en la televisión, que debe ser como una droga adictiva, Pablo ordenó a golpe de telegram ausentarse del minuto de silencio por la repentina muerte de la senadora porque era “una corrupta”. Había que seguir destruyendo la imagen de una persona, saltándose de nuevo hasta la presunción de inocencia.

Nada nuevo en el firmamento: ya sea en el discurso del Rey; cuando Rafael Hernando les reprocha el “apoyo” millonario de regímenes autocráticos; dándole el pecho a un bebé durante horas (¿alguien ha vuelto a ver al bebé de Bescansa?); o acudiendo de smoking dos tallas más grande a la Gala de los Goya, que para eso sí se ponen el trajecito de los domingos, Pablo y el partido de la gente siempre encuentran la forma de ofrecer espectáculo a mayor gloria de los mortales.

Pero no pensemos que Pablo y los suyos se ponen estupendos cada vez que se convoca un minuto de silencio. Cuando el pasado mes de junio falleció Periko Solabarria, fundador de Herri Batasuna, se echaron una vez más a las calles para homenajear a quien afirmó en un juicio contra dirigentes de ETA, que los terroristas encausados eran “héroes y mártires. Ellos son nuestros Sandinos y nuestros Ché Guevara”.

Los de la gente, siempre tan cercanos a los abertzales y lejanos al sufrimiento de las víctimas del terrorismo, incluso organizaron un minuto de silencio en la asamblea de Podemos en Barakaldo, con el ínclito Juan Carlos Monedero de cuerpo presente, golpeándose en el pecho por la muerte de este gran defensor del pueblo vasco libre a golpe de sangre. El dolor y la tristeza a veces confunden y convierten en grandes prohombres a quienes hicieron la vista ciega ante la crueldad y el asesinato. Ya se sabe: para ellos incluso Otegi es un adalid de la libertad. Y en esa ceguera persiste hasta Don Pisito, el senador Ramón Espinar, al que aún esperamos que reproche a su compañero de Senado por Bildu, Iñaki Goioaga, el haber sido procesado por un delito de pertenencia a ETA. Casualmente por el mismo Tribunal Supremo al que acudió Barberá el pasado lunes.

La superioridad moral de los nuevos dioses del escrache, tan característica de la más rancia izquierda y de esta nueva caspa antisistema, les lleva a un inagotable sectarismo ideológico por el que son ellos mismos quienes colocan la línea divisoria entre el Bien y el Mal. Una línea, por cierto, que mueven con gran entusiasmo en función de si son ellos los sometidos a sospecha. Rita Barberá es el Mal personificado. En contraposición a la condenada asalta capillas Rita Maestre “arderéis como en el 36”; el beneficiado por la ‘beca black’ Errejón; Monedero, el bien pagado de Venezuela por un informe de 3 hojas; o el alcalde de Cádiz, enfrentándose a la Policía en una pelea de hinchas del fútbol, que son el Bien. La Justicia moral. Y cuando alguien osa criticarles desde un medio de comunicación es porque la máquina de hacer fango se ha puesto en marcha. La misma máquina que ellos encienden y calientan cada día contra todo aquel que no forma parte de su casta de la gente. Aplican la “cal viva” en formato tuit.

El problema es que estos nuevos mitos del Olimpo se han creído inmortales y en realidad no lo son. En la película “El crepúsculo de los dioses” el protagonista se sorprendía al reconocer a Norma Desmond: “Usted salía en las películas mudas. Era grande”. A lo que ella replicó: “Soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas”. Tenga cuidado el líder de la gente: el postureo es siempre efímero, sobre todo cuando se basa en recetas rancias. No vaya a ser que acabe como Norma Desmond, bajando lentamente las escaleras de su ocaso, mientras pedía que una cámara le hiciera un nuevo y último primer plano.

 

LAS TONTUNAS

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“Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.” Ramón María del Valle Inclán

Es legendaria la capacidad del independentismo más tramposo para inventar una realidad paralela (“revisionismo histórico” lo llaman ellos) mediante la que tratar de ganar parroquianos para su causa. La falsedad, que es tan antigua como Adán y Eva, es una herramienta muy poderosa en sus manos. Aunque lo peor no es que el nacionalismo invente un producto, lo adorne con astutos embustes y le ponga una pizca de postureo “rufianesco” para hacerlo más atractivo: lo más grave es que haya una masa de gente dispuesta a comprar el producto y sin rechistar.

Llevamos ya unos cuantos años escuchando muchas tontunas, creadas por las mentes más “brillantes”, esas de aquellos que han convertido el independentismo en una forma de ganarse el pan. Hemos tenido que escuchar auténticos delirios por parte de prohombres nacionalistas, siempre bien pagados y casi siempre con dinero público, tales como que Cervantes y Santa Teresa de Jesús eran incuestionables catalanes; que el viaje de Descubrimiento de América zarpó en realidad desde el Ampurdán porque Cristobal Colón también se enfundaba una barretina, al igual que conquistadores como Hernán Cortés, cuya partida de bautismo habrá sido falseada por los conspiradores españoles para convertirle en un extremeño de meseta y traje pañero.

En la antología permanente del disparate, hubo quien llegó a afirmar -eso sí, todo muy científicamente probado- que Erasmo de Rotterdam y Leonardo Da Vinci eran tan payeses como la butifarra. Tras esta docta dosis de ingenio, lo verdaderamente sorprendente es que el Renacimiento se propagara desde Florencia y no desde Gerona. Pero nunca se sabe: puede que pronto descubramos que Neil Armstrong era de L’Hospitalet del Llobregat y que, cuando pisó la Luna, una conspiración mundial le obligó a poner la bandera de Estados Unidos en lugar de la “senyera”.

De quienes han convertido el independentismo en un “modus vivendi” poco podemos esperar. Pero que desde otros partidos políticos y sectores de la sociedad se les baile el agua, y se abone más el campo en la carrera del disparate, es verdaderamente preocupante. La izquierda española, una parte de la vieja casta y la entusiasta nueva caspa antisistema, se han echado en brazos de estas tontunas.

La última de ellas la ha protagonizado Pablo Echenique, a la sazón número 3 de Podemos, que ha reivindicado a Aragón como país independiente con soberanía propia. ¡Huesca libre y del pueblo! Ya sabemos que Echenique nació en Argentina y su conocimiento de la historia de España puede ser insuficiente. Pero bastaría con que realizara una búsqueda en internet sobre lo que significó el “compromiso de Caspe” para entender algo sobre el proceso que llevó a la reunificación de los reinos de España, durante el proceso de la Reconquista a los árabes, que desembocó en la reunificación del territorio español. Y ya si eso que aproveche para buscar los orígenes de España, no vaya a ser que se remonten a más de 20 siglos de historia.

Lo de Echenique no dejaría de ser una broma más sino fuera porque marca la línea ideológica de un partido muy interesado en convertir a España en un nuevo reino de Taifas. Y sino que se lo pregunten a Pablo Iglesias, que entre otras derivas nacionalistas, defiende que Cataluña es una nación. En esto coincide con el desfenestrado Pedro Sánchez, su aliado natural, que dijo lo mismo en una entrevista en televisión.

La semilla del independentismo se ha extendido a otras formaciones de izquierda, como MES, el socio de Podemos en Baleares del que forma parte el partido socialista de Mallorca; o Valencia a través de Compromís. También por Andalucía, donde grandes intelectuales como el alcalde de Marinaleda, Sánchez-Gordillo, nos ilustran informándonos de que “Andalucía era anterior a España”. También Cartagena, que ya se autoproclamó independiente en 1873 con escaso éxito, recupera el viejo espíritu cantonalista a través de su alcalde, que forma parte de la marca blanca de Podemos y gobierna junto al PSOE. En su caso, anhela la independencia de la región de Murcia y propone unirse a Almería, ciudades separadas por “apenas” 176 kilómetros de distancia.

Al socialismo y al comunismo lo de unirse a los independentistas les va en el ADN, porque ya lo dijo Lenin: todo movimiento nacionalista tiene un contenido que el proletariado ha de sostener sin reservas.  Para la vieja izquierda, el nacionalismo es otra lucha de clases contra los opresores, como ya definieron en su congreso de la Internacional Socialista de finales del siglo XIX. El secesionismo era la mejor forma de hacer la revolución anticapitalista y crear sociedades nuevas y liberadoras del proletariado. Y en esas andan un siglo después estos de la izquierda española.

Lo sorprendente es que en pleno siglo XXI, parte de la burguesía de regiones como Cataluña se haya sumado de forma alegre a este “movimiento”. En su caso no se trata de liberar al proletariado, sino al pueblo catalán del yugo español. Porque el independentismo catalán sólo se entiende desde un fuerte sentimiento de superioridad que encierra un profundo racismo. El cuidador de ganado en la meseta es el opresor, frente al ingenio, la destreza y el desarrollo financiero y creativo que sólo tiene cabida allende el río Segre gracias a catalanes de pura cepa como Da Vinci, Erasmo o Colón.

Los nacionalistas siempre se miran en un espejo, el de su propio ombligo, para crear su relato de confrontación. Lo que sucede es que a veces esos espejos son como los que Max Estrella miraba en el callejón del Gato en “Luces de Bohemia” y generan una deformación grotesca de la realidad. Ya lo dijo Valle-Inclán: Los héroes que se asoman a estos espejos se acaban deformando hasta el esperpento… Lo dicho… TONTUNAS.

HUMPTY DUMPTY

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“Humpty Dumpty se sentó en un muro, Humpty Dumpty tuvo una gran caída. Ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey pudieron a Humpty Dumpty recomponer.” Rima infantil inglesa

Cuentan que en una ocasión que debía nombrar a un nuevo general del Ejército, Napoleón Bonaparte pidió que le presentaran a diferentes candidatos. Todos eran grandes militares, con buenas dotes de liderazgo, con conocimientos tácticos holgados y méritos suficientes. Ante la lógica duda de cuál de ellos sería el ideal, Napoleón preguntó: “¿Cuál de ustedes tiene más suerte?”. Los aspirantes se giraron al unísono y señalaron a uno de ellos. “Pues tú eres el nuevo general”, sentenció.

¡Quién sabe qué hubiera ocurrido si se le hubiera hecho esa misma pregunta al líder socialista en Cataluña! Porque Miquel Iceta va camino de convertirse en la viva representación del mal fario después de que sus encendidos apoyos a otras personas hayan dado un resultado completamente opuesto al que pretendía. Primero elogió a Pedro Sánchez con su “líbranos de Rajoy”. Pocos días después, sus propios compañeros de partido finiquitaban el desastroso bienio de Sánchez al frente del PSOE. La siguiente en la lista fue Hillary Clinton a quien dedicó el “Go Hillary Go”. Sólo cuatro días después, los votantes respondieron con un “Hillary Go Home”. Así que, por si acaso… ¡Líbranos Iceta de estar en tus pensamientos a la hora de desear buenos augurios!

Para Pedro Sánchez, no fue suficiente la eficacia contrastada de Iceta a la hora de desear suerte al prójimo. Por eso, esta semana cogió la maleta y se marchó a Nueva York a apoyar a Hillary. ¡Quién le ha visto y quién le ve! Sánchez respaldando a una candidata de la “casta”, como esgrimían sus detractores, mientras en España el mismo Sánchez quería despeñar al PSOE en brazos de los de la “anticasta”.

Entre paseo y paseo por Nueva York, quizá se encontró con Hillary y le explicó el misterioso truco de cómo empeorar tus propios resultados elección tras elección, y quien sabe si, una vez consumado el nuevo revés electoral, el intrépido Sánchez se escapó a Disneylandia para olvidar tantas penas acumuladas en tan poco tiempo. Lo de coger el cochecito para recorrer España, ya si eso lo dejará para un poco más adelante.

Detrás del despliegue de los prohombres de la ‘progresía’ española, tan animosos a la hora de apoyar a los demócratas, lo que se encierra, una vez más, es la obsesión reiterada del socialismo español por tratar de identificarse con los principios de este partido. Según ellos, el PP es equivalente al Partido Republicano, y el PSOE al Demócrata. Dicotomía que es un grave error. Porque el debate político en Estados Unidos se ubica en la derecha. En contraposición a todo ello, el PP ha mantenido siempre buenas relaciones con demócratas y republicanos. Porque Estados Unidos no se puede entender sin España y España no se puede entender sin ese vínculo atlántico. Por eso, ahora lo que sigue tocando es fortalecer la relación bilateral, fundamentalmente en materia comercial y de seguridad, para plantar cara a los desafíos que tiene la economía mundial y la sociedad internacional.

Esta permanente obstinación de la izquierda alcanzó su mayor gloria en la era de ZP, cuando el PSOE utilizó la imagen de Obama en un vídeo electoral en las elecciones europeas de 2009. En aquel momento los demócratas se enfadaron mucho y lo dejaron muy claro: “Obama no es socialista” y su imagen no podía ser utilizada en un proceso electoral europeo. Por aquel entonces, para el PSOE era mejor asociar su depauperada imagen a la de Obama, seguir negando la crisis y ‘olvidar’ el hecho de que ZP se quedó sentado en un desfile militar al paso de la bandera norteamericana, foto que se erigió en una metáfora de la “hibernación” de nuestras relaciones bilaterales con la primera potencia del mundo a la que nos condujeron ZP y los suyos durante años. Y es que para los ciudadanos de Estados Unidos, con los símbolos nacionales no se juega.

La necesidad de asociar los principios de la socialdemocracia con los del Partido Demócrata, que defiende ese capitalismo que tanto denosta la izquierda española, esconde una deriva ideológica mucho mayor. Aunque cada país es diferente, y no es fácil extraer conclusiones globales, la crisis que ha afectado a la mayoría de los partidos socialdemócratas de Europa es el resultado de años en los que la izquierda ha estado carente de referentes claros. Un tiempo en el que cayó el muro de Berlín, la extinta URSS abrazó principios del capitalismo, la globalización de la economía avanzó de forma imparable y la Unión Europea creció hacia el Este y apostó por una mayor integración y cohesión. El socialismo empezó a quedarse poco a poco anclado en la nostalgia.

Sólo a mediados de los 90 surgió esa tabla ideológica que lo reflotó en forma de “Tercera Vía”, que en el fondo era una vuelta de tuerca al neoliberalismo, aunque eso sus padres no lo explicaron con tanta claridad. La fórmula la alumbró Blair en Gran Bretaña, la apadrinó Schröeder en Alemania, llegó a gobernar en varios países y fue el camino en el que ZP se refugió tímidamente para construir un relato propio, en contraposición al socialismo clásico de la vieja guardia del PSOE, que le permitió ser secretario general. Desde que la Tercera Vía quedó en el olvido por el agotamiento de su modelo, la socialdemocracia en Europa camina huérfana y acumulando sucesivos fracasos. Y es que, como le ocurrió al famoso personaje Humpty Dumpty, esta caída al vacío de la socialdemocracia puede que genere daños irreparables imposibles de restaurar. Nada mejor que una rima infantil para comprender la realidad más compleja.

LOS ANTILIBERALES

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“El malvado descansa algunas veces; el necio jamás.” Ortega y Gasset

Para Karl Marx, el materialismo histórico era una disciplina científica infalible que predecía cómo se desarrollaba y evolucionaba la sociedad y que, por extensión, proporcionaba elementos para prever cómo serían las futuras sociedades y las revoluciones que se sucederían. También el filósofo y economista liberal John Stuart Mill trabajó en sistemas inductivos que pretendían generar herramientas para anticiparse al conocimiento del comportamiento de la sociedad. En su obra “Sobre la Libertad”, donde defiende con pasión la libertad de expresión, indicó que “la sociedad puede ejecutar, y ejecuta, sus propios decretos; y si dicta malos decretos, en vez de buenos, o si los dicta a propósito de cosas en las que no debería mezclarse, ejerce una tiranía social más formidable que muchas de las opresiones políticas”.

Ambas reflexiones de dos filósofos tan dispares entre sí, tienen un nexo en común: el antiliberalismo se sustenta en el principio de tratar de explicar científicamente la evolución de la sociedad y se aferra a que esa realidad social puede ser anticipada. Es la tesis que aplican el comunismo, los populismos o los nacionalismos, que se enraízan en su poderoso conocimiento de lo que la sociedad deseará en el futuro, y que encierran por sí mismos el ejercicio de una tiranía social, en la que la masa se convierte en la herramienta ideológica sobre la que se sustenta la transformación para, una vez asaltado el poder, conducir a la sociedad de forma caudillista, a esa Ítaca a la que nunca llegan. Porque al final, todas estas fórmulas mágicas, como bien sabemos, han fracasado una y otra vez cada vez, que han tratado de ser aplicadas en la práctica real.

Además de esta capacidad visionaria de la sociedad, el comunismo, los populismos y los nacionalismos también comparten el otorgar el poder supremo al Estado, o lo que es lo mismo: a quienes lo gobiernan. El Estado, entendido por ellos como quien dicta lo que está bien y lo que está mal, quien ordena a sus obedientes ciudadanos lo que deben hacer y prohíbe todo aquello que consideran inmoral, improductivo o simplemente una amenaza al sistema. Es como ese Gran Hermano omnipresente que relató George Orwell en su novela “1984”. Una sociedad donde la vigilancia masiva lleva a la manipulación social y a la represión política. En Venezuela, en pleno siglo XXI, algunas lecciones de ello nos pueden ofrecer los populistas- nacionalistas- comunistas de Chávez y Maduro.

Aunque si deseamos conocer otras lecciones de antiliberalismo, tampoco hace falta cruzar el charco. Quedémonos en España. Allá donde gobiernan los del partido de “la gente” se han dedicado a prohibir conductas, censurar moralmente a una parte de la sociedad que no opina como ellos, y ejercer un populismo de puño duro, ocultado en guante de seda. Son más partidarios de los escraches, de la ofensa a los católicos y de dejar perder oportunidades de inversión privada que generarían miles de empleos. Ya se sabe: para ellos la “opinión pública” es la base de sustitución de la Ley.

Todo lo arreglan con la subvención de dinero público a sus partidarios y afines, defendiendo la “okupación” frente a la propiedad privada, incumpliendo el equilibrio presupuestario para que haya menos deuda pública y aumentando el gasto público. De bajar impuestos no hablemos, ya que sólo los bajan en aquellos barrios donde los populistas han ganado, como ha sucedido en Madrid con el IBI. Al menos no hemos llegado a lo que sucedió en Caracas, donde algunos barrios se quedaban sin alumbrado público por las noches para que la “gente” pudiera “reequilibrar” la sociedad asaltando las casas de “los ricos”. Arruinar a una sociedad lleva años, pero si de algo van sobrados el comunismo y el populismo es precisamente de tiempo.

En contraposición a ello, para el pensamiento liberal la solución a un problema no debe generarla por sí misma el Estado. Más al contrario, las sociedades liberales han sido prósperas (no sólo en materia económica sino también en lo social, cultural o educativo) gracias a que el individuo, en un contexto de libertad, es el verdadero motor de crecimiento. El tiempo se ha encargado de demostrarnos que si el liberalismo es un sistema eficiente y progresista, es justo por la ausencia de propiedad estatal en los bienes de producción, y por tanto del intervencionismo absoluto del Estado en el devenir de la sociedad.

Un sistema que comprende que los servicios esenciales  deben ser prestados por lo público (educación, sanidad, seguridad social…) para garantizar el acceso universal de los ciudadanos en igualdad de oportunidades, pero cumpliendo con dos premisas. La primera es que la Administración Pública no es generadora de empresas, y por tanto la creadora de empleo. De eso se encargan las personas. Un ejemplo de ello fue el estrepitoso fracaso del “Plan E” de Zapatero.

La segunda es adecuar la fiscalidad y que ésta sea lo más baja posible, en función de la coyuntura económica de cada periodo, para que el Estado no se convierta en un ente opresor, sino en un regulador del contexto social y económico. Y también en la voz de las necesidades de la sociedad a través del sistema democrático representativo. Regresando a Stuart Mill, el Estado debe preservar que cada individuo tenga el derecho a actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tales acciones no perjudiquen o dañen a otros. Pero los antiliberales aún no lo entienden.