VUELTA A LA TELE

“Quien ignora la verdad es un iluso pero quien conociéndola la llama mentira es un delincuente.”
Bertold Brech

Decía el gran Baltasar Gracián en su genial obra “Oráculo manual y arte de prudencia” aquello de que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Una reflexión con la que comulgo con frecuencia, pero que no comparto en otras tantas, ya que en la vida existen momentos, situaciones y personas, que uno desearía que no tuviesen fin. Por ello, yo soy más de aquella otra expresión de nuestro sabio refranero que reza: “lo que mal empieza, mal acaba.”

Pues así es… Una vez más, la historia vuelve a demostrar cuánta sapiencia encierra nuestro refranero popular, y el Gobierno de Pedro Sánchez ha empezado mal y acabará peor; lo más triste serán las terribles secuelas que su desgobierno hará recaer a corto, medio y largo plazo sobre nuestro país. Sinceramente, mis mayores preocupaciones se centran en la inestabilidad económica y, en consecuencia, la destrucción de empleo; en el populismo social irresponsable y desmedido con el que trate de asegurase una masa de voto fácil que le perpetúe en el Gobierno; y en las concesiones que tenga que realizar a los grupos nacionalistas y proetarras que le han convertido en presidente de nuestra querida España.

Para el PSOE de Sánchez, una de las grandes bestias negras heredadas del Partido Popular contra la que desean enfrentarse a toda costa, es la reforma laboral. Una reforma a la que han demonizado por activa y por pasiva y que, sin embargo, ha sido la palanca que ha propiciado la creación de empleo en una España que el desgobierno de Zapatero dejó con 4,42 millones de parados y que, por el contrario, la reforma laboral del Partido Popular logró rebajar a 3,25 millones. Sin embargo, el Gobierno de Sánchez no podrá derogarla con su poco peso parlamentario. Así lo ha reconocido ya abiertamente, la nueva ministra de Trabajo, que ha admitido que solo podrán “retocar” algunos de sus aspectos.

Naturalmente, Pedro Sánchez también tendrá que pagar el peaje que le pidan, aquellos que le encumbraron al poder, sin haber ganado limpiamente unas elecciones. Los proetarras de Bildu han sido los primeros, que sepamos, en reclamar las dádivas socialistas, instando hace unos días al Parlamento Vasco a que reclame a Sánchez el fin de la dispersión carcelaria de los asesinos etarras, o lo que es lo mismo, que facilite su reagrupación y acercamiento a las prisiones vascas. Cuestión que, en caso de producirse, resultaría totalmente nefasta, ya que precisamente la dispersión de los presos etarras ha sido uno de los instrumentos más exitosos para combatir a la banda. Es tristemente significativo que los socialistas vascos hayan apoyado esta medida.

Pero volviendo a todo aquello que empieza mal, y al ejecutivo nombrado por Sánchez, cabe destacar que su mayor parte, no han llegado al cargo por su trayectoria política ni por su experiencia en la gestión de su área de competencia, sino por dar un perfil mediático y quizás algo amable, primando pues la cuestión de la forma sobre el fondo. Algo seriamente arriesgado para una España que el Partido Popular ha dejado perfectamente asentada en la senda de la recuperación y que, precisamente, lo que menos necesita es un Gobierno superficial, improvisado y víctima de la imagen.

Y en esa línea de superficialidad y guiño a la esfera mediática, el ministro más breve de toda la historia de la democracia, se fue casi tal como había llegado. Siete días le ha durado a Màxim Huerta la cartera de Cultura y Deporte. Insisto una vez más… lo que mal empieza…. Y el señor Huerta, empezó mal. No fue buena idea ocultar a su jefe, presuntamente, el asunto de su codena por haber defraudado a Hacienda 218.322 euros entre 2006 y 2008, por lo que fue condenado a pagar un total de 365.938 euros. Y no está bien porque el propio Sánchez anunció en un vídeo televisivo en 2015 que largaría al minuto uno a todo aquel que crease sociedades instrumentales para intentar pagar menos impuestos. Justamente lo que había hecho el ministro Màxim, en su pasado reciente. Hay que reconocer que esta condena al señor Huerta es una cuestión pretérita y que él pagó la multa que la Agencia Tributaria le impuso, pero amigos… quien a hierro mata…

En su tosca e iracunda despedida en una comparecencia pública, en la que espetó una colección de insultos impropios de su cargo y de su situación, Màxim Huerta afirmó que había sido víctima de una “jauría”. ¡Qué paradojas tiene la vida! La misma jauría que la izquierda y Ciudadanos han alimentado desde la oposición al gobierno del Partido Popular, creando un clima de recelo constante y una atmósfera de cacería de brujas permanente, con tal de echar al adversario, a cualquier precio.

En este gobierno arrebatado a los votantes, veremos cuántos casos más hay de deslealtad hacia el presiente Pedro Sánchez y cuántos más de esos desleales serán fulminados. Pero, sin duda, lo más triste es que seremos testigos de la deslealtad de todos ellos hacia España. Porque mal tiene que acabar, lo que mal ha empezado.

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