¿QUIÉN DIJO MIEDO?

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“Los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen.” José Martí.

Más de uno se acordará de la mujer que allá por los 90 trataba de convencernos de que compráramos el perfume “Jacq’s” bajándose la cremallera y enseñándonos el escote, mientras algunos padres tapaban los ojos a sus hijos y miraban de reojo a la televisión. Los sentimientos de amor o de atracción sexual son dos de los instintos humanos más primarios con los que los expertos publicistas suelen tratar de convencernos para que nuestra decisión de compra se decante por su producto, y no por el de la competencia.

Por encima de estos dos sentimientos, los teóricos del marketing explican que el miedo, algo inherente al ser humano, es un arma aún más poderosa. Se compra por miedo: a no parecer ya joven, a no aparentar una silueta más delgada o a sufrir una enfermedad intestinal si no se toma la cantidad de bifidus adecuados. Es más, son muchos los que se encierran en una sala de cine a “pasar miedo” con una película de terror, aún a sabiendas del mal rato que les espera. Es la necesidad de gritar, de apiadarse ante el drama y redención ajenos y de ahuyentar sus propios fantasmas, los factores que les conducen a esta experiencia.

El apocalipsis ha dejado de ser una mera referencia bíblica para convertirse en una realidad que se asoma a nosotros cada día y llena las páginas de los periódicos para lograr más “clicks” y audiencia. Esta misma semana hemos padecido dos presuntos apocalipsis. Primero el de la ola de frío, que dejó una bajada de temperaturas notable, pero que lejos estuvo de los alarmantes titulares que algunos medios nos anticiparon, casi augurando que nada más salir de casa nos convertiríamos en una estatua de hielo o acabaríamos encerrados en un Gulag de los que Stalin ‘regalaba’ en Siberia a sus enemigos políticos. Salvo en el Levante, donde la nieve ha provocado algunos estragos, con una chaqueta más gruesa y una bufandita, el frío se ha combatido. Como por otro lado pasa en cualquier invierno.0.

Y luego ha llegado el apocalipsis de Trump, cuya investidura ha regalado decenas de artículos acerca de su manifiesta incapacidad para gobernar, su locuacidad aberrante para atacar a cualquier colectivo social o su probada habilidad para devolvernos a una crisis económica de considerables consecuencias a base de medidas que aislarán a Estados Unidos del mundo y que llevarán al resto de países a no poder comerciar con la primera potencia mundial, y a la destrucción de empleo. Ni Trump es un kamikaze capaz de apretar el botón rojo si alguien le trollea más de lo debido en twitter, ni Obama ha logrado promover una seguridad internacional sin armamento nuclear, una promesa que, por cierto, le ayudó a ganar el Nobel de la Paz a pocos meses de ser investido presidente de Estados Unidos allá por el 2009. Al final de su trayectoria, la administración Obama no ha reducido el número de cabezas nucleares guardadas en la reserva, ni ha cambiado sus requisitos para lanzar un ataque nuclear, incluso los siempre tan políticamente correctos llamados “ataques preventivos”.

Lo de alentar el miedo contra el adversario político es una herramienta que la izquierda española ha utilizado con destreza. Cualquiera recordará el famoso anuncio del doberman con el que el PSOE intentó evitar que el PP fuera el partido más votado durante la famosa campaña electoral de 1996. “Hay una España en negativo, de la incertidumbre. Del retroceso. ¡La derecha no cree en este país! ¡Nada les parece bien! Se oponen al progreso. Por eso la derecha no es la solución, es el problema”, profería la voz en off, angulosamente grave, que acompañaba al doberman y a la imagen deformada de Aznar. Era el apocalipsis electoral en versión PSOE.

El tiempo demostró que los sucesivos gobiernos del PP aportaron más Libertad, más progreso, más desarrollo económico, más empleo y más seguridad a todos los españoles, sacando a España de las gravísimas crisis económicas producidas por los gobiernos socialistas y garantizándose el sistema de pensiones y la sanidad pública, que la izquierda dijo en su día que se dilapidarían con el PP. “¡Habrá que ir con tarjeta de crédito al hospital!”, llegó a proferir el diputado socialista Rafael Simancas.

La izquierda radical también se ha apropiado del lenguaje agorero con el que tratan de rascar los votos que la OPA hostil a IU les ha arrebatado. Ya lo dijo Pablo Iglesias: lo positivo es “dar miedo”. En su permanente insistencia en ser un “partido combativo”, el líder del “partido de la gente” -ya se sabe que quien no le vota a él debe ser gentuza-, no ha parado de utilizar el miedo, pero como elemento de división marxista de la sociedad: los de arriba y los de abajo, la casta y los descastados, el férreo control del aparato y las purgas a quien se sale de lo que el líder dicta, politizar el dolor frente a quienes no les vota. Los hijos bastardos de Laclau siembran el pánico para echar en sus brazos a quienes anhelan encontrar el “amor”, aunque sea a golpe de eslogan fácil. De ahí el corazón del último logo electoral de Podemos, copiado por cierto de una de las campañas de Hugo Chavez, el creador de la Venezuela del hambre y los presos políticos.

El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo, porque sólo es capaz de escuchar ruido y frente al miedo no existe medicina conocida. Ya lo dijo William Shakespeare: “De lo que tengo miedo es de tu miedo”. Por ello, frente a quienes lo ensalzan como herramienta para dividir a la sociedad, sólo cabe una cosa: saber elegir en calma. ¿Quién dijo miedo?

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EL ROBOT VA A PERDER

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“El robot va a perder. No por mucho. Pero cuando se anote el resultado final, la carne y la sangre derrotarán al monstruo.” Adam Smith
Adam Smith es considerado por casi todos los pensadores como el fundador del liberalismo económico. Es cierto que hubo teóricos anteriores a él que fundamentaron las bases del liberalismo, pero la influencia de “La riqueza de las naciones”, el libro más conocido de Smith, es indiscutible incluso a día de hoy. Para Smith, el principio de la riqueza estribaba en el trabajo que cada persona desarrollara. En el esfuerzo personal como pilar para conseguir la prosperidad, en contraposición a otros pensadores que entendían que esa base se sustentaba en la propia sociedad y el Estado, garante de que el individuo gozara de todos los placeres sin aparente necesidad de satisfacer sus obligaciones con el resto de integrantes de la sociedad.
La izquierda sigue confusa a día de hoy con los principios liberales que comenzaron a propagarse a partir de las teorías del escocés Adam Smith y otros pensadores posteriores. Y por ello, Smith suele ser objeto de permanente chanza por parte de esa misma izquierda. En un ejercicio de cortedad de miras, le reducen a creador del “capitalismo salvaje”, la mayor de las bestias del infierno para quienes siguen aferrados al materialismo histórico de Marx y al fracasado comunismo.
Muchos de estos caricaturistas de la izquierda radical tampoco habrán buceado en profundidad en “La teoría de los sentimientos morales”, en la que el filósofo escocés se adentra en la ética del ser humano y se fundamenta en el proceso de empatía, mediante el que un individuo es capaz de ponerse en el lugar de otro, aun cuando no obtenga beneficio de ello. Para ello, Smith creó la figura del “espectador imparcial”, la voz interior que dictaría la propiedad o impropiedad de las acciones y fundamentaría la ética del individuo.
Hay un momento en esa obra que resume perfectamente su esencia. Smith afirma que si examinamos por qué el espectador singulariza con tanta admiración la condición de los ricos y encumbrados, descubriremos que “no obedece tanto a la holgura y placer que se supone disfrutan, cuanto a los innumerables artificiosos y galanos medios de que disponen para obtener esa holgura y placer. En realidad, el espectador no piensa que gocen de mayor felicidad que las demás gentes; se imagina que son poseedores de mayor número de medios para alcanzarla”.
Dos siglos y medio después de su alumbramiento, este pensamiento se convierte en contemporáneo por el permanente interés por parte de los fieles a Podemos, siempre tan interesados en la lucha de clases como motor de confrontación social, por tratar de echar por tierra el mérito de quienes han conseguido superar todas sus metas a base de trabajo y esfuerzo. El año pasado tuvimos varios ejemplos, aunque quizás el más significativo fuera el linchamiento permanente contra Amancio Ortega, propietario del grupo Inditex, que comenzó su trayectoria en una modesta tienda de La Coruña y hoy es el fundador y gestor de varias cadenas textiles con presencia en medio mundo, dando empleo nada menos que a más de 4.000 personas. Muchas de ellas en España.
Cada vez que alguien osa recordar la exitosa trayectoria profesional de Ortega, los de Podemos, con su jefe de filas Pablo Iglesias a la cabeza, se lanzan a su cuello para intentar denostar a este empresario, llamándole incluso “terrorista” como el propio Iglesias llegó a afirmar vía twitter, que es la fórmula escogida por los populistas de nuevo cuño para lanzar todos sus comunicados y peroratas. En lo de tuitear a toda máquina, Iglesias se parece a Trump. Eso sí, cuando los anticapitalistas como Urban ejercieron de anfitriones en España del multimillonario Varoufakis, el ex ministro de economía griego, todo fueron parabienes a su persona. La empatía de la que hablaba Adam Smith lleva a los de Podemos a considerar que los millonarios son deleznables o adorables en función de su supuesta ideología.
Detrás de todas estas piruetas de la izquierda radical, existe el descabellado intento de denostar nuestro sistema democrático tildándolo de plutocracia, cuando no ha existido mayor plutocracia que en los regímenes comunistas, donde sólo los ungidos por el partido único que lograban ascender verticalmente, se convertían en muñidores del sistema y adquirientes de grandes fortunas, sin más mérito que halagar al dictador de turno.
Para la izquierda radical de nuestro país, la plutocracia surge como demérito de otro concepto también muy denostado por ellos, el de la meritocracia. Para ellos el valor del esfuerzo personal es sinónimo de desigualdad: unos sí que llegan a alcanzar sus objetivos y otros no pueden, siempre por culpa de la sociedad y no por el esfuerzo invertido en ello. Y claro, se empieza denostando la Democracia y se acaba convirtiendo en presidente de un país a un tipo como Maduro, sin mayores logros personales que el haber sido chófer de Chávez y halagador nato. ¡Eso sí que es un gran ejemplo de plutocracia!
El profundo desconcierto en el que el comunismo vive desde la caída de casi todos sus regímenes y del muro de Berlín, y la catástrofe de intentar sustituirlo por un socialismo real, nos devuelven a la realidad de que el liberalismo, con todas sus imperfecciones, que también las tiene, sigue siendo el sistema económico y social más vigente. Y sin duda, a día de hoy, es el único que se centra en el valor individual de las personas para construir sus propias metas y erigir el esfuerzo personal como base de todo progreso individual y colectivo. No nos dejemos engañar. Regresemos a Adam Smith, y a otros liberales, que es lo que está consiguiendo que hagamos la izquierda radical española….amigos, el robot va a perder…

HASTA QUE LLEGÓ SU HORA

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“Quién va a fiarse del que lleva cinturón y tirantes a la vez… sino se fía de sus propios pantalones”. Película HASTA QUE LLEGÓ SU HORA
Finalizó el 2016 y la Fundación del Español Urgente eligió su palabra del año entre aquellas que estuvieron muy presentes en la actualidad informativa y manifestaron algún interés lingüístico. Entre los 12 términos candidatos, había de todo. Entre ellos “cuñadismo”, refiriéndose a la actitud de quien aparenta saber de todo y habla de cualquier cosa tratando de imponer sus opiniones.
El “cuñadismo” está muy presente en nuestra sociedad. Lo practican casi a diario quienes desde la izquierda radical dan lecciones constantes de “jarabe democrático” e imposición ideológica frente a todo aquello que no tiene cabida en su escueto ideario. Sólo así se entienden medidas como, por ejemplo, la expulsión del Ejército de la presente edición del Salón de la Infancia de Barcelona o intentar que no haya rastro de presencia de los cuerpos de seguridad del Estado en Cataluña. Ya se lo dijo Ada Colau a los militares que se acercaron por cortesía y educación protocolaria a saludarla en el citado Salón en su edición anterior: “Preferimos que no estéis aquí”. Y se marchó sin darles la mano. Eso sí que es nominar a alguien, y no como en Gran Hermano.
Otro claro ejemplo de “cuñadismo” salió a la luz recientemente. El subsecretario de Sanidad de Valencia publicó un artículo en 2009 en su blog contra la Iglesia Católica, en el que utilizó como ilustración un montaje fotográfico en el que acusaba veladamente a los sacerdotes de pederastia, mientras defendía el aborto. El número tres de la consejería que dirige Carmen Montón, uno de los más firmes respaldos socialistas de Pedro Sánchez en la ciudad del Turia, acompañaba el texto con una imagen en la que se leían frases que por decoro público prefiero ahorrarme y que vilipendiaba cobardemente al Sacerdocio.
El “cuñadismo” no tiene límites en su chaladura mental.
Otro término que fue candidato a palabra del año fue “sorpaso”, adaptación del italiano para referirse a una “superación”. A Pablo Iglesias este término se le fue atragantando a lo largo del 2016 como a quien se le queda en el gaznate un mantecado de Estepa con exceso de azúcar. Verse así mismo como presidente del Gobierno para acabar perdiendo un millón de votos tras la OPA a IU, debió de ser desolador. Ya lo dijo la del “postureo con bebé” Carolina Bescansa: Si los mayores de 45 años no votaran, Iglesias sería presidente. ¡Qué clase de Democracia nos ofreció! Pero siempre les quedarán los buenos augurios de su amigo Monedero, que afirmó en verano que Pablo será presidente del Gobierno “porque los análisis requieren de tiempo”. De su opinión se hizo eco la televisión venezolana, el país de las maravillas de Chávez y Maduro, el de los presos políticos y el hambre.
Como no podía ser de otra forma, “populismo” fue el término ganador del 2016 para la Fundación del Español Urgente. Entendido en su sentido más peyorativo para hacer referencia a los que practican otra palabra que fue candidata: “vendehumos”. Que es aquel que hace propuestas sin fundamento, utópicas e ilusorias.
Desde esta humilde columna, propongo a la Fundación Español Urgente que valore otros términos, que seguirán siendo referencia informativa en 2017. Por ejemplo “cortoMadrid”, entendido como el antojo ideológico de unos gobernantes que improvisan medidas y colapsan Madrid con el cierre de la Gran Vía o con el “hoy puedes aparcar y mañana no”, mientras no se toman otras decisiones preventivas que incentiven el transporte público y no perjudiquen a las personas.
Igualmente seguirá de moda “Carmenada”, entendido como las ocurrencias que se anuncian por la mañana y por la tarde se desdicen por irrealizables, como ya pasó con el concurso de recogida de colillas para los niños o esas madres que debían limpiar el colegio de sus hijos, mientras en el Madrid de los prodigios se contrató a titiriteros infantiles que hicieron apología de ETA, ha seguido creciendo el paro en la capital o se fugaron inversiones millonarias.
Otra neologismo podría ser “Cuptasuna”, el proceso de batasunización que las CUP están expandiendo entre la sociedad civil de Cataluña. Los del partido que asesoran a Otegi nos regalaron un demonio-títere y un tuit con el grito “GORA DIMONI-ETA!” y luego en octubre un concejal de Badalona rompía una orden judicial a la puerta del Ayuntamiento. Mientras, en Barcelona estaban los que arrojaban cócteles molotov a los Mossos en los incidentes de Grácia y el portavoz de las CUP en Barcelona se las veía con la Justicia por haber coaccionado a un médico para que modificara un parte y recogiera que un vendedor ambulante había resultado herido por la Guardia Urbana. Y claro, ahí siguen los “Cuptasuna”: sin condenar expresamente el terrorismo de ETA y radicalizando la sociedad.
También 2017 seguirá siendo el año del “Pablismo” y del “IñigoAsíNo”, el hashtag con el que Echenique y los “pablistas” le amargaron la Nochebuena a Errejón en sus guerras tuiteras. De nuevo Monedero lo ha advertido: “Si Pablo cae, Podemos también (así que asegúrate que el voto vaya a la…FAMILIA)”. Para Errejón, que cada día que pasa tiene más cara de Kerensky, el próximo Vistalegre puede ser su “Vistadiós”. Ahora que se celebra el centenario de la Revolución Comunista Rusa, efeméride que a buen seguro los de Podemos festejarán con entusiasmo, hay un chiste que circula por las redes que afirma que “en Podemos, la guerra entre los bolcheviques y los mencheviques, la acabarán decidiendo los echeniques”.
Todo esto lo iremos viendo. ¡Y es que vaya año nos espera con esta izquierda radical y los independentistas de las banderas nacionalistas para niños en la Cabalgata de Reyes! Menos mal que después de 10 meses de bloqueo y de parálisis económica, los españoles tenemos al fin un Gobierno sólido, dialogante, moderado y responsable, comprometido con las políticas sociales, el empleo y la unidad de España. Porque frente al “populismo vendehúmos”, el de las soluciones fáciles a problemas complejos, sólo cabe el diálogo, el acuerdo, la seriedad y la unidad de las fuerzas políticas que sí creen en el futuro de los españoles….El de todos….ya lo dijo Frank en la película que da nombre al texto que nos ocupa….”Quién va a fiarse del que lleva cinturón y tirantes a la vez… sino se fía de sus propios pantalones”.