#EcuadorALevantarse

ecuadoralevantarseA veces un minuto puede cambiar el curso de la historia de un país y el de innumerables personas. En apenas 60 segundos la fuerza incontrolada de la naturaleza puede mostrar toda su crudeza, devastando literalmente superficies de varias decenas de kilómetros a la redonda, y ocasionando cientos de víctimas mortales y millares de damnificados. Ecuador eleva a más de 550 los fallecidos en el terremoto que sacudió su costa, el pasado sábado, dejando más de 4.000 los heridos.

Las imágenes de la tragedia son terribles: casas e infraestructuras completamente destruidas cuyos escombros lo cubren prácticamente todo, sepultando personas ya sin vida cuyos cuerpos tratan de ser recuperados, y buscando contra reloj, algún posible superviviente entre las ruinas. Resulta difícil llegar a imaginar qué se siente cuando todo el entorno empieza a vibrar y a desmoronarse con una brusquedad aterradora, cuando ves que el suelo se abre, literalmente, bajo tus pies y comienza a engullir casas, coches… personas.

Así se resquebrajó la zona oeste de Ecuador, junto a la costa, principalmente en las localidades de Manta, Portoviejo y Pedernales, lugares que suman el mayor número de fallecidos.
Creo que lo más terrible debe ser la doble incertidumbre que provoca no saber cuánto tiempo durarán las sacudidas y, principalmente, saber si se encuentra a salvo nuestra familia.

Una vez cesado el movimiento telúrico, llega la segunda fase del seísmo; el terremoto emocional. Ya no tiembla la tierra, pero sí lo hacen nuestro cuerpo y nuestra alma. Es el momento de tratar de reunir a la familia y de echarse a la calle a ofrecer las manos a todo aquel que lo necesite. Es el momento de la cooperación y la solidaridad.

España, una vez más, vuelve a volcarse con las víctimas de una tragedia. Y es que, sin duda, la solidaridad es un valor muy propio del pueblo español. Nuestro carácter empático unido a nuestro concepto de red familiar que hacemos extensivo a amigos y vecinos, nos lleva a volcarnos cuando alguien lo necesita; no importa si es dentro o fuera de nuestro país. No importa si se trata de un terremoto en Lorca, un accidente ferroviario en Compostela, un atentado terrorista, un vertido en Doñana o frente a las costas gallegas… No importa si es un terremoto en Ecuador, un seísmo en Chile, un huracán en Estados Unidos, un atentado en Europa o en Oriente, un brote pandémico en África o en Asia… La española, es una sociedad comprometida con las causas más diversas.

Es innegable el carácter solidario de los españoles; según el último informe de la Plataforma de Voluntariado en España (PVE), en nuestro país hay 5 millones de voluntarios. El estudio revela que un 10 % de la población realiza acciones de voluntariado actualmente, mientras que un 8 % asegura que las hizo en otro momento de su vida.

Además de ese carácter comprometido de la población, en general, hay otro grupo de españoles con un compromiso mucho más fuerte y permanente, se trata de los cooperantes y los misioneros. Actualmente, unos 2.500 cooperantes y 13.000 misioneros trabajan en proyectos diseminados geográficamente por todo el planeta. Una labor perseverante y muy difícil, en ocasiones, que admiro profundamente, y que lleva cuidados, progreso y esperanza a quienes más lo necesitan fuera de nuestras fronteras.

Cabe destacar, como dato curioso, que España es el país que más donaciones hace a las misiones, después de Estados Unidos, con una cifra en torno a los 18 millones de euros cada año.

En España existen unas 15.000 organizaciones solidarias. Las más numerosas son las que atienden a personas desde el punto de vista social, psicológico, educativo o sanitario.

El modelo español de ayuda y acción social se ha convertido en un referente para entidades de todo el mundo. Es el caso de Cáritas y el Banco de Alimentos, por ejemplo, que canalizan ayudas públicas y privadas para atender a miles de personas diariamente. También destacan otros organismos de cooperación internacional nacidos en España como Manos Unidas o la Fundación Vicente Ferrer, pero la lista es muy larga.

A través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se está prestando especial atención a proyectos en Latinoamérica, norte de África, región occidental de África subsahariana y Oriente Próximo.

Ecuador afronta su primera semana tras el terremoto y ya ha comenzado a recibir los primeros equipos internacionales de rescate especializados en búsqueda de desaparecidos. El gobierno español ha mostrado su apoyo inmediato, enviando el pasado lunes 80 expertos y 120 equipos móviles. La Comunidad de Madrid, ha vuelto a dar ejemplo por su rápida capacidad de respuesta, enviando con urgencia, numerosos efectivos y recursos a Ecuador, a través de la ERICAM (Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid).

Toda cooperación suma y es necesaria. Decía Alejandro Magno que de la conducta de cada uno, depende el destino de todos. Y créanme que así es. Con cada contribución solidaria se va tejiendo una estructura firme sobre la que pueden asentar las raíces de la recuperación los pueblos y las gentes, en aquellos momentos trágicos que así lo requieren. Ahora nos toca a todos arrimar el hombro y ofrecer ambas manos, nos toca ayudar a Ecuador a levantarse… (#EcuadorALevantarse)

UNA ESPAÑA CON ALMA

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“Me llamas tu vida, llámame tu alma; porque el alma es inmortal, y la vida es un día.”  Paul Charles Bourget

Cuando el cuerpo perece, las cenizas retornan a la tierra y el alma se eleva a los cielos. Creo en el alma con la misma vehemencia con la que puedo ser testigo de la existencia de la vida. Y, al igual que las personas poseen alma, también la tienen los pueblos y las naciones.

El alma de un pueblo es esa cualidad que trasciende del plano tangible y cuantificable, que sobrepasa casas, fuentes, tierras, calles, plazas… El alma es ese halo invisible que lo recorre, que forja el carácter de sus gentes, que empuja el hermanamiento, propicia la vecindad y que, a su vez, se sustenta de recuerdos, tradiciones y de amor por la tierra, por la patria y la bandera.

Son las ocho de la mañana, en Madrid es día de mercado. Amanece el dos de mayo. Mercaderes, artesanos, vecinos que han madrugado, forman bullicio en las callejuelas, algunos muy molestos y desconfiados ante la presencia de cientos de soldados franceses. Dos carruajes a las puertas del Palacio Real esperan a sus ocupantes cuando la voz del maestro José Blas Molina grita: “Traición”.

Aquélla fue la palabra que desencadenó una lucha descarnada contra uno de los mayores ultrajes que se puede cometer contra un pueblo… la traición. Fusilamientos, cargas, represión, arcabuceados… pero la mecha contra la ocupación del ejército francés y la traición de algunos propios, ya había prendido.

 “Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos que, so color de amistad y alianza, nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey. Procedan vuestras mercedes, pues, a tomar las más activas providencias para escarmentar tal perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alistándonos, pues no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son. Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.

Móstoles, dos de Mayo de mil ochocientos ocho.
Andrés Torrejón, Simón Hernández”

Así rezaba un fragmento de la proclama que lanzaron los alcaldes de Móstoles, aquella misma tarde del segundo día de mayo, alentando a sus vecinos a defender la amada patria.

Algunos historiadores, varios siglos más tarde, han concluido que ese carácter valiente e “indomable” con que siempre se ha descrito al pueblo español durante aquélla contienda y que fue el elemento que fraguó el empuje para echar del suelo español a los ejércitos de Bonaparte, tuvo más de leyenda que de realidad.

Naturalmente los capítulos de la historia no se escriben desde una sola perspectiva y es el conjunto de los pequeños y grandes acontecimientos el que contribuye al desarrollo de los países y a la construcción de la historia global.

Hoy, con frecuencia, cuando observo la realidad que nos rodea, me pregunto con tristeza ¿dónde se halla aquel sentimiento patrio? Nos estamos acostumbrando a ser testigos de constantes infamias contra nuestra bandera, nuestra constitución, la unidad y la defensa de España.

Algunas de las fuerzas políticas que han emergido de manera reciente y, por supuesto, los nacionalistas independentistas, han hecho del enarbolamiento de la bandera contra la patria, la parte central de su discurso.

A la memoria me vienen los datos de una encuesta elaborada por el CIS en 2014, encargada por el Instituto Español de Estudios Estratégicos, de la que se desprendía que, en aquel momento, tan solo el 16,3% de la población española lucharía por su país en el caso de que sufriera una agresión extranjera.

Aquella misma encuesta señalaba que en total, un 55,3% de la población española, rechazaría o se mostraría reacio a tomar parte en la defensa de España si fuera atacada. ¡Nada que ver con el tosco y vetusto pueblo español de 1808!

Y mientras, en la España moderna, aperturista y globalizada de nuestros días, esta misma semana, los constitucionalistas españoles, observamos con verdadera consternación, como la periodista catalana Empar Moliner quemaba un ejemplar de la Constitución en TV3, alegando su derecho a denunciar injusticias, indicando que nuestra Carta Magna no la representa y amprándose en el derecho a la libertad de expresión, tan reclamado últimamente, por muchos  que no respetan las libertades de los demás.

Y en este mismo escenario, la entidad Acció Cultural del País Valencià (ACPV) anuncia que ha organizado un acto el próximo 23 de abril en la Plaza de toros de Valencia, con el apoyo institucional de los gobiernos de Cataluña y Baleares, la Diputación de Valencia, los Ayuntamientos de Valencia, Alicante y Castellón, y las cinco universidades públicas de la Comunidad Valenciana.

Es más que triste el hecho de que algunos se empecinen en llevar a cabo una destrucción transversal de nuestras instituciones y, por extensión, de nuestro país, justificando su actitud y sus hechos en el ejercicio de la libertad y amparados en la Constitución, ésa misma que, por otro lado, dicen que no les representa.

Soy un defensor a ultranza de la libertad, pero una libertad en igualdad de condiciones para todos.

Soy un defensor a ultranza de la libertad, pero una libertad en igualdad de condiciones para todos. Una libertad cuyo ejercicio no suponga la agresión al espacio, las creencias, la identidad y la propia libertad de los demás. Y sé que es compatible, solo se ha de tener voluntad de querer encontrar la esencia de lo que nos une, en lugar de dar alas a lo que nos distancia.

Es el alma de los pueblos, esa que les forja una identidad común y propia, esa que favorece la vecindad y el entendimiento, la que, sin duda, debemos recuperar. Porque amigos, sin duda, el alma de un pueblo no es otro que un pueblo con alma y España la tuvo, la tiene y, sin duda, la tendrá.

 

POCO PAN Y MUCHO CIRCO

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“La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy”. Séneca

Ya lo decía Juvenal en su Sátira X: “panem et circenses”, qué fórmula tan sencilla para mantener al pueblo tranquilo; una de las más antiguas formas de populismo que aseguraba estómagos relativamente saciados y entretenimiento a base de espectáculo, para tener las conciencias felizmente adormecidas mediante la anestesia de la arena, el hierro, el sudor y la sangre de gladiadores y mártires. Si el poeta romano pudiera observar la actualidad, comprobaría que desde aquel año 100 A.D., hasta nuestro 2016, las cosas, desafortunadamente, no han cambiado tanto. Más de dos mil años después, seguimos retorciendo el pan y alentando el circo.

Estas últimas semanas, estamos asistiendo a un espectáculo que nada tiene que envidiar a los circenses de los tiempos de Julio César. Un circo de tres pistas, con las actuaciones estelares de Pedro Sánchez (en la pista central) y de Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Parece irónico que el Partido Popular, a pesar de haber ganado las pasadas elecciones, haya sido confinado a la “porta pompae”, ya que los otros tres grupos políticos han decidido bloquear cualquier tipo de conversación con Mariano Rajoy, para ver si en el plazo que establece la ley, son capaces de ponerse de acuerdo entre sí, y formar gobierno. El calendario avanza y los tiempos se van agotando, mientras, Sánchez, Rivera e Iglesias, escenifican una y otra vez un sainete lamentable, en el que se cruzan acusaciones y se representan paseíllos y pactos a tres bandas.

El miércoles el Congreso se transformó, de nuevo, en un circo. Los distintos grupos políticos urgían al Gobierno en funciones, a que diera explicaciones sobre los acuerdos y negociaciones llevados a cabo en el seno de los últimos Consejos Europeos. Eximido de toda obligación, precisamente por hallarse en funciones,  fue el propio Mariano Rajoy quien, a petición propia,  compareció ante el Pleno del Congreso.

Pero, ¿conoce la opinión pública el contenido de las explicaciones que el presidente del Gobierno ofreció en relación a los citados Consejos Europeos? Me atrevo a responder, probablemente en nombre de muchos ciudadanos, que no… Y ¿saben por qué? Porque el asunto que tanto urgía conocer a los distintos grupos políticos, quedó relegado a un segundo plano, cediendo todo el protagonismo al espectáculo de acusaciones, rifirrafes y gestos  precocinados que se vivió en el Congreso.

Fue el circo donde se representó la batalla del “todo contra todos”. Y, así, mientras Pablo Iglesias acusaba a Ciudadanos de “cuñadismo ideológico” con la extrema derecha, -después de que se presentaran a las elecciones europeas junto con el partido ‘Libertas’, Rivera le replicaba que a lo mejor el “cuñadismo” consistía en colocar a novias, amigos y familiares en los puestos de las administraciones.

El debate se transformó en un cruce constante de acusaciones a cuenta de la demagogia sobre  los derechos humanos y de la presunta financiación ilegal por parte de los regímenes de Venezuela e Irán al partido podemita. Sobre la arena del hemiciclo, cada céntimo de los más siete millones de euros que la fundación CEPS (vinculada a Podemos) cobró de Chávez,  cortaron de un tajo el prepotente discurso de Pablo Iglesias, jaleado por los diputados de la bancada podemita, como si del afilado hierro de una espada romana se tratara. Y es que… quien a hierro mata, a hierro muere.

Mucho circo y poco pan, porque mientras en Europa el gobierno del Partido Popular en funciones, sigue trabajando y decidiendo medidas y acciones importantes, en casa, PSOE, Ciudadanos y Podemos siguen enfrascados en un teatrillo que no conduce a nada, y que a medida que consume los tiempos, va jugando contra los intereses de España.

No ofrecen nada constructivo que contribuya a multiplicar el pan, solo propuestas que pretenden dilapidar la tarea del gobierno anterior. Un gobierno que algunos pretenden demonizar, en interés propio, pero que ha  supuesto “el gran cambio” real para nuestro país. El cambio hacia la recuperación económica y el desarrollo, el cambio hacia la  renovación de nuestro prestigio internacional, el paso de una posible intervención a liderar el crecimiento de empleo en Europa.

El poeta Décimo Junio Juvenal escribió dieciséis poemas que recopiló en cinco libros, en los que rebosaba la sátira con sabia maestría. En la Sátira V, mientras describe el acontecer cotidiano de un día en la ciudad de Roma, descubre al lector cómo observando de cerca la actividad de un orador, aprecia que la vehemencia con la que declamaba provocaba salivazos en la pechera de su toga. ¡Cuánto podía haberse inspirado en nuestro tiempo! Hoy, la vehemencia con la que algunos representantes políticos se manifiestan, provoca el mismo efecto, no sobre su toga, sino sobre nuestra Constitución, nuestra democracia, nuestra libertad y nuestra unidad… Lo dicho, poco pan y mucho circo.

CASI 300…

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“Vete. Regresa y dile a tu Jerjes que aquí se enfrenta a hombres libres”.  Leónidas, Rey de Esparta  (Batalla de las Termópilas).

La aritmética es una lógica no exenta de dificultades. Estos días se barajan muchas cifras: 130, 161, 199… y así hasta casi 300… Ni el mismísimo Frank Miller habría podido imaginar un escenario tan apretado en el Paso de las Termópilas. Tierras inhóspitas en las que los persas del rey Jerjes deseaban, a toda costa, alcanzar las tierras prometidas de Esparta. Jerjes no escatimó esfuerzos. Utilizó todo tipo de artimañas y, al final, fracasó. Hoy, Pedro Sánchez, se empeña, también, con fruncida obsesión en atravesar cualquier camino estrecho, por infranqueable que parezca, para alcanzar su Esparta personal: La Moncloa.

El miércoles Pedro y Pablo decidieron salir a caminar juntos, en un melancólico paseíllo bajo el sol primaveral madrileño. Ni Morante de la Puebla o Curro Romero podrían emular un paseíllo tan perfecto en sus mejores tardes en La Maestranza.

Todo estaba calculado. Era un postureo perfectamente medido: por dónde saldrían, cuánta distancia recorrerían, hacia qué lado mirarían para resaltar su mejor perfil ante la nube de fotógrafos y cámaras de televisión que aguardaban con impaciencia el momento decisivo que marcaría la conquista de Esparta. Sólo faltó el beso al más puro estilo Iglesias-Domènech.

Hablaron de series de televisión, de baloncesto, de literatura… Pero… ¿y de los españoles? ¿de la educación, del terrorismo, de los problemas de las familias? De eso parece que poco…o nada. Cuando los focos se apagaron sólo quedó clara una cosa: con la actual estrategia de pactos del PSOE, España está abocada a una repetición de las elecciones.

El líder de Podemos apostó por la vía “161 diputados”. Es decir, una deliciosa paella radical a la valenciana entre el PSOE, el pablismo-leninismo y la izquierda comunista, favorecida por la abstención activa de los independentistas. En un gesto insólito de generoso mártir de la Democracia, Pablo renunció a la vicepresidencia. Una vicepresidencia que aún no ostentaba. O sea, renunció a nada. Es como si usted, querido lector o lectora, dijera que renuncia a ser pareja de Angelina Jolie o de Brad Pitt, sin tan siquiera conocer en persona a ambos actores.

La vía 161 sería perfecta para hacer de España un país ingobernable. Con un Gobierno mantenido en la sombra por los defensores del comunismo más anacrónico y radical; que busque la ruptura de la unidad de España y el fin del actual sistema constitucional; más paro y aumento del gasto público con la consiguiente carga impositiva a las clases medias; y medidas enfocadas a un mayor intervencionismo del Estado en la vida de los ciudadanos. En definitiva, la desaparición del Estado de Bienestar actual.

En su interés personal por mantener el protagonismo político, Pedro defendió la insólita “vía 199”, es decir, un Gobierno tripartito entre el PSOE, Ciudadanos y Podemos. Una vía imposible porque dos de sus integrantes se reafirman en su mutua autoexclusión (al menos, de momento). Esto es como el agua y el aceite: son dos elementos aparentemente imposibles de ligar. La vía 199 sería un Gobierno antiPP y contrarrefomista, tal y como Sánchez admitió el miércoles. Un Gobierno sin políticas coherentes, de imposible convivencia que acarrearía una inestabilidad permanente.

De poco sirvió tan sonriente mañana ante las cámaras de televisión. Bueno, sí, para dos cosas. En primer lugar, para que Íñigo Errejón se enterara de que la purga en Podemos iba en serio y que no formaría parte de la comisión negociadora entre ambos partidos. Guárdese Errejón de los Idus de Marzo como le pasó a Julio César… porque cuando las barbas del amigo Sergio Pascual veas cortar… Y en segundo lugar, tan solemne paseíllo permite a Sánchez seguir aferrándose a la silla de Secretario General de su partido, una vez aplazada (ya veremos por cuánto tiempo) otra batalla: la de Despeñaperros.

Sólo faltó aquella plácida mañana de sol primaveral una cosa: se llama España. Los españoles vuelven a asistir como convidados de piedra a una representación teatral que olvida toda lógica: la única vía posible es la 253, una gran coalición constitucionalista. Porque lo que necesita España es un Gobierno sólido y transversal, sostenido por una mayoría parlamentaria de 253 diputados en el Congreso y la mayoría absoluta en el Senado. Liderado como no puede ser de otra manera, por el Partido vencedor en las Elecciones Generales, el Partido Popular.

Un Gobierno de corte moderno, europeísta, que habiendo recibido el mensaje de los ciudadanos, sepa cómo gobernar sin exclusiones, mirando al futuro con optimismo y sin complejos. Que contribuya a la consolidación de la recuperación y del liderazgo europeo en la creación de empleo. Que sea garantía de la defensa de la unidad de España. Un Gobierno que apruebe una nueva agenda reformista y de pactos de Estado. Que apueste por el fortalecimiento del Estado del Bienestar y el posicionamiento de España en Europa y el Mundo.

Tengamos muy presente que 7,3 millones de españoles dieron su confianza a Mariano Rajoy. Todos ellos merecen un respeto. No todo vale con tal de cruzar las Termópilas si detrás no hay nada más que fotos unidas a salvapatrias con agendas moradas. No todo vale si en las artimañas de nuestro particular Jerjes Sánchez sólo hay intereses partidistas y personales. No todo vale, en definitiva, si en el fondo se olvidan de lo más importante: LOS ESPAÑOLES.