CUARENTA DÍAS

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“La sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia.” Juan Pablo II

 

Día frío y la agenda repleta de gestiones que me han llevado a Madrid, desde primera hora de la mañana. Camino con paso rápido ya que, como casi siempre, el margen de tiempo del que dispongo es más que ajustado. Aun así, me permito observar los peatones con los que me voy cruzando por el bullicioso y cosmopolita paseo del Prado. Siempre me ha gustado contemplar los edificios y empaparme del entorno de la ciudad, porque es una buena fórmula para aprender cosas. Compruebo que Carmena, ha llenado todo el paseo de Prado y numerosas calles de la capital con banderolas de colores en las que se da la bienvenida al Nuevo Año chino. Y es que la alcaldesa podemita ha anunciado en uno de esos característicos arrebatos de diversidad cultural malentendida que padece de forma crónica, que Madrid volverá a acoger con un gran despliegue de medios y de presupuesto, la llegada del Año Nuevo chino, en unos festejos que acogerán Usera y Plaza de España, y que se extenderán, nada menos que desde el 9 al 29 de febrero.

El hecho de que se haga un guiño a la numerosa comunidad china que habita en la capital, es en su esencia un hecho positivo, lo indigno y lamentable, es la intencionalidad de tal celebración y, sobre todo, el vil sectarismo hacia el cristianismo, fe mayoritaria de los madrileños y los españoles, cuna de nuestra cultura, de nuestra historia y nuestras tradiciones y que sin embargo, es vilipendiado por la formación morada con tanto desprecio. Porque escudada tras ese falso apoyo a la diversidad cultural, la celebración del Año Nuevo Chino acapara todos los focos y portadas, mientras a la celebración de la Cuaresma cristiana que comienza el próximo miércoles 14 de febrero, con la imposición de la cecina, no se le ha dado la menor transcendencia. ¿Diversidad y pluralismo cultural? No, señora Carmena, más bien, rancio sectarismo. ¿Buenismo hacia otras culturas? No, señores de Ahora Madrid; más bien un plan estratégicamente estudiado para ampliar la red clientelar de Podemos y para colocar a sus afectos en direcciones artísticas o como dinamizadores culturales.

Me viene a la cabeza un mensaje que precisamente está circulando estos días por las redes sociales que dice: “El próximo día 14 comienza la Cuaresma para todos los católicos y no la ha anunciado ni un telediario, y como estoy harto de que me digan cuando empieza y termina el Ramadán, por eso lo anuncio yo. Más allá de ser nuestra religión, exijamos dignidad y respeto a nuestra tradición.” Pues quien dice el Ramadán, dice el Año Nuevo Chino. Porque la pluralidad consiste en tratar con igualdad y, sobre todo, con proporcionalidad y respeto al arraigo, y el gobierno de Carmena y, por extensión, los dirigentes y miembros de la formación morada, están ensalzando e impulsado celebraciones de culturas minoritarias y sin arraigo en nuestro país, mientras desprecian y tratan de aniquilar nuestras profundas raíces cristianas.

Ejemplos de su sectarismo los hallamos permanentemente, sin ir más lejos, en 2017, Ahora Madrid destinó 150.000 euros a promocionar la fiesta musulmana del Ramadán en la capital, lo que supuso tan sólo 25.000 euros menos de los dedicados a la Semana Santa. Además del apoyo económico, no se escatimó en apoyo institucional ya que tres concejales de Ahora Madrid promocionaron el Ramadán, mientras en la celebración cristiana no hubo ninguna representación institucional. ¡Eso es pluralidad!

Con asombro pienso qué acertado ha estado el Papa Francisco este año con su mensaje de Curesma, para el que se ha inspirado en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo, que dice “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. También de una forma oportunísima habla el Papa de los falsos profetas, diciendo que “son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. […] Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles…”

Estos cuarenta días que quedan hasta la celebración de la Semana Santa, los cristianos nos preparamos en este tiempo litúrgico tan especial de conversión y penitencia, para recibir la Pascua. Rememoraremos el ayuno y el sacrificio que hizo Jesús en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches, en una tradición cristiana que ya se celebraba desde los siglos II y III. Y, así, mientras otros se dedican a encantar serpientes, los cristianos nos prepararemos para recibir la Pascua porque es tiempo de Cuaresma.

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EL REY DE MI GENERACIÓN

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“No hemos llegado hasta aquí para temer al futuro sino para crearlo”.
FELIPE VI

Su Majestad el Rey ha cumplido cincuenta años. Medio siglo de trabajo abnegado, de esfuerzo personal y de preparación constante para poder llegar a ser proclamado Rey de España, esa España por la que siente patriotismo y amor a raudales, tal como trasciende a través de las imágenes y las palabras de las que hemos sido testigos durante cincuenta años. Pero Felipe VI no se ha preparado simplemente para alcanzar la monarquía, sino para ser un buen Rey para todos los españoles.

El 19 de junio de 2014, Felipe VI fue proclamado Rey ante las Cortes Generales, tras la abdicación de Don Juan Carlos, semanas antes. Llegaba, pues, su momento… el del cambio generacional. Un momento ciertamente complejo para la Monarquía, ante una sociedad exigente en materia de ejemplaridad y transparencia, cuyo reto principal era nada menos que afianzar la Monarquía constitucional logrando, de nuevo, el respaldo de una parte de la ciudadanía que se había vuelto muy crítica en los últimos tiempos. Y, por otro lado, un momento extremadamente complicado para España, en su conjunto, por el desafío secesionista de Cataluña, que alcanzó su momento más álgido el pasado 27 de octubre, cuando el Parlament declaró la “República Catalana”, lo cual suponía un ataque frontal a la unidad de España y, naturalmente, a la institución de la Monarquía Parlamentaria.

El pasado mes de octubre, Felipe VI tuvo que vivir su particular 23-F, esta vez como protagonista, lejos ya de aquella noche del año 1981 en la que su padre, el Rey Don Juan Carlos, le hizo permanecer despierto y a su lado, mientras se dirigía a través de la televisión a todo el país, sofocando el golpe de Estado que se había pretendido perpetrar desde la sede del Congreso de los Diputados. En esta ocasión, treinta y seis años después, y ya en plena madurez, el monarca dio una lección magistral de arrojo, valentía y sensatez, dirigiéndose a todos los españoles a través de la televisión, con un mensaje ejemplar y contundente en el que no dudó en hablar claramente sobre la conducta irresponsable de los líderes catalanes del procés, sobre quienes afirmó estaban “menospreciando los afectos y sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España”, alentando a los legítimos poderes públicos del Estado a garantizar el orden constitucional y la vigencia del Estado de Derecho. Naturalmente, los golpistas, siguieron con su hoja de ruta, llegando a proclamar la república catalana tres semanas después del discurso del Rey, pero para entonces, las palabras del monarca, ya habían hecho su efecto, inoculando el ánimo y la esperanza en una sociedad acosada y hastiada por las autoridades golpistas.

El Rey viajará a Barcelona este mes de febrero, para acudir al Mobile World Congress, una de las citas económicas y de proyección internacional más importantes del año para Cataluña. Y lo hará para apoyar con su presencia, la recuperación económica de la región. Para él, España es lo primero, y por ello, ha vuelto a Cataluña en repetidas ocasiones, a pesar de haber padecido más de una vez, encerronas y abucheos.

Pero este es el perfil de Felipe VI, el perfil de un Rey que está plenamente informado de la situación del mundo empresarial, político y social y es conocedor de sus proyectos e iniciativas. Que respeta y aplaude la diversidad cultural. Un Rey sobradamente preparado, capaz de hablar en el importante Foro Económico Mundial, celebrado en Davos hace pocos días, y sorprender muy positivamente a un auditorio de primerísimo nivel, conformado por empresarios y dirigentes políticos globales, por su carisma y sus claras y contundentes reflexiones sobre el respeto a la Constitución y la defensa del imperio de la ley, ante el problema del secesionismo planteado en nuestro país.

Pero, sobre todo, Felipe VI es el Rey de mi generación. Un rey cercano con el que hemos crecido y con el que nos identificamos plenamente toda una generación de españoles, que compartimos a través de aquella incipiente televisión que ya cobraba una importancia sin precedentes a finales de los años setenta, imágenes y recuerdos. Cómo olvidar aquella imagen de su cara de emoción al ser testigo de la coronación de su padre como Rey, cuando era un niño de siete años, y se abrían las puertas a un nuevo tiempo para España vinculado a la Transición. O aquélla otra, en la que hacía entrada en el estadio olímpico de Monjuic como abanderado del equipo olímpico español en los Juegos de Barcelona 92, transmitiendo una emoción y un orgullo del que todos fuimos partícipes.

Felipe VI ha crecido con cada uno de nosotros y con la percepción que tenemos de la más reciente historia de España. Siempre ha estado en el lugar que le correspondía, con las víctimas, y con las personas más vulnerables… En este cincuenta cumpleaños, le deseo un tiempo de prosperidad, de crecimiento y de paz, porque ello implica que sería así para España, para nuestra generación y, también, para las venideras.

CERROJAZO A LA TAUROMAQUIA

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“El torero sigue siendo mítico y, cuando expresa la valentía el pueblo se enardece y los viejos entusiasmos reaparecen”. Enrique Tierno Galván, Político, Sociólogo, Jurista y ensayista español

Cerrojazo del Gobierno de Manuela Carmena a la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, en el Batán de Madrid. El 24 de enero fue un día triste para los aficionados y amantes del mundo taurino tanto de Madrid, como del resto de España. Ese espacio de paredes blancas y suelo de arena, donde cientos  de jóvenes han encontrado, durante casi setenta años, un segundo hogar y con él una segunda oportunidad donde guarecerse de las tormentas que les acechaban, quedaba mudo esta semana. La Escuela de Tauromaquia del Batán, ha sido para muchos de ellos, un espacio vital de crecimiento, que les ha salvado de estar contra unas tablas, mucho más peligrosas que la de color grana de un burladero, ofreciéndoles la oportunidad y la esperanza, de vivir una nueva vida, lejos de la marginalidad social que muchos padecían, y que parecía abocarles, en algunos casos, al mundo de las drogas o la delincuencia, tal como ha explicado generosamente, el torero José Miguel Arroyo Joselito, co-director de esta Escuela de Tauromaquia.

Y es que tal como cabía esperar, por las continuas muestras de  sectarismo e ignorancia del gobierno de Ahora Madrid, el Ayuntamiento de la capital extinguía el contrato de las clases de una Escuela levantada en 1950, en la que se han gestado grandes maestros del toreo como El Juli, Miguel Abellán, Óscar Higares, Cristina Sánchez, o Uceda Leal, entre otros.

Pero, desgraciadamente, ya conocemos todos cómo funcionan los mecanismos sectarios de la formación morada, sustentados en una “persecución” obsesiva de todo aquello que les molesta, a lo que habitualmente llegan a enfrentarse con tintes de absoluto odio, que superan con creces el matiz del desprecio. Porque, queridos lectores, cuando Podemos, ya sea en su versión Ahora Madrid, o en cualquiera de sus fórmulas locales, “odia” algo, carga con todos los medios imaginables, para lograr su completa aniquilación. En eso consiste, básicamente, su sectarismo; en no respetar los gustos, las aficiones, los ideales, valores y tradiciones de los demás y, naturalmente, en tratar de borrarlos del mapa. El propio torero Joselito, lo ha definido muy bien estos días, cuando ha criticado que la ideología de Ahora Madrid parece aperturista pero «luego hacen las cosas porque les sale de las narices».

Carmena escudó su decisión con argumentos como la falta de presupuesto para sostener esta Escuela, cuando la realidad es que el coste de su mantenimiento es nimio, si lo comparamos con las cifras que engrosan otras partidas presupuestarias del Ayuntamiento de Madrid, destinadas a cultura alternativa, que se distancian enormemente de nuestra fiesta nacional, arraigada tan profundamente en España. Sin embargo, cifras y justificaciones aparte, de todos es conocido, el enorme desprecio que el Gobierno municipal de Carmena, siente hacia la tauromaquia, sin duda, motivado por su sectarismo e ignorancia.

Pero, naturalmente, el odio suele resultar cegador y siempre invita a la ignorancia, porque cuando hablamos de tauromaquia, abarcamos un espectro que va más allá de los espectáculos taurinos como corridas de toros o  encierros. La tauromaquia es arte, es cultura, es turismo, es economía y es empleo. La industria cultural de la tauromaquia supone mayor desarrollo para  una economía, como la española, que necesita del apoyo de todos aquellos sectores que sean capaces de generar empleo y riqueza en nuestro país.

En este sentido, hay que tener en cuenta desde el punto de vista del sector agrícola y ganadero, que existen empleos de oficios tradicionales y de artes, que se siguen manteniendo gracias tanto a la tauromaquia, como a todas aquellas actividades primarias relacionadas, que son su sustento, tales como el campo y la ganadería del toro bravo.  Cada año, 40 millones de personas acuden en nuestro país a espectáculos taurinos, llegando la cifra a 60 millones, en todo el mundo.

La fiesta nacional expresa valores universales y forma parte del patrimonio cultural digno de protección en todo nuestro territorio, ya que es indisoluble de nuestra cultura popular. El arte del toro, no está presente exclusivamente en la tauromaquia, sino que ha sido acogido por otras artes, como la literatura, la pintura, la arquitectura…

El ataque frontal de Podemos a la fiesta nacional, supone un ataque a nuestra cultura, lengua, tradición, economía, ecología y, naturalmente, un liberticidio hacia quienes no piensan y sienten según su estricto ideario.

En contraposición, desde el gobierno regional de la Comunidad de Madrid, se están potenciando e incentivando todos aquellos valores que envuelven la fiesta taurina, como símbolo cultural de nuestro patrimonio cultural y de idiosincrasia como pueblo; por su importancia turística y económica y, naturalmente, por su capacidad de generar empleo y oportunidades a jóvenes que, muchas veces, viven en situaciones límite de marginalidad. La Escuela Taurina del “Yiyo” en Las Ventas, es sin duda, el mejor ejemplo.

Espero que esa escuela de paredes blancas y suelo de arena, levantada en 1950 que ha sido segundo hogar de jóvenes sin grandes esperanzas, y que tantas grandes figuras del toreo ha dado, pueda reabrir sus puertas de nuevo en breve, para volver a ser refugio de personas y de arte.