EN EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS

niña llorando cara tapada

“El niño perdido llora, pero sigue cazando mariposas”. Goethe

Recuerdo y, seguramente vosotros también lo haréis, cuando en televisión se solía advertir a los telespectadores de la dureza de las imágenes que en un momento determinado se iban a emitir, ya que podían herir la sensibilidad de algunas personas. ¿Lo recordáis, verdad? Yo, sí.

Desgraciadamente, el momento histórico en que vivimos nos ha arrastrado hasta sumergirnos en mundo en el que informaciones e imágenes de una atrocidad inhumana deambulan de forma cotidiana por las redes sociales y por los medios de comunicación. Parece como si un hipnótico ritmo continuado de exposición a tales horrores, nos hubiera anestesiado el estómago para eliminar las náuseas, el corazón para endurecer nuestras ya casi impávidas reacciones, y la razón para cauterizar cualquier signo de expresión y de acción contra la indignación, la violencia y el salvajismo.

Sin embargo, yo no quiero creer que sea así, y me revuelvo contra cualquier corriente de conformismo o de pereza moral que nos avoque a asumir tragedias salvajes. Y alzo mi voz para solidarizarme con todas las víctimas de la violencia, con todas, pero hoy de forma especial, con los niños; con todos aquellos pequeños que padecen abusos, vejaciones, acoso y que en muchos casos, terminan perdiendo la vida de la forma más cruel y despiadada.

Estos días, el horror ha vuelto a hacer protagonista a una niña. Alicia era una pequeña que apenas había tenido tiempo de estrenar la vida, cuando alguien decidió arrebatársela. Con diecisiete meses, como todos los bebés de su edad, ya había comenzado a dar sus pasos con más firmeza, a incrementar el número de palabras que sabía balbucear y a sentirse más independiente; toda una personita con ganas de afrontar “solita” muchos de los retos que le planteaba su día a día: jugar, entender cuentos y hasta manejar la cuchara para comer sin la ayuda de mamá.

Pero la pequeña Alicia no tuvo la oportunidad de recorrer su camino porque un desalmado decidió terminar con ella, lanzándola contra una ventana cuyos cristales rompió con su diminuto cuerpo, cayendo al vacío desde un primer piso. Sobrevivió a la caída, pero no pudo superar las lesiones del impacto y, finalmente, falleció.

¡Cuánto dolor y cuánta impotencia! ¿Qué puede pasar por la mente de alguien para arrojar por una ventana a una pequeña indefensa? Jamás se podrá hallar respuesta, porque no entra dentro de la esfera de lo humanamente entendible.

Pero sí es posible y es nuestra obligación, que el asesinato de Alicia, o de Diego, de Marta, de Sandra…de todos y cada uno de los menores asesinados o llevados al suicido, no caigan en el olvido y queden sin resolver. Está en nuestras manos establecer y reactivar todos los mecanismos para que las investigaciones se lleven hasta el final, se haga justicia y los culpables cumplan sus condenas.

Deseo que el horror no se convierta en un compañero más de nuestro  camino. Que no asumamos la violencia sino que nos dejemos el alma en tratar de erradicarla. Cualquier forma de violencia es una atrocidad,  pero la que se ejerce contra los pequeños, más indefensos, supone un dolor tan inmenso que resulta imposible cuantificar.

Es nuestro deber proporcionar protección a los más débiles e indefensos.  Que los únicos niños perdidos sean aquellos pequeños personajes de cuento que habitaban en el “País de Nunca Jamás”.

 

Es vida, es Navidad

es vida es navidadÉrase una vez, un noble caballero que vivía en un castillo…
-Abuelo, esta noche no quiero que me cuentes un cuento.
-¿Ah, no? ¿Y eso cómo es posible? Siempre dices que sin mi cuento no puedes conciliar el sueño.
-Y así es, abuelo. Pero esta noche quiero que me cuentes… Quiero saber cómo era la Navidad. Por favor, abuelo. ¡Cuéntame todo! ¡Quiero conocerlo!
-Está bien, ya que tanto insistes…

De esta manera podría comenzar a escribir un relato, en un futuro no muy lejano, si los hombres y mujeres de bien no plantásemos cara hoy, a los “nuevos” gobiernos de izquierda que buscan atrincherarse en muchas de nuestras ciudades y comunidades autónomas.

Nuevos gobiernos que huelen a añejo, a ideas trasnochadas, a odio por la patria y desprecio absoluto y desmedido por nuestra cultura y tradiciones. Nuevos mandatarios que tras la mascarada de erigirse como “libertadores” del pueblo, no buscan sino esclavizar sus voluntades, manipulando la historia, tergiversando la realidad, e hipotecando el futuro de todos los españoles.

¿Qué clase de broma cruel es ésta? ¿Se puede libertar a un pueblo que ya es libre y disfruta de una democracia constitucional madura? Esos que dicen defender la libertad, no han hecho otra cosa más que “imponer”, desde que han llegado al poder. En un país libre, tienen cabida todas las voluntades e ideologías que no atenten contra la moral y la ley; y, por tanto, todas deben respetarse. Estos nuevos mandatarios anacrónicos están esforzándose hasta límites insospechados en ridiculizar nuestras raíces cristianas, en mofarse de las tradiciones que durante siglos esas raíces han ido tejiendo en nuestra tierra y en nuestras gentes.

No se trata de una actitud irrespetuosa de forma global hacia costumbres, ideas o religiones, porque no vapulean el islamismo, el judaísmo, el budismo… No, no nos equivoquemos, es una lucha particular y un ataque frontal contra el cristianismo.

Por eso, no asaltan mezquitas –por ejemplo-, pero sí capillas; por eso en el Ayuntamiento de Madrid, Ahora Madrid ha destinado el mismo presupuesto (150.000 euros) a la Semana Santa, que al Ramadán o al Año Nuevo chino, cuando estas otras culturas no han tenido el mismo calado en la cultura y las tradiciones europeas, a lo largo de siglos de historia. Por eso, Podemos quiere impedir la presencia de la Legión en la Semana Santa de Málaga o que se celebren funerales militares en iglesias católicas. Por eso, el alcalde de Valencia ha obligado a retirar todos los símbolos cristianos del cementerio y del tanatorio municipales. Por eso, la alcaldesa de Madrid, ha vetado la participación de los niños de un colegio católico concertado en la Cabalgata de Reyes. Por eso, en Valencia, se ha celebrado una “Cabalgata” republicana en la que tres “reinas magas” – Libertad, Igualdad y Fraternidad-, han sustituido a Melchor, Gaspar y Baltasar, ante la mirada asombrada de unos niños estupefactos y de muchos mayores indignados. Etc., etc.

Por todo ello, debemos plantar a cara, ante tanta insolencia. No debemos tener miedo a manifestar públicamente nuestros valores y a defender nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestras creencias.

Debemos seguir esperando que con cada comienzo de la estación invernal, la Navidad llegue a las ciudades, a los hogares y, lo más importante, a las personas. La Navidad es, en realidad, un sentimiento, un estado del espíritu, por eso llega a las personas.

En nuestras manos está defender y cuidar la Navidad; protegiéndola y dándole impulso desde diferentes ámbitos e instituciones, y haciendo que su verdadera esencia perviva en nuestros hogares, a través de los jóvenes y los niños.

Que nunca un niño tenga que pedirle a su abuelo que le cuente cómo era aquello que llamaban Navidad. Es tiempo de seguir sembrando valores como la Paz, la Humildad, la Familia, la Fraternidad, el Respeto, el Amor… Es tiempo de vida, porque vida es… Navidad.