EL CASOPLÓN

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“El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.”  Antonio Machado

Disculpen la expresión pero no hay nada peor que escupir hacia el cielo, porque más pronto que tarde aquello que se espeta, acaba cayendo en la frente. Este tipo de ejercicio suele ser crónico en los demagogos de izquierdas, acostumbrados a emitir sentencias sobre cualquier asunto con una suficiencia moral y un rencor tan enfervorecido que parece trastocar su capacidad de raciocinio, la cual pongo en duda noventa y nueve de cada cien veces.

Pues, como no podía ser de otra forma, el rancio líder de la izquierda radical que en nuestro país representa Podemos, el gran jefe coleta morada, Pablo Iglesias, es campeón en demagogia, en hipocresía, en incoherencia y, naturalmente, en escupir hacia arriba. Y le ha caído de bruces, en plena frente, el chalet a todo lujo que se ha comprado con su pareja y compañera de filas, Irene Montero, en la sierra madrileña. Nada menos que un casoplón valorado en más de 600.000 euros, con casa para invitados, piscina y parcela de 2.300 metros cuadrados.

¿Qué va a decir ahora Pablo Iglesias en sus mítines cuando levante el puño cerrado contra la casta, contra el capitalismo y el liberalismo? ¿Podrá mirar a la cara de ese rebaño de votantes a los que constantemente manipula con palabras vacías que contradicen el ejemplo que predica con los hechos?

Pablo Iglesias debería dimitir. No por comprarse una casa, ni tan siquiera porque la vivienda sea de lujo, sino porque siempre ha predicado de forma enfervorecida y casi levitando por el éxtasis de escucharse a sí mismo, que un político nunca debía vivir en un chalet, ya que ello suponía “vivir aislado” de las clases medias y bajas, lo que resulta incompatible a la hora de comprender sus problemas y defender sus intereses. Por eso, Pablo Iglesias, siendo coherente con su propia exigencia, debe abandonar la política.

Pablo Iglesias debería dimitir. Porque en 2012 criticó muy duramente al ministro Luis de Guindos por haberse comprado un ático valorado en 600.000 euros, casualmente, cifra equivalente a la que le ha costado su casoplón.  En aquel entonces orquestó una campaña contra De Guindos, preguntando con inquina en sus redes sociales si los ciudadanos españoles entregarían la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo. Y yo me pregunto ahora, siguiendo el rasero del propio Iglesias, por qué los españoles iban a querer entregar la política entera de un país a quién se gasta semejante cifra en una vivienda de lujo.

Pablo Iglesias debería dimitir por vergüenza torera, y es que algunos miembros de su partido, se han quedado tan estupefactos al conocer la noticia que dudaban de su veracidad. Pues sí, señores podemitas, señores indignados, señores contra la casta, contra la libertad (salvo la suya propia), contra el esfuerzo y la meritocracia, contra la propiedad privada… qué más tiene que hacer Pablo Iglesias para demostrarles que por un lado cierra el puño y por otro pone la mano. En los próximos días deberá quedar reflejada en el portal de transparencia de su partido, la cuestión de la financiación de la vivienda. A ver con qué nos sorprende el líder anarcocomunista y, si los suyos, vuelven a tragar con su jarabe de palo democrático.

Pablo Iglesias debería darse de baja de su partido, ya que sus acciones chocan frontalmente con la defensa que Podemos hace de la igualación social a la baja y en contra del esfuerzo personal para prosperar y poder adquirir bienes en un mercado libre. También el hecho de querer criar a sus hijos gemelos que vienen de camino, en un entorno privilegiado en tranquilidad, situado en plena naturaleza, se opone a los preceptos podemitas que abanderaba Anna Gabriel, sobre la crianza en tribu. Demasiadas contradicciones, Pablo. Demasiada incoherencia. Demasiado escupir al cielo.

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