CATALUÑA, A PIE DE URNA

CATALUÑA A PIE DE URNA

“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.” El Quijote

 

Regresaba en tren desde Barcelona de madrugada, tras una larguísima jornada en un colegio electoral de Hospitalet, en la que he cumplido con todo orgullo, con el requerimiento y la responsabilidad de ejercer como apoderado en las elecciones catalanas del 21 de diciembre. Es muy tarde, pero apenas puedo conciliar el sueño durante unos minutos y no se debe a la luz interior del vagón o al sonido de algunas voces de compañeros que susurran las vivencias del día, en sus respectivos colegios electorales. No puedo dormir porque mi mente no para de recordar instantes, personas y frases que me han sacudido a lo largo del día, y que no dejan de llegar a mi consciente, como si necesitara grabarlas en mi memoria, por algún motivo. Miro hacia el exterior del vagón. Todo está oscuro, aunque de vez en cuando, el horizonte nos regala un enjambre de luces multicolor, allá en la distancia, dibujando el mapa de las ciudades y pueblos que vamos dejando atrás, a medida que avanza nuestro trayecto hacia Madrid.

Hoy, todo el mundo habla sobre los resultados de las elecciones, el número de votos y los posibles escenarios de gobierno. Todos hablan de lo que ocurriría si Puigdemont regresara a España o de la compatibilidad de que determinados sujetos que están en la cárcel por mandato judicial ante sus ilegales acciones para perpetrar un golpe de Estado encubierto bajo un referéndum anticonstitucional, pudieran ejercer, de nuevo, la responsabilidad de un cargo público.

Pero yo no voy a hablar de ello. Quiero hablar de seres humanos, de personas como usted y como yo, que cada día viven en Cataluña bajo un estado de sitio permanente ya que carecen de libertad para hablar, para expresarse… y en definitiva, para vivir tal como debieran en un estado moderno, democrático y constitucional, como lo es España.

La jornada electoral fue tranquila, aunque no faltaron algunos momentos de tensión puntuales, porque siempre acaba uno tropezando con algún ser sin escrúpulos y sin vergüenza. Un ser de esos que destilan radicalismo, intransigencia y agresividad por cada poro de su piel y que, lógicamente, tienden a actuar en manada, para amedrentar mediante la violencia física o verbal a aquellas personas que piensan o sienten diferente.

Nada más llegar a Hospitalet, mientras un pequeño grupo de apoderados del Partido Popular, esperábamos en la calle a que nos indicasen nuestro colegio electoral de destino, un taxista estuvo a punto de provocar un accidente, mientras se acercaba peligrosamente a la mediana de una avenida, para propinarnos toda clase de insultos que, naturalmente, no viene al caso reproducir.

Ya, ubicados por pares en distintos colegios de la zona, he de reconocer que el ambiente resultó bastante tranquilo, si bien hubo un momento de tensión que finalmente se resolvió cuando mi compañero y yo mantuvimos firme nuestra posición. Y es que un apoderado de otro partido político nos indicó con “buenas maneras”, que si desde otra formación política nos invitaban a retirar la imagen de la bandera de España que lucíamos en nuestros “escapularios” de apoderados,  debíamos hacerlo porque podrían impugnar nuestra presencia, ante la Guardia Urbana que vigilaba por seguridad el recinto, y echarnos del colegio electoral. ¿En serio creen queridos lectores, que este humilde alcalde y mi compañero de jornada, habríamos escondido nuestra amada bandera de España? ¡Jamás! Nos mantuvimos firmes y nadie volvió a increparnos nada al respecto. Sin embargo, en otros colegios, los roces y las disputas por portar la imagen de la bandera de España, fueron más enérgicos, aunque ninguno, que yo sepa,  se saldó afortunadamente, con la retirada de nuestra bandera. Me resulta absolutamente inconcebible que estando en la propia patria, otro ciudadano español, por mucho que reniegue de su españolidad, pueda tratar de obligarte a que te deshagas de la bandera nacional. Lamentable y, sobre todo, muy triste.

Pero aún, más tristes, fueron los testimonios de vida, de algunas personas de la localidad con las que pude conversar detenidamente. El propietario de la cafetería donde hice un paréntesis para comer, me mostró con orgullo una botella decorada con la bandera de España recortada por la silueta de un toro, que lucía junto a otras botellas en un estante de madera. Se sentía orgulloso de aquel vidrio decorado, pero era lo único que se atrevía a tener a la vista, ya que como propietario de un establecimiento de hostelería, debía mostrarse absolutamente aséptico, ya que cualquier manifestación explicita de amor por España, le podía costar un auténtico disgusto, me confesó con una melancolía de esas que aguan los ojos y entrecortan la voz.

Más tarde, en el colegio electoral, un joven que se animó entablar unos minutos de conversación conmigo, me dijo una frase que se me viene constantemente a la memoria: “…yo ya solo hablo de pasteles.” Le sucedió que un día, estando en el trabajo, un compañero le preguntó abiertamente si estaba a favor de la independencia de Cataluña y él le contestó que no, que se sentía catalán y, a la vez, español. Confesó que había tenido suerte porque los puños de su compañero no lograron alcanzarle y que, por fortuna, la actitud violenta y radical le llegó a costar al independentista su puesto de trabajo. Sin embargo, el ambiente laboral estaba, en general, muy radicalizado y enrarecido y que por ello, desde entonces, había decidido solo hablar de pasteles, como quien habla del tiempo.

Después de compartir tantas horas en el recinto escolar, uno de los agentes de la Guardia Urbana que vigilaba por el buen desarrollo del proceso electoral, también se atrevió a contarme que muchos catalanes estaban extenuados por vivir coartados y perseguidos por sentirse españoles y no querer renegar de la unidad de España.

Son los rostros que se esconden detrás de cada uno de los votos que cientos de miles de catalanes que no quieren renegar de España, depositaron en las urnas el 21 de diciembre. La situación en Cataluña es extremadamente compleja porque requiere alcanzar el punto de equilibrio entre  un esfuerzo extraordinario de diálogo y generosidad y, por otro lado, mantener fielmente la firmeza y la contundencia que exige la ley.  Ellos merecen todo nuestro esfuerzo, no podemos permitir que se resignen a hablar solo de pasteles…

Anuncios

GASTRONOMÍA DE MADRID, SÍ GRACIAS

alimentos_de_madrid

“La cocina es alquimia de amor.” Guy de Maupassant

 

Dijo el genial Ernest Hemingway que “Madrid rebosa literatura, poesía y música por sus cuatro costados, tanto, que ella misma es un personaje literario” y cuánta razón tenía. Madrid, crisol de culturas, cruce de caminos y de ríos de asfalto, populosa, solidaria, señorial y escalón al cielo; rebosa de ella misma y, entre arte y letras, Madrid también rebosa gastronomía.

Madrid es afortunada por su céntrica situación geográfica dentro del mapa de España, lo que unido al magnífico sistema de comunicaciones tejido desde el kilómetro cero, hacia los puntos más periféricos de la península, han dotado a sus mercados y plazas de abastos,  de los mejores productos, más frescos y de mayor calidad, traídos a la capital desde los pastos del norte, las campiñas del sur y de la meseta, las vegas mediterráneas o las huertas más orientales y, naturalmente, de los puertos y lonjas de los mares que nos rodean. No en vano siempre se ha dicho que Madrid era el mejor puerto de toda España.

Pero la región de Madrid es rica en recursos propios agrícolas y también ganaderos, por lo que a los madrileños, solo nos falta sacar pecho y tirar de ese sano “chulerío castizo” que nos caracteriza, para impulsar y promocionar los productos típicos de Madrid.

Madrid es una excelente tierra de vinos, así lo acreditan las cuarenta y ocho bodegas que conforman la Denominación de Origen (D.O.) Madrid, con sus correspondientes ciento treinta y cinco marcas. Más de tres mil viticultores madrileños dedican 8.877 hectáreas a la producción de uva para el vino D.O. de Madrid, cuyo principal destino es la exportación a países como Estados Unidos, Alemania, China, Suiza, Bélgica y Dinamarca, entre otros. Merece la pena destacar el dato de consumo en Estados Unidos, como primer país de destino de los caldos madrileños, al que en 2016 se exportaron 3.707 hectolitros, frente a los 646,56 que se exportaron a Alemania, segundo país de destino.

España es cuna de algunos de los mejores vinos del mundo, y los madrileños debemos aprender a compartir el protagonismo en nuestra mesa, de los vinos de Madrid, con el de otras regiones con caldos de renombre, porque solo así, nuestros propios vinos, podrán alcanzar la cota de reconocimiento popular que merecen.

La agricultura, sigue siendo una pieza clave de la economía y el desarrollo, en los países mediterráneos y, la Comunidad de Madrid, está dando un gran impulso a este sector, en su ámbito territorial de competencia. El Programa de Desarrollo Rural que gestiona la Dirección General de Agricultura, está dotado con más de 120 millones de euros, para en el período 2014 a 2020, impulsar la mejora, modernización y sostenibilidad de las explotaciones agrícolas y ganaderas, a la vez que se busca la generación de empleo vinculado a la agricultura, y el cuidado y la protección de los ecosistemas agrícolas y forestales. Además, se está llevando una apuesta muy importante a la hora de impulsar el producto certificado con la M de Madrid, como sinónimo de calidad y de prestigio.

En la zona suroeste de Madrid, agricultores y ayuntamientos de catorce municipios se han unido para conformar la asociación La Garbancera Madrileña. Su principal objetivo ha sido recuperar el garbanzo autóctono de la comarca (garbanzo de Madrid), cuya producción se había perdido en las últimas décadas debido a la delicadeza de su cultivo. Gracias a la colaboración del IMIDRA, a partir de varios de kilos de semillas congeladas, este año se ha podido obtener una cosecha de 30.000 kilos, que prácticamente se ha agotado, a los pocos meses de su recolección. Ahora, por parte de La Garbancera, queda seguir trabajando para duplicar la próxima cosecha e incentivar el consumo de esta legumbre tan especial, considerada como una auténtica delicatesen, por su textura mantecosa y untuosidad,  de modo que los madrileños podamos saborear algunos de nuestros platos más típicos, como pueden ser el cocido o los callos con garbanzos, disfrutando del auténtico garbanzo madrileño. Sería una auténtica pena, que disponiendo de una joya gastronómica como este garbanzo, continuásemos consumiendo garbanzos importados de lugares tan dispares como Canadá o Marruecos, entre otros.

Madrid se mueve y rebosa, y con ella, nuestra gastronomía cuyo mayor exponente puede apreciarse en el sector de la restauración. Madrid es calidad; y hosteleros, restauradores y emprendedores de este sector, han comenzado a moverse de forma realmente activa, para sacar pecho por nuestra gastronomía. Encontramos ejemplos en las distintas propuestas de ferias, certámenes y rutas, en la renovación y modernización de los mercados tradicionales en los que ahora se fusiona el concepto de compra y el de degustación de los productos, o iniciativas como la de la Asociación de Hosteleros de la Plaza Mayor de Madrid, en el marco del cuarto centenario de su construcción, en las que proponen el disfrute de recetas tradicionales de Madrid, entre ellas, por supuesto, el cocido o los callos.

La ciudad de Madrid y los bellos municipios que cuajan su geografía, rebosan gastronomía de calidad, absolutamente madrileña. Ahora, nos toca a los madrileños, aprender a apreciarla como  merece, disfrutarla y enseñar al resto del mundo, ese cuarto tesoro que Hemingway no mencionó en su cita, pero del que sabemos disfrutaba al máximo, cuando visitaba Madrid.

POR QUÉ SOY CRISTIANO

por_que_soy_cristiano

“Existen mil caminos por los cuales andar, pero sólo uno nos conduce a la vida eterna.”
Jesucristo

Anduvo por la Tierra hace 2017 años y lo hizo cubriendo sus pies con las humildes zapatillas de esparto de un carpintero;  caminando sobre las aguas como pescador de hombres;  errando por las arenas del desierto durante cuarenta días y cuarenta noches; pisando triunfalmente el suelo de Jerusalén; o con sus pies descalzados, llagados y ensangrentados, mientras encaminaba sus pasos hacia el Gólgota…hacia el martirio de la Cruz. Caminó… caminó durante 33 años de vida, hacia su único destino. Y con cada paso, dejó tan profunda huella, que más de dos mil años después, su historia está tan presente en nuestras vidas, como en el mismo instante en que Él la vivió.

Jesús de Nazaret es el personaje más bello, maravilloso y fascinante de la Historia de la Humanidad. Es el gran Misterio… Con frecuencia reflexiono sobre cómo una persona que vivió hace dos milenios, en una época en la que no había cámaras, radios, periódicos, ni redes sociales… ha podido llegar hasta nuestros días de una forma tan viva y tan cercana. La respuesta no está en los libros, sino en el corazón. Y es que uno se puede acercar a Cristo a través del conocimiento, pero solo se llega a Él, a todo Él, a través de la fe y del amor.

Soy cristiano y alzo la voz para proclamarlo con toda claridad a los cuatro vientos. Soy cristiano porque sólo en Cristo descubro la fortaleza, la esperanza, el amor… y tantas sensaciones y sentimientos bellos e increíbles, que me rebosan. Es una plenitud que se queda pequeña dentro de mi cuerpo y parece que necesita trascender para expandirse y llegar a los demás, a través del mensaje y de las obras, siguiendo las enseñanzas que Él nos regaló.

El cristianismo es mucho más que una simple religión, es una forma de entender la vida. Surge de la relación personal e íntima con Dios, a través de Jesús, y se basa por completo en el Amor. Porque no hay mayor acto de amor, que entregar la vida por los demás. Y Dios se encarnó en Jesús para morir en la Cruz por nuestros pecados. Esa es la verdad, la única verdad. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí.” (Juan, 14).

El destino de Cristo fue morir en la Cruz, pero no lo hizo de forma gratuita. Su crucifixión fue el castigo impuesto por su valentía, por haberse atrevido a enfrentarse a los poderes terrenales establecidos, ofreciendo a los hombres una enseñanza magistral con cada paso, con cada acción, con cada gesto, con cada palabra.

Él enseñó a los hombres la lección de la humildad, del sacrificio y de la lealtad. Despreció las riquezas materiales para abrazar la riqueza del espíritu. Nos hizo ver la importancia que tenía compartir con los demás lo poco que tuviéramos, aunque fueran unos humildes panes y unos peces. Nos mostró que jamás hay que lanzar la primera piedra y que siempre hay que poner la otra mejilla. Lavó los pies a sus discípulos y nos regaló en su Última Cena el milagro del Pan y el Vino, por siempre, para todo el que crea. Jesús nos enseñó a perdonar la traición, a vencer el miedo y a superar tentaciones.

El cristianismo se ha extendido por el mundo a lo largo de dos mil años, llevando el mensaje del amor y de la esperanza, a los hombres, a través de la fe. Sobre el cristianismo se enraíza la cultura occidental a partir de la que hemos crecido y avanzado como sociedad, ya que las enseñanzas de Jesús han contribuido de forma fundamental e imprescindible en el desarrollo de la Historia.

Soy cristiano porque un día mis ojos se encontraron con los de Jesús y en aquel mismo instante comprendí que ya nunca más desearía apartarme de su mirada. No existen palabras ni capacidad humana para describir la aflicción que me embarga cuando pienso en el horrendo sufrimiento que tuvo que padecer mientras recorría el camino hacia el monte del Gólgota, mientras era brutalmente torturado, hasta alcanzar el descanso expirando clavado en la Santa Cruz. No sé si algún día seremos capaces de comprender semejante sacrificio por amor, por amor a los hombres. Él dijo “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 13:34) y a Él le debemos cumplir su Mandamiento.

El Amor se hizo carne y, al tercer día,  trascendió del dolor de la Cruz y la muerte, a la vida y la esperanza. Él nos enseñó el camino, a través de la verdad para alcanzar junto al Padre la vida eterna. Yo, soy cristiano, amo a Jesús y abrazo su camino, la verdad y la vida.

TIEMPO PARA JUGAR

Timpo_para_jugar

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir. Nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.” Jean Jacques Rousseau

 

Inauguramos el mes de diciembre y con él, nos preparamos para recibir uno de los períodos más bellos del año: la Navidad. Tal vez parezca un poco temprano para escribir sobre ella, sobre todo, si no se hace con la finalidad de incentivar el consumo, pero la realidad es que dentro de pocos días, todo serán prisas, preparativos y compras y, entonces, quizás ya sea demasiado tarde para reflexionar sobre el verdadero espíritu de la Navidad. Además, los cristianos, comenzamos a celebrar el primer domingo de diciembre, el Adviento (Adventus Redemptoris), preparando nuestro espíritu para el nacimiento de Cristo. Así pues, es el momento es perfecto…

Hastiado en gran medida por la monótona actualidad que los medios de comunicación están obligados a transmitirnos fieles a una realidad que parece codificada en aburrido y reiterativo código morse, de repente, una cancioncilla despierta mi atención. El mundo se detiene por un instante y levanto los ojos posados en la pantalla del móvil, para direccionarlos hacia la del televisor. ¡Qué recuerdos! Tarareo mentalmente la melodía… “Las muñecas… se dirigen al Portal….” Pero en pocos segundos, exactamente los 33 que dura el anuncio de la campaña de esta Navidad de esa conocidísima firma de Juguetes española, he dejado de tararear para tratar de asimilar el mensaje que este año han lanzado a la sociedad. Precioso mensaje; pero duro… de esos que nos zarandean desde lo más profundo de las entrañas y que, primero nos hacen sentir tristeza y desasosiego, porque nos vemos plenamente identificados con aquellas situaciones que vistas desde fuera, y protagonizadas por otros personajes, entendemos con mayor facilidad. Y, después, nos hacen sentir cierta esperanza, pensando que aún estamos a tiempo de cambiar y, con ello, de revertir la situación.

El anuncio, que invito a todos los lectores a ver, muestra una serie de imágenes de adolescentes, en momentos tan cotidianos como determinantes de sus vidas, en las que se puede apreciar que han atravesado el umbral de la niñez a la juventud, en un camino que ya no tiene retorno, un camino que ya solo cabe recorrerlo avanzando hacia adelante.  “Antes de lo que crees, tus hijos dejarán de jugar” reza el spot. Y, a continuación, sobre la imagen de una pequeña que ofrece una muñeca a quien la está observando desde el otro lado de la pantalla, se lanza el mensaje: “Ahora que todavía puedes, juega con ellos”. Precioso. Qué reflexión tan acertada.

Según señalan algunos expertos, los niños que juegan con sus padres, son más imaginativos, tolerantes y más felices. Un informe elaborado por el Observatorio del Juego Infantil que promueve la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, explica los importantes beneficios que reporta a los pequeños, el hecho de que sus padres destinen aunque solo sea, entre 5 y 15 minutos diarios al juego, con ellos.  Sin embargo, a pesar de los innumerables beneficios y de que el juego es imprescindible para el propio desarrollo del menor, el 90 por ciento de los padres, y el 81 por ciento de las madres, dedican poco tiempo a jugar con sus hijos.

Y es que la vorágine del día a día nos devora… Nos hemos autoimpuesto una serie de obligaciones profesionales y sociales, que nos exigen un nivel de cumplimiento y de sacrificio cuyo coste, seremos incapaces de reconocer y de asumir mientras nos hallemos inmersos en la inercia de una vida que se nos escapa de las manos, con el inexorable avance del tiempo.

A mi cabeza regresa, de nuevo, la melodía de aquel anuncio de los años setenta que marcó a toda una generación de niños españoles, que tuvimos la gran fortuna de vivir disfrutando del contacto con nuestros padres y hermanos, con nuestros abuelos y con una familia que era verdaderamente extensa, y que lejos de circunscribirse al núcleo del hogar, se ampliaba a primos y tíos, verdaderos coprotagonistas de nuestras vivencias.

Navidades en blanco y negro, con recuerdos cargados de color. Entonces, se ponían en valor otras cosas y, entre ellas, el tiempo compartido en familia que era, en realidad, el tesoro más preciado. Inconcebible vaticinar una mesa cuajada de niños en la que cada uno se entretuviese de forma aislada manipulando una tableta, en lugar de fraguar secretos, risas y travesuras. Inimaginable un hogar en el que la familia no se reuniese la Noche Buena entorno al Portal de Belén, para festejar el nacimiento del Niño Jesús, cantando villancicos acompañados por los sonidos de panderetas, zambombas e incluso, el rasgar de una cuchara de metal contra los relieves de una botella vacía de anís. Todo un reto, encontrar algún niño que la víspera del 6 de enero, no se portase especialmente bien a pesar de los nervios por la proximidad de la llegada de SSMM los Reyes Magos de Oriente.

Sobre los recuerdos infantiles de aquellas largas Navidades compartidas en familia, se asienta la felicidad de toda una generación de niños que crecimos jugando, abrazando la complicidad y la compañía de nuestros padres. Ahora nos toca a nosotros.  Tenemos el derecho y la obligación de regalarnos tiempo para disfrutar jugando con nuestros hijos. Tenemos en nuestras manos la responsabilidad de regalar a nuestros hijos, esos bellos recuerdos de momentos de juego compartidos que cimentarán su felicidad y, posteriormente, la felicidad de sus hijos.