Balcanizando a España

Andan estos días algunos nacionalistas catalanes fantaseando con caducas fronteras y agitando al peatonaje al grito de “independencia para el pueblo catalán”. Más allá de que unos cuantos se arroguen la defensa de la “catalanidad”, como si nadie más que ellos pudiera…, lo cierto es que a los españoles esta música ya nos suena.

No es ninguna novedad. El nacionalismo cultiva una técnica basada en la ocultación de sus propios errores mediante la habilidad de culpar de todo a los demás, al todo. Es decir, a España. Al presidente Artur Mas esta vez se le ha visto la jugada demasiado deprisa.

Analicemos unos hechos acontecidos con sólo un mes de diferencia. A finales de agosto, reclama que el Fondo de Liquidez Autonómico creado por el gobierno de Rajoy conceda “con urgencia” 5.023 millones de euros a Cataluña para tener liquidez y afrontar pagos inmediatos. Dos semanas después el mismo partido al que pertenece Más es uno de los que alienta la manifestación separatista en Barcelona, a la que por cierto asistieron numerosos dirigentes de CiU, salvo el propio Mas. Y otras dos semanas después, Mas convoca elecciones anticipadas en Cataluña, dando por terminada una legislatura que en sus manos se ha agotado en sólo dos años.

Alguien podría pensar que quizá Mas no sea tan nacionalista como algunos quieren hacernos creer. Incluso hay quien opinaría que el “president” se aferra a la barretina para hacer olvidar que sus escasos dos años de mandato han estado marcados por la incapacidad de CiU para articular un proyecto de gobierno solvente para Cataluña.

De lo que sí estoy seguro es de que esas viejas ideas nacionalistas, tan propias del siglo XIX, tienen un inconfundible aroma a añejo en pleno siglo XXI, en un momento histórico en el que las grandes naciones europeas han cedido parte de su soberanía en favor de la construcción de la Unión Europea, se han desprendido de su moneda propia para acuñar el euro y han eliminado sus fronteras en lugar de construir otras nuevas. También confío plenamente en los análisis que la mayoría de los economistas han realizado y que trazan un futuro oscurísimo a una hipotética Cataluña independiente.

Frente a todo ello, me siento orgulloso de defender las ideas del Partido Popular, una formación política con un discurso sólido y homogéneo, un partido que defiende las mismas ideas en Madrid, Barcelona, Bilbao o Sevilla, respetando siempre su idiosincrasia regional. Que defiende un proyecto integrador frente a delirios separatistas proyectándolo siempre al entorno que lo recibe. Espero que el próximo mes de noviembre, los catalanes se expresen en las urnas claramente y en una dirección: son catalanes, pero también españoles.

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