La mayoría silenciosa

mayoriasilenciosaCuando uno decide tirarse a la piscina buscando su propia salvación, además de hacer uso de vistosas –aunque peligrosas- cabriolas en el aire y rematar el ejercicio con un doble salto mortal, debe asegurarse de que hay suficiente agua en la piscina y de que el desagüe está bien sellado, si no quiere estamparse de bruces y ser engullido junto con su teatral parafernalia por el sumidero. Artur Mas hizo mal los cálculos y, ni tan siquiera aferrándose a las viejas tablas de salvación del independentismo y el concierto económico para Cataluña, ha podido salir a flote.

El presidente de la Generalidad de Cataluña anunciaba el pasado 25 de septiembre la celebración de elecciones anticipadas en un plazo de dos meses. Pero los resultados electorales obtenidos el 25 de noviembre le han supuesto un coste que, seguramente, consideraba posible pero poco probable. Y es que cuando la hoja de ruta está mal calculada desde el principio, llega un punto de inflexión en que sólo quedan dos opciones: mantener el tipo con la máxima discreción y humildad durante el tiempo que reste de legislatura o lanzar un órdago que puede acarrear, sin duda, consecuencias desconocidas.

Tras ganar las elecciones catalanas en 2010, CiU ya había previsto que podría continuar haciendo lo acostumbrado en estos últimos años: mantener en el poder con su apoyo al débil Gobierno nacional en caso de que surgiera en minoría, tras las elecciones generales previstas para 2012, a cambio de conseguir el concierto económico; pero calcularon mal, el PP obtuvo mayoría absoluta y el plan de CiU se fue al traste.

Con las cuentas catalanas en bancarrota y sin capacidad para chantajear al Gobierno nacional, aún pretendió el señor Mas salir airoso de la ruina, distrayendo a la opinión pública con la convocatoria de unas elecciones anticipadas que se han sustentado en el demagógico debate de la independencia catalana. Artur Mas ha iniciado una maniobra muy peligrosa, exaltando el nacionalismo catalán, incitando a los independendistas a arremeter contra España, alimentando con mentiras emponzoñadas viejos resentimientos de liberación contra el yugo español, como si en estos 30 años de democracia, en Cataluña se hubiera vivido sin libertad.

De nuevo, los cálculos le han salido mal. Calentar la calle hasta el punto de no dejar sitio para el ciudadano tibio, obligándoles prácticamente a posicionarse sólo en el lugar del buen catalán o del traidor españolista, le ha supuesto un tremendo batacazo electoral.

Cuando un político actúa con fines electorales cortoplacistas, cuando un político mira por su propio interés personal y se olvida de servir al pueblo, además de engañarse a sí mismo, está engañando a todos los demás, e hipotecando el futuro a través de un presente con la realidad falseada cuyas consecuencias no se sabe dónde terminarán.

Cataluña se expresó en las urnas y esa mayoría silenciosa se dejó escuchar, esos hombres y mujeres que desean que los políticos apartemos de nuestro discurso el populismo y que sintamos a nuestra sociedad y sus necesidades, aquellas personas que solo quieren lo mejor para sus familias y para sus vidas… y que en el fondo aun en silencio.., escuchan y deben ser escuchados…