ESCLAVOS INVISIBLES

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“La paz solo puede durar donde los derechos humanos son respetados, donde la gente se alimenta y donde los individuos y naciones son libres”. Dalai Lama.

Cada 16 de abril, desde hace veintitrés años, se celebra el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil. De este modo, y con el objetivo de sacudir nuestras conciencias para movilizarnos a efectuar algún tipo de acción que contribuya a la eliminación de esta terrible lacra social, honramos la memoria del pequeño paquistaní Iqbal Masih, asesinado en esa misma fecha de 1995, cuando sólo tenía doce años. Iqbal había sido vendido por su padre a los cuatro años de edad, para saldar una deuda que había contraído con un fabricante de alfombras, tras haberle pedido un préstamo para celebrar la boda de su hijo mayor. Por ello, el pequeño debía trabajar interminables jornadas de doce horas, trenzando alfombras con sus pequeñas manos, por una rupia al día. Parece que su vida cambió al cumplir diez años, cuando pudo conseguir la libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado, convirtiéndose en un activo luchador contra la esclavitud infantil. Sin embargo, poco tiempo después, con doce años, murió asesinado.

El caso del pequeño Iqbal no es desgraciadamente un hecho aislado. En la actualidad se calcula que unos 400 millones de menores en todo el mundo son esclavos. UNICEF advierte que la explotación, la violencia y el abuso provienen frecuentemente de personas cercanas al niño, incluyendo a sus propios  padres, familiares, cuidadores, maestros, autoridades e incluso, otros niños.

Además, se estima que 246 millones de niños y niñas en el mundo son víctimas del trabajo infantil y, de ellos,  cerca del 70 por ciento (unos 171 millones) trabajan en condiciones peligrosas, en sectores como la minería o la agricultura, sometidos sin ningún tipo de control al contacto con productos químicos y pesticidas o al manejo de maquinaria peligrosa.

Hoy, son millones las niñas que trabajan como asistentas y sirvientas domésticas, sin salario y expuestas de una forma exponencial a la violencia, la explotación y los malos tratos. Circunstancias gravísimas que convierten en víctimas a millones de niños y niñas. Algunos informes internacionales hablan de cifras terribles como, 1,2 millones de víctimas de trata; 5,7 millones de víctimas de la servidumbre por deuda u otras formas de esclavitud; 1,8 millones de víctimas de la prostitución o la pornografía; o 300.000 pequeños reclutados como niños soldados en los conflictos armados.

Si el caso de la explotación en el trabajo es una auténtica tragedia, imagínense el caso de los niños soldados, que cada día juegan con fuego real, asesinando y siendo asesinados, utilizados como escudos humanos,  o como detectores de explosivos en campos de minas.

La esclavitud sexual es otra guerra menos sangrienta pero igual de dramática ya que supone la tortura física y psicológica, prolongada cruelmente en el tiempo, de niños y niñas que deberían estar ocupados en aprender y en jugar y, sin embargo, se convierten en auténticos muñecos rotos, a manos de seres sin escrúpulos que no se merecen el calificativo de humanos.

Estos niños y niñas, se hallan en todas partes pero parece que nadie les ve. Son esclavos invisibles. No solo porque trabajan ocultos entre las sombras de las minas, los talleres o las plantaciones, sino porque los demás parecemos no querer verlos.  Se trata de una realidad terrible pero poco visibilizada, porque tal vez, resulta menos doloroso o más cómodo mirar hacia otro lado.  Sin embargo, sabemos que eso no es lo justo, más bien todo lo contrario, es indispensable que desde los distintos países nos pongamos a trabajar sin descanso para combatir una lacra impropia de seres humanos.

Debemos unir sinergias y acometer campañas de sensibilización, para desde los distintos ámbitos de competencia, poder regular el trabajo en los ámbitos donde se desarrolla la esclavitud, concienciando y cooperando con las propias familias, modificando sus patrones sociales y culturales de aceptación y tolerancia hacia la explotación y la violencia, impulsando el desarrollo de canales para la indentificación, atención y prevención y, de forma absolutamente imprescindible, facilitado el acceso de los niños a la educación. La educación de los niños, de las familias y de las sociedades es la piedra angular para propiciar el camino hacia la erradicación de la explotación infantil.

Está en nuestras manos y sobre nuestras conciencias, la liberación del sufrimiento de niños que deben ser niños. No esclavos, ni soldados, ni objetos… Hagamos, entre todos, visible lo invisible y miremos de frente la violencia. Es el único camino para terminar con ella.

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DEMOCRACIA REAL PARTICIPATIVA

“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.”
Abraham Lincoln

 

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Decía Aristóteles que la única verdad es la realidad. Pero también es cierto que aunque la realidad es objetivamente, en su esencia, única, existen tantas percepciones distintas de la misma como seres humanos hay, ya que cada cual percibe la realidad de una forma íntima y  particular. Por ello, quienes nos dedicamos a la gestión por el bien común de nuestros ciudadanos, a cualquier nivel de competencia, además de poseer una verdadera vocación de servicio público, debemos tener siempre en consideración la existencia de tantas diferentes percepciones de la realidad. Es imprescindible entender y empatizar con nuestros vecinos y, para ello, existe una vía tan sencilla como eficaz: conocer de primera mano lo que sienten, lo que piensan, lo que demandan… porque solo conociendo de una forma certera sus percepciones de la realidad, podremos proporcionarles soluciones integrales y eficaces a sus necesidades e incertidumbres.

Pero la percepción de la realidad no es algo estanco e inamovible, debemos ser conscientes de que nosotros, políticos y gestores, tenemos la capacidad de modificar esa percepción, mediante el establecimiento de una comunicación directa y fluida con los ciudadanos, de modo que ellos mismos comprendan que forman parte de esa realidad y como tales, se sientan como agentes con plena capacidad de involucración y participación en la sociedad a través de las instituciones.

En el municipio de Brunete, hace cuatro años, pusimos en marcha el “Plan de Convergencia Social”, un modelo pionero de participación que convierte al ciudadano en el epicentro absoluto de la vida municipal, estableciendo canales eficaces de participación y supervisión de los órganos municipales. Porque sí se puede crear un modelo de democracia participativa que estimule la incorporación de los ciudadanos a los procesos de gestión municipal.

Se trata de dar un paso más en la relación instituciones-ciudadanos. La experiencia vivida con la iniciativa “El Alcalde a tu puerta” que fue también pionera en España, y que me ha permitido visitar a más de quinientos vecinos en sus propios hogares, me mostró personas realmente preocupadas por su futuro, principalmente en cuanto a los recursos y servicios de nuestro pueblo. Porque, cuando se vive en una localidad que te ofrece Educación, Cultura, Deportes, Sanidad, una Fiscalidad Racional, Trabajo, es decir, tienes oportunidades para desarrollarte personal y profesionalmente, los ciudadanos están tranquilos respecto a esas incertidumbres, y la vida se mira desde la confianza y la seguridad de encontrarte en el lugar adecuado.

La confianza no es fácil de conseguir, es una virtud en mayúsculas derivada de una buena gestión de los recursos públicos, y no de manera puntual,  sino como consecuencia de un trabajo en el tiempo, con resultados visibles, palpables. Insisto, mucho más allá de la demagogia ideológica. Por eso el primer paso del Plan de Convergencia Social de Brunete, ha sido la transparencia. Hay que ser claros con los ciudadanos.

Este Plan de Convergencia Social tiene como objetivo desarrollar un modelo de democracia participativa que estimule la incorporación de los ciudadanos a los procesos de gestión municipal. Las fases de evolución natural de este proyecto se estructuran en motivación, información y acción, ya que si queremos recuperar la confianza de los ciudadanos hay que ofrecerles estas herramientas. Los ciudadanos deben sentirse agentes claves en el cambio y transformación de las instituciones y de las sociedades.

Hacer comprender a los vecinos que las instituciones son la prolongación de su acción diaria en el municipio, nos exige compartir responsabilidades, diferenciadas pero tangenciales. Resulta imprescindible potenciar el estímulo en la sociedad civil para que comiencen a influir de manera directa en la gestión municipal.

Esa labor de contacto fluido y directo con los ciudadanos tiene un objetivo claro: acercar las propuestas ciudadanas desde todos los sectores implicados de una manera directa y eficaz. Solo conociendo tales propuestas, podrán consensuarse e implementarse. De este modo, se culmina el proceso… se ha producido esa comunicación directa y fluida entre ciudadanos e instituciones, desde la Administración hemos generado confianza, transparencia y diálogo, y ello ha estimulado la participación de la sociedad, generándose los cambios demandados que no sólo incidirán en la percepción de cada vecino, sino en la realidad objetiva y única que nos envuelve al conjunto de la sociedad.