Pueblo para pueblo

pueblo para pueblo“Con arrogancia el malo persigue al pobre…. porque el malo se jacta del deseo de su alma… bendice al codicioso… a todos sus adversarios desprecia…” (Salmo 10)

Hace ya muchos años, cuando la magia de los sueños escarbaba cada rincón de mis recuerdos… cuando los giros inesperados que ofrecía la vida, resultaban ser producto de una elección liviana, ya vislumbraba lo que hoy puedo confirmar… “Brunete tiene alma”.

No es el alma de los sueños, ni de la meditación producto de una sublime ópera… ni tan siquiera la revelación de lo que antaño fuera producto de la introspección y hoy se convierte en praxis.

Es el alma de los vecinos… de cada uno de los que componen este hermoso pueblo, cada uno de los que día tras día me hacen vibrar con sus pequeños detalles, con su complicidad, sus sonrisas, su fraternidad continua amparada en el bloque rural como si nada pudiera perturbar su destino, y su laboriosidad, aquella que brota de sus manos, fluyendo arterialmente hasta cada rincón del ingenio, impulsada desde el corazón. Aquella que origina los más grandes productos que esta noble tierra castellana anclada en la Meseta, pudiera soñar.

Productos como el trigo, mimado por la mano de los agricultores, teñido de tradición, regado por la herencia de sus antepasados… Aquilino, Miguel, Manolo, José, Luis, Álvaro… no son sólo nombres… custodian una historia, protegen un destino…

Y qué decir del vino, la sangre derramada antaño en nuestros campos… se transmuta, convirtiéndose  en un caldo que une culturas, que enlaza familias, que estrecha amistades…
Vino destilado desde el corazón de aquellos que aman cada esquina del pueblo, de los que dibujan con palabras, corazones tallados en cada puerta, en cada ventana, en cada imagen de su amado Brunete. Camilo, Juan, Fernando, Luis… no son sólo nombres… custodian una historia, protegen un destino…

Y todos ellos, desde su balcón, divisan el Brunete del futuro, velan por el Brunete del pasado… Sienten, laboran, protegen, integran, comparten, ayudan, olvidan, perdonan, caminan… Y aman… siempre por Brunete.

Por cada uno, por todos, el desprecio no ocupa lugar en Brunete; la arrogancia, la codicia -si la hubiere-, el tiempo las diluye… porque así se escribe la historia… la misma que late al son que marca el corazón de cada vecino… Así es Brunete, porque Brunete tiene alma.

Sin porqué

homenaje victimas terrorismo“Lo que importa no es lo que la vida te hace, sino lo que tú haces con lo que la vida te hace”. David Belinchón

Hace pocos días nos visitaba María San Gil para presentar, en Brunete, el libro “Cuando la maldad golpea”, (editado por la Fundación Villacisneros, con la colaboración de la AVT), del que es prologuista.

Cuando observas en la penumbra de un salón de actos, los gestos de emoción contenida y las lágrimas de quienes no la pueden contener; y cómo se van tejiendo emociones y sentimientos que se respiran, a medida que se van desgranando los testimonios y vivencias que relatan las víctimas del terrorismo, te das cuenta que a muchas personas aún les importa el sufrimiento de otras, que muchos españoles reclaman para las víctimas verdad, memoria, dignidad, justicia.

Siempre he defendido mi firme compromiso de apoyo a todas y cada una de las VÍCTIMAS DEL TERRORISMO, y nunca me canso de agradecerles su valor y entereza. Todo aquello que pudiera decir sobre su sacrificio, su espíritu de superación y el ejemplo que suponen para el resto del mundo, se quedaría corto. No existen palabras capaces de describir la generosidad de su espíritu.

He de confesar que cuando comencé a leer este libro, no tardaron en atraparme las emociones y los sentimientos de las personas que narran el terrible sufrimiento que de forma discreta y abnegada han padecido.

Esos testimonios desgarradores, sacuden tu conciencia y comienzas a comprender de una forma íntima e intensa, aquello que hasta ahora habías considerado como repugnante, injusto y terrible. Ahora, vas más allá. Mimetizas el dolor de las víctimas. Y lloras.

Adentrarme entre las páginas del libro me ha permitido conocer a personas excepcionales, como María del Carmen Teba, con cuyas reflexiones me he descubierto a mí mismo, meditando. María del Carmen, narra su desesperada búsqueda de Antonio (su marido) tras sufrir un atentado en un tren y escribe: “Descubrí que lo había encontrado para darme cuenta de que lo había perdido para siempre”.

También escribe: “No sé qué es el alma, ni dónde está ubicada, seguramente en lo más profundo de nuestro ser, pero yo he sentido que me dolía. No he sentido ningún otro dolor que se le parezca, es el dolor del vacío más profundo”. Como para no meditar…

También he conocido a Ignacio González Castro, un joven guardia civil que iba en uno de los trenes aquel terrible 11 de marzo… “Nunca llegó el tren a su destino. Dos explosiones no lo permitieron”.
En el libro, explica cómo su vida quedó destrozada tras sobrevivir al horror aquella mañana. Cuenta: “Se van apagando las fuerzas en mí y me aíslo en mí mismo, ya no quiero nada de nadie…”

“Iba a peor, más vivos que nunca los recuerdos, como si todos los momentos fueran en ese tren, mi vida ya no valía nada, no me consideraba útil, ni quería serlo.”

Así, a través de las palabras, he conocido también a Lidia, Javier, Lourdes, María Pilar, Ana, David, Asunción, Carmen…

Las personas que nos han abierto su corazón en este libro, coinciden desesperadas en preguntarse el Porqué… Por qué a ellos, Por qué a su familia, Por qué ciertos individuos crueles y desalmados pueden acabar con una vida y destrozar una familia, simplemente porque así lo han decidido, cobardemente y sin ningún tipo de escrúpulo ni de remordimiento.

Mi querida Ángeles Pedraza, recuerda a su hija Myriam, y en su angustiosa búsqueda de respuestas que no existen, escribe: “Tú no habías hecho nada malo.” Y afirma: “El dolor podrá hacerse más llevadero pero la vida no es tan larga para acabar de borrarlo.”

Todos los testimonios son desgarradores. Cada uno de los autores te arrastra al sufrimiento experimentado hasta hacerte partícipe de una parte de su dolor, toda sería imposible. Y, junto a ese dolor, de forma extraordinaria, resurge la fuerza, el mensaje positivo de la esperanza.

No quiero dejar de citar unas palabras de Ana Velasco, que hago mías: “Cada vez que se produce una cesión ante el terrorismo, una injusticia, un avance en sus reivindicaciones políticas, un excarcelamiento privilegiado, el sentimiento es de impotencia, de indignación, de desolación”.

Estoy de acuerdo con Ana y con Ángeles, con Nacho, con Carmen…. Todas y cada una de las víctimas del terrorismo son el estandarte de la valentía, del espíritu de superación, de la fuerza y del sacrificio por España, por su unidad y su libertad. Les debemos mucho. Les debemos el compromiso indeleble que sustente la VERDAD, MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA.