EL DEDO DE MADURO

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“Las mujeres deben usar menos secadora de cabello para ahorrar luz. Una mujer se ve más bonita cuando se peina con los dedos. De manera natural”. Nicolás Maduro

 

Ese ilustre personaje que a nuestra era le ha tocado padecer y que pasará a los anales de la Historia como el ser abyecto que asfixió a su propia tierra y aniquiló en masa a sus compatriotas, aparecía miércoles en un acto electoral en la localidad venezolana de Puerto Ayacucho, ataviado cual monarca mesiánico, con una corona de plumas rojas y azules, y un colgante a modo de toisón, en el que rezaban las palabras “Venezuela” y “Amazonas”, y que culminaba con la imagen de dos aves multicolores (creo que guacamayos) mirándose de frente. Pero lo más esperpéntico no es el atuendo que lucía Nicolás Maduro, sino la soberbia con la que señalaba con su dedo índice, mientras espetaba sus miserables mensajes a una población agotada, atemorizada y desesperanzada.

El Fondo Monetario Internacional ha previsto para este año una súper inflación del 13.000% en Venezuela; algo que hará aún más insostenible la vida de unos ciudadanos venezolanos, que hace ya mucho tiempo dejaron de luchar por vivir, para simplemente tratar de sobrevivir. A aquellas imágenes de las largas colas de espera en los supermercados provocada por el desabastecimiento generalizado, le siguieron los apagones de luz, completamente inimaginables en un país que es una potencia energética. Después llegó la precariedad en la sanidad hasta convertir la situación del pueblo venezolano en una emergencia internacional.  Y con el hambre, la enfermedad y la miseria, surgieron las voces desgarradas que clamaban contra un gobierno chavista que estaba acabando con su pueblo.

Tal como cabía esperar, siguiendo el negro historial de Hugo Chávez, su discípulo Maduro, no dudó en tratar de silenciar a cualquier precio,  las voces que clamaban comida y libertad, quebrando sus cuerpos y matando sus almas. Y, de este modo, ordenó a su ejército que se liara a tiros contra los manifestantes que salían a la calle a elevar sus protestas. El saldo, que sepamos, fue de 125 muertos y 2.000 heridos en solo tres meses, centenares de huidos, y otros tantos abarrotando las cárceles, que ya no tienen más capacidad para encerrar a tantos presos políticos.

La propia Fuerza Armada Nacional se está quedando sin tropas. La hambruna y la enfermedad también se están cebando con el personal de tropa, que se han visto obligado a correr la misma suerte que sus familias, saliendo a toda prisa del país, huyendo con lo puesto por la fronteras más accesibles hacia Colombia y Brasil, donde ya se han creado auténticos campamentos de refugiados. Nada menos que unas 10.000 bajas y deserciones se han producido desde el año 2015. Precisamente desde ese año, se detectó un aumento significativo de detenidos militares acusados de deserción, de traición o de otros crímenes. Pero, claro está, que pocas alternativas tiene el personal de tropa, salvo la huida, ya que quienes piden la baja, son retenidos y encarcelados para evitar su marcha.

El próximo 20 de mayo, Nicolás Maduro busca a toda costa revalidar su mandato por otros seis años, en unos comicios que tanto la oposición como la mayoría de la comunidad internacional rechaza por fraudulentos. Sin embargo, para asegurarse el éxito mediante una seguridad de dudosísima solvencia, el iluminado Maduro, está reclutando jubilados y milicianos, entrenándolos de forma improvisada para logar sus más repulsivos delirios materializados en su denominado Plan República.

No cejaré en mi empeño de denunciar la terrible situación que está padeciendo el pueblo venezolano. No renunciaré a insistir una y otra vez más, cuántas sean necesarias, en que la comunidad internacional tiene el deber moral y humanitario de intervenir para poner fin a esta situación. No podemos caer en la trampa del conformismo. No podemos acostumbrarnos a convivir con el hambre, el horror, la miseria, la falta de libertad y el asesinato como algo cotidiano.

Es obvio que Nicolás Maduro pasará a los anales de la Historia como el cacique que asfixió Venezuela, pero nosotros tenemos el deber y la responsabilidad de escribir unos renglones más allá y cambiar la crónica de la historia, contribuyendo a terminar con la “monarquía” de las plumas y los toisones de guacamayos; y bajar de una vez ese dedo índice que con soberbia y locura, pretende seguir señalando el camino del pueblo venezolano hacia la destrucción.

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¿ARAÑA O CENTOLLO?

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“La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos.” C.S. Lewis.

 

Decía el sabio Confucio que la educación genera confianza; la confianza genera esperanza; y la esperanza genera paz.  Y es que aunque la educación no es el objetivo para el que debe trabajar una sociedad, sí es el camino fundamental sobre el que avanzar hacia objetivos tan imprescindibles como ideales que permitan alcanzar, al menos, un básico estado de bienestar, de pacífica convivencia y de desarrollo.

Todo ser humano, cuando nace, es como un libro en blanco. Un lienzo absolutamente virgen que, sin embargo, ya en los primeros meses de existencia, se va transformando en función del contexto geográfico, social, político, económico y cultural que le envuelve. Y la educación será el factor más determinante a la hora de moldear su forma de entender la vida y, por tanto, de actuar en consecuencia, con ese modelo que debe imitar. Por ello, si extrayésemos a una persona, nada más nacer, de su hogar, y fuera criada y educada en un lugar completamente en las antípodas culturales de su origen, se mimetizaría con el modelo de sociedad donde se haya criado y desarrollado, sin tener ningún signo de pertenencia o arraigo a su cultura de origen.

Un ejemplo bastante gráfico, aunque simplificado en exceso para hacerlo absolutamente comprensible, es el que enunciaba en el titular de este artículo: ¿araña o centollo? La educación y por tanto la cultura y los usos y costumbres, hacen que en algunas partes del mundo se considere la araña como un insecto ciertamente repulsivo y que, sin embargo, un decadópodo de aspecto bastante similar al arácnido, como puede ser el centollo, sea considerado un majar de la gastronomía. ¿En qué radica semejante disparidad de criterio? Sencillamente, en la educación y la cultura recibidas.

Resulta verdaderamente triste, observar cómo el hombre ha convertido la educación en un problema, cuando en realidad se trata de una oportunidad. Una oportunidad que nos equipara a todos bajo el mismo rasero y es la única llave eficaz para el entendimiento y la paz. Y educar en la paz lleva implícita una educación en valores, tales como la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la cooperación, la verdad o la justicia, entre otros muchos.

Desde todas las administraciones, tanto a nivel local, como nacional e internacional, debemos entender y hacer comprender a la sociedad, que la educación para la paz no es una opción más sino una necesidad imperiosa. Es un tema transversal que debe aplicarse en las distintas áreas y momentos del aprendizaje.

Conocer y aceptar las diferencias entre nosotros es una obligación moral pero, además, puede convertirse en un extraordinario medio de enriquecimiento personal y, por extensión, social. Siempre he afirmado que los seres humanos debemos buscar lo que nos une, porque sin duda, será mucho más que lo que nos diferencia. Y la educación para la paz, precisamente ha de buscar mejorar las cosas, alejándose de prácticas como el adoctrinamiento y la imposición, porque su fin no es el sometimiento de seres grises y estandarizados, sino todo lo contrario, dar alas a seres libres, respetuosos, justos y únicos.

La transversalidad  contribuye a humanizar la educación, dignificando la vida para uno mismo y para los demás. Su aplicación en el microcosmos de la escuela, con el tiempo y por extensión, llegará a todos los ámbitos de la sociedad.

Precisamente, UNICEF define la educación para la paz como un proceso de promoción del conocimiento, las capacidades, las actitudes y los valores necesarios para producir cambios de comportamiento que permitan a los niños, los jóvenes y los adultos prevenir los conflictos y la violencia, tanto la violencia evidente como la estructural; resolver conflictos de manera pacífica; y crear condiciones que conduzcan a la paz, tanto a escala interpersonal, como intergrupal, nacional o internacional.

Ello conllevaría que niños y jóvenes sean partícipes en la gestación de cambios constructivos tanto a nivel local como internacional. Pero debemos ser conscientes de que estamos hablando de un proceso de transformación complejo que atañe a la comunidad mundial y que para que realmente sea duradero, solo es posible a largo plazo. Pero para que las cosas lleguen a concluirse, siempre es necesario, dar un primer paso.

ALFIE EVANS

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Toda vida es la vida de Dios que se hace presente entre nosotros, aún en un niño que todavía no ha nacido. Nadie tiene derecho a levantar su mano para segarla.”
Madre Teresa de Calcuta

 

La vida es una aventura. Infinidad de veces hemos escuchado tal aseveración, que humildemente comparto. Una aventura que comienza con un viaje de llegada y otro de partida y que, basándonos en las leyes de la naturaleza humana, debería concedernos entre ambos puntos de inicio y fin, el tiempo suficiente como para poder disfrutar e incluso sufrir, tal aventura. Sin embargo, en no pocas ocasiones, la lógica se transforma en ilógica, anticipando el viaje de partida, mucho antes de lo que cabría esperar. Resulta insoportablemente doloroso e incomprensible, ver cómo niños, pequeños bebés, han de abandonar esta compleja aventura de la vida, a la que precisamente acaban de llegar, sin que apenas les haya dado tiempo a sentir ni ser conscientes de que han llegado.

He de reconocer que el tema del sufrimiento infantil es algo que siempre me ha superado. Nuestro deber es proteger y cuidar la infancia, por su fragilidad, vulnerabilidad e incapacidad de ser autosuficientes. Por ello, cualquier acción violenta o cruel que se comete contra un niño, es el crimen más deplorable que el ser humano puede llevar a cabo. Va contra la naturaleza, contra el raciocinio y contra la esencia misma del alma humana. También me sobrecogen y me llenan de amargura y desasosiego las situaciones de dolor y padecimiento no propiciadas por la acción directa del hombre, sino por circunstancias crueles o desafortunadas, que llevan a que la enfermedad recaiga sobre un pequeño.

Estos días, los medios de comunicación de todo el mundo, se hacían eco de la dramática historia del pequeño Alfie Evans. Un bebé británico de 23 meses de edad, que padecía una enfermedad neurológica degenerativa y desde diciembre de 2016 estuvo ingresado en un hospital de Liverpool.  La historia del pequeño Alfie, desgraciadamente, ha dado la vuelta al mundo, por la terrible situación que la envuelve. La Justicia británica con su decisión, sentenció a muerte a este bebé inglés, al vincular su destino al criterio del equipo médico que le atiendía, por encima de los deseos y peticiones de sus padres. Los médicos afirmaban hace pocos días que era completamente inútil, continuar proporcionando al niño los tratamientos que le mantenían con vida de una forma artificial. Por ello, y con la justificación de evitarle sufrimientos, el pasado lunes desenchufaron los sistemas que le proporcionaban soporte vital.  Sin embargo, contra todo pronóstico y ante la admiración de los médicos, el niño  continuó respirando por sí sólo. Y, así… luchando por su vida, con todas sus fuerzas y con el amor de sus padres, estuvo resistiendo cinco largos días.

Sus padres querían trasladarlo a Roma, donde un hospital se había ofrecido a proporcionarle tratamiento, soporte vital y quizás una esperanza. Esperanza que los médicos del hospital de Liverpool le denegaron con su diagnóstico, y la Justicia británica, en contra de los deseos y súplicas de los padres, eliminaron por completo. El propio Papa Francisco hizo un llamamiento para que se atendiera el deseo de los padres de buscar nuevas formas de tratamiento. Sin embargo, ni el apoyo del Papa a los padres, ni la oferta de un hospital de Roma (administrado por el Vaticano), de recibir al pequeño,  surtieron ningún efecto.

Resulta terrible que un Estado pueda entrometerse en una cuestión tan personal que solo afecta al ámbito íntimo de una familia y contravenir los deseos de unos padres, que tratan de buscar un camino hacia la esperanza.

Todos debemos respetar y acatar las leyes, cuando éstas vayan a favor de la vida. Pero no es humano, ni moral, ni ético, que existan normas, sentencias y decisiones que, precisamente, vayan en contra de la vida. Tengamos en cuenta que la legislación es una cuestión gestada y dictada por los hombres, y el ser humano no es ni mucho menos perfecto.

El pequeño Alfie podría haber viajado a Roma, es cierto que podría haber fallecido en el trayecto al hospital que le brindó ayuda, pero eso nunca lo sabremos porque los médicos y la Justicia británicos le denegaron esa posibilidad. Su enfermedad fue diagnosticada como irreversible, pero también es cierto que el pequeño permaneció casi cinco días viviendo sin máquinas de soporte vital, contra todo pronóstico. Con tan solo 23 meses de vida, el pequeño Alfie ya emprendió su viaje de partida.

La Justicia jamás debería mermar la esperanza de vida de nadie y, mucho menos, contradiciendo la voluntad de unos padres. Las leyes deben siempre preconizar el derecho a la vida. Vivir, esa es la cuestión.

ESCLAVOS INVISIBLES

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“La paz solo puede durar donde los derechos humanos son respetados, donde la gente se alimenta y donde los individuos y naciones son libres”. Dalai Lama.

Cada 16 de abril, desde hace veintitrés años, se celebra el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil. De este modo, y con el objetivo de sacudir nuestras conciencias para movilizarnos a efectuar algún tipo de acción que contribuya a la eliminación de esta terrible lacra social, honramos la memoria del pequeño paquistaní Iqbal Masih, asesinado en esa misma fecha de 1995, cuando sólo tenía doce años. Iqbal había sido vendido por su padre a los cuatro años de edad, para saldar una deuda que había contraído con un fabricante de alfombras, tras haberle pedido un préstamo para celebrar la boda de su hijo mayor. Por ello, el pequeño debía trabajar interminables jornadas de doce horas, trenzando alfombras con sus pequeñas manos, por una rupia al día. Parece que su vida cambió al cumplir diez años, cuando pudo conseguir la libertad a través de una campaña del Frente de Liberación del Trabajo Forzado, convirtiéndose en un activo luchador contra la esclavitud infantil. Sin embargo, poco tiempo después, con doce años, murió asesinado.

El caso del pequeño Iqbal no es desgraciadamente un hecho aislado. En la actualidad se calcula que unos 400 millones de menores en todo el mundo son esclavos. UNICEF advierte que la explotación, la violencia y el abuso provienen frecuentemente de personas cercanas al niño, incluyendo a sus propios  padres, familiares, cuidadores, maestros, autoridades e incluso, otros niños.

Además, se estima que 246 millones de niños y niñas en el mundo son víctimas del trabajo infantil y, de ellos,  cerca del 70 por ciento (unos 171 millones) trabajan en condiciones peligrosas, en sectores como la minería o la agricultura, sometidos sin ningún tipo de control al contacto con productos químicos y pesticidas o al manejo de maquinaria peligrosa.

Hoy, son millones las niñas que trabajan como asistentas y sirvientas domésticas, sin salario y expuestas de una forma exponencial a la violencia, la explotación y los malos tratos. Circunstancias gravísimas que convierten en víctimas a millones de niños y niñas. Algunos informes internacionales hablan de cifras terribles como, 1,2 millones de víctimas de trata; 5,7 millones de víctimas de la servidumbre por deuda u otras formas de esclavitud; 1,8 millones de víctimas de la prostitución o la pornografía; o 300.000 pequeños reclutados como niños soldados en los conflictos armados.

Si el caso de la explotación en el trabajo es una auténtica tragedia, imagínense el caso de los niños soldados, que cada día juegan con fuego real, asesinando y siendo asesinados, utilizados como escudos humanos,  o como detectores de explosivos en campos de minas.

La esclavitud sexual es otra guerra menos sangrienta pero igual de dramática ya que supone la tortura física y psicológica, prolongada cruelmente en el tiempo, de niños y niñas que deberían estar ocupados en aprender y en jugar y, sin embargo, se convierten en auténticos muñecos rotos, a manos de seres sin escrúpulos que no se merecen el calificativo de humanos.

Estos niños y niñas, se hallan en todas partes pero parece que nadie les ve. Son esclavos invisibles. No solo porque trabajan ocultos entre las sombras de las minas, los talleres o las plantaciones, sino porque los demás parecemos no querer verlos.  Se trata de una realidad terrible pero poco visibilizada, porque tal vez, resulta menos doloroso o más cómodo mirar hacia otro lado.  Sin embargo, sabemos que eso no es lo justo, más bien todo lo contrario, es indispensable que desde los distintos países nos pongamos a trabajar sin descanso para combatir una lacra impropia de seres humanos.

Debemos unir sinergias y acometer campañas de sensibilización, para desde los distintos ámbitos de competencia, poder regular el trabajo en los ámbitos donde se desarrolla la esclavitud, concienciando y cooperando con las propias familias, modificando sus patrones sociales y culturales de aceptación y tolerancia hacia la explotación y la violencia, impulsando el desarrollo de canales para la indentificación, atención y prevención y, de forma absolutamente imprescindible, facilitado el acceso de los niños a la educación. La educación de los niños, de las familias y de las sociedades es la piedra angular para propiciar el camino hacia la erradicación de la explotación infantil.

Está en nuestras manos y sobre nuestras conciencias, la liberación del sufrimiento de niños que deben ser niños. No esclavos, ni soldados, ni objetos… Hagamos, entre todos, visible lo invisible y miremos de frente la violencia. Es el único camino para terminar con ella.

DEMOCRACIA REAL PARTICIPATIVA

“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.”
Abraham Lincoln

 

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Decía Aristóteles que la única verdad es la realidad. Pero también es cierto que aunque la realidad es objetivamente, en su esencia, única, existen tantas percepciones distintas de la misma como seres humanos hay, ya que cada cual percibe la realidad de una forma íntima y  particular. Por ello, quienes nos dedicamos a la gestión por el bien común de nuestros ciudadanos, a cualquier nivel de competencia, además de poseer una verdadera vocación de servicio público, debemos tener siempre en consideración la existencia de tantas diferentes percepciones de la realidad. Es imprescindible entender y empatizar con nuestros vecinos y, para ello, existe una vía tan sencilla como eficaz: conocer de primera mano lo que sienten, lo que piensan, lo que demandan… porque solo conociendo de una forma certera sus percepciones de la realidad, podremos proporcionarles soluciones integrales y eficaces a sus necesidades e incertidumbres.

Pero la percepción de la realidad no es algo estanco e inamovible, debemos ser conscientes de que nosotros, políticos y gestores, tenemos la capacidad de modificar esa percepción, mediante el establecimiento de una comunicación directa y fluida con los ciudadanos, de modo que ellos mismos comprendan que forman parte de esa realidad y como tales, se sientan como agentes con plena capacidad de involucración y participación en la sociedad a través de las instituciones.

En el municipio de Brunete, hace cuatro años, pusimos en marcha el “Plan de Convergencia Social”, un modelo pionero de participación que convierte al ciudadano en el epicentro absoluto de la vida municipal, estableciendo canales eficaces de participación y supervisión de los órganos municipales. Porque sí se puede crear un modelo de democracia participativa que estimule la incorporación de los ciudadanos a los procesos de gestión municipal.

Se trata de dar un paso más en la relación instituciones-ciudadanos. La experiencia vivida con la iniciativa “El Alcalde a tu puerta” que fue también pionera en España, y que me ha permitido visitar a más de quinientos vecinos en sus propios hogares, me mostró personas realmente preocupadas por su futuro, principalmente en cuanto a los recursos y servicios de nuestro pueblo. Porque, cuando se vive en una localidad que te ofrece Educación, Cultura, Deportes, Sanidad, una Fiscalidad Racional, Trabajo, es decir, tienes oportunidades para desarrollarte personal y profesionalmente, los ciudadanos están tranquilos respecto a esas incertidumbres, y la vida se mira desde la confianza y la seguridad de encontrarte en el lugar adecuado.

La confianza no es fácil de conseguir, es una virtud en mayúsculas derivada de una buena gestión de los recursos públicos, y no de manera puntual,  sino como consecuencia de un trabajo en el tiempo, con resultados visibles, palpables. Insisto, mucho más allá de la demagogia ideológica. Por eso el primer paso del Plan de Convergencia Social de Brunete, ha sido la transparencia. Hay que ser claros con los ciudadanos.

Este Plan de Convergencia Social tiene como objetivo desarrollar un modelo de democracia participativa que estimule la incorporación de los ciudadanos a los procesos de gestión municipal. Las fases de evolución natural de este proyecto se estructuran en motivación, información y acción, ya que si queremos recuperar la confianza de los ciudadanos hay que ofrecerles estas herramientas. Los ciudadanos deben sentirse agentes claves en el cambio y transformación de las instituciones y de las sociedades.

Hacer comprender a los vecinos que las instituciones son la prolongación de su acción diaria en el municipio, nos exige compartir responsabilidades, diferenciadas pero tangenciales. Resulta imprescindible potenciar el estímulo en la sociedad civil para que comiencen a influir de manera directa en la gestión municipal.

Esa labor de contacto fluido y directo con los ciudadanos tiene un objetivo claro: acercar las propuestas ciudadanas desde todos los sectores implicados de una manera directa y eficaz. Solo conociendo tales propuestas, podrán consensuarse e implementarse. De este modo, se culmina el proceso… se ha producido esa comunicación directa y fluida entre ciudadanos e instituciones, desde la Administración hemos generado confianza, transparencia y diálogo, y ello ha estimulado la participación de la sociedad, generándose los cambios demandados que no sólo incidirán en la percepción de cada vecino, sino en la realidad objetiva y única que nos envuelve al conjunto de la sociedad.

EL CALVARIO DE LA CRISTIANOFOBIA

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“Vamos a quemar la Conferencia Episcopal, por machista y carcamal.”
Rita Maestre en su asalto a una Capilla.

 

Transcurridos unos cuantos miles de años de prehistoria y de historia, el ser humano ha sido incapaz de comprender, que cada persona es libre, diferente y única. Que tiene todo el derecho a sentir y a vivir, según sus sueños e ilusiones, según sus valores y creencias, y según sus propias exigencias pero, siempre, respetando a los demás, porque el respeto es la única llave universal para lograr la pacífica convivencia entre personas y entre pueblos.

Esta semana, los cristianos culminamos la Cuaresma, con la celebración de la Semana Santa. Unos días de especial recogimiento espiritual en los que nos acercamos íntimamente a Jesús, para recorrer junto a Él, la Pasión de sus últimos días en Jerusalén y la celebración de la Pascua de Resurrección. No es un camino fácil de transitar, pues nos ponemos al lado del Nazareno para compartir su calvario, y ello nos hace comprender que ante las adversidades de la vida y ante la persecución, aun no estando solos, debemos ser capaces por nosotros mismos de levantarnos una y otra vez, para  culminar aquello que nos propongamos o que nos haya sido encomendado. No es una tarea sencilla, porque la persecución existe. Hoy, 2018 años después del nacimiento de Cristo, los cristianos seguimos siendo perseguidos por todo el mundo.

El pasado miércoles, 105 niñas nigerianas fueron liberadas tras un mes de secuestro por Boko Haram. No estaban todas, cinco no volvieron a la localidad de Dapchi, lugar donde fueron liberadas las más “afortunadas”. El relato que narran estas niñas, del sufrimiento que han padecido es absolutamente aterrador. Cuentan cómo cuatro de sus compañeras perecieron y cómo una de ellas permanece secuestrada por haberse negado a renunciar a la fe cristiana para abrazar el islam que impone la secta terrorista de Boko Haram.

No es la primera vez que este grupo islámico que opera en esa zona de África, entra en un colegio y rapta a las menores que encuentra; en 2014 Boko Haram secuestró a 270 alumnas en un colegio de Chibok. Desgraciadamente, cuatro años después, casi la mitad de ellas no han regresado. Este es el particular y terrible calvario que han tenido que padecer estas pequeñas niñas nigerianas, simplemente por ser cristianas e ir a un colegio donde se profesaba su religión.  Muchas ya no tendrán ninguna oportunidad, fueron víctimas mortales de la persecución cristiana; otras muchas tendrán que aprender a convivir con el miedo y el dolor para siempre.

Según la Lista Mundial de la Persecución 2018 que elabora anualmente Puertas Abiertas (Open Doors), existe una tendencia al alza de la opresión y la violencia anticristiana en el mundo.  Esta institución, registró en 2017, la dramática cifra de 3.066 cristianos muertos por causas relacionadas directamente con su fe, y 793 iglesias fueron atacadas. Nigeria es precisamente el país donde mayor número de cristianos perdieron la vida el pasado año, nada menos que 2.000 personas.

Pero la persecución no solo implica actos de violencia, secuestros y asesinatos, sino que abarca también diferentes formas de opresión. Por este motivo, los dos países reconocidos en la Lista Mundial donde existe mayor persecución a los cristianos son Corea del Norte y Afganistán.

En España, durante los últimos años, algunos partidos políticos y ciertos sectores de la población también han comenzado su particular persecución y cruzada contra el cristianismo, tras haber brotado en ellos un instinto de cristianofobia, que nada que tiene que ver con el respeto a los derechos y libertades propios de nuestro moderno sistema democrático, donde debería suceder todo lo contrario, ya que la propia Constitución Española defiende y protege la libertad de culto.

Hoy, comprobamos  la existencia de muy diversas formas de persecución. Una de ellas se basa en  tratar de construir una corriente de pensamiento cristianofóbica para inculcar en los ciudadanos que el cristianismo es una cuestión arcaica con unos valores anacrónicos y unos símbolos y expresiones que no merecen el menor respeto sino todo lo contario,  la burla, el desprecio y el insulto. Esta corriente parece estar calando hondo en algunos sectores de la población, que vacíos y carentes de principios morales y éticos firmes, abrazan cualquier fórmula de agresión y todo aquello que lleve implícito el orden, la moralidad, la fe y los valores que envuelven la fe cristiana.

Los cristianofóbicos no se conforman con ignorar el origen cristiano de nuestras raíces históricas y culturales como pueblo, las raíces de toda la cultura de Occidente, sino que van un paso más allá, pretendiendo su aniquilación a toda costa.

En los últimos tiempos hemos sido testigos atónitos de insultos permanentes, de asaltos a capillas, de pretendidas procesiones “obscenas”, de burlas y maltrato a la figura de Jesús y de la Virgen María, de intentos de sabotear e impedir la celebración de nuestras tradiciones cristiana y, esta Semana, en algunos rincones de España, lo volverán a intentar. Será nuestro pequeño Calvario, nada que no podamos afrontar, porque ellos no comprenden que nosotros, los cristianos, tras cada caída, cada afrenta, cada persecución, como hiciera Jesús camino del Gólgota, nos volvemos a levantar.

 

 

EL ARTE DE LA PROVOCACIÓN

El arte de la provocacion

“El poder arbitrario es más fácil de establecer sobre las ruinas de la libertad maltratada por el libertinaje.” George Washington

El bote hace aguas. Y, mientras el capitán trata de mantener el rumbo porque ha de ser el último en abandonar la nave, las ratas y otros roedores, saltan por la borda para tratar de ponerse a salvo, sin ser conscientes por su cualidad animal, de que el océano que los recibe supondrá su fin. Con sus incisivos dientes han ido royendo los tablones de madera que formaban la coraza del barco y, ahora, lleno de oquedades podridas, el agua entra haciendo remolinos ya incontenibles. Mientras, la tripulación, más ocupada en rizar el rizo que en remar todos juntos en el mismo sentido, observa cómo el agua comienza a llegarle a los tobillos, aunque siguen empecinados en su particular batalla batiendo sus remos.

España es una gran nación asentada en largos siglos de historia, una nación con una democracia consolidada, con unas instituciones firmes que conforman el esqueleto de un estado de derecho que nos proporciona seguridad jurídica y libertad. Por ello, España se mantiene firme y estable, a pesar de que no pocos personajes que habitan en determinados sectores de la izquierda más rancia y radical (con o sin “lavado de cara”), se empecinen cada día,  en roer las bases de este Estado libre, moderno, democrático y garante de nuestros derechos y libertades, con el objetivo de desestabilizar la nave y, ya se sabe… a mar revuelto….

Me gustaría recordar un vocablo que ha caído en desuso últimamente, pero les aseguro que sigue estando vigente según la Real Academia de la Lengua. Porque en la sociedad, en general, y en la española, en particular, nos hemos aferrado a hablar permanentemente de la palabra libertad, lo cual lejos de ser reprochable, es naturalmente, un ejercicio más que sano de democracia, pero nos hemos olvidado de otras palabras como “libertinaje”.  Nos hemos acostumbrado de una forma asidua a exigir y a hablar de nuestros derechos, pero parecemos tener amnesia sobre nuestras obligaciones. Tal vez, también sea un ejercicio sano y necesario, recordar que como ciudadanos que convivimos en sociedad, también tenemos responsabilidades y obligaciones.

En infinidad de ocasiones he reflexionado sobre una premisa que hasta hace pocos años, se tenía habitualmente en consideración: “tu libertad termina donde empieza la del otro”. Una cuestión sobre la que deberíamos reflexionar más a menudo, en estos tiempos convulsos donde con demasiada frecuencia se hace un mal uso de la libertad de expresión y, prácticamente, de acción, porque parece que todo vale y todo está permitido. En este sentido, la era tecnológica en la que vivimos, en la que cualquier ciudadano tiene acceso a las redes sociales y plataformas multimedia, sin ningún tipo de control y por consiguiente, de responsabilidad, contribuye notablemente a su mal uso y a su abuso, a medrar, injuriar, calumniar, acosar y a generar odio y violencia. Desafortunadamente somos testigos cada día de esas malas prácticas, que determinados sectores de la izquierda radical saben ejercer con maestría.

Hace pocos días, el Tribunal Supremo confirmaba la sentencia que impuso la Audiencia Nacional al rapero Valtonyc, por enaltecimiento del terrorismo, injurias graves a la Corona y amenazas en las letras de dieciséis de sus canciones, que contenían mensajes más que terribles; frases como “quiero transmitir a los españoles un mensaje: ETA es una gran nación.”

Y es que estos personajes como Valtonyc, Cassandra, Zapata… y un largo étcetera, tienen naturalmente la potestad, como cualquier otro ciudadano, de ejercer su derecho a libertad de expresión, así lo recoge nuestro ordenamiento jurídico y nuestra Constitución, pero también recogen una serie de límites, que al parecer esta caterva de raperos, tuiteros y gentes radicales, no tienen el gusto de haber leído o simplemente, le resbala completamente, puesto que solo hacen uso de la parte del derecho que se acomoda a sus intereses, pero no a las correspondientes obligaciones y responsabilidades.

Dice el artículo 20 de la Constitución Española que “Se reconocen y protegen los derechos: A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”, pero concreta que estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en el Título I de nuestra Carta Magna, sobre los Derechos y Deberes fundamentales de los españoles.

Por cierto, que el artículo 20 también habla del derecho a comunicar o recibir libremente información “veraz” por cualquier medio de difusión, pero sobre esta cuestión tan interesante, ya reflexionaremos otro día.

El ser humano es libre y como tal, debe ejercer su derecho a la libertad de expresión; pero, tal vez, aquellos que se empeñan en roer y medrar sobre las bases de nuestro estado de Derecho que es el que precisamente garantiza esas libertades, deberían reflexionar sobre el hecho de que si algún día la nave hiciese aguas, los primeros en abandonarla y lanzarse perdidamente al océano, serían ellos.