Abierto por vacaciones

abierto por vacaciones“Cuando tu trabajo te enamora, es como si todos los días fueran vacaciones” (Frank Tyger)

Lejos quedan aquellos largos días de verano de la infancia y de la juventud, en los que la jornada se prolongaba misteriosamente multiplicando sus horas, permitiéndome aprovechar los momentos de sol y de juegos con toda intensidad. Por aquel entonces, las vacaciones se convertían en un verdadero paréntesis en la vida, un oasis, un auténtico “antes y después” en nuestras vidas, cargándonos de experiencias y de vivencias. Aquellos meses de julio y agosto nos permitían ir madurando, e incluso físicamente experimentábamos un crecimiento mucho más acelerado, en comparación, con el que vivíamos más lentamente durante los restantes diez meses del año.

Comparto una generación en la que el verano se planteaba sin campamentos urbanos ni colonias deportivas, y aunque viajara unos días a la playa o a visitar a parte de la familia en otros lugares, el resto del verano (la mayor parte del tiempo), lo vivíamos en el pueblo, en Brunete. A la ventana de mis recuerdos asoman las interminables partidas de chapas que jugaba con mis amigos sobre la arena de la Plaza Mayor, a esas horas del atardecer en las que empezaba a caer el sol y el vientecillo suave comenzaba a barrer el calor de las calles y zarandeaba hipnóticamente los centenares de banderitas que adornaban la plaza, presagiando las fiestas patronales del mes de septiembre.

Hoy, los días siguen siendo igualmente largos y soleados, sin embargo, el oasis y las chapas, se diluyeron en la vorágine de las responsabilidades. Alcanzando la recta final del mes de julio, las jornadas de trabajo siguen reclamando una total dedicación; sin ir más lejos, esta misma semana hemos celebrado un Pleno municipal.

Muchos ciudadanos aprovechan estos meses para disfrutar de ese merecido descanso que llevan anhelando el resto del año y algunos se marchan unos días fuera. Quienes nos dedicamos a la función pública, debemos, por el contrario, seguir dando el mil por cien estos días, preocupándonos por quienes se han quedado en las ciudades y municipios, y trabajando para procurar que todo esté en orden y completamente preparado, para cuando comiencen a regresar los que se han marchado.

Es un buen momento, quizás el único realmente práctico, para realizar aquellas obras en infraestructuras que durante el resto del año no podemos acometer debido a su uso continuado por los vecinos. Es tiempo de hacer balance de la gestión que hemos llevado a cabo durante “el curso” anterior, de fijar nuevos objetivos y de establecer las correspondientes estrategias para su consecución.

La dedicación al servicio público y más concretamente en el ámbito del municipalismo, no permite descanso. Cuando uno vive por y para sus vecinos, lo que inicialmente se planteaba como el ejercicio de una vocación de servicio público, acaba convirtiéndose en una forma de vida. En los municipios pequeños y medianos donde conoces prácticamente al cien por cien de los vecinos y vives y convives con ellos, la implicación respecto a sus demandas, sus problemas y necesidades y, por qué no, a veces también sus alegrías, es absolutamente indisoluble.

A veces, uno se implica tanto en los problemas de algunos de sus vecinos, que llega a mimetizar sus sentimientos; supongo que es normal. Al reflexionar sobre esta idea, me viene al recuerdo una querida vecina, ya octogenaria, que se había quedado viuda en fechas próximas a la Navidad, y su estado de salud y circunstancias no le permitían viajar para pasar unas fechas tan familiares y emotivas con sus hijos y nietos. Había ido a visitarla a su domicilio en varias ocasiones y ella me transmitía su soledad y su tristeza. No sé si alguien puede pensar que después de conocer la situación de esta mujer tan entrañable, es posible ponerse un velo sobre los ojos y sobre el corazón y disfrutar de una Noche Buena en familia; yo les aseguro que no.

Por ello, unos días antes de esa Navidad, pensé sobre el modo en que se podía reconfortar a María y a otras personas que se hallasen en su misma situación. Así nació, en aquellos días, la iniciativa “Nadie solo en Navidad, en Brunete”, y desde el equipo de Gobierno del Ayuntamiento pusimos en marcha todos los mecanismos necesarios para poder establecer un sistema de acompañamiento mediante voluntarios, a personas en la misma situación.

Cuando haces de la dedicación al servicio público tu forma de vida, priorizas las necesidades de los vecinos sobre las tuyas propias. Por ello, no cerramos nuestra actividad
ya sea Navidad o verano. Permanecemos, en estas fechas, abiertos por vacaciones.

Anuncios

CARTAS AL DIRECTOR

cartas_al_director

No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores.” Mahatma Gandhi

Érase una vez, y no precisamente hace mucho tiempo, una época en la que el ser humano controlaba la información y los canales de comunicación; eran los tiempos dorados de la radio, de la prensa escrita y de la diversificación de canales de televisión. Una época en la que las “cartas al director” eran la vía más directa que el ciudadano tenía para expresar su opinión públicamente a través de los medios de comunicación, fundamentalmente escritos.

Por aquellos días, cuando alguien deseaba estar informado, accedía a la información de forma voluntaria y proactiva. Lejos queda aquella situación del actual bombardeo de información indiscriminada que prácticamente “acosa” cada día al ciudadano, quien en ocasiones se ve arrastrado por la inercia del uso compulsivo de las redes sociales y otros canales de comunicación.  Hoy podemos recordar, casi con nostalgia, como aquel ciudadano, cuando deseaba compartir su opinión, lo hacía conversando o debatiendo con otras personas, de frente, cara a cara.

Hoy, todo ha cambiado. La tecnología ha hecho evolucionar a marchas forzadas los canales de comunicación lo cual ha incidido directamente en la información, tanto en la forma, como en el fondo, transformando la tipología de mensajes en su estructura y su contenido.

El desarrollo del mundo de la comunicación ha generado un avance social de un valor incalculable y, ciertamente, muy positivo; pero como sucede en cualquier ámbito de la vida, lo positivo se puede transformar en negativo, si el uso se convierte en abuso y, sobre todo, si se hace de una  forma irresponsable y se actúa de mala fe. Esta reflexión me lleva muchos días a preguntarme por qué nos empeñamos una y otra vez en llevarlo todo a lo extremo. Qué extraña capacidad tiene el hombre de convertir algo positivo, en un infierno.

Cuando surgieron las redes sociales, principalmente aquellas más generalizadas como Facebook o Twitter, los usuarios las utilizaban para informarse y, a su vez, informar y opinar. Hoy, el abuso indiscriminado y descontrolado de esta herramienta, amparada por el anonimato, ha convertido un medio eficaz en un arma arrojadiza contra todo aquél que no piense o que no actué a imagen y semejanza de quienes masacran en manada, como lobos cegados por el odio.

Lejos quedan aquellas “cartas al director” en las que el autor debía responder con su nombre, apellidos y número de documento nacional de identidad, de las opiniones y comentarios que vertiera en ellas. Hoy, por el contrario, cualquiera puede abrirse una cuenta en Twitter o Facebook sin tener que responsabilizarse del contenido de la misma, es más, un mismo usuario puede crear varios perfiles y utilizarlos a su mejor conveniencia.  El anonimato ha protegido de tal manera las malas prácticas, que la figura del troll se ha multiplicado hasta el infinito y más allá. Estoy convencido de que en la actualidad, el número de cuentas correspondientes a perfiles falsos es prácticamente equiparable al de cuentas de personas reales; si en algún momento cambiara la legislación y se hiciera exigible un número de identificación personal como el DNI o el pasaporte para registrar cuentas, desaparecerían millones de ellas.

Estos días, el debate sobre la impunidad en las redes ha vuelto a saltar a la primera línea de la actualidad, tras la trágica muerte en el ruedo del joven torero de 29 años, Víctor Barrios, al que las redes sociales, desgraciadamente, convirtieron en tendencia.

Nada más conocerse la trágica noticia, algunos antitaurinos convirtieron las redes en un hervidero de críticas tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Algunos dejaban únicamente comentarios a favor del toro y otros, directamente, celebraban la muerte del torero.

Las redes sociales se transformaron en un cuadrilátero virtual, en el que numerosos usuarios de Twitter recriminaban a los antitaurinos la crudeza de sus comentarios, y comenzaba entonces un cruce de insultos, acusaciones y reproches que ha inundado las redes durante varios días.

Lamentablemente hemos podido leer todo tipo de barbaridades, insultos, vejaciones y humillaciones, regadas por un profundo odio. No voy a reproducir en estas líneas ni una sola de las aberraciones publicadas en Twitter ya que no quiero sumarme a la difusión de mensajes éticamente obscenos y moralmente penalizables.

Siempre ocurre que ante este tipo de situaciones, se producen reacciones negativas y positivas. La posición del Partido Animalista PACMA ha sido ciertamente vergonzosa al situar en la misma escala comparativa a personas y animales.

En la vertiente positiva, ejemplos como el de Pablo Casado que ha animado públicamente y ofrecido todo su apoyo a la viuda del torero y a la Fundación Toro de Lidia por denunciar los hechos ante la Guardia Civil, lo cual ha permitido a la Fiscalía abrir una investigación. Sin embargo, a pesar de existir la posibilidad de denunciar, la indefensión del ciudadano en las redes es terrible.

Cualquier ciudadano puede ser acosado, insultado y humillado casi con total impunidad, y aún lo padecemos mucho más quienes desarrollamos profesionalmente una labor pública. Insisto, una vez más, en que el anonimato es una de las principales causas que amparan a estos delincuentes de las redes y abogo por un control escrupuloso desde la Dirección de las empresas propietarias de la redes, para la  identificación de los usuarios a la hora de registrar sus cuentas.

Las “cartas al director” aunque sean virtuales, deben ser responsabilidad de sus autores. No todo vale, y el daño que se inflige, lamentablemente no es virtual.

 

CARME-NADA

018_carmenada

“La vida pocas veces espera a que estemos listos.” Gilles Legardinier

Si el diccionario de la RAE contuviera entre sus páginas el vocablo “carme-nada” lo definiría, probablemente, de la siguiente manera: “iniciativa completamente disparatada y absurda que se lanza a los medios de comunicación con el objetivo de procurarse notoriedad a través del disparate y de provocar la desensibilización de los ciudadanos hacia lo grotesco.”  Pues ésa, querido lector, es la táctica que utiliza la alcaldesa podemita de Madrid, Manuela Carmena, para adquirir popularidad y para acostumbrar a los vecinos a vivir el disparate de forma cotidiana, de modo que se anestesie su capacidad de reacción y protesta. No me negarán que en los últimos tiempos ya han empezado a escuchar de vez en cuando a alguna persona exclamar con cierto aire conformista: “¡Ah, bueno… otra carmenada!”, como si ya no tuviera importancia o trascendencia lo que la iniciativa pudiera traer consigo.

Desde que Manuela Carmena y su equipo de Ahora Madrid fueran investidos como “alcaldes” de la capital de España, hemos sido testigo de las absurdas ideas que ha gestado de modo crónico, cada pocos días, como si quisiera “colárselas” a los madrileños a modo de prescripción médica: una cada equis horas o días.

Cuán interminable resulta ya la lista de despropósitos de doña Manuela: madres que limpien los colegios donde estudian sus hijos, universitarios que barran las calles como “servicio social a la comunidad”, niños recoge-colillas, Madrid capital del bridge o Madrid ciudad de los abrazos, huertos urbanos en el barrio de Salamanca, cultivo de hortalizas ecológicas en la azotea del Ayuntamiento de Madrid, el día sin bañador en las piscinas municipales, etc., etc.

Y mientras, entre tantas carmenadas minúsculas que no hacen sino anestesiar la opinión pública, acostumbrándola al dislate peramente, la alcaldesa y su equipo de gobierno de Ganar Madrid, ejecutan carmenadas con mayúsculas, como la supresión de la partida destinada a las víctimas del terrorismo en los Presupuestos de 2016, o el boicot a inversores extranjeros que han tenido que huir buscando otros lugares donde colocar sus millones y sus ofertas de empleo, el IBI selectivo, la eliminación de terrazas en el barrio de Salamanca…  Y, naturalmente, no podemos olvidarnos de los proyectos urbanísticos que ha paralizado, cuando habían sido aprobados previamente, dejando a cientos de familias sin las viviendas en las que habían invertido durante los últimos años, locales sin construir, y prestación de servicios perdidos.

Una de las más recientes “carme-nadas” consiste en la creación de jurados vecinales para mediar entre delincuentes y vecinos. “Menos represión y más mediación”, es el lema al que se aferran los podemitas de Cibeles y parece que Manuela Carmena está dispuesta a seguir a rajatabla su plan de restar poder a los mandos policiales.

La figura del “jurado vecinal” busca que infractores, delincuentes y víctimas tengan la oportunidad de encontrarse con el entorno social donde se cometió la infracción, para reconocer su culpa y acordar conjuntamente vías para restaurar el daño hecho a la comunidad. Esta idea se asemeja mucho a los tribunales populares que ya existen en Cuba y México o a los “modelos participativos” de Venezuela. La iniciativa tiene el “bonito” fin de buscar la reintegración social del delincuente mediante acuerdos que deberán ser ratificados por un “juez ordinario”.

De nuevo, los podemitas muestran una extraña compasión por quienes violan la ley con la justificación de ejercer una protesta social (véanse los casos del asalto a la capilla de la Complutense llevado a cabo por la concejal de Ahora Madrid, Rita Maestre, o bien ocupando lugares como el Patio Maravillas por los ediles Rommy Arce y Celia Meyer), que por quienes son agredidos o violentados.

Para Podemos, la sociedad ideal habrá abolido las cárceles, ya que defienden que un acto delictivo no debe juzgarse en función de lo que indique el Código Penal, sin no por la necesidad de la lucha de clases.

Debemos ser conscientes de los trucos propagandísticos que se esconden detrás de las medidas esperpénticas utilizadas por la formación morada, no es difícil comprobar que en realidad se trata de una estrategia perfectamente planificada porque Manuela Carmena no es la única protagonista de semejantes acciones, véase el caso de Ada Colau, “Kichi”, etc., etc.

Tal vez en el diccionario de la RAE, el término “carme-nada”, podría tener una acepción complementaria, en la que el “-nada”, se tradujera en un “no”; un rotundo NO, porque el gobierno o el desgobierno de Carmena, es el gobierno de la negación. Se trata de una gestión que lejos de buscar el crecimiento y de ser positiva, se basa en la negación permanente. Carmena ha dicho no a la ayuda a las víctimas del terrorismo, a las inversiones extranjeras, al desarrollo de proyectos urbanísticos, a la entrada libre de vehículos a la capital, a las terrazas del barrio de Salamanca.

 No a las luces de Navidad durante toda la campaña de diciembre, no al Belén en la Plaza Mayor…por decir no, hasta le negó la participación en la Cabalgata de Reyes al pavero que llevaba participando en ella toda la vida.

Dejémonos de despropósitos y de negaciones. Y, sobre todo, no permitamos que la costumbre de recibir el golpe del disparate de forma continuada, anestesie nuestra sensibilidad de reacción ante cuestiones de gran trascendencia para nuestro desarrollo económico, social y moral, para el futuro de los madrileños y de los españoles.
Madrid es vida, España es progreso, queremos ser líderes… no bufones.

PARERGAS Y PARALIPÓMENAS

017

“Una vez satisfecha la pasión, el hombre experimenta una especie de desengaño, porque advierte que ha sido víctima de los engaños de la voluntad de la especie, de la voluntad del podemos…” Arthur Schopenhauer

Pasen años, siglos o milenios, el hombre siempre será hombre, y sus más básicos instintos y su esencia humana, permanecerán inmutables. Afortunadamente, su aspecto más básico y animal, ha ido evolucionando, puliendo sus formas, hasta suavizar los contornos de sus sentidos y desdibujar las aristas de su comportamiento para adecuarlo a convivir en sociedad. Hemos aprendido a racionalizar los sentimientos y a utilizar el arte de la dialéctica para crecer y progresar.

Pero, ¿qué diría Schopenhauer si pudiera ser testigo de los debates políticos que ha de tragarse a diario el ciudadano español, y que le son inoculados a borbotones por todos los canales multimedia que le acechan y las redes virtuales que lo envuelven? Lástima que muchos de esos personajes que hoy protagonizan la escena política y mediática, no fueran a clase el día que tocó hablar de dialéctica erística, y desconozcan el arte de discutir aunque siempre se pretenda tener la razón –per fas et nefas-. Porque, querido lector, debatir es todo un arte; pero hoy, un nutrido de “políticos” de izquierda radical, han cambiado el discurso por el insulto, la argumentación por la violencia verbal y gestual, el atril por los contenedores, y el Parlamento por la “kalle”.

Para esta nueva clase de políticos sus disputas no buscan un acuerdo, sino una victoria clara y rotunda, sin concesiones. Para ellos, todo encuentro dialéctico es susceptible de convertirse en un auténtico campo de batalla, en el cual es mejor no dejar prisioneros.

No se trata de una mera cuestión cultural o de coyuntura geográfica, justificada por quienes defienden la teoría de que en los países mediterráneos, cuando surge un conflicto, demasiadas veces un golpe de genio domina sobre el diálogo.  No, no nos llevemos a engaños, es lamentablemente, algo mucho más profundo y más peligroso que todo eso; se trata de la política del odio, sustentada en el rencor, alimentada por la envidia e impulsada por el más rancio comunismo radical.

Hace seis años que la ministra del PSOE “zapaterista”, Leire Pajín, vaticinó una conjunción planetaria entre los líderes progresistas Zapatero y Obama… -casi nada-. Hoy creo que de aquellos sortilegios, alineaciones planetarias y aires esotéricos varios, sólo sobrevivió un maleficio: el oscuro deseo de volver a despertar en los españoles el odio que nos abocó a una terrible Guerra Civil y el rencor que posteriormente habitó en varias generaciones y que gracias al crecimiento, la evolución y el progreso de nuestro país, había quedado diluido en la moderación, la concordia y el deseo común de cerrar una página terriblemente dolorosa de nuestro pasado, para apostar juntos por el futuro.

Zapatero fue la punta de lanza, pero no fue el único responsable de “remover” las miserias históricas, despertarlas a la memoria colectiva, e incluso legislar sobre los recuerdos, con tanta presteza como desconocimiento. Efectivamente, la situación política que vivimos actualmente, pone de manifiesto claramente, que existían grupos interesados en agitar las aguas, para crear el caldo de cultivo perfecto canalizando descontento e indignación, para “okupar” las calles, los espacios y hasta el poder en las instituciones.

Estos personajes violentos que en ningún momento merecen el calificativo de políticos, se han dedicado a quemar contenedores,  agredir a policías,  blasfemar y escupir a los católicos, a orinar y defecar en las iglesias, a decapitar santos, asaltar supermercados, pegar violentamente a ciudadanas aún en estado de gestación,  ocupar edificios y plazas, y  asaltar capillas al grito de “¡Arderéis como en el 36!”… entre otras acciones deplorables.

No es una cuestión de confrontación de ideas, ni de debates… es una cuestión visceral de odio profundo.

Existen muchas formas de ejercer la violencia, no sólo la que se lleva a cabo con los puños y las patadas. Y, a estas alturas, no sé cómo podemos enderezar la situación para que las aguas vuelvan a su cauce, y olvidemos de una vez por todas lo malo, para que desechemos el revanchismo y miremos de frente el futuro, con esperanza y, sobre todo, juntos.

Hubo un tiempo en el que los españoles estuvimos a la altura de las circunstancias y decidimos colaborar pensando en el mejor futuro para nuestros hijos. Seamos positivos y tendamos puentes. Dejemos el odio y el rencor aparcados, la historia nos ha enseñado que no conducen a nada.  Schopenhauer no contempló en la exposición de sus 38 estratagemas sobre “El arte de tener razón” ninguna que fuera violenta. Ciñámonos al debate para después construir en positivo. Diseñemos un futuro a favor.