El alma de un pueblo es un pueblo con alma

“Reunirse es un comienzo, permanecer juntos es el progreso y trabajar juntos es el éxito”. (Henry Ford)

remos2No son tiempos sencillos para las administraciones, ni siquiera para las instituciones y menos para sus responsables. Se ha ido generando –por distintos motivos– una corriente de opinión –en determinados círculos sociales– en forma de leviatán hacia el poder y sus órganos, como ídolo devorador de su prole en beneficio propio. Curioso, precisamente cuando el engranaje propio de la función pública, el “radix – concipera”, no es otro que el servicio al ciudadano con propósito vocacional y basado en el altruismo de ideas y de medios, sin valorar ninguna otra variable en el sistema.

¿Cómo hemos llegado a esto?

Quizá la excesiva sacralización del poder y la escasa participación del pueblo en asuntos de incumbencia directa, resultaron ser el manantial del que bebieron aquellos que se hicieron llamar sus portavoces y ello originó que la leal y noble tarea de trabajar para ayudar a la sociedad, naciera embebida de este pecado original –hace siglos, eso sí– puesto que, no se pudo evitar que, algunos soberanos, jefes, gobernantes, líderes en definitiva fuesen –en casos– deificados, puestos por encima de los demás con cuasi superioridad ontológica…

… Y de ese motivo aparente, de esa herencia apostada en la preeminencia, unido a la ausencia de participación vecinal, aparecieron contados desaires que –con el tiempo– perjudicaron, por su viralidad, que no por su generalidad, a algunas instituciones.

Y esa es nuestra responsabilidad: Responder con esfuerzo, trabajo y dedicación –mucha– para compensar ese déficit de credibilidad, que no de crédito, de los ciudadanos hacia sus representantes.

El gestor público ha de ser un modelo eficaz al servicio de la ciudadanía, ya que de ella recibe su “potestas inbendi” más competente –si cabe– que otras organizaciones, pues la intención pública debe ser “por esencia” el bien general y el trato paritario.

Pero sólo lograremos, ese objetivo de la armonización total, con la complicidad de todos y el esfuerzo conjunto, la colaboración permanente y la empatía emocional gestionada de forma mutua.

Esto es, por ejemplo, la generación y vertebración de un municipio con alma, un municipio que respire, que sienta, que active de forma continua los resortes de su acción social, en conjunto y que sueñe y viva en positivo –entre todos– y piense en grande.

Solo así, con estos esquejes, crecerá un pueblo con alma, robusto, moderno y necesario para completar la recuperación y devolver el maridaje ideal.

Trabajar juntos es el éxito.

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