#PorellosPortodos

 

 

 

 

 

 

 

Estío cálido, envuelto en altas temperaturas y atizado por una actualidad económica al rojo vivo y por un calentón social preocupante avivado por la irresponsabilidad de quienes en su día debieron ser más responsables. Cálido, también, en emociones que afloran por estas fechas de forma más acentuada.

Mes de julio plagado de imborrables recuerdos, de encontrados sentimientos que se cuecen a fuego lento avivados por sensaciones que permanecen candentes a pesar del tiempo, a pesar de los pesares, a pesar de que algunos se empeñen en enfriarlos poco a poco, en desteñir los lazos azules, los crespones negros y las manos blancas.

En julio se cumple el aniversario de algunos de los episodios terroristas más crueles de la historia de nuestro país, entre ellos, el décimo quinto aniversario del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y el décimo séptimo del secuestro y asesinato de Publio Cordón.  Mes de julio en que también se cumplen quince años (9 días antes del secuestro del joven concejal de Ermua), del final de los secuestros de Cosme Delclaux y de José Antonio Ortega Lara, aunque ambos el mismo día,  en distintas circunstancias.

Las tórridas temperaturas de aquel julio de 1997, no pudieron aplacar que miles de personas salieran a las calles de Ermua, de Bilbao, de Madrid, de Barcelona, de toda España en un clamor por la vida, por la justicia y por la paz, sin precedentes en nuestro país.  A media noche, se prendieron miles de velas en las plazas de pueblos y ciudades para “dar luz a la oscuridad” en respuesta a un llamamiento desesperado a la solidaridad. Aquella luz prendió el espíritu de Ermua y arraigó en nuestras conciencias y corazones por eso ahora, quince, diecisiete … veinte años después, no podemos cejar en nuestro empeño por lograr la paz, siempre cimentada desde la justicia.

Es tiempo de afrontar con rotundidad y con pragmatismo lo que somos, de ser consecuentes con nuestras ideas y con nosotros mismos, sin dejarnos cegar por una realidad edulcorada y disfrazada que algunos se empeñan en mostrar como algo moderno, adecuado a los tiempos actuales, amoldado al Tribunal de Estrasburgo.

Una nación es su historia, consolidada por las vivencias tanto de sus épocas más gloriosas como de sus episodios más oscuros y amargos. Olvidar o renegar del pasado no nos hará más felices, sino más ignorantes. Ahora más que nunca necesitamos apoyarnos los unos en los otros y, sobre todo,  en aquellos que defienden lo que nos une, enriqueciéndonos con lo que nos separa.

Debemos recordar siempre que no hay España sin libertad y es nuestro deber contribuir  para evitar su liquidación. Por ellos, por todos…

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