¿ARAÑA O CENTOLLO?

araña o centollo

“La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos.” C.S. Lewis.

 

Decía el sabio Confucio que la educación genera confianza; la confianza genera esperanza; y la esperanza genera paz.  Y es que aunque la educación no es el objetivo para el que debe trabajar una sociedad, sí es el camino fundamental sobre el que avanzar hacia objetivos tan imprescindibles como ideales que permitan alcanzar, al menos, un básico estado de bienestar, de pacífica convivencia y de desarrollo.

Todo ser humano, cuando nace, es como un libro en blanco. Un lienzo absolutamente virgen que, sin embargo, ya en los primeros meses de existencia, se va transformando en función del contexto geográfico, social, político, económico y cultural que le envuelve. Y la educación será el factor más determinante a la hora de moldear su forma de entender la vida y, por tanto, de actuar en consecuencia, con ese modelo que debe imitar. Por ello, si extrayésemos a una persona, nada más nacer, de su hogar, y fuera criada y educada en un lugar completamente en las antípodas culturales de su origen, se mimetizaría con el modelo de sociedad donde se haya criado y desarrollado, sin tener ningún signo de pertenencia o arraigo a su cultura de origen.

Un ejemplo bastante gráfico, aunque simplificado en exceso para hacerlo absolutamente comprensible, es el que enunciaba en el titular de este artículo: ¿araña o centollo? La educación y por tanto la cultura y los usos y costumbres, hacen que en algunas partes del mundo se considere la araña como un insecto ciertamente repulsivo y que, sin embargo, un decadópodo de aspecto bastante similar al arácnido, como puede ser el centollo, sea considerado un majar de la gastronomía. ¿En qué radica semejante disparidad de criterio? Sencillamente, en la educación y la cultura recibidas.

Resulta verdaderamente triste, observar cómo el hombre ha convertido la educación en un problema, cuando en realidad se trata de una oportunidad. Una oportunidad que nos equipara a todos bajo el mismo rasero y es la única llave eficaz para el entendimiento y la paz. Y educar en la paz lleva implícita una educación en valores, tales como la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la cooperación, la verdad o la justicia, entre otros muchos.

Desde todas las administraciones, tanto a nivel local, como nacional e internacional, debemos entender y hacer comprender a la sociedad, que la educación para la paz no es una opción más sino una necesidad imperiosa. Es un tema transversal que debe aplicarse en las distintas áreas y momentos del aprendizaje.

Conocer y aceptar las diferencias entre nosotros es una obligación moral pero, además, puede convertirse en un extraordinario medio de enriquecimiento personal y, por extensión, social. Siempre he afirmado que los seres humanos debemos buscar lo que nos une, porque sin duda, será mucho más que lo que nos diferencia. Y la educación para la paz, precisamente ha de buscar mejorar las cosas, alejándose de prácticas como el adoctrinamiento y la imposición, porque su fin no es el sometimiento de seres grises y estandarizados, sino todo lo contrario, dar alas a seres libres, respetuosos, justos y únicos.

La transversalidad  contribuye a humanizar la educación, dignificando la vida para uno mismo y para los demás. Su aplicación en el microcosmos de la escuela, con el tiempo y por extensión, llegará a todos los ámbitos de la sociedad.

Precisamente, UNICEF define la educación para la paz como un proceso de promoción del conocimiento, las capacidades, las actitudes y los valores necesarios para producir cambios de comportamiento que permitan a los niños, los jóvenes y los adultos prevenir los conflictos y la violencia, tanto la violencia evidente como la estructural; resolver conflictos de manera pacífica; y crear condiciones que conduzcan a la paz, tanto a escala interpersonal, como intergrupal, nacional o internacional.

Ello conllevaría que niños y jóvenes sean partícipes en la gestación de cambios constructivos tanto a nivel local como internacional. Pero debemos ser conscientes de que estamos hablando de un proceso de transformación complejo que atañe a la comunidad mundial y que para que realmente sea duradero, solo es posible a largo plazo. Pero para que las cosas lleguen a concluirse, siempre es necesario, dar un primer paso.

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