THE END

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“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.” Mahatma Gandhi

No hace mucho tiempo, aunque sí en otra época de mi vida en la cual aún podía permitirme el lujo de devorar las páginas de alguna novela de acción que cayera en mis manos, o de ver alguna película sobre ese mismo género, recuerdo una constante que se repetía como hilo conductor del argumento en algunas de ellas, principalmente en las que se narraba una tragedia humanitaria acontecida en alguna parte recóndita del nuestro planeta. Esa constante argumental consistía en que el protagonista debía hacer llegar, a toda costa, un documento gráfico o de audio, a la prensa de un país “libre”, donde una vez puesto en conocimiento de la opinión pública, los gobiernos pertinentes tendrían la capacidad de reacción necesaria y suficiente, como para intervenir ante tan dramática situación humana y acabar con ella. El hecho de hacer llegar esas “pruebas” del horror a la prensa, significaba su erradicación.

¡Cómo han cambiado las cosas! Hace ya algún tiempo, sin duda demasiado, que todos conocemos la terrible realidad que millones de personas padecen a lo largo y ancho del planeta, con especial crudeza en los países de África y de Oriente Próximo. Lugares como Siria, Afganistán, Irán, Mali, Yemen, Etiopía, Eritrea, Ciudad del Cabo, Pakistán, Congo… Lugares que son el infierno, el más terrible, oscuro y macabro infierno. Lugares donde  las personas no viven, solo sobreviven cada día a la miseria, la violencia, la tortura y la guerra. Lugares donde a veces sólo la muerte trae la paz, porque el horror que allí se padece es inimaginable.

Pero henos aquí a los ciudadanos de países occidentales, libres, democráticos y modernos, siendo testigos de la atroz existencia de seres humanos como nosotros, como podrían serlo nuestra mujer, nuestra madre, o nuestros hijos…   Observándolo desde el televisor, que nos permite cambiar el canal o mirar para otro lado, cuando las escenas se vuelven demasiado crueles, y logran estremecer nuestros estómagos, durante unos segundos, tal vez minutos, hasta que nuestra rutina laboral y nuestro estrés vital vuelve a envolvernos. Sin embargo, quienes viven cada día sumidos en el infierno, no pueden mirar a otro lado, simplemente no existe otro lado. Los niños y las mujeres son las piezas más vulnerables de ese tablero de ajedrez, en el que pisen sobre blanco o negro, el azote de la violencia les castigará sin ningún tipo de piedad.

En muchos territorios en los que ahora impera la yihad del Estado Islámico (ISIS), niños y jóvenes son secuestrados diariamente, arrastrados fuera de sus casas y pueblos, y arrancados de sus familias, como si de ganado se tratase. Unas piezas cuyo fin es la muerte para la mayoría de los pequeños, y la esclavitud sexual para las mujeres. Los niños son adiestrados para servir al ejército islámico como bombas humanas, como detonadores de bombas mina marchando delante de los ejércitos profesionales, o como degolladores. ¿Puede el lector imaginarse a su hijo menor de diez años, a su sobrino o a su nieto degollando personas tras haber sido expresamente adiestrado para tal fin? Atroz, horrible, nauseabundo…inimaginable.

Las mujeres son secuestradas para ser esclavas sexuales, infligiéndoles todo tipo de vejaciones, y acciones violentas que cada día van rompiendo su cuerpo y su alma.

Esto es lo que vino a ocurrirle a Yasmin, la joven iraquí que hace pocos días se quemaba viva ante el temor de sufrir nuevas violaciones por los soldados de ISIS que la mantenían retenida. La adolescente había sido violada cientos de veces por los yihadistas.

La adolescente pareció tener suerte cuando logró escapar de su cautiverio, consiguiendo sanar sus heridas físicas, pero las mentales eran demasiado duras y traumatizada por las violaciones y los abusos sexuales decidió prenderse fuego con el objetivo de evitar una nueva agresión sexual.

Yasmin había escapado de las garras de la organización yihadista y vivía en un campo de refugiados de Irak, sin embargo, decidió rociarse con gasolina y encender un fósforo para evitar que volvieran a violarla. La joven estaba tan atormentada por sus recuerdos que creyó escuchar las voces de sus agresores y pensó que la iban a secuestrar otra vez. Quería estar desfigurada y “fea” para que sus agresores no sintieran deseos de volver a tocarla. Simplemente, prefirió quemarse  y arriesgar su vida, antes de volver a pasar por ese terrorífico calvario, padecido cientos de veces.

Hoy, esta joven yazidí de dieciocho años, no tiene ojos, ni nariz, ni orejas. Se recupera en un campo de refugiados en Alemania. Sus heridas, las de su cuerpo adolescente y la de su alma atormentada, nunca podrán cicatrizar. Más de 3.200 mujeres y niños yazidíes todavía están en manos del Estado Islámico.

Según un informe publicado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y de la Misión de la ONU en ese país (UNAMI), las violaciones de los derechos cometidos por el grupo terrorista Estado Islámico en Irak constituyen un “posible genocidio”. El informe afirma que “El ISIS continúa cometiendo de forma sistemática y generalizada violaciones y abusos de la ley humanitaria internacional y de la ley internacional de derechos humanos. Estos actos, pueden suponer, en algunos casos, crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad y posible genocidio”, y según los cálculos de la misión de la ONU en el país 18.802 civiles murieron desde el 1 de enero de 2014 hasta el 31 de octubre de 2015.

Quienes cada día visitamos desde nuestro sillón y a través de los medios de comunicación, estos lugares infernales, somos testigos de su tragedia humana.  No es necesario que ningún intrépido personaje de novela haga llegar a la prensa del “mundo libre” el testimonio de la cruenta realidad que asola tantos lugares de nuestro planeta, porque hoy, son los propios terroristas los que se ocupan de grabar las atrocidades que ejecutan, para causar el terror y el espanto entre quienes tienen la desgracia de verlos. Nosotros sí tenemos ojos, nariz y orejas; aunque a veces me pregunto si tenemos corazón. Hoy es el día…escribamos juntos “The end”.

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JEEPERS CREEPERS

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“Hay reinsertados con las manos manchadas de sangre, goteando (…) se les recibe con banda y con música. Hombre, lo que tendrían que hacer es guardar sus vergüenzas (…)” Gregorio Ordóñez

En una época en la que el tradicional hombre del saco ha sido progresivamente desplazado en el imaginario colectivo por amenazas invisibles en forma de guerras bacteriológicas o armas nucleares o visibles como el terrorismo, la tarea de construir un nuevo mito que contribuya a reformular los parámetros de los monstruos clásicos se antoja compleja, pero no imposible.

La historia que hoy nos ocupa, se explica a través de una leyenda alimentada en el contexto esas tradicionales reuniones de personajes inverosímiles, que unen sus almas alrededor de una fogata urbana prendida en un viejo y corroído bidón metálico, humeando negro intenso, en cualquier callejón estrecho y oscuro de la ciudad.  La criatura se desliza a través de las sombras, y sus ataques aparecen precedidos por una añeja melodía jazz -en un detalle similar al uso de la música en “La noche del demonio” (Night of the demon, 1957), o de las canciones folk escritas por Paul Giovanni en “The wicker man” (1973) cuya letra, extraída de su inicial contexto cómico, prefigura los escalofriantes placeres prohibidos de esta abyecta entidad.

Es un demonio antiguo que lleva vivo, años… despertando cada 23 primaveras y alimentándose durante días de seres humanos a los cuales escoge con su olfato. Cuando huele algo que le gusta, no puede detenerse….

Esta criatura guarda los cadáveres de sus víctimas en lugares oscuros y deshabitados y puede recorrer distancias elevadas hasta desaparecer de la vista e incluso de las autoridades. Su nombre “The Creeper”.

Afortunadamente, “The Creeper” es un monstruo de ficción, aunque lleve atormentando la imaginación de todo aquel que ose conocerlo desde que fuera creado por Steve Ditko como personaje de cómic en 1968, o interpretado, posteriormente, por Jonathan Breck en la saga de películas “Jeepers Creepers” en 2001 y 2003.

Lamentablemente, sin que nos hayamos dado cuenta, deben haber pasado ya esos 23 años de hibernación porque tanto nuestro “The Creeper” como otros personajes siniestros han hecho su aparición en la escena de la actualidad, irrumpiendo sin cortapisas y causando el estupor y el espanto de muchos ciudadanos.

En España, concretamente, el “candidato fantasma” Arnaldo Otegi trata de formalizar a toda costa el encabezamiento de la lista de Bildu  para convertirse en Lehendakari del Gobierno Vasco, estando inhabilitado por la Justicia, hasta 2020.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha remitido un escrito al tribunal que condenó a Otegi por intentar refundar Batasuna a través de Bateragune, en el que le reclama que envíe a las Juntas Electorales vascas la sentencia, para que éstas pueda cumplir de forma imperativa la resolución que le mantiene inhabilitado hasta el 28 de febrero de 2021 y que le impide por tanto presentarse a las elecciones vascas del próximo 25 de septiembre.

Tal como afirmaba hace pocos días el ministro de Justicia y Fomento en funciones, Rafael Catalá,  el “candidato” Otegi no va a formar parte del Parlamento vasco por estar inhabilitado hasta 2020, instando a la Junta Electoral para que sea quien rechace la candidatura, porque si no, el Partido Popular recurrirá la sentencia.

Otegi fue condenado a 10 años de prisión y a dos inhabilitaciones, una especial para empleo o cargo público y otra de inhabilitación especial para el sufragio pasivo. Posteriormente, el Tribunal Supremo mantuvo en 2012 ambas inhabilitaciones aunque las redujo a una duración de seis años y medio. La fecha en que comenzó a computar el tiempo de esta condena no arrancó hasta septiembre de 2014, justo el día siguiente a que cumpliera la pena de inhabilitación absoluta impuesta en un procedimiento anterior respecto a su participación en 2005 en el homenaje al miembro de ETA, José María Sagarduy en el municipio vizcaíno de Amorebieta.

Parece ser que tras la decisión de la Audiencia Nacional de inhabilitarle, la defensa del “candidato fantasma” ha renunciado a recurrir al Supremo. Llegados a este punto, yo me pregunto si toda esta farándula solo responde a una artificiosa polémica buscada; si la izquierda abertzale lo que está pretendiendo es, con la excusa de alimentar la leyenda del victimismo- focalizado sobre ese “hombre de paz” llamado Otegi- detener la masiva fuga de apoyos que está sufriendo frente a Podemos, tratando de fidelizar apoyos radicales.

Tal vez habría que recordar, para que esté bien latente en la memoria colectiva de todos los españoles, que Arnaldo Otegi entró a formar parte de la banda terrorista ETA, allá por el año 1977, formando parte de su facción más radical; y contando en su haber con un amplio currículum de delitos, como el asalto al Gobierno Militar de San Sebastián, su participación en varios secuestros, así como en la liberación de un etarra que se encontraba detenido en un hospital, diversos robos, la explosión de una gasolinera, etc., etc.

El “candidato fantasma” Otegi está más cerca de parecerse al “HOMBRE DEL SACO” que de ser un “hombre de paz”. La Justicia le ha condenado, ha estado en prisión y aún sigue inhabilitado. El hecho de que pudiera llegar a Lehendakari podría llegar a ser tan macabro, como un episodio de “Jeepers Creepers”…..porque recuerde mi querido lector, que la realidad, en ocasiones, supera con creces a la ficción.

 

CON LAS MANOS ABIERTAS

con las manos abiertas

“Estoy a favor de bajar los impuestos bajo cualquier circunstancia, por cualquier excusa y por cualquier razón, siempre que sea posible.” Milton Friedman

Escribía el genial novelista Benito Pérez Galdós, en uno de los Episodios Nacionales, que: “La voluntad del hombre apunta, y otra voluntad más grande dispara; pero rara vez va el tiro a donde uno pone la puntería”.

Y parece que así, entre tiro y tiro y escasez de puntería; entre alzamientos, advenimientos de nuevos regímenes, efímeros reyes que llegaban desde el extranjero, revueltas sociales, restauraciones de difícil diseño y demás episodios, fue fraguándose la historia de nuestra querida España, llegando a convertirse en alguno de sus más descarnados momentos, en ese Saturno devorando a sus hijos, que plasmara Francisco de Goya con descomunal maestría en uno de sus más famosos lienzos.

Los españoles fuimos poco a poco asistiendo al nacimiento de esas dos Españas atávicas, antagónicas y confrontadas, que también el genial Goya retrató, con preclara y dolorosa anticipación a su tiempo, en ese otro lienzo titulado “Duelo a garrotazos”. Un cuadro que aún a día de hoy me estremece y me provoca un dolor infinito en el alma cuando lo contemplo en el Museo del Prado.

España destrozada a garrotazos por España. Devorada por sí misma. Trágica visión la de Goya, triste realidad de locura, pérdida de rumbo, violencia y odio la que afrontó esta nación durante siglo y medio, y tuvo su más trágico desenlace en nuestra guerra fratricida, consecuencia última de una brutal falta de entendimiento entre esas dos visiones de un mismo país que hicieron brotar lo más sombrío del ser humano, pero que dejaron a lo más importante, al individuo, nuevamente espectador sin butaca.

Como muchos historiadores hoy reconocen, el mito de esas dos Españas escondía una realidad aún más cruda, la de una tercera España que asistía atónita e impotente al devenir de los acontecimientos.

Esa tercera España estaba formada una mayoría de la población, cuyo único interés vital no era otro que el de proveer de futuro a su familia y vivir en una nación en la que la Justicia y la Libertad rigieran sus destinos. Esa tercera España ansiaba que la libertad individual fuera el auténtico motor de su vida, el eje de su propio progreso y el epicentro de la transformación de la sociedad. La misma libertad que a día de hoy debemos seguir defendiendo.

La Constitución de 1978, no sólo sirvió para instaurar una democracia moderna e indispensable en nuestro país, no sólo representó el reconocimiento explícito de que todas las Españas cabían en una, sino que convirtió al ciudadano en el epicentro de la nación. Atrás quedaban los tiempos de confrontación, los espadones, las conspiraciones, las imposiciones y los alzamientos.

Por eso, sigo sin entender que unos pocos traten de desafiar permanentemente la mayor época de paz, estabilidad, progreso y libertad que ha vivido nuestro país en los últimos dos siglos. Estamos condenados a aprender de nuestros errores, y aun así parece que hay quienes hoy en día no temen tropezar dos veces en la misma piedra, en alzar viejas banderas y agitar unos sentimientos en pro de un pueblo que sirva de excusa para sus propios intereses.

No podemos engañarnos. Como todo sistema, nuestra democracia aún puede y debe evolucionar, aún puede y debe adaptarse a los nuevos desafíos de una época tan cambiante como ésta que nos ha tocado vivir.

Pero creo, honestamente, que no hay mayor progreso que la libertad individual, que una sociedad en la que el ciudadano es el protagonista. Y eso es exactamente lo que nos ha dado nuestra Constitución de 1978, el sistema que todos los españoles nos hemos otorgado en paz y prosperidad.

Si algo nos han demostrado estos años de Democracia, es que España es una nación sólida, más fuerte de lo que nosotros mismos creemos, capaz de lograr los mayores éxitos cuando avanza en un mismo sentido, de resistir todos los envites y encerronas que la historia nos coloca en el camino a modo de trampa.

El tiempo nos ha brindado la oportunidad de comprender que con el poder y la fuerza de todos los ciudadanos somos capaces de superar con éxito los mayores desafíos. Aunque ya no seamos el país del duelo a garrotazos,  tampoco podemos permitirnos ni un segundo relajarnos y no afrontar los retos y hallar las soluciones que los nuevos tiempos nos exigen. Porque con puntería o sin puntería… algunos se empeñan en no bajar sus puños  y enterrar sus garrotes. Por fortuna, son muchas más las manos abiertas y tendidas, manos para trabajar unidas por el mejor futuro de España.

Desde Olimpia a Río

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“No es la talla del hombre la que importa, importa la talla de su corazón” (Evander Holyfield)

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un hombre griego llamado Oxilos al que se le ocurrió una ingeniosa idea que más tarde, se transformaría en grandiosa: realizar un torneo de juegos deportivos en el cual pudieran participar todos los hombres libres de Grecia. Y, así, con el beneplácito del rey Ifitos de Élida, se disputaron los primeros Juegos Olímpicos, en honor al dios Zeus, en el año 776 a.C., en la ciudad de Olimpia, enclavada en la península mediterránea de Peloponeso.

La idea resultó tan inmensa que llegó a imponerse por encima de los conflictos bélicos tan numerosos en aquellos días, y si en el momento en el que debían disputarse unos Juegos, había guerra, se imponía una tregua entre los contendientes para que pudieran llevarse a cabo. En aquella época, los deportistas que triunfaban adquirían una gran fama y prestigio, recibiendo el “cotinus” corona ramas de olivo, a modo de público reconocimiento y convirtiéndose prácticamente en héroes ante los ojos de los demás ciudadanos. Hoy, nuestros deportistas, han cambiado el olivo por medallas, pero siguen siendo nuestros héroes admirados.

De los 28 deportes que reconoce el Comité Olímpico Internacional, en estos Juegos de Verano, se cuenta con representación española en 25, ya que no se ha obtenido clasificación en fútbol, esgrima y pentatlón moderno. Nuestros deportistas competirán en esas 25 categorías deportivas, dando lo mejor de sí mismos y demostrando los frutos cosechados mediante el ímprobo trabajo y el esfuerzo realizados durante toda una vida, su vida.

Sin duda, el deporte español se encuentra en un gran momento y la mejor muestra es que España acude a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro con una numerosísima delegación, llena de deportistas de primer nivel.

Nuestro país ha conseguido clasificar a un total de 306 deportistas, lo que supone que seamos la décima delegación en número de participantes a nivel mundial, y la cuarta europea, superada únicamente por los equipos de Francia, Alemania y Reino Unido. También resulta digno de ser destacado que España ha clasificado a 9 equipos, todo un hito para nuestro deporte, si tenemos en cuenta que solo lo han superado Brasil como país anfitrión con 14 equipos, y nada menos que el titán de Estados Unidos, con 10 equipos.

El Consejo Superior de Deportes ha calculado que la delegación puede tener unos resultados similares a los logrados hace cuatro años en Londres, cuando se consiguieron 15 medallas. Pero con independencia de los resultados, lo verdaderamente importante son los valores, el trabajo y la ilusión que subyacen del deporte de forma transversal, calando en los pilares más profundos de la sociedad.

Quienes nos dedicamos a la administración pública, somos responsables del deporte, bien sea a nivel municipal, regional o nacional. En nuestras manos tenemos la posibilidad y la obligación de sustentarlo, impulsando su desarrollo, desde la práctica del deporte base, hasta la alta competición, promoviendo un marco normativo adecuado y ofreciendo cuantas facilidades e incentivos tengamos en nuestras manos.

En este sentido, en los últimos años, el Gobierno del Partido Popular, ha trabajado firmemente para dotar al deporte español de medidas de impulso y apoyo, en tres áreas fundamentalmente: la salud de los deportistas respecto al juego limpio; la igualdad de género en el deporte con medidas como la creación la Subdirección General de Mujer y Deporte dentro del Consejo Superior de Deportes; y el reconocimiento, mediante la modificación del régimen de los deportistas de alto nivel, a los deportistas de apoyo que acompañan a deportistas de alto nivel con discapacidad, que también son élite y no recibían su merecido reconocimiento.

Todos y cada uno de los deportistas que integran la delegación española, pueden estar seguros de que van a contar con nuestro ánimo en cada una de las pruebas que disputen. Con permiso de los lectores, me voy a tomar la pequeña licencia de recordar en estas líneas, al joven yudoca Fran Garrigós, del Club de Judo de Brunete, que dirige el extraordinario seleccionador nacional Joaquín Ruiz “Quino”, y que participa en estos Juegos de Río. Un claro ejemplo más, de cómo el deporte español ha ido escalando puestos muy importantes en los últimos años. Desde Brunete estaremos especialmente pendientes de él.

Todos estos atletas han hecho del deporte su filosofía de vida, transformando su día a día en una búsqueda continua de la excelencia, gracias a su espíritu de superación. Han aprendido lo que significa tropezar y caer para levantarse con más fuerza. Han hecho de valores como la fortaleza, la competitividad, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el trabajo en equipo y la honestidad, los ejes transversales de su vida.

Espero que el deporte español escriba de nuevo en Río una de sus mejores páginas, no obstante, para nosotros, el mero hecho de estar allí, ya ha convertido a nuestro atletas en héroes. El hecho de ganar alguna medalla, a modo de “cotinus”, les convertiría en leyenda. El sueño de Olimpia nos espera en Río.

LOS INVISIBLES

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“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.” Eleanor Roosevelt

Pronto se cumplirán trescientos años desde que el genial Daniel Defoe convirtiera a Robinson Crusoe en el náufrago más famoso de la historia de la literatura (1719). Veintiocho años condenado a la más profunda soledad, bajo el sol abrasador de aquella isla de arenas blancas, palmeras y cocoteros, que no resultó hallarse tan desierta, sino poblada por una tribu de caníbales que pretendían fagocitar a aquel rehén que Crusoe pudo liberar y al que decidió llamar Viernes. Recordará el lector que el náufrago Robinson, condenado a un obligado ostracismo vital, realizaba muescas en los árboles para contabilizar los días que iban transcurriendo y, así, evitar perder la noción del tiempo.

Aquí y ahora, se cumple ya un mes y tres días desde la celebración de las segundas elecciones llevadas a cabo en un periodo de seis meses. Toda una condena de desgobierno para nuestro país en la que podríamos contabilizar los días, a base de palitroques realizados con muescas, al más puro estilo “Crusoe”.

Una “condena” que los españoles no merecen, y por la que habría que pedir responsabilidades a algunos políticos, a los que no estaría de más recordarles, que los verdaderamente perjudicados por esta falta de entendimiento político, son España y todos los españoles.

Esta misma semana escuchaba una intervención de Pedro Sánchez durante una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, en la que afirmaba alegremente que “éste es el momento de Rajoy”. Pues yo le digo al señor Sánchez que se equivoca rotundamente, no es el turno de Mariano Rajoy, ni de Albert Rivera, ni de Pablo Iglesias, ni siquiera del mismo Pedro Sánchez, por el contrario, es el tiempo de España y de los españoles. Es el tiempo de esos “invisibles” con quienes parece no ir todo este asunto de los pactos y de la formación de gobierno, y que son los verdaderos protagonistas, a pesar de que su presencia se vea diluida en paisaje político por quienes pretenden erigirse, una y otra vez, como epicentro de toda esta historia.

En estos momentos, y ya llegamos tarde… lo verdaderamente importante es lograr la formación de un gobierno constitucionalista y estable, liderado por el partido político con mayor respaldo electoral por parte de los ciudadanos en los últimos comicios.

En este sentido, Mariano Rajoy, ha manifestado su voluntad de liderar un gobierno de consenso entre los tres grandes partidos constitucionalistas, abriendo la puerta al diálogo, desde el minuto uno, con los líderes de las demás formaciones políticas. Su actitud de aperturismo en la que ha expresado su intención de hablar, debatir y consensuar medidas con el objetivo de alcanzar pactos de gobernabilidad, asentados sobre los pilares de todos aquellos principios y valores comunes, ha encontrado, por el contrario, posturas de bloqueo y rechazo por parte de los restantes partidos democráticos.

Tras ese primer rechazo en bloque que le impidió presentarse como candidato a la investidura tras las elecciones del 20D, Rajoy no ha cejado en su empeño de dialogar para lograr la formación de gobierno. Ya hay fecha para su encuentro con Pedro Sánchez, será el próximo martes 2 de agosto y el miércoles 3, se reunirá con Albert Rivera.

Desde el PSOE dicen que sería una “irresponsabilidad” facilitar la investidura de Rajoy y luego “no permitir su gobernabilidad” y en eso, estoy completamente de acuerdo. Si el PSOE o Ciudadanos facilitan la investidura de Rajoy, deben permitir su gobernabilidad.

Hoy, la oferta que hay sobre la mesa por parte del Partido Popular es la de intentar conformar una mayoría suficiente para poner en marcha el país; resulta fundamental formar gobierno lo antes posible porque España lo necesita.

No debemos conformarnos con hacer muescas en los árboles para contabilizar de forma anodina el transcurrir de los días de un gobierno en funciones bloqueado en su esfuerzo por conformar un nuevo gobierno. No debemos perder la noción del tiempo, sino afianzar la responsabilidad de dotar a “los invisibles” del protagonismo que merecen, brindándoles la formación de un gobierno estable al que le sea permitida la gobernabilidad. Lo grave de las muescas no es que dejen su huella sobre la corteza de los árboles, sino la repercusión que la profundidad de su relieve está provocando en el desarrollo, el crecimiento, la credibilidad y la confianza en nuestro país.