LAS OCURRENCIAS Y LOS OCURRENCIOS

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“Me ha emocionado ver a alguien jugársela contra un antidisturbios.” Pablo Iglesias

En la película “Origen”, Leonardo DiCaprio da vida a un ladrón prófugo de la justicia que se especializa en infiltrarse en los sueños de otras personas para robarles sus ideas o las claves de seguridad del banco, mientras sus víctimas duermen plácidamente. Para ello utiliza un sueño inducido por un dispositivo conocido como “la máquina de los sueños”. “Los sueños nos parecen reales mientras los tenemos, solo cuando nos despertamos nos damos cuenta de que algo no cuadra”, dice en un momento el protagonista.

A los de Podemos el manejo de la máquina de los sueños se les da brillantemente. Nada más fácil que una oratoria tan efectista como vacua en su contenido para introducirse en la mente de muchas personas y adormecerlas en la confianza de que los del “partido de la gente” serán capaces hasta de bajar la Luna a la Tierra si se lo proponen. Y si algo falla en el propósito, basta con utilizar algo de retórica y echarle la culpa de todo a la “casta”.

Manuela Carmena también tenía un sueño: ser alcaldesa de Madrid. Y lo logró por abandono del PSOE. La alcaldesa por accidente también encendió la máquina de los sueños, pero no paran de crecerle los enanos y las enanas… Y las lechugas y los lechugos en el huerto plantado en la terraza del Ayuntamiento en Cibeles, una de sus medidas estrella más “aclamadas”. Sin duda, los madrileños nunca imaginaron huerto tan productivo a tantos metros de altura, y a buen seguro que, si no se queda en el tintero de las ocurrencias y los ocurrencios como tantas otras cosas, también se fascinarán cuando vean en marcha otra medida estrella: el césped en los techos de los autobuses urbanos. Pero eso daría para otra columna.

Hablando de lechugos, otros que no paran de brotar como flores en primavera son las Mayer y los Mayer, esos concejales que no paran de meter en líos a la alcaldesa por su torpeza y sectarismo y que evidencian, por si alguien aún no lo tenía claro, que con las cosas del comer no debería jugarse. Esta semana a la inminente ex concejal de Cultura de Madrid, Celia Mayer, se le bajó el telón en el escenario del Matadero tras dos años plagados de titiri-etarras, desmemorias históricas, reinas magas y desencuentros.

Hace un mes, la alcaldesa perdió la oportunidad de preguntarles a los madrileños, a mitad de legislatura, si les parecía bien la gestión que se realizaba en el Ayuntamiento. Ya que el Ayuntamiento se gastó más de un millón de euros en una consulta popular tan pueril en su contenido como estéril en su participación, podía haber aprovechado para ello. Una consulta, por cierto, que será recordada en los anales de la Historia: que el 0,1% de los madrileños decida cambiar el nombre del parque de Felipe VI es sin duda un éxito intergaláctico de la Democracia. En eso Carmena también se parece a otros “alcaldes de la máquina de los sueños” como Ada Colau o el alcalde de Zaragoza, el de la “gomina”: hay que borrar cualquier huella de la Monarquía, ya sea escondiendo el busto del Rey, quitando el cuadro del Jefe del Estado del despacho del alcalde o retirándole su nombre a un parque. Y si hace falta también se le cambia el nombre a la Plaza de la Hispanidad de Barcelona, que eso atufa a españolismo en la Ciudad Condal y allí los votos a favor en los plenos de las Cuptasuna son muy necesarios para seguir adormeciendo a la gente. ¡Y lo que quedará por ver!

En su afán de alentar a la participación, ahora descubrimos que el Ayuntamiento de Madrid se ha gastado 12.000 euros en un vídeo promocional que dura 60 segundos. O lo que es lo mismo: 200 euros por segundo. ¡Ni Fernando Alonso está tan bien remunerado! Y todo para promocionar otra ocurrencia: los foros de participación vecinal. A los de Ahora Desgobernamos Madrid les encanta decir que son muy participativos, pero luego sólo te preguntan en las papeletas si deseas un Madrid más sostenible y no, por ejemplo, si estás de acuerdo con su Plan A… A de más Atascos. Porque claro, hostigar al conductor y restringirle su libertad sin ofrecerle alternativas para la movilidad, es mejor no someterlo a votación, no vaya a ser que el resultado no sea lo que uno buscaba inicialmente, por muy capciosa que fuera la redacción de la pregunta en la papeleta.

Hay que recordarle a la alcaldesa por accidente que cuando uno se presenta a unas elecciones lo hace acompañado de un programa electoral, que los vecinos respaldan con su voto y con el que después gobiernas. No es necesario gastarse un millón de euros, ni escurrirse las neuronas para formular preguntas teledirigidas, ni gastar 200 euros por segundo en un vídeo. Para escuchar a la ciudadanía sólo es necesario pisar la calle. El problema es que ellos la pisan poco. Y cuando lo hacen es para cambiar la calle de nombre o para meterse a tomar una cerveza en alguna casa okupa, marchándose luego en coche oficial, de esos que podrán circular y aparcar en el centro de la capital cuando otros ciudadanos no puedan. Parafraseando el viejo eslogan, de Madrid al cielo… al cielo del sectarismo ideológico y de las ocurrencias y los ocurrencios.

LIBERTAD ESCRACHADA

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“Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación.” Mario Vargas Llosa

Decía Montaigne que “la verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo”; en la templanza, en el respeto a la libertad de los demás. Pero desde hace un tiempo se ha instalado en una parte de la siempre “bienpensante” izquierda radical, barnizada con su clásica superioridad moral frente al resto de la sociedad, el tótem del linchamiento ideológico, de la falta de respeto sistemática a quien no piensa como ellos.

Por ello,  una señora que ejerce de líder de Podemos en Galicia puede decir en un tuit que los del PP de Galicia asesinan mujeres, y quedarse tan ancha. Y cuando se le pide explicaciones por semejante atroz afirmación, aún responde que es una cuestión ortográfica ya que al texto le faltaba una coma para entenderse correctamente y, de paso, volver a echar la culpa una vez más al Gobierno de Feijóo de no tomar las “medidas oportunas” para detener la violencia de género. Naturalmente, todo ello sin pedir disculpas.

Que esta “lideresa” de Podemos en Galicia deje caer que el Partido Popular es responsable, directo o indirecto, de que haya mujeres que sean asesinadas, es de una zafiedad tan brutal como la utilización, como ataque hacia un rival político, de los desgraciados casos de violencia de género. Eso sí, nunca veremos a esta lideresa de Podemos acusar de lo mismo a los dirigentes de aquellas comunidades donde gobierna la izquierda. Y en ellas, por desgracia, también se producen víctimas de género.

Este es también un país donde un concejal del PSOE de Villarrobledo, en Albacete, se disfraza de terrorista yihadista en el Carnaval de su pueblo, y sale por la calle con un arma fingiendo matar a alguno de sus paisanos. Una auténtica ofensa a las víctimas del terrorismo, sin duda. Y, obviamente,  una falta de la más mínima humanidad, porque hacer chanza sobre el dolor ajeno y el fanatismo terrorista sólo demuestra una gran miseria moral. Pero de momento ahí sigue: aferrado al sillón. Como también lo está en Madrid el ‘humorista’ Guillermo Zapata, el de los tuits de “humor negro”, en los que nadie, salvo él mismo, encontró la gracia. Ya se sabe que para algunos el humor, expresión muy sana por otra parte cuando se ejerce sin ridiculizar a otras personas, es la gran excusa que suelen utilizar para soltar su bilis particular. Incluso a diario desde una televisión y en prime time.

Y hablando de televisión y de la excusa del humor, en este caso para evidenciar el racismo y xenofobia marca “Sabino Arana” de siempre… Este es también el país donde la izquierda radical no se escandaliza de que en un programa de una televisión autonómica, como la ETB vasca, pueda llamarse a los españoles “fachas”, “chonis”, “paletos” y no pedir responsabilidades por ello.  ¿Se imaginan que en una televisión regional francesa se dijera lo mismo de sus compatriotas? Será que la izquierda radical tampoco se siente identificada con otro improperio que se vertía contra los españoles, el de “progre”. Para ellos, los “progres” serán los de la “cal viva” y adláteres. Los mismos que les han permitido gobernar en las principales ciudades españolas. Los mismos “progres”, siguiendo su pensamiento, que permiten que Ada Colau siga al frente del Ayuntamiento de Barcelona y cambie el nombre de la plaza de la Hispanidad o quite el busto del jefe del Estado. La hispanofobia de Ada Colau es tan conocida como el sueldecito con dinero público que su antecesor en la Alcaldía del Barcelona, Xavier Trías, de la ahora independentista Convergencia, le consiguió durante un año mientras era líder de la PAH. ¡Todo financiado con dinero público pero no para el público! Este debe ser el  eslogan del nuevo despotismo ilustrado que practican en la izquierda radical.

Lo más grave de todo es que quien se atreve a criticar estas conductas desde un medio de comunicación o simplemente plasma su opinión con libertad, puede ser escrachado. Que se lo digan -otra vez más- a la actriz Marta Etura, que protagoniza la película “El guardián de la noche”, donde también participa la supuesta actriz “humorista” de ETB. Etura fue una de las abajo firmantes del equipo de la película que se desmarcaba de los hechos acaecidos en la televisión pública vasca. Y claro, el gran justiciero de la izquierda radical, Willy Toledo, le dedicó unas bellas palabras en forma de insultos denigrantes. Que desde una televisión pública, o sea de todos, se practique el racismo debe ser algo normal para este exiliado en el paraíso cubano, donde sólo conocen la palabra “urna” cuando se trata de rendir un último homenaje funerario a sus amados líderes comunistas.

Y por si no tuviéramos poco, la izquierda radical también se ha sumado al coro de insultos contra la Asociación de la Prensa de Madrid, solidarizada y preocupada  por el “amedrentamiento y amenazas” que reciben periodistas que cubren la información de Podemos y publican informaciones que no son del agrado del “partido de la gente”. Ya lo dijo Pablo Iglesias: “Que existan medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión. Los medios de comunicación tienen que tener control público”. O sea, el control suyo y el de su partido político. Y mientras tanto linchan a la APM y a su presidenta, Victoria Prego, una señora que a su parecer sólo debe ser famosa por haber entrevistado alguna que otra vez a Adolfo Suárez. Para ellos, la práctica habitual es denigrar a quienes les llevan la contraria para que no tengan que cerrar el chiringuito.

Parece impropio después de casi 40 años de Democracia que a estas alturas tengamos que hablar de uno de los bienes más valiosos que nos ha deparado el sistema constitucional de 1978, ese que los mismos antes referenciados quieren derribar al grito de que no les representa, a pesar de que ya están cómodamente representados en las instituciones. Pero vivimos en una España donde lo kafkiano se asoma por la ventana con los primeros rayos de sol, y donde aún hoy debemos escribir en defensa de un valor fundamental como la “libertad de expresión”. Esto en otros países democráticos no sucede. Y no somos por fortuna la Venezuela de Maduro, pero está claro que hay algunos que se niegan a evolucionar. O que preferirían evolucionar hacia otro modelo: el autocrático.

LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

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“Me gusta saber que dejo una parte de mi mismo en cada campo de batalla, a cambio de un poco de gloria”. Blas de Lezo

Las lluvias habían cesado concediendo una pequeña tregua a la tierra de color ámbar, empapada por hallarse inmersa en plena estación de lluvias. La temperatura superaba ligeramente los 30 grados pero, a veces, la humedad tornaba casi irrespirable un aire puro y limpio, fresco, de ese que cuando acaricia la cara y ondea el pelo, parece rejuvenecer el espíritu de quien lo respira. Ese aire que mece suavemente la exuberante vegetación verde que crece de manera silvestre tapizando toda la superficie de la tierra, hasta donde los ojos alcanzan a ver.

Pero el gran portalón de madera que daba entrada a la iglesia, se cerró a cal y canto, y allí dentro, hacinados durante once largos meses, la sensación de sentir la lluvia y el aire fresco, y de abrazar con la vista el verde horizonte infinito, llegaron a convertirse en una ilusión, casi en un sueño.

El 30 de junio de 1898 un destacamento de cincuenta soldados españoles fue sitiado en la iglesia de Baler, en la isla de Luzón, por una fuerza militar de filipinos, muy superior a la española.

Aquel grupo de militares españoles, aguataron con estoica heroicidad los ataques feroces de quienes se habían sublevado contra la Corona Española. Además, tuvieron que hacer frente a otro tipo de enemigos tales como el hambre, la enfermedad o la desesperación que les acechaban cada día en el más absoluto de los silencios, surgidos ante la imposibilidad de poder reponer víveres.

Fuera de aquellos muros recios, los acontecimientos bélicos internacionales habían virado rápidamente, por ello, sin creer que la guerra había acabado, continuaron luchando fieles al cumplimiento de su deber y a la misión que allí les había llevado: defender hasta las últimas consecuencias la bandera española.

Fueron múltiples las intimaciones de rendición del enemigo, quienes incluso llegaron a utilizar a un niño portando una carta para ablandar la defensa de los asediados. También fueron numerosas las órdenes de los comisionados españoles para que abandonaran su inútil resistencia; pero ellos las desoyeron pensando que se trataba de una treta para sacarles de su posición, logrando mantenerla durante 337 días en condiciones verdaderamente infrahumanas, y escribiendo, de este modo, una de las páginas más brillantes de la historia militar de España. Tanto es así, que este episodio de resistencia es aún, hoy en día, analizado y estudiado en diferentes academias militares de todo el mundo.

Aquellos héroes, los últimos de Filipinas,  defendieron en una situación límite el honor y la memoria de todos aquellos compatriotas que murieron por España en tierras lejanas. Ellos se ocuparon de recordar al mundo por qué España forjó uno de los mayores imperios conocidos por el hombre.

Aquel puñado de soldados españoles, aquellos héroes fueron quienes en unos tiempos profundamente amargos para nuestra nación, tras la pérdida de Cuba y Filipinas, dieron esperanzas al pueblo español que vivía con el ánimo completamente hundido,  una auténtica tragedia nacional, y buscaba un halo de esperanza ante los últimos episodios de derrota y deshonor.

Algunos se han atrevido a afirmar, no sé si  con el atrevimiento que supone la ignorancia  o con la intencionalidad de tergiversar nuestra historia para denostarla, algo tan común en España y, sin embargo, inconcebible en el resto de países del mundo, que aquel grupo de medio centenar de hombres estaban locos, pero no… No estaban locos aquellos soldados españoles,  sabían cuál era su deber y no dudaron en cumplirlo con creces. Querían resistir, mantener el tipo, por ellos y por España.

Mantuvieron la posición porque era su deber, ni siquiera fueron conscientes de estar haciendo algo heroico y, sin embargo, dieron una lección de compromiso y de amor por España, tan grande y generosa que rubricaron uno de los episodios más gloriosos de la historia de nuestro país.

Aquéllos soldados arriesgaron su vida por España y por los intereses de todos los españoles y hoy es justo reconocer su heroicidad y manifestar públicamente nuestro orgullo por todos y cada uno de ellos.

Un reconocimiento y un orgullo que naturalmente hago extensivo a cada soldado español que a lo largo de la historia ha dado su vida por defender nuestra nación y, naturalmente, a todos aquellos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que hoy son la mejor representación de España y de nuestra bandera, en cada rincón del planeta al que acuden en alguna misión.

El día 338 el portalón de madera de la desvencijada iglesia de Baler volvió a abrirse para dejar entrar un soplo de ese añorado aire fresco y limpio y, a la vez, para dejar salir con la cabeza bien alta, a aquel grupo de soldados españoles supervivientes, que llegaron de reemplazo y, sin pretenderlo, se convirtieron leyenda.

 

MARCIANADA AMB TOMÀQUET

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“La firmeza en el propósito es una de las virtudes más necesarias, y uno de los mejores instrumentos para el éxito. Sin ella genios desperdician sus esfuerzos en laberintos de incongruencias.” Felipe Stanhope de Chesterfield

Desde esta semana, el lugar más propicio para encontrar alguna forma de vida similar a la terrícola son los alrededores de la estrella “Trappist-1”, un astro frío y no muy grande que flota en el espacio y sobre el que giran siete exoplanetas de forma similar a nuestro sistema solar. En un viaje de 40 años luz de distancia, seríamos capaces de llegar a este punto del cosmos, que según los astrónomos cumple con muchas condiciones para albergar vida, y sobre el que ya están trabajando para investigar si hubiera presencia de ozono, lo cual significaría actividad biológica, y por lo tanto vida.

Teniendo en cuenta que un año luz equivaldría en la Tierra a 9,46 billones de kilómetros, la distancia entre nuestro planeta y “Trappist-1” se antoja difícil de recorrer con los medios de que disponemos actualmente. Pero quién sabe si algún científico inventará algún día una nave espacial que permita recorrer confortablemente, y sobre todo de forma rápida, esta inmensa distancia. O si dentro de un tiempo los periódicos se llenarán de titulares porque algún astrónomo encuentre certeza de vida en este punto recóndito del universo.

De lo que sí que dudo mucho es de que, una vez hallada vida, en alguno de esos exoplanetas nos encontremos con unos marcianos que pretendan separarse de su vecino de toda la vida, saltándose la vieja amistad y las normas legales de común acuerdo entre ellos, levantando una frontera a modo de muro, erigiendo su bandera lo más alto que puedan y explicando a sus congéneres que mejor vivir aislados que integrados con el resto de los marcianos.

El independentismo catalán se ha convertido en una auténtica marcianada a millones de años luz de cualquier lógica. Tanto se ha desvirtuado que sus próceres ya no saben dar una respuesta convincente ni a los suyos. Entregado el futuro del “procés”y del gobierno catalán a los radicales de las Cuptasuna -esos grandes filósofos que creen que la educación de los niños debe estar a manos de la tribu-, el capitán Artur Mas, el almirante Junqueras y el muñeco de guiñol de ambos, Puigdemont, navegan a la deriva entre el espionaje mutuo, la deslealtad permanente y la sensación de que el barco naufraga, y de que eso sucede porque el capitán y la tripulación son plenamente conscientes de que su viaje no iba a llegar nunca a buen puerto. Todos iban “juntos” en la lista de pasajeros, sí, pero no se fían el uno del otro, se hacen la vida imposible, se acusan mutuamente de maliciosas filtraciones y da la sensación de que no existe proyecto de futuro más allá de colocar unas urnas de cartón y llamarlo referéndum… ilegal.

Por mucho que se empeñe, el discurso del victimismo hace tiempo que se le agotó a Mas. Cuando vocifera que España les “agrede”, a lo mortales les suena igual que cuando nos trataba de convencer de que España también les robaba, mientras Maragall nos informaba de que CiU tenía el problema del 3%, y el clan Pujol se metía en un cochecito para cruzar por La Seu D’Urgell y visitar los bancos de Andorra. Un viaje en el que no portaban una senyera, pero en el que iban con las manos bien llenas… de amor por los catalanes.

Al sainete se ha unido Juan José Ibarretxe, a quien Mas le ha dado un abrazo en el Kursaal pensando que es el ejemplo vivo a seguir.  Parece mentira que Mas no haya aprendido de lo que pasó en el País Vasco. La fallida consulta del  autoproclamado Plan Ibarretxe también convulsionó la política vasca en el 2008. El lehendakari anunció por dos veces un referéndum para la secesión del País Vasco, bien es cierto que en su caso el resultado no era vinculante. Pero eso es lo mismo que afirmar que uno pide un crédito al banco y ya verá si al final lo paga o no.

El PNV implosionó  y en el Euskadi Buru Batzar afilaron los cuchillos una plácida tarde del mes de julio en la que su entonces presidente, Josu Jon Imaz, escribió su artículo “No imponer-No impedir”, en el que advertía de que el fracaso de las negociaciones con ETA y la deriva secesionista de su partido, lastrando sus resultados electorales, llevaba a que el gobierno tripartito encabezado por Ibarretxe empezara a ser marginal electoralmente. El PNV sufrió la misma caída en picado que padece ahora Convergencia. Y al año siguiente un acuerdo PSE-PP quitaba del gobierno al PNV por primera vez en la Democracia. Por aquel entonces a Patxi López no le suponía dilema moral pactar con “la derecha”.

“¿Qué pasaría el día después de la consulta si no hubiera acuerdo político con el Estado?”, se preguntaba el entonces presidente del PNV en aquel artículo. “Visto lo visto en los últimos años no hace falta ser adivino para imaginar a ETA matando en nombre de la defensa de una presunta voluntad popular no atendida”. En el caso catalán, no existe el terrorismo de ETA, pero sí está la radicalización de unos gobernantes que están batasunizando las instituciones para desobedecer cualquier Ley, mientras siguen recopilando los datos fiscales de los catalanes, ya sean independentistas o no, porque con las cosas del dinero vía impuestos no se juega. Sobre todo si de lo que se trata es de montar un estado catalán, aunque luego el sistema sanitario sea ineficaz para evitar la muerte de una niña en Blanes, que tuvo que esperar dos horas a que una ambulancia la trasladara al hospital de la comarca.

“Podemos detenernos cuando subimos, pero nunca cuando descendemos”, dijo en una ocasión Napoleón, buen conocedor de que determinados procesos políticos caen en declive con la misma fuerza y rapidez con la que alcanzaron su cénit. Y al independentismo catalán el cuento se le acaba desde el momento en el que sabe que enfrente tiene un Gobierno dispuesto a dialogar, verbo que es la base de la Democracia. Un Gobierno que está a favor de trabajar por los catalanes. Porque el verdadero aliado de los catalanes es el Gobierno de España. Y su enemigo son los de las Cuptasuna. El problema es que para dialogar son necesarios dos interlocutores. Y en el caso de Artur Mas y los suyos, el problema de sentarse a dialogar es que les agota el discurso del victimismo y la marcianada amb tomàquet se deshace como un azucarillo en el café de la mañana. Prefieren darse golpes contra la pared de Ibarretxe. Quién sabe, a lo mejor aprenden de lo que le pasó al lehendakari. Pero eso sería mucho presuponer.

LA HABITACIÓN DEL PÁNICO

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“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.” Miguel de Cervantes

Atmósfera inquietante y personajes al límite de lo humano eran la base de la película “La habitación del pánico”, en la que la actriz Jodie Foster y su hija se encerraban en una habitación con muros de hormigón, teléfono independiente, videocámaras y puerta blindada para sobrevivir a la entrada de 3 intrusos en su vivienda de Manhattan. “Se suponía que iba a ser la habitación más segura de la casa”, dice la protagonista acorralada en su interior.

Al igual que el personaje de Jodie Foster, Juan Andrés también tenía una habitación del antipánico en su casa, situada en el barrio del Hatillo, en Caracas. Una zona acomodada que muchas noches era asaltada, aprovechando que el alumbrado público se cortaba “misteriosamente” en barrios donde viven los “pudientes”. En una ocasión, en su exilio en Madrid, lejos de su querida Venezuela, me contó que por la noche, al igual que otros vecinos del barrio, debía encerrarse en la habitación del antipánico. Por la mañana, salía con miedo por si aún había algún intruso desvalijándole y armado. El récord personal lo alcanzó cuando los atracadores llegaron a entrar en su hogar dos noches seguidas. Sólo regresó a Venezuela en un par de ocasiones después para visitar a la poca familia que le quedaba allí y que aún se resistía a exiliarse en Miami o en España. “Venezuela está desolada, es un gran campo de concentración. Un disparate permanente. La policía secreta cubana te investiga entero en el aeropuerto, si entras al centro de Caracas te juegas la vida”, comentó al regreso de uno de ellos.

En la película de Jodie Foster se planteaban los motivos que han llevado a la sociedad a que sus ciudadanos deban vivir encerrados en una habitación del pánico. La metáfora es la propia casa convertida en cárcel. Lo mismo que ha sucedido con Venezuela, convertida en prisión para quienes no lograron escapar del “paraíso chavista”. Un país cuyo salario mínimo es de 27 euros al mes, desnutrido por la falta de abastecimiento de productos básicos, con una hiperinflación que lleva a que comprar un litro de leche -si es que se encuentra en el mostrador de un supermercado- sea cuestión de lujo, y al drama humano de cientos de venezolanos intentando cruzar la frontera con Colombia para poder comprar productos básicos de higiene o una simple pasta de dientes. El sistema productivo está arrasado, las pocas fábricas que quedan han sido en su mayoría nacionalizadas y todo se confió al petróleo. Los legisladores no legislan, los jueces están sometidos al poder político y quien manda son los militares a la voz de Maduro.

En estos días se cumplen 3 años desde que el ex alcalde de Chacao y opositor al régimen, Leopoldo López, fuera encarcelado. Y el régimen se ha encargado de celebrar la efeméride a través del Tribunal Supremo, con jueces nombrados por la oligarquía chavista, que han ratificado la condena a 14 años de cárcel para alguien cuyo delito fue oponerse públicamente a la tiranía de Maduro y los suyos. Desde que el chavismo tomó el control de la máxima instancia judicial hace casi 15 años, no se ha producido un solo fallo contrario a sus intereses. Y claro, de nada sirvieron declaraciones como las del fiscal que procesó a Leopoldo, y que después huyó a Miami, quien afirmó que las pruebas contra el opositor habían sido falseadas. Cuando la separación de poderes es inexistente, la Justicia se convierte en una herramienta al servicio del poder político. Sucede en todos los regímenes dictatoriales. Y es entonces cuando toda una sociedad acaba confinada en la sumisión, el control férreo de las voluntades y la anulación de los derechos básicos.

Conocí en Madrid a Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo. Una mujer fuerte, de amplia sonrisa y muy firme en sus convicciones de Libertad, Justicia y Democracia para su pueblo. Una auténtica Mariana Pineda o Agustina de Aragón de nuestro tiempo. Alguien con el arrojo suficiente para rebelarse contra la mayor de las injusticias, como la que están cometiendo con su marido y con centenares de presos políticos del chavismo. Lilian dijo en aquella ocasión en Madrid que “pronto Venezuela recobrará la libertad”, una frase que resuena en mi memoria mientras veo al padre de Leopoldo otra vez en la televisión -y al que tuve el inmenso honor de recibir en Brunete- seguir explicando, incansable pero con convicción, todas las injusticias cometidas contra su hijo en esta causa.

Y justo cuando Leopoldo padre finaliza su enésimo relato del terror y miseria del régimen tirano, el populista provocador de siempre, el “macho alfa”, el líder del “partido de la gente” aparece en la pantalla para atacar a los expresidentes González o Aznar que han apoyado de nuevo la libertad para Leopoldo. Y en un absoluto ejercicio de cinismo, afirma estar a favor de la libertad de los presos políticos en general, pero no menciona la palabra Venezuela en ningún momento. Los del “partido de la gente”, que no dudaron en lanzarse a la calle y rodear el Congreso ante la victoria del PP, no dijeron nada de los disparos contra la multitud en las calles de las ciudades venezolanas en las manifestaciones antichavistas. Es la obediencia lógica de quienes fueron tan bien pagados con varios millones de dólares de financiación desde Venezuela para exportar el chavismo a España, mientras la gente allí no tenía ni para comprar pan. Los líderes de Podemos, los “chicos de los recados” de Maduro, se ponen muy nerviosos cada vez que se habla de Venezuela y de su relación con la tiranía chavista. Es normal, no dejaban de babear cada vez que hablaban de ellos: “Chavez es inmortal. Me emociono al escucharle. Es una referencia”, dijo Pablo Iglesias una vez.

“Pronto Venezuela recobrará la libertad”, afirmó Lilian Tintori. Y coincido con ella. Pronto quienes viven encerrados en esa habitación del pánico, en la gran cárcel venezolana, volverán a ser libres. Y cuando lo hagan, se desvelará aún más el terror impuesto por los chavistas. Y será cuando los de Podemos volverán a tratar de convencernos de que cualquier crítica contra ese régimen, es una reacción de los oligarcas que no soportaban ver vivo a Chávez y su socialismo. Aunque quizá para ese día, quién sabe si las purgas estanilistas hayan terminado de finiquitar a quienes aún queden dentro de Podemos. Al paso que van…

LA TONTIFICACIÓN

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“La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. Porque la inteligencia tiene límites y la tontería no”.  Claude Chabrol

Los fundadores del pensamiento occidental Platón, Kant y Descartes eran blancos. Hasta ahí nada que no supiéramos hasta ahora. La novedad estriba en que un grupo de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de una Universidad de Londres ha solicitado que dejen de ser estudiados los tres filósofos… ¡sólo por ese motivo! Por ser blancos. Según estos jóvenes,  hay que “descolonizar” la universidad y “enfrentarse” a una institución blanca. Y si llegado el caso tuviera que estudiarse su pensamiento en las aulas, habría que hacerlo siempre desde “un punto de visto crítico” y cuando fuese “estrictamente necesario”.

Tal grado de estultez no es exclusivo de estos universitarios. En Estados Unidos hubo quien llegó a pedir la marginación de las aulas de obras como “Huckleberry Finn” de Mark Twain por su discurso “racial” y hasta quien fantaseó con prohibir el estudio de “La Biblia” por su deriva “fanático religiosa”. De momento esta pléyade de lumbreras modernos no han alzado su voz para solicitar que los alumnos pasen menos tiempo con la PlayStation y más con los libros; o para que en las aulas no se utilice el teléfono móvil, aunque haya diversos estudios que relacionan un mejor rendimiento académico cuando estos dispositivos no se utilizan. Vivimos una época en la que para algunos estudiantes es más importante saber mandar un emoticono por whastapp que interesarse por el pensamiento cartesiano.

Decía Séneca, otro filósofo también blanco para desgracia del grupete de universitarios londinense, que “más vale ser pobre que tonto, porque el pobre tiene necesidad de dinero y el tonto tiene necesidad de razón”. Un bien cada vez más escaso, especialmente entre las capas más jóvenes, que prefieren el postureo frente a la reflexión. Lo fácil y cómodo frente al esfuerzo y la inquietud. Lo guay y moderno frente a lo que huela a viejuno. Y en este caldo de cultivo, ha encontrado su ecosistema natural la izquierda radical.

El proceso de tontificación que practican los de Juntitos Podemos es un mecanismo tan refinado como poco novedoso. Primero hay que rechazar todo lo que ha cimentado la sociedad: la Democracia actual ya no sirve, las leyes están para incumplirse y hay que abolir la Constitución sin proponer nada a cambio. Luego hay que echarse al monte de las calles: la masa es el auténtico foro de debate; las casas okupas, los nuevos parlamentos; y enfrentarse a la Policía quemando contenedores, las proposiciones no de Ley.

Porque la gente lo es todo. Y así los grandes intelectuales o científicos son sustituidos por los “movimientos” sociales y las pancartas. El escritor Javier Marías lo expresaba bien en un artículo reciente: “Hoy no es nadie quien no protesta, quien no es víctima, quien no se considera injuriado por cualquier cosa, quien no pertenece a una minoría o colectivo oprimidos”. Y lo ha reafirmado esta semana el secretario de organización de Podemos, Pablo Echenique: “España es el 15-M y es Podemos”. Y fuera de todo eso no hay nada más. La España actual comienza y acaba en ellos.

Una vez controladas las calles, el proceso de tontificación continúa en aquellas instituciones en las que la izquierda radical pisa moqueta: primero, adoptando medidas con marcado cariz sectario para contentar a la masa: de ahí surgen los titirietarras del Gora Alka-Eta de Madrid. Y  luego, proponiendo muchas otras medidas que no se pueden llevar a efecto por irrealizables: si hay suciedad en un colegio, que limpien las madres de los escolares, nos dijeron. Y entre medias se teje una espiral conspirativa: todo aquel que osa criticar estas medidas es acusado de encender la máquina del fango. Y si es periodista, le montan una web institucional para contradecirle y aportarle la auténtica luz de la verdad, que sólo es la suya, como pasó con la web “Madrid VO”. Eso sí, la máquina del fango sólo funciona en una dirección, porque cuando las críticas, las calumnias o los escraches se vierten sobre representantes de otros partidos, lo que se está ejerciendo es la “justicia social liberadora de los oprimidos”. La gente siempre tiene razón.

Sea como fuese, la tontificación de la sociedad ha llegado para quedarse. Y lo demuestran a diario los desgobiernos de la izquierda radical, que se escudan en la masa para no tomar sus propias decisiones. El primer deber de todo gobernante es escuchar a los ciudadanos a quienes representa, aprehender sus propuestas y tratar de llevarlas a cabo si son de utilidad para el conjunto de la sociedad. Pero el segundo deber es tomar decisiones, escuchando a los departamentos técnicos y especialistas en cada materia, a sabiendas de que esas decisiones no siempre contentarán a todos y a veces recibirán críticas. En política hay que mojarse.

Pero a la izquierda radical las críticas y tomar decisiones cada vez le gusta menos. Sólo así se entiende eso que han llamado en Madrid la “nueva Democracia participativa” (debe ser que nunca hubo Democracia ni fue participativa) por la que los madrileños podrán decidir qué proyecto será el ganador para remodelar la Plaza de España o si gusta más o menos el peatonalizar la Gran Vía, como si los tres millones de madrileños fueran arquitectos o paisajistas urbanos. O se pregunta en las urnas sobre asuntos utópicos que el propio Ayuntamiento reconoce que son irrealizables por “carecer de competencias”, pero que resultan muy molones y sectarios, del tipo “eliminar la asignatura de Religión de las clases”. En el fondo, a Carmena y los suyos lo único que les importa es que una decisión errónea quede excusada en que fue “lo que decidió la gente”.

Dijo el cineasta francés Claude Chabrol que “la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. Porque la inteligencia tiene límites y la tontería no”. Y el problema es que a diario hay quienes se encargan de demostrarnos que es verdad.

RÓMULO Y REMO

“Los hombres tienen menos cuidado a la hora de ofender a un príncipe que se haga amar que a uno que se haga temer, el temor es un miedo al castigo, y ese miedo nunca desaparece”. MAQUIAVELO
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Este año se cumplen 100 años de la Revolución Rusa de octubre de 1917, que supuso el auge dictatorial del comunismo que durante más de 70 años subyugó a la sociedad rusa y provocó millones de muertos a lo largo de su historia, aunque ahora Carlos Sánchez Mato, a la sazón concejal de Economía de Ahora Podemos en el Ayuntamiento de Madrid, intente convencernos de que “en la hermosa Revolución Rusa sólo murieron 5 personas”. El derrocamiento del régimen zarista enfrentó a dos modelos políticos irreconciliables: el tradicional socialismo con tintes liberales, que encarnaba Alexander Kerenski; y el nuevo comunismo bolchevique al que ponían rostro Lenin y Trostky.
Para los bolcheviques, Kerenski simbolizaba el antiguo régimen al representar la ideología pequeño burguesa que llegó al poder disimulando su conformismo con la clase burguesa. Mientras, los líderes del socialismo más moderado se enfrentaban a los soviets bolcheviques para salvar a Rusia del Comunismo. Dos modelos políticos se enfrentaron, todos ellos encarnados por líderes que no se tragaban el uno al otro. El resultado es de todos conocidos: Kerenski fue laminado. Perdió la batalla con un adversario mucho más astuto y sin piedad.
Su relato bien podría asemejarse a lo que está sucediendo estos días en el seno del partido del “amor” y del “buen rollismo”. Tres años después de su lanzamiento oficial en Vistalegre, los de la nueva política han evidenciado las peores formas de la vieja casta que tanto denostaban. A los de Podemos se les ha atragantado el asalto a los cielos, les ha podido las ansias de gobernar, han evidenciado que su programa político gira en torno al protagonismo de sus líderes, con sus consiguientes acérrimos bien remunerados, y anticipan que las viejas purgas comunistas, que con denuedo ya han aplicado en territorios como Madrid, se acrecentarán al final del Vistalegre II, al que el “partido de la gente” llega roto por los cuatro costados.
Y todo ello bajo la atenta mirada de los antiguos líderes de lo que queda de IU tras la OPA hostil de Podemos, y que ponen buenas palabras a la situación mientras miran atónitos la jugada sin saber muy bien en qué bando deben situarse: ahora toca nadar y guardar la ropa. La próxima vez que se encuentren con Iglesias o Errejón en los pasillos del Congreso, a Garzón y compañía les puede pasar como a los periodistas de la televisión cubana cuando, recién fallecido Fidel Castro, se encontraron caminando por la Plaza de la Revolución con el cantante Silvio Rodríguez. “Silvio, buenas, buenos días, para la televisión cubana en vivo…”, le dijo educadamente la presentadora. Casi interrumpiéndola, Rodríguez le respondió: “No son buenos los días”, y siguió caminando sin dirigir más la palabra a los periodistas.
La bronca definitiva escenificada esta semana por los dos viejos amigos de la Universidad y ahora enemigos irreconciliables como diputados, es muy esclarecedora y, como sucedió en 1917 en Rusia, vuelve a situarnos en la confrontación de dos modelos políticos antagónicos: el de rodear al Congreso al grito de “no nos representan” proferido por los mismos que ya están dentro de él; o el de “institucionalizar” la “revolución” y cenar con los bohemios burgueses que hablan de las bondades de la izquierda radical usando cubertería de plata y bebiendo en copas de cristal de Murano. Sea como sea, la afrenta ha traspasado twitter para convertirse en un síntoma de que los flautistas de Hamelin que nos querían conducir al paraíso, finalmente se han enfangado en el infierno del rencor.
En el Vistalegre II, que va camino de convertirse en un sálvese quien pueda, a sus fans les sucederá como a las bandas de rock cuando se separan: unos defenderán que el mejor integrante era el cantante y otros dirán que el alma del grupo era el guitarrista. Iglesias y Errejón nos hicieron creer que eran los nuevos The Beatles de la política y acabarán sin dirigirse la palabra y lanzándose dardos envenenados como les sucedió a Lennon y McCartney. Ya lo ha dicho Carolina Bescansa, la del ‘postureo con bebé’: “Van a chocar dos trenes”. Y lo dice quien ha decidido apearse por sorpresa de los dos.
Desterrado en la isla de Santa Elena, Napoléon Bonaparte repasó su trayectoria en una serie de conversaciones más o menos informales con Barry O’Meara, quien durante varios años fue su médico personal en el exilio en la isla. El médico recopiló algunos de aquellos materiales en su célebre libro “A voice from St. Elena”. Intrigas en sus ministros, traiciones entre sus generales y negociaciones fallidas para el reparto del poder en aquella Europa previa al Congreso de Viena se condensan en un relato en el que aparece un Napoleón mohíno, quebradizo de salud y abatido por las luchas intestinas de poder en torno a su figura.
De momento ningún confesor ‘podemita’ se ha atrevido a arrojar luz sobre el verdadero motor de tal enconamiento entre los dos líderes del partido del “amor y la gente”. Es mejor correr un tupido velo… por ahora. De los tiempos de los besos y los abrazos, hemos pasado a los del “y tu más”. Y en esas andarán hasta que Vistalegre, el Waterloo particular para alguno de los dos napoleones de la izquierda radical, se encargue de desterrar al perdedor a la isla de Santa Elena….para que el vencedor -cual Rómulo- gobierne sobre las cenizas de lo que fue y nunca más volverá a ser.