ALFIE EVANS

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Toda vida es la vida de Dios que se hace presente entre nosotros, aún en un niño que todavía no ha nacido. Nadie tiene derecho a levantar su mano para segarla.”
Madre Teresa de Calcuta

 

La vida es una aventura. Infinidad de veces hemos escuchado tal aseveración, que humildemente comparto. Una aventura que comienza con un viaje de llegada y otro de partida y que, basándonos en las leyes de la naturaleza humana, debería concedernos entre ambos puntos de inicio y fin, el tiempo suficiente como para poder disfrutar e incluso sufrir, tal aventura. Sin embargo, en no pocas ocasiones, la lógica se transforma en ilógica, anticipando el viaje de partida, mucho antes de lo que cabría esperar. Resulta insoportablemente doloroso e incomprensible, ver cómo niños, pequeños bebés, han de abandonar esta compleja aventura de la vida, a la que precisamente acaban de llegar, sin que apenas les haya dado tiempo a sentir ni ser conscientes de que han llegado.

He de reconocer que el tema del sufrimiento infantil es algo que siempre me ha superado. Nuestro deber es proteger y cuidar la infancia, por su fragilidad, vulnerabilidad e incapacidad de ser autosuficientes. Por ello, cualquier acción violenta o cruel que se comete contra un niño, es el crimen más deplorable que el ser humano puede llevar a cabo. Va contra la naturaleza, contra el raciocinio y contra la esencia misma del alma humana. También me sobrecogen y me llenan de amargura y desasosiego las situaciones de dolor y padecimiento no propiciadas por la acción directa del hombre, sino por circunstancias crueles o desafortunadas, que llevan a que la enfermedad recaiga sobre un pequeño.

Estos días, los medios de comunicación de todo el mundo, se hacían eco de la dramática historia del pequeño Alfie Evans. Un bebé británico de 23 meses de edad, que padecía una enfermedad neurológica degenerativa y desde diciembre de 2016 estuvo ingresado en un hospital de Liverpool.  La historia del pequeño Alfie, desgraciadamente, ha dado la vuelta al mundo, por la terrible situación que la envuelve. La Justicia británica con su decisión, sentenció a muerte a este bebé inglés, al vincular su destino al criterio del equipo médico que le atiendía, por encima de los deseos y peticiones de sus padres. Los médicos afirmaban hace pocos días que era completamente inútil, continuar proporcionando al niño los tratamientos que le mantenían con vida de una forma artificial. Por ello, y con la justificación de evitarle sufrimientos, el pasado lunes desenchufaron los sistemas que le proporcionaban soporte vital.  Sin embargo, contra todo pronóstico y ante la admiración de los médicos, el niño  continuó respirando por sí sólo. Y, así… luchando por su vida, con todas sus fuerzas y con el amor de sus padres, estuvo resistiendo cinco largos días.

Sus padres querían trasladarlo a Roma, donde un hospital se había ofrecido a proporcionarle tratamiento, soporte vital y quizás una esperanza. Esperanza que los médicos del hospital de Liverpool le denegaron con su diagnóstico, y la Justicia británica, en contra de los deseos y súplicas de los padres, eliminaron por completo. El propio Papa Francisco hizo un llamamiento para que se atendiera el deseo de los padres de buscar nuevas formas de tratamiento. Sin embargo, ni el apoyo del Papa a los padres, ni la oferta de un hospital de Roma (administrado por el Vaticano), de recibir al pequeño,  surtieron ningún efecto.

Resulta terrible que un Estado pueda entrometerse en una cuestión tan personal que solo afecta al ámbito íntimo de una familia y contravenir los deseos de unos padres, que tratan de buscar un camino hacia la esperanza.

Todos debemos respetar y acatar las leyes, cuando éstas vayan a favor de la vida. Pero no es humano, ni moral, ni ético, que existan normas, sentencias y decisiones que, precisamente, vayan en contra de la vida. Tengamos en cuenta que la legislación es una cuestión gestada y dictada por los hombres, y el ser humano no es ni mucho menos perfecto.

El pequeño Alfie podría haber viajado a Roma, es cierto que podría haber fallecido en el trayecto al hospital que le brindó ayuda, pero eso nunca lo sabremos porque los médicos y la Justicia británicos le denegaron esa posibilidad. Su enfermedad fue diagnosticada como irreversible, pero también es cierto que el pequeño permaneció casi cinco días viviendo sin máquinas de soporte vital, contra todo pronóstico. Con tan solo 23 meses de vida, el pequeño Alfie ya emprendió su viaje de partida.

La Justicia jamás debería mermar la esperanza de vida de nadie y, mucho menos, contradiciendo la voluntad de unos padres. Las leyes deben siempre preconizar el derecho a la vida. Vivir, esa es la cuestión.

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