EL CALVARIO DE LA CRISTIANOFOBIA

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“Vamos a quemar la Conferencia Episcopal, por machista y carcamal.”
Rita Maestre en su asalto a una Capilla.

 

Transcurridos unos cuantos miles de años de prehistoria y de historia, el ser humano ha sido incapaz de comprender, que cada persona es libre, diferente y única. Que tiene todo el derecho a sentir y a vivir, según sus sueños e ilusiones, según sus valores y creencias, y según sus propias exigencias pero, siempre, respetando a los demás, porque el respeto es la única llave universal para lograr la pacífica convivencia entre personas y entre pueblos.

Esta semana, los cristianos culminamos la Cuaresma, con la celebración de la Semana Santa. Unos días de especial recogimiento espiritual en los que nos acercamos íntimamente a Jesús, para recorrer junto a Él, la Pasión de sus últimos días en Jerusalén y la celebración de la Pascua de Resurrección. No es un camino fácil de transitar, pues nos ponemos al lado del Nazareno para compartir su calvario, y ello nos hace comprender que ante las adversidades de la vida y ante la persecución, aun no estando solos, debemos ser capaces por nosotros mismos de levantarnos una y otra vez, para  culminar aquello que nos propongamos o que nos haya sido encomendado. No es una tarea sencilla, porque la persecución existe. Hoy, 2018 años después del nacimiento de Cristo, los cristianos seguimos siendo perseguidos por todo el mundo.

El pasado miércoles, 105 niñas nigerianas fueron liberadas tras un mes de secuestro por Boko Haram. No estaban todas, cinco no volvieron a la localidad de Dapchi, lugar donde fueron liberadas las más “afortunadas”. El relato que narran estas niñas, del sufrimiento que han padecido es absolutamente aterrador. Cuentan cómo cuatro de sus compañeras perecieron y cómo una de ellas permanece secuestrada por haberse negado a renunciar a la fe cristiana para abrazar el islam que impone la secta terrorista de Boko Haram.

No es la primera vez que este grupo islámico que opera en esa zona de África, entra en un colegio y rapta a las menores que encuentra; en 2014 Boko Haram secuestró a 270 alumnas en un colegio de Chibok. Desgraciadamente, cuatro años después, casi la mitad de ellas no han regresado. Este es el particular y terrible calvario que han tenido que padecer estas pequeñas niñas nigerianas, simplemente por ser cristianas e ir a un colegio donde se profesaba su religión.  Muchas ya no tendrán ninguna oportunidad, fueron víctimas mortales de la persecución cristiana; otras muchas tendrán que aprender a convivir con el miedo y el dolor para siempre.

Según la Lista Mundial de la Persecución 2018 que elabora anualmente Puertas Abiertas (Open Doors), existe una tendencia al alza de la opresión y la violencia anticristiana en el mundo.  Esta institución, registró en 2017, la dramática cifra de 3.066 cristianos muertos por causas relacionadas directamente con su fe, y 793 iglesias fueron atacadas. Nigeria es precisamente el país donde mayor número de cristianos perdieron la vida el pasado año, nada menos que 2.000 personas.

Pero la persecución no solo implica actos de violencia, secuestros y asesinatos, sino que abarca también diferentes formas de opresión. Por este motivo, los dos países reconocidos en la Lista Mundial donde existe mayor persecución a los cristianos son Corea del Norte y Afganistán.

En España, durante los últimos años, algunos partidos políticos y ciertos sectores de la población también han comenzado su particular persecución y cruzada contra el cristianismo, tras haber brotado en ellos un instinto de cristianofobia, que nada que tiene que ver con el respeto a los derechos y libertades propios de nuestro moderno sistema democrático, donde debería suceder todo lo contrario, ya que la propia Constitución Española defiende y protege la libertad de culto.

Hoy, comprobamos  la existencia de muy diversas formas de persecución. Una de ellas se basa en  tratar de construir una corriente de pensamiento cristianofóbica para inculcar en los ciudadanos que el cristianismo es una cuestión arcaica con unos valores anacrónicos y unos símbolos y expresiones que no merecen el menor respeto sino todo lo contario,  la burla, el desprecio y el insulto. Esta corriente parece estar calando hondo en algunos sectores de la población, que vacíos y carentes de principios morales y éticos firmes, abrazan cualquier fórmula de agresión y todo aquello que lleve implícito el orden, la moralidad, la fe y los valores que envuelven la fe cristiana.

Los cristianofóbicos no se conforman con ignorar el origen cristiano de nuestras raíces históricas y culturales como pueblo, las raíces de toda la cultura de Occidente, sino que van un paso más allá, pretendiendo su aniquilación a toda costa.

En los últimos tiempos hemos sido testigos atónitos de insultos permanentes, de asaltos a capillas, de pretendidas procesiones “obscenas”, de burlas y maltrato a la figura de Jesús y de la Virgen María, de intentos de sabotear e impedir la celebración de nuestras tradiciones cristiana y, esta Semana, en algunos rincones de España, lo volverán a intentar. Será nuestro pequeño Calvario, nada que no podamos afrontar, porque ellos no comprenden que nosotros, los cristianos, tras cada caída, cada afrenta, cada persecución, como hiciera Jesús camino del Gólgota, nos volvemos a levantar.

 

 

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