MARTA SÁNCHEZ vs ANNA GABRIEL

Marta Sanchez vs Anna Gabriel

Pues esta España que decimos tal es como el Paraíso de Dios”. Alfonso X de Castilla

 

“Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón, y no pido perdón” así comienza una de las estrofas de la letra que la cantante Marta Sánchez ha compuesto para su personal himno de España, simplemente porque sí, porque ama a su tierra y porque estando en Miami por motivos de trabajo durante unos años, añoraba cada día su patria. Hace una semana, un video aficionado grababa con su móvil la interpretación que la cantante española hacía durante el espectáculo musical que está representando en el Teatro de La Zarzuela en Madrid. Una actuación cargada de emotividad y de sentimiento que ha alcanzado una viralidad en las redes sociales, absolutamente asombrosa en nuestro país.

A penas un par de días después, otra mujer trataba de disputarle el protagonismo a Marta Sánchez. Un protagonismo que Marta nunca buscó, sino que le vino regalado por el sentimiento compartido de millones de españoles que aman profundamente su tierra y, especialmente, por aquellos que sintieron que la cantante daba un paso adelante, manifestando públicamente, a través de la música, un sentimiento patriótico cuya expresión, desafortunadamente, está mal vista por algunos sectores de nuestro país. Resulta lamentable que un ciudadano español pueda ser criticado, insultado o amenazado por sus propios compatriotas, simplemente por manifestar sus sentimientos de amor y orgullo por su país. España debe ser el único o de los únicos países del mundo donde sucede tal cosa.

Y lógicamente, tal como cabía esperar, ya han comenzado a surgir las críticas a la cantante, sacando a relucir algún asunto que en su día tuvo cierta polémica, pero en cualquier caso nada ilícito. No seré yo quien escriba sobre tal cuestión, porque no deseo contribuir a alimentar a la “bestia” que busca la crítica fácil y el deshonor de todo aquel que honra a España.

Y, hablando de deshonor, vuelvo a fijar mi atención en la otra mujer que mencionaba hace unos instantes, le había disputado el protagonismo a Marta, pero justo en la antítesis de lo que el gesto musical de la cantante ha representado. Se trata de la otra cara de la moneda, de esa cara de la desfachatez, y del cinismo más puro que representa la dirigente de la CUP, Anna Gabriel.

La lideresa catalana decidía esta semana marcharse a Suiza, huyendo de la Justicia española que la investiga por rebelión en el proceso independentista de Cataluña. Porque no se ha fugado a Venezuela, ese paraíso social que tanto ensalza la izquierda radical por su buenismo con los ciudadanos y el respeto que profesan a los derechos humanos, no… se ha fugado a Suiza.  Y, desde allí, instalada en Ginebra, una de las ciudades más caras del mundo, exponente del capitalismo y la banca que ella ha criticado con una feroz radicalidad, ha afirmado que seguirá luchando por “la independencia de Cataluña y los derechos humanos en general.” La verdad es que situar la independencia de Cataluña en el mismísimo rango de los derechos humanos, y hacerlo huida desde uno de los países con mayor cultura capitalista, esa que ella y los suyos tanto detestan, es más que lamentable, es un ejemplo de puro cinismo y un insulto a todos los españoles, a los catalanes y, sobre todo, a los propios militantes de la CUP, a los que ha dejado completamente abandonados, mientras se ponía a resguardo de la justicia española, siguiendo la estela de Puigdemont y sus secuaces.

Me resulta incomprensible que los militantes de la CUP y otros ciudadanos catalanes que han compartido momentos de radicalidad y delirios de independencia con sus líderes, siguiendo ciegamente a  Anna Gabriel o Carles Puigdemont, no vean la realidad que les golpea delante de sus propias narices. La realidad del abandono, la realidad del “yo me largo, apañaos como podáis”, la realidad de un cinismo brutal que decía perseguir unas ideas  y que sin embargo, era pura demagogia y manipulación, en busca de intereses personales.

Decía Marta Sánchez al finalizar la estrofa que mencionaba al principio, “…y no pido perdón”; claro que no, no se debe pedir perdón por amar la patria. Quienes sí deben pedir perdón, son los fugados de la Justicia española, por incitar al odio contra nuestro país cual libertadores frente a un estado opresor, y abandonar a su rebaño de seguidores a su suerte, en cuanto han visto que la situación se les complicaba.

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