LA REVUELTA DE LOS PERNILES

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“Bajo condiciones de tiranía es más fácil actuar que pensar.” Hannah Arendt

 

Esta Navidad, ni uvas, ni ponche de crema, ni frutos secos, ni perniles de jamón… Venezuela, desgraciadamente, se sigue muriendo de hambre;  esto no es nada nuevo, pero sí lo es, que en esta ocasión, han sido barrios enteros –muchos de los cuales se mantenían fieles al régimen de Maduro, en cuya utopía revolucionaría un día pusieron su esperanza- los que se han levantado en protestas, ante la desesperación y la cólera despertadas por el hambre, la escasez de medicinas, de electricidad y de gas.

Venezuela cierra el año 2017 con una inflación del 2.500 por ciento, lo que ha disparado los precios, incluso de los productos de primera necesidad, a unos niveles absolutamente insoportables, y sumando esta carestía a la escasez de abastecimiento en los mercados, el pueblo venezolano, muere literalmente de hambre.  Pero el régimen del tirano Maduro, busca la solución al problema de la hambruna en la amenaza y el terror: matar al que pida de comer. Y así procede el líder bolivariano: “Mano dura, y al que haga armas contra la República, que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se encargue de él con todo su poder de fuego, así lo ordeno.”

Es Navidad y, esta vez, en Venezuela, las protestas no han surgido motivadas o incentivadas por una iniciativa política, sino que han nacido de forma espontánea desde la calle, desde una sociedad más que hastiada y desesperada por la falta de alimentos, de sanidad, de seguridad… La “revuelta de los perniles” ha alcanzado al mismísimo epicentro social del chavismo, a barrios populares que se mantienen a duras penas, gracias a la entrega de subvenciones y las bolsas de alimentos que les entrega el régimen, a cambio de mantener apaciguados a este sector de la población. Pero, la calle, se mueve de nuevo.

En los países cristianos, donde la Navidad se celebra como un tiempo lleno de fe y de magia, en el que tradicionalmente se reúnen las familias entorno a la mesa para compartir una cena especial en Nochebuena, o una comida tradicional el día de Navidad, es cuando, precisamente, en situaciones críticas como la que se está viviendo en Venezuela, las personas sufren con toda intensidad el hecho de la humillación y la desesperanza de no poder alimentar a la familia y a sus seres queridos.

Hasta ahora, el chavista Maduro, había mantenido a raya a los sectores de población más cercanos al régimen, con la entrega, cada Navidad, de cierta cantidad de alimentos especiales; pero estas fiestas navideñas, el pernil de cerdo que Maduro prometió entregar a quienes participaran en las pasadas elecciones, colaborando por la causa bolivariana, no ha llegado a los domicilios. Era una promesa de difícil cumplimiento, ya que las granjas en Venezuela están nacionalizadas o son permanentemente saqueadas y, si se busca una alternativa mediante la importación del producto, la solución es igualmente complicada, cuando se debe al productor en Portugal que suministró los perniles, la pasada Navidad, cuarenta millones. Lógicamente, el productor portugués, este año ha cerrado el grifo al régimen de Maduro. Pero como también viene siendo habitual, el dictador, ha buscado la justificación a la crisis, en la teoría de la conspiración, de la que con tanta frecuencia echa mano, para indicar que todo ha sido producto de una conspiración de Portugal, naturalmente, con la figura de Donald Trump, detrás de los acontecimientos.

Nicolás Maduro ha llevado a Venezuela al colapso total. Y ante una hiperinflación descomunal, el ministro de Comunicación e Información del país, anunciaba hace pocos días, que el Gobierno pretende pagar a sus proveedores internacionales con una nueva criptomoneda a la que han denominado “petro”, cuyo valor se basa en los recursos naturales del país. Concretamente, tendrá como respaldo inicial el petróleo del campo de Ayacucho, en el Orinoco, que cuenta con una reserva de más de 5.000 millones de barriles de petróleo.

Una verdadera lástima, que la terrible gestión de un régimen tiránico lleve a hipotecar los recursos naturales de un país, cuyo crecimiento y desarrollo estarían ligados, precisamente, a la buena gestión y al aprovechamiento de tales recursos.

Nicolás Maduro quiere pagar la deuda exterior a base de criptomoneda, pero el pueblo venezolano se muere de hambre y el “petro” no saciará su hambruna esta Navidad. La solución de Maduro es matar a quien pida comida… En el fondo, quienes están desesperados, pierden el miedo y, lamentablemente, algunos prefieran morir revelándose que morir de hambre.

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