POR QUÉ SOY CRISTIANO

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“Existen mil caminos por los cuales andar, pero sólo uno nos conduce a la vida eterna.”
Jesucristo

Anduvo por la Tierra hace 2017 años y lo hizo cubriendo sus pies con las humildes zapatillas de esparto de un carpintero;  caminando sobre las aguas como pescador de hombres;  errando por las arenas del desierto durante cuarenta días y cuarenta noches; pisando triunfalmente el suelo de Jerusalén; o con sus pies descalzados, llagados y ensangrentados, mientras encaminaba sus pasos hacia el Gólgota…hacia el martirio de la Cruz. Caminó… caminó durante 33 años de vida, hacia su único destino. Y con cada paso, dejó tan profunda huella, que más de dos mil años después, su historia está tan presente en nuestras vidas, como en el mismo instante en que Él la vivió.

Jesús de Nazaret es el personaje más bello, maravilloso y fascinante de la Historia de la Humanidad. Es el gran Misterio… Con frecuencia reflexiono sobre cómo una persona que vivió hace dos milenios, en una época en la que no había cámaras, radios, periódicos, ni redes sociales… ha podido llegar hasta nuestros días de una forma tan viva y tan cercana. La respuesta no está en los libros, sino en el corazón. Y es que uno se puede acercar a Cristo a través del conocimiento, pero solo se llega a Él, a todo Él, a través de la fe y del amor.

Soy cristiano y alzo la voz para proclamarlo con toda claridad a los cuatro vientos. Soy cristiano porque sólo en Cristo descubro la fortaleza, la esperanza, el amor… y tantas sensaciones y sentimientos bellos e increíbles, que me rebosan. Es una plenitud que se queda pequeña dentro de mi cuerpo y parece que necesita trascender para expandirse y llegar a los demás, a través del mensaje y de las obras, siguiendo las enseñanzas que Él nos regaló.

El cristianismo es mucho más que una simple religión, es una forma de entender la vida. Surge de la relación personal e íntima con Dios, a través de Jesús, y se basa por completo en el Amor. Porque no hay mayor acto de amor, que entregar la vida por los demás. Y Dios se encarnó en Jesús para morir en la Cruz por nuestros pecados. Esa es la verdad, la única verdad. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí.” (Juan, 14).

El destino de Cristo fue morir en la Cruz, pero no lo hizo de forma gratuita. Su crucifixión fue el castigo impuesto por su valentía, por haberse atrevido a enfrentarse a los poderes terrenales establecidos, ofreciendo a los hombres una enseñanza magistral con cada paso, con cada acción, con cada gesto, con cada palabra.

Él enseñó a los hombres la lección de la humildad, del sacrificio y de la lealtad. Despreció las riquezas materiales para abrazar la riqueza del espíritu. Nos hizo ver la importancia que tenía compartir con los demás lo poco que tuviéramos, aunque fueran unos humildes panes y unos peces. Nos mostró que jamás hay que lanzar la primera piedra y que siempre hay que poner la otra mejilla. Lavó los pies a sus discípulos y nos regaló en su Última Cena el milagro del Pan y el Vino, por siempre, para todo el que crea. Jesús nos enseñó a perdonar la traición, a vencer el miedo y a superar tentaciones.

El cristianismo se ha extendido por el mundo a lo largo de dos mil años, llevando el mensaje del amor y de la esperanza, a los hombres, a través de la fe. Sobre el cristianismo se enraíza la cultura occidental a partir de la que hemos crecido y avanzado como sociedad, ya que las enseñanzas de Jesús han contribuido de forma fundamental e imprescindible en el desarrollo de la Historia.

Soy cristiano porque un día mis ojos se encontraron con los de Jesús y en aquel mismo instante comprendí que ya nunca más desearía apartarme de su mirada. No existen palabras ni capacidad humana para describir la aflicción que me embarga cuando pienso en el horrendo sufrimiento que tuvo que padecer mientras recorría el camino hacia el monte del Gólgota, mientras era brutalmente torturado, hasta alcanzar el descanso expirando clavado en la Santa Cruz. No sé si algún día seremos capaces de comprender semejante sacrificio por amor, por amor a los hombres. Él dijo “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 13:34) y a Él le debemos cumplir su Mandamiento.

El Amor se hizo carne y, al tercer día,  trascendió del dolor de la Cruz y la muerte, a la vida y la esperanza. Él nos enseñó el camino, a través de la verdad para alcanzar junto al Padre la vida eterna. Yo, soy cristiano, amo a Jesús y abrazo su camino, la verdad y la vida.

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