DESDE BÉLGICA CON RENCOR

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“Es gente que te insulta, que te denuncia, que detienen a compañeros, que los llevan esposados a la Audiencia Nacional… Entonces, ¿qué fair play ni qué mierda va a haber con estos?». Anna Gabriel, diputada autonómica de la CUP por Barcelona

 

En 1963 el director de cine Terence Young enviaba al agente Bond 007 hasta Rusia para tratar de localizar un dispositivo capaz de descifrar complicadas comunicaciones y que, tras haber sido robado, estaba poniendo en peligro importantes investigaciones sobre el gobierno ruso. Una película en la que se mezclaba intriga, tensión y la consabida dosis de surrealismo tan característica de la saga protagonizada por el súper agente James Bond. Héroes y villanos, “Desde Rusia con amor”.  Hoy, casi 25 años después del estreno de aquella famosa cinta cinematográfica, otra historia cargada de intriga y surrealismo, está copando el panorama político español. En esta ocasión, el protagonista, un villano que decidió cambiar su destino de Rusia a Bélgica… “Desde Bélgica con rencor”.

Y allí, desde la capital belga, el villano Puigdemont, que ha abandonado a los suyos, sigue irradiando todo su rencor hacia España, mediante mensajes y vídeos, como la intervención grabada para TV3 en la que expresa su reacción en contra del auto de la juez Lamela por el que ordena prisión provisional para Oriol Junqueras y ocho consejeros del Gobierno de la Generalitat, destituidos por rebelión contra el Estado, y ante el riesgo de fuga nada desdeñable, en vista de la llevada a cabo por el prófugo belga. Por cierto, no quisiera pasar por alto, el hecho de que una televisión pública, siga dando difusión a un cesado y ya perseguido por la Justicia, que se permitió la licencia de exigir la libertad para los encarcelados, considerándose aún como presidente legítimo, y haciendo un llamamiento a la ciudadanía para combatir contra la represión del Estado español.

Con los golpistas Junqueras y sus consejeros ya en la cárcel, queda arrestar a Carles Puidgemont, quien oficialmente está considerado como fugado de la acción de la Justicia y sobre quien planea una orden internacional de busca y captura.

La Justicia ha actuado con diligencia, era cuestión de tiempo. No cabe ningún reproche, más bien al contrario, todo el apoyo a una decisión justa y proporcionada. Y es que todos los españoles hemos sido testigos directos de los pasos cometidos por los sediciosos, sobre los que han ido fraguando su golpe de estado, retransmitiendo en directo sus continuas advertencias, sus alardes y jactándose de la osadía de su ataque a nuestro Estado de Derecho.

Allá, en Bruselas, donde el fugado Puigdemont esperaba encontrar refugio y protección, no ceja en su empeño. Cual iluminado defensor de su particular idea del paraíso Catalán, dibujado fuera de España, no se molesta en negar sus delitos, ya que la distorsión que padece en su singular concepción de la realidad, le lleva a alcanzar rasgos comparables con el fundamentalismo, tratando de arrastrar masas de ciudadanos con mentiras absurdas y engañifas, y prometiendo un ficticio paraíso catalán, cual imán islamista que ofrece un paraíso a sus fieles.

Olvidándonos de supuestos paraísos y descendiendo a las arenas de la realidad política  y social de nuestra patria, debemos ser conscientes de la grave situación que estamos viviendo pero, a su vez, reconocer y aplaudir la actuación de la Justicia que está poniendo de manifiesto que el engranaje de la maquinaria democrática, en nuestro país funciona. Y es que cuando la fuerza trata de imponerse al diálogo, jamás se puede llegar a una situación de equilibrio entre las partes, y solo queda la derrota de una y, por tanto, la victoria de la otra.

Lo que resulta obvio es que si unos golpistas abandonan el país, es que han perdido. Y han perdido porque a lo largo de esta agonía del procès, los españoles han reaccionado apoyando la unidad nacional con múltiples manifestaciones, principalmente durante las dos multitudinarias convocadas en la ciudad de Barcelona. Y han perdido porque un sinfín de empresas ha huido de Cataluña fijando sus sedes en otros lugares de la geografía española porque no estaban dispuestas a sumarse a la locura del gobierno catalán. Y han perdido, porque su líder, les ha abandonado a su suerte, tratando de poner su palmito a salvo en tierras belgas.

Los consejeros sediciosos ya están en prisión. Y cuando Carles Puigdemont vuelva a pisar España, lo hará en calidad de detenido para ingresar en prisión. Su aventura fugitiva en Bélgica habrá finalizado, lo que no me acabo de creer es que finalice su rencor.

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