LA COMUNIDAD DE MADRID CON LAS VÍCTIMAS

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En defensa de la memoria, la dignidad y la justicia de las víctimas, también debemos implicarnos el conjunto de la sociedad y de las Administraciones públicas.
Cristina Cifuentes

 

Alguna vez me he sorprendo a mí mismo con la mirada posada en el infinito tratando de ver, no lo que tengo delante de los ojos, sino las imágenes que proyecta mi cabeza basadas en los recuerdos de testimonios que he escuchado, que he leído o que he compartido, y que son bombeadas desde mi corazón, encogido de dolor, por el sobrecogimiento que me provocan. Son imágenes en blanco y negro que se suceden a un ritmo frenético, imágenes empapadas en lágrimas, en llanto y en angustia. La angustia y el dolor de todas y cada una de las víctimas del terrorismo.

Acudo a mi modesta biblioteca personal y refugiado en mi pequeño espacio de soledad, tomo entre mis manos alguno de los libros que conservo en uno de los estantes más accesibles y hojeo las páginas que recogen desgarradores testimonios e imágenes de vidas rotas y de familias destrozadas. No quiero ni puedo permitir que estos libros se empolven en el olvido, me reconforta pensar que cada vez que releo uno de estos terribles relatos que con tanta valentía y generosidad han querido compartir las víctimas del terrorismo, desnudando sus miedos y sensaciones más íntimas, sigo manteniendo vivos su memoria y su recuerdo.

Es completamente cierto que, por alguna razón especial que a veces se escapa de nuestra consciencia, existen historias y personas que jamás se olvidan. Yo nunca olvidaré las voces de quienes han llorado y aún continúan llorando, entre el dolor de la soledad, la impotencia de preguntarse por qué y la lucha por reclamar Memoria, Verdad, Dignidad y Justicia.

Son tantos y tantos testimonios… La banda terrorista ETA ha asesinado a 857 personas en España. Desde aquella pequeña niña de 22 meses, que resultó su primera víctima mortal el 27 de julio de 1960 en San Sebastián, en la estación de Amara, cuando explotó una maleta incendiaria;  hasta el brigada de la Policía francesa Jean-Serge Nérin, padre de cuatro hijos, asesinado el 16 de marzo de 2010.

Hoy, siete años después de que ETA cometiera su último asesinato, la banda terrorista sigue sin disolverse; ni han pedido perdón a las víctimas ni han entregado las armas, lejos de aquél nimio espectáculo-paripé donde simularon tal acción. Aprovechando el cese de los asesinatos (que no de la violencia), desde determinados sectores políticos de izquierda radical filoetarras han tratado de inocular en el resto de la sociedad un “buenismo” que me provoca tanto rechazo  como indignación, pretendiendo tergiversar la historia de tal modo que el azote macabro y asesino de los terroristas se haya blanqueado como una “guerra” entre dos bandos de iguales en los que no hubo vencedores ni vencidos. Pero yo… ¡Me niego a aceptar tal disparate!  Digamos alto y claro que aquí no hubo dos bandos, hubo víctimas y verdugos.

Y, en estos tiempos donde lo cómodo, lo fácil es dejarse arrastrar por la desidia del olvido, la  dejadez y la pereza de no tener que realizar el ejercicio de recordar los tiempos del horror de la extorsión, los secuestros, las bombas lapa, de los tiros por la espalda y los coches bomba, debemos ser más conscientes que nunca del deber que tenemos con todas y cada una de las víctimas del terrorismo y con la memoria de España.

No podemos poner el contador a cero, y comenzar a vivir una historia tan edulcorada como injusta para con las víctimas, con la falsa esperanza de que los terroristas dejen de serlo y nos permitan vivir en paz. No podemos permitir que el dolor de las víctimas quede en el olvido y debemos hacerles llegar  permanentes muestras de que no están solas.

Esta semana, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha dado un paso firme y valiente con el objetivo de  proteger y apoyar a las víctimas del terrorismo, aprobándose en el Consejo de Gobierno que ella preside, el proyecto de Ley para la Protección, Reconocimiento y Memoria de las Víctimas del Terrorismo de la Comunidad de Madrid, que amparará a todas las personas empadronadas en la región víctimas de un  atentado terrorista, incorporando novedades muy importantes.

Este proyecto de Ley contempla la protección y amparo de todos los madrileños con independencia del lugar donde hayan podido sufrir un atentado y  diseña un sistema integral de reparación de los daños causados por las acciones terroristas.

Cifuentes ha ido un paso más allá, incorporando dos puntos absolutamente novedosos  que resultan indispensables para promover la Memoria y la Dignidad de las Víctimas, son la puesta en valor del trabajo de las entidades y organizaciones que las representan y defienden, y la introducción a partir del próximo curso escolar 2018-19, de unidades didácticas relacionadas con la historia del terrorismo dentro de las materias que se imparten en Educación Primaria.

Sin duda, un gesto más que valiente, que permitirá a las generaciones futuras conocer una parte de la historia real más reciente de nuestro país, esa historia negra y trágica que otros pretenden diluir y blanquear. Un gesto indispensable para mantener viva la Memoria de las víctimas. Yo, seguiré hojeando mis libros de testimonios en la íntima soledad de mi modesta biblioteca, pero me quedará el consuelo de saber que los jóvenes madrileños, tendrán la opción de conocer la triste realidad de uno de los episodios más trágicos de nuestro país, en el que la verdad sobre las víctimas del terrorismo no quedará empolvada en el olvido.

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