TRAS LOS PASOS DE NERÓN Y DIOCLECIANO

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“Pan y circo” (Panen et circenses) Décimo Jun Juvenal (s.I dc-II dc)

Narran los libros de Historia, cuán crueles y antojadizas fueron las persecuciones a los cristianos en la Antigua Roma, desde la época de Nerón hasta la de Diocleciano. Paradójicamente aquellos primeros cristianos eran acusados de “ateos” pues no rendían culto a los dioses de Roma y, por ello, eran llevados ante las turbas que les gritaban enloquecidamente: “¡que mueran los ateos!” La Historia ha demostrado a lo largo de siglos de evolución que aquéllas no serían las últimas persecuciones y aunque dos mil años después, la Humanidad se ha desarrollado notablemente, aún siguen existiendo ciertas prácticas que perduran en el tiempo,  ya que subyacen enraizadas a la propia esencia del ser humano. Estas malas prácticas se han instrumentalizado de forma deliberada por quienes desean a toda costa lograr objetivos políticos nada lícitos, tratando de conseguir mediante la manipulación, la confusión y el engaño, aquello que no fueron capaces de alcanzar con las urnas. Para ellos, todo vale y, naturalmente, el fin justifica los medios, ya sean un pleno extraordinario en el Congreso, una fallida moción de censura, una campaña permanente de descrédito, o  pueriles insultos que pronunciados por boca de quien no tiene ningún tipo de autoridad moral, tornan en caída libre sobre sus frentes tal como le ocurre a aquel que escupe al cielo.

La Humanidad ha evolucionado en infinidad de aspectos pero, por el contrario, en pleno siglo XXI, siguen existiendo turbas movidas por la obsesión de perseguir, acosar y derribar a sus oponentes políticos. Es lo que le sucede a los partidos que conforman la faz izquierda de la política española, desde el PSOE a Podemos, pasando por esa amplia nebulosa de grupúsculos radicales, abertxales o separatistas. La Izquierda ha cambiado  las túnicas romanas por las actas de diputado y ya no se reúnen en viejas plazas romanas, sino en el Congreso, aunque siguen tratando de instrumentalizar las calles para manipular a los ciudadanos. Su objetivo se ha convertido en una gravísima obsesión: echar al presidente Rajoy y al Partido Popular del gobierno de las instituciones a toda costa. Y digo “gravísima” porque en las circunstancias políticas en las que se halla España en estos momentos con la ofensiva secesionista de la Generalitat de Cataluña, por un lado; la amenaza del terrorismo yihadista, por otro; y las tensiones en Europa por el proceso de implementación del Brexit, entre otras circunstancias, resulta que Mariano Rajoy y el Partido Popular suponen las únicas garantías de solidez y estabilidad con que cuenta nuestra nación.

Ya lo dijo un iluminado Pablo Iglesias, cuando afirmó sin ningún tipo de vergüenza que su objetivo era echar al Partido Popular de las instituciones. Y vaya si el líder morado le ha puesto empeño a su causa, aunque ello le suponga sumirse en el más bochornoso de los ridículos. Ayer, Iglesias, volvió a demostrar en el Congreso su falta de talante, utilizando el insulto y la pataleta como sus mejores armas dialécticas. En realidad, eso era lo que buscaba la Izquierda con esta sobreactuación parlamentaria carente de sentido.

Más me preocupa la deriva que vive el PSOE ante la incoherencia de sus acciones, exigiendo ayer la dimisión del presidente Rajoy y, sin embargo, no habiendo secundado la moción de censura orquestada por Podemos, el pasado mes de junio. Poco sentido tiene que exijan algún tipo de responsabilidad política a quien hace pocas semanas no reprobaron mediante la moción de censura. Y entre los vaivenes de sus de sus acciones, la última novedad es que desde Ferraz se está pidiendo un donativo a los militantes del PSOE por correo electrónico para “echar a Rajoy”… esto ya es para nota.

Es muy peligroso el juego al que se está prestando el partido socialista, participando en una campaña de descrédito personal hacia nuestro presidente, mediante el socavo de la confianza de la ciudanía para desestabilizar un gobierno y por consiguiente, a un  país que lo que más necesita en este momento es unidad y contundencia ante el desafío nacionalista.

Es lamentable que se convoque un Pleno extraordinario para acosar al presidente del Gobierno por unos hechos que ocurrieron hace ya dos décadas, cuando estos ya están en manos de la Justicia, y cuando desde del propio Partido Popular se han establecido los mecanismos legislativos oportunos para combatir la corrupción, cosa que ningún otro partido ha sacado adelante. Y es que como dijo el propio presidente, la mejor vía contra la corrupción son las reformas que ha llevado a cabo el propio Gobierno.

No obstante con frecuencia me pregunto: ¿Por qué no se exige a otros partidos lo que se exige al Partido Popular? Aún estamos esperando que el PSOE reconozca al menos su responsabilidad en la trama de los EREs en Andalucía. No está de más recordar que el PSOE es el  único partido condenado con sentencia firme por corrupción, además de encabezar el ranking de la corrupción en España.  También estamos esperando que Podemos dé alguna explicación sobre su presunta financiación a través de tiranías criminales como las de Venezuela o Irán.

Está claro que las turbas del siglo XXI pretenden estigmatizar al presidente Rajoy y al Partido Popular, que representan la única opción política real con capacidad de mantener España fuerte y unida frente al desafío de quienes quieren desmembrarla a toda costa. Únicamente un país sólido y bien posicionado internacionalmente podrá participar activamente desde posiciones de liderazgo en la lucha contra la amenaza del islamismo radical. Los tiempos de Nerón y de Diocleciano ya quedaron lo suficientemente lejos en la Historia; es tiempo de dejar atrás las persecuciones obsesivas y de centrarse por completo en las prioridades que demanda nuestro país; es tiempo de luchar por la unidad de España y por la seguridad de todos los españoles.

 

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