CATETADA NUI

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“Yoko Ono podría ver en Gran Hermano VIP una fuente inagotable de creatividad.” Nacho Canut

Esta semana hemos vuelto a constatar el fracaso de esa catetada nacionalista que consiste en que en otros países del mundo aparezca un fulano que te dé la razón a todo lo que le dices. Lo de menos es su relevancia institucional o social, cuando de lo que se trata es de que alguien se convierta en un abajo firmante. El Gobierno de Cataluña ha gastado mucho dinero público -el de todos, nacionalistas o no- en eso que ellos han llamado de forma cursi “la internacionalización del procés”, y que ha llevado al loco Carioco de Puigdemont y a su fiel Romeva a pegarse durante un año y medio una gira por algunos países buscando convencer, al primero que pasara por la calle, de las bondades de su proyecto, el de romper España y su máxima Ley: la Constitución.

El resultado ha sido demoledor: ningún país ha apoyado a los secesionistas. Oiga, ni las Islas Feroe o Panamá, que para Jordi Pujol fueron en su día un ejemplo de independentismo, aunque luego descubriéramos que en el fondo la madre superiora y él eran más andorranos de corazón.

Sin duda, tal catarata de apoyos internacionales ha sido un éxito sideral del autodenominado “ministro de Exteriores catalán”, señor Romeva, el mismo que hasta hace unos años lanzaba duros ataques a Convergencia cuando era eurodiputado en Bruselas, donde Puigdemont hizo uno de sus mayores ridículos internacionales, dando una conferencia con público de relleno “de casa” y sin que ninguna autoridad europea fuera a escuchar las sesudas palabras del líder del procés. O en Estados Unidos, donde a costa del bolsillo de los catalanes se reunió con el expresidente Jimmy Carter, aquel productor de cacahuetes que duró una presidencia, y que en una visita a Madrid cenó churros con chocolate, y tras cuya reunión le dijo a Puigdemont que en la cuestión de Cataluña no se iba a involucrar.

Y claro, como no hay mayor catetada nui que el hecho de que alguien del extranjero se convierta en abajo firmante, el loco Carioco y los suyos se han pasado el último año tratando de recoger firmas de ilustres personalidades de la cultura que apoyaran la secesión. Y sólo han encontrado a personajes como Silvio Rodríguez, ese que cuando murió Fidel Castro concertó una entrevista con la televisión cubana, y cuando la periodista, muy educada, le saludó dándole los buenos días, respondió con aquello de “no son buenos los días”, y se largó sin dirigir más la palabra a los periodistas; o la ínclita Yoko Ono, que no contenta con haber contribuido a la ruptura de The Beatles, ahora firma para romper España. Y ese manifiesto, con todos los abajo firmantes extranjeros, se hace público un día después de que aparezca en un periódico un reportaje del escritor Juan Cruz entrevistando a cantantes y escritores catalanes como Serrat, Marsé, Coixet o Mendoza, que se posicionan claramente en contra del referéndum.

Vaya por delante que yo no soy muy partidario de los manifiestos por el simple hecho de que los abajo firmantes sean artistas, o ese término tan pedante de “intelectual”. Porque ciudadanos lo somos todos. Con independencia de la profesión que se tenga. Y por eso a mí me parece igual de respetable la opinión de un albañil que la de un cantante. Pero basándonos en el trasfondo de lo que ha pretendido el nacionalismo catalán, gritando a los cuatro vientos el apoyo de tales artistas extranjeros, uno se pregunta: ¿En qué momento el independentismo se volvió tan demencial que prefiere el apoyo de Yoko Ono y guarda silencio frente a la opinión contraria de Joan Manuel Serrat?

La única respuesta es que desde hace mucho tiempo el independentismo catalán vive en una permanente huida hacia adelante. Sólo así se explican golpes de Estado como la aprobación hace unos días de una medida que permitirá aprobar leyes secesionistas en un sólo día, por la vía de urgencia y en lectura única. Es decir, acortando hasta dejar en la práctica inexistencia el debate parlamentario y vetando la presentación de enmiendas por parte de la oposición. Una cacicada bolivariana sólo comparable a las que protagoniza Maduro en Venezuela, para saltarse el control de cualquier organismo fiscalizador, y que pretende ahora hacer otra Constitución más a su medida aún. Pero claro, cualquier cosa es esperable de un president como Puigdemont que ya ha dicho que si el Tribunal Constitucional le inhabilita, el seguirá gobernando. A ver si así el secesionismo le convierte en un mártir cuando le saquen a rastras de la Plaza de Sant Jaume y consigue que le pongan una estatua al lado de la Virgen de la Moreneta.

La verdad es que nunca los radicales independentistas podían haber aspirado a tanta locura, ni hacer que el Gobierno de Cataluña cayera tan bajo. Pero a la espera de que los ciudadanos catalanes les pongan en su sitio en unas urnas de verdad, y no de cartón, lo que queda es recordarles aquella cita de Goethe que decía que a veces las personas son tan limitadas de mente, que creen siempre tener la razón. Y Puigdemont y los suyos son de esta clase de personas.

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