LA PERSISTENCIA DEL SURREALISMO

la_persistencia_del_surrealismo

Declaro la independencia de la imaginación y el derecho del hombre a su propia locura.” Salvador Dalí

 

Dijo en una ocasión Salvador Dalí aquello de que “el payaso no soy yo, sino esa sociedad tan monstruosamente cínica e inconscientemente ingenua que interpreta un papel de seria para disfrazar su locura”. Buena parte de lo que está sucediendo en Cataluña tiene de eso: de cinismo e inconsciencia revestida de una presunta pomposidad para darle el carácter de seriedad.

También hay mucho de surrealismo, como lo que le ha sucedido al propio Dalí, 28 años después de su muerte. Ha aparecido una señora, pitonisa de profesión, que asegura ser hija ilegítima de Dalí. Un juzgado ha tenido a bien considerar la demanda de paternidad y el teatro museo del artista en Figueras se vio esta semana rodeado de científicos y expertos, en plena noche, cuando ya no había turistas, para levantar la losa que cubre la tumba del pintor, losa que pesa nada menos que una tonelada y media. Ninguno de los asistentes pudo acceder con dispositivos capaces de reproducir imágenes y hasta el techo se tapó para evitar que algún dron cotilla apareciera por el lugar. Este acontecimiento sería digno de la vida rodeada de surrealismo que protagonizó el propio Dalí: una pitonisa que dice ser su hija ilegítima, una tonelada y media de losa a levantar, un embalsamador que nos detalla que lo más importante en su momento fue el cuidado del bigote del artista a la hora de embalsamarlo… Buen material para un telefilm de sobremesa del fin de semana.

La apertura de la tumba del genio de Figueras es a la vez una perfecta metáfora del momento que atraviesa Cataluña, merecedor también de una telenovela por episodios. El surrealismo se ha instalado en unos dirigentes que, aferrados a la estelada, pretenden emular al célebre cuadro “La Libertad guiando al pueblo” de Delacroix, un lienzo donde el espectador sólo tenía dos posibilidades: unirse a la masa, o ser arrasado por ella. Esa dicotomía es a la que han arrojado a la sociedad civil catalana, cada vez más fracturada por unos dirigentes irresponsables que te dicen aquello de que o estás con ellos (o sea, con la ruptura ilegal con España) o estás contra Cataluña. No caben medias tintas.

Y sino que se lo digan a los purgados en los últimos días, todos aquellos miembros del gobierno catalán que han sido dimitidos por dudar de la persistencia del surrealismo de Puigdemont y Junqueras. Una purga que encima nos están vendiendo con un trasfondo propagandístico, emulando esas películas épicas en las que el héroe se rodea de los más rudos y valientes hombres para dar la batalla final por sus objetivos. Por cierto, todos los dimitidos eran de la antigua Convergencia, ninguno de ERC. La purga sólo le toca a lo que queda del partido de Puigdemont, mientras el señor Junqueras -que sepamos- aún no ha firmado ni una sola decisión encaminada a dar forma al pretendido referéndum ilegal, ese del que hablan cada día pero que aún no ha sido ni convocado formalmente en el Parlament, por aquello de que la inhabilitación de quienes lo ratifiquen penderán del hilo de la inhabilitación del Tribunal Constitucional.

Aunque los verdaderos artífices a la hora de ponerle la pimienta a toda esta situación kafkiana son los socios de las CUPtasuna, los que quieren batasunizar a la sociedad catalana. Los amigos de condenados por pertenencia a ETA como Otegi, no tuvieron suficiente con decirnos que los hijos deben ser educados por la tribu o tratar de tirar el monumento de Colón en Barcelona. Ahora se nos han descolgado con otras sesudas propuestas a cual más pintoresca y seguramente pensada en alguna mala noche de esas en las que uno se viene arriba entre botellín y botellín. Por un lado, quieren expropiar la Catedral de Barcelona para convertir este edificio gótico en un economato. Y como son tan amigos de expropiar los bienes ajenos, ahora también se descuelgan pidiendo que los hoteles sean expropiados para acabar con el “lobby turístico” y de paso con una de las fuentes de ingresos más importantes para toda Cataluña: el turismo. Quien sabe si lo próximo será convertir la Sagrada Familia en una casa okupa, pero imagino que antes esperarán a que acaben las obras, para luego expropiarla como Dios manda.

El esperpento de las CUP-Jong-Un no pasaría de anécdota sino fuera porque estos sujetos son los que sostienen al gobierno catalán y le han llevado al disparate separatista. Esa burguesía de los barrios de Sant Gervasi o Pedralbes que tanto apoyó en su día a Convergencia, debe estar tirándose de los pelos al comprobar como estos jacobinos de las CUPtasuna son los que conducen ahora el tren de Cataluña. Sólo les queda ir afilando la guillotina en plaza pública para colocar las cabezasde todos los que no sean tan revolucionarios como ellos.

Y en medio de todo este lío, está la sociedad civil, que no entiende como sus dirigentes están más por la labor de la propaganda secesionista que por solucionar los verdaderos problemas de los catalanes. Sucedía hace unos días de nuevo en el acto de inauguración del nuevo parador de turismo de Lérida, acto al que asistió el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y en el que no hubo ninguno de esos dirigentes del gobierno catalán que luego te sueltan que Rajoy vive encastillado y sin querer dialogar. En esa inauguración perdieron una nueva oportunidad de diálogo. Y mientras el gobierno de todos los españoles sigue haciendo inversiones para mejorar las infraestructuras catalanas, como lo será el nuevo AVE que unirá Barcelona con Valencia, Puigdemont y los suyos sólo cruzan la Plaza de Sant Jaume para enfundarse la barretina y la estelada y decir que España les roba.

Frente a los caminos de la ruptura con España que no conducen a ningún lado, a lo que hay que apelar es a que la sociedad civil catalana lance un mensaje muy claro a sus gobernantes para recuperar el ‘seny’, el sentido común. Lo que debe hacer la sociedad catalana es reivindicar un proyecto abierto, plural y moderno, fraguado sobre generaciones de españoles que trabajaron por su país. Una España en el que caben todos. Y lo que debe hacer Puigdemont es abandonar la persistencia del surrealismo independentista y sentarse a dialogar de lo que de verdad importa a los catalanes, que lo que quieren es vivir en una sociedad más próspera y con más libertades, donde se respete la Ley y haya igualdad de oportunidades.

Anuncios