EL LOCO CARIOCO

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“Los invasores serán expulsados de Cataluña.” Puigdemont

 

Es sorprendente la capacidad que tienen el independentismo y la izquierda radical para inventar una realidad paralela. Un Matrix propio, que ellos llaman “revisionismo histórico”, con el que tratan de ganar adeptos a la causa a base de administrar pastillas rojas a la gente. Pero las falsedades tienen un defecto: no sólo contradicen a la verdad, sino que muchas veces son incluso contradictorias entre sí mismas. Por mucho postureo ‘rufianesco’ con el que se trate de hacerlas más creíbles.

La antología del disparate es amplia y variopinta. En el caso del independentismo catalán, hemos tenido que soportar falsedades tales como que Leonardo Da Vinci, Cervantes y Santa Teresa de Jesús (sí, sí… ¡la de Ávila!) eran tan payeses como la butifarra. Los revisionistas catalanes también nos trataron de convencer de que Cristóbal Colón se enfundaba la barretina hasta que a unos malvados españoles les dio por decir que el viaje de Descubrimiento de América no zarpó desde el Ampurdán sino de Palos de la Frontera (Huelva).

Otro disparate habitual en el independentismo catalán es su pasión por compararse con otros países. Hace unos días, Puigdemont y Mas se pusieron la venda en los ojos y lanzaron un nuevo dardo al azar hacia un mapamundi. Esta vez el agraciado en el que hizo diana fue Dinamarca. Ahora, Mas y Puigdemont quieren ser la “Dinamarca del Mediterráneo”, a pesar de que este país sea una monarquía (lo cual difícilmente encaja con el republicanismo de los independentistas), sea un país unificado ya en el siglo X y los primitivos vikingos daneses provocaran el terror cada vez que se acercaban por el Mediterráneo. Pero algo tendrá Dinamarca que se nos escapa al común de los mortales.

En el colmo del dislate, el dúo Puigdemont-Mas nos han advertido de que ellos aspiran a crear unas “Naciones Unidas de Europa”, confundiendo una estructura de organización internacional con un modelo de organización supranacional entre países. Claro, debe ser que a los intelectuales del independentismo se les queda pequeña la Unión Europea, ese club al que dejarían de pertenecer tras cometer el atropello secesonista. Y por eso es mejor crear otro modelo diferente a la UE, el que les encaje a ellos.

Pero en esto de emularse con otros países, el verdadero maestro fue Jordi Pujol. Un catedrático de Geografía con el que los catalanes conocieron el planeta. Pujol nos dijo que Cataluña debía seguir ejemplos como el de Letonia, Lituania, Panamá, las Islas Feroe, Puerto Rico, Quebec, Irlanda (aunque luego más de Irlanda del Norte)… incluso hasta walon y flamenco al mismo tiempo. Antes de la guerra que desmembró a Yugoslavia, nos alentaba a seguir su modelo federal, pero cuando las bombas empezaron a llover, se nos hizo esloveno y animó al presidente de aquel país a radicalizar su postura nacionalista. Con Pujol se viajó mucho, aunque con el tiempo, el ‘president’ nos demostrara que a donde más le gustaba ir era a Andorra.

Esta pasión a la hora de viajar no es única en los independentistas. A ese engendro ideológico llamado Podemos, también les gusta. Pablo Iglesias se dio mucha prisa en fotografiarse con la Siryza de Grecia, hasta que Tsipras y Varoufakis tardaron 3 días, 3, en aceptar que las principales medidas que prometieron para llegar al poder, no se podían cumplir. Luego se desplazó hasta Ecuador para elogiar al populista Correa y ponerle como ejemplo, mientras la prensa española explicaba que la cooperativa fundada por uno de los miembros de Podemos habría recibido 3 millones de euros del gobierno ecuatoriano. Podemos, ese movimiento en el que una senadora nos dijo que Ceuta y Melilla eran de Marruecos, un señor nacido en Argentina te convence de que Aragón debe ser independiente, pero a cuyos líderes, en el fondo, donde les gusta viajar es a Venezuela, Cuba e Irán.

El problema no es que los ungidos de la verdad suprema, ya sean secesionistas o izquierda radical, se crean sus propias mentiras. Lo verdaderamente dramático es que haya gente dispuesta a creérselas. Y peor aún es que el renacido Sánchez y lo que queda del PSOE, se sumen a la fiesta con alegre entusiasmo. Y ahí tenemos a Adriana Lastra diciendo que ahora el modelo de país a seguir es la Bolivia de Evo Morales, mientras se lía diciendo que un “principado” y “un reino” no son lo mismo. Ella, que es asturiana y candidatable a esta autonomía, desconoce por qué Asturias es un Principado y que el nombre hace mención al heredero de la corona de España. Y luego te surgen personajes como el alcalde de Blanes, de origen familiar andaluz, que también pide ser como Dinamarca y se abraza al independentismo. Ya sabemos a qué se refiere el PSOE con el “plurinacionalismo”: Donde dije España, digo desafío territorial.

Un buen amigo, el periodista Ramón Pi, con el que comparto tertulia semanal en Radio Ínter, suele comparar a todos estos lumbreras con el cómic del loco Carioco. Un personaje que residía en un manicomio y que por la noche conseguía un pase de nocturnidad para dedicarse a las más esperpénticas aventuras. El loco Carioco carecía de maldad, para él la locura era casi un placer. El problema de estos otros “locos Cariocos” es que sí tienen maldad. Y son capaces de hacernos creer que vamos camino del paraíso, mientras nos despeñamos por un precipicio. Prefieren una locura que entusiasme, a una auténtica realidad. Y el problema es que cuando se colabora con un loco, o no se advierte su locura, uno acaba igual que ellos. Y España no está para locuras ni revisionismos históricos. Está para construir un mejor país entre todos.