TERRORISMO DE TABERNA

Terrorismo de Taberna

“Toda el agua de los ríos no sería suficiente para lavar la mano ensangrentada de un asesino.” Esquilo, dramaturgo griego.

En el clásico del cine “La jauría humana”, un pueblo de la América profunda desata toda su furia contra un joven que ha huido del penal y regresa a su localidad natal. Él sólo busca redimirse, pero su pueblo no le perdona y emprenden una cacería sin límites. “No haremos nada. Dejaremos que los hombres blancos resuelvan sus propios problemas”, dice una abuela de color a su nieto, mientras conduce por una carretera por la que corre Robert Redford aún vestido de presidiario.

Es sábado noche, los bares están llenos y el personaje de Redford debe ser rescatado del linchamiento por el sheriff del pueblo, interpretado por Marlon Brando, el único personaje honesto. En una escena vibrante, todo el pueblo se congrega ante la oficina del sheriff, al que amenazan y agreden por ocultar al reo. El sheriff, cansado de lidiar con la violencia y miseria de sus vecinos, sale de su oficina manchado de sangre y cojeando para enfrentarse a una multitud que le mira impasible. La degradación moral de la sociedad y el ambiente opresivo de un pueblo es el núcleo del infierno retratado en “La jauría humana”.

Esa opresión, en este caso por motivos únicamente ideológicos y políticos, es la misma que ejerció durante muchos años la banda terrorista ETA en todo el País Vasco y Navarra: “No vayas a tal pueblo del País Vasco -nos recomendaban a los que éramos de otras partes de España-. Y si lo haces, pasa desapercibido y no hables de política”. Eran los años de plomo, un tiempo en el que todo el mundo sabía a quién votaba su vecino. Y si éste no colocaba su ikurriña bien alta en el balcón, ya era sospechoso del peor de los pecados: ser “españolista”.

Las sucesivas operaciones policiales y las fuertes medidas legales que gobiernos como el de Aznar adoptaron contra ETA, llevaron a la banda a una situación de huida hacia adelante que sólo podía acabar necesariamente con el cese del terrorismo. Una ETA cada vez más debilitada y con menor respaldo social llevó a que declararan unilateralmente el cese de la lucha armada y sangrienta, como mecanismo para intentar sobrevivir a las continuas detenciones que llevaban a cabo las fuerzas policiales. Hace unos días nos dijeron que ahora quieren entregar las armas que aún tienen ocultas, pero la banda terrorista sigue sin anunciar lo más importante: que se disuelven, que ponen a sus miembros con delitos de sangre a disposición de la Justicia, que entregan realmente todo su armamento sin ficciones y que piden perdón a las víctimas de su barbarie.

ETA aún no está derrotada, aunque lo quieran hacer ver. Y el problema es que en muchos de esos pueblos, la degradación moral y social que la huella de ETA ha dejado, lleva a que el ambiente siga siendo opresivo contra todo aquel que no sea un buen “euskaldun” independentista. La nueva “kale borroka” es la de quienes aún amedrentan a todo aquel que no tenga el RH negativo. Y para prueba de ello lo sucedido en Alsasua (Navarra): el pasado mes de octubre, entre 30 y 50 personas agredieron brutalmente a dos agentes de la Guardia Civil, y a sus respectivas mujeres, en un bar de la localidad navarra de Alsasua. Lo hicieron al grito de ‘Alde Hemendik’ (Que se vayan), mismo título que otros agresores han utilizado en anteriores ocasiones o que los abertzales utilizaron en manifestaciones para pedir que el Ejército y la Guardia Civil se fueran del País Vasco. No es casualidad.

Lo peor de esta agresión no son las graves secuelas que dejaron en los agredidos, y por las que uno de los agentes sigue de baja. Lo peor es que esto se veía venir. Una de las mujeres agredidas -porque a algunos se les olvida que aquí ha habido personas agredidas sólo por ser “mujeres de”- ha afirmado que siempre se sintieron vigilados y visualmente amenazados. Además, en Alsasua todos sabían que los agredidos eran agentes de la Guardia Civil y que ellas eran sus mujeres.

Esta semana, los Podemitas, volvían a hacer gala de su profundo antiespañolismo y de su afinidad con el ambiente proetarra invitando a familiares de los agresores de Alsasua al Congreso. Ochenta y nueve diputados y senadores de Podemos y de las fuerzas nacionalistas ERC, EH Bildu, PDeCAT y PNV firmaron un manifiesto para solicitar que a los agresores no se les juzgue por delito de terrorismo. Para ellos, lo sucedido es lo más parecido a “una pelea de bar” y la solicitud de más de 10 años de cárcel para los agresores “es una venganza”, como dijo el diputado Tardá de ERC. Normal que en el PSOE le cortaran la cabeza a Pedro Sánchez cuando intuyeron que estaba muy avanzado el pacto de gobierno con los abajo firmantes que esta semana apoyaban a los agresores de Alsasua.

Lo más grave de lo acontecido en el Congreso es que Podemos y nacionalistas vascos y catalanes equiparan a agresores y agredidos, en una vuelta de tuerca que lleva a que la turba que envió al hospital a los guardias civiles y a sus mujeres sean víctimas de uno no sabe muy bien qué. Cabría suponer que a Pablo Iglesias le habrá emocionado de nuevo “la agresión a un Policía”, como dijo en un famoso vídeo. El manifiesto firmado evidencia una vez más que Podemos es la marca blanca de Bildu en Navarra y en el resto de España, y que ambas fuerzas compiten entre sí para ver quién está más cerca de los verdugos. Y en el colmo de la intromisión en la separación de poderes, Pablo se erige en juez y es quien determina, sin leerse el auto judicial, como él mismo ha confesado, si lo de Alsasua fue una pelea de bar o un delito de terrorismo. Para Iglesias que la Justicia sea independiente depende de si a él le interesa o no. Como pasa en su amada Venezuela chavista, donde si hace falta se inventan pruebas contra Leopoldo López para condenarle y dejarle en la cárcel. Pero de eso Pablo y los abajo firmantes prefieren no hablar.

Frente al terrorismo, contra la amenaza a la unidad de España y el reconocimiento al dolor de las víctimas, solo cabe contundencia y esfuerzos unísonos de todas las fuerzas políticas. Todo lo demás es mero artificio.

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