PLATA O PLOMO

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“El terrorismo nace del odio, se basa en el desprecio de la vida del hombre y es un auténtico crimen contra la humanidad.”  Juan Pablo II

El escritor Oscar Wilde fue uno de los primeros publicistas del mundo. Su famosa frase “que hablen de ti aunque sea para mal”, se convirtió en un estilo de vida gracias al que logró erigirse en una figura indiscutible de la cultura popular contemporánea. Esto también lo tienen claro los gurús del marketing y por eso una de sus máximas es aparecer en el mayor número de conversaciones posibles: ser visible. Que hablen de ti, aunque sea para mal.

Arden las redes sociales en los últimos días en torno a la provocativa campaña publicitaria de la serie Narcos instalada en la Puerta del Sol, mediante la que vemos al sanguinario narcotraficante Pablo Escobar rememorando el tradicional villancico “Oh, blanca Navidad”. Partidarios y detractores (me declaro abiertamente detractor) defienden o denostan una campaña publicitaria que ya ha conseguido más impacto que muchas otras recientes. Porque su mayor éxito es que se hable de ella.

Una de las frases que definió el régimen del terror de Pablo Escobar fue “plata o plomo”. O pagas o mueres. Esta semana otra ficción televisiva se encargaba de recordarnos los años de máximo terror de ETA en España, los años de plomo basados en la misma filosofía de Escobar: o extorsión o sangre. Una miniserie, El padre de Caín, que ha servido para hacernos recordar un tiempo en el que la banda terrorista llegó a cometer una media de un asesinato cada 3 días.

Seguramente la muy discutible calidad narrativa de El padre de Caín la hubiera convertido en un pobre producto de ficción, emitido casi de incógnito, en fechas festivas, sino hubiera sido porque también ha hecho arder las redes sociales y otorgarle visibilidad.

Los hooligans de la izquierda radical y los nacionalistas de la nueva casta no tardaron en echarse al monte en contra de la miniserie. Muchos de ellos aún mecían en la cuna mientras los terroristas de ETA abrían casi a diario los telediarios con un sanguinario atentado. Pero las redes sociales les permiten visitar el vertedero ideológico una y otra vez. La algarada, ya se sabe, funciona mejor bajo la capucha del anonimato. Eso sí, entre esos centenares de mensajes no tuvimos la fortuna de encontrar ninguno condenando a ETA.

Es preocupante la indiferencia que encontramos entre los ‘rufianes’ y los ‘espinares’, hijos de la Democracia, a la hora de condenar a ETA y de reconocer a las víctimas del terrorismo. Un ejemplo se vivió en el Congreso, durante la segunda votación de la investidura de Rajoy, cuando los mismos de siempre “los de la gente” y los nacionalistas, ovacionaron a Bildu y se quedaron sentados cuando se aplaudió el honor de las víctimas de ETA. Son los mismos que consideran a Otegi un “hombre de paz”, el mismo Otegi que disfrutaba de un paseo por la playa de Zarautz mientras Miguel Ángel Blanco era vilmente asesinado. Los mismos ‘espinares’ que se sientan junto a un senador de Bildu procesado por pertenencia a ETA y no exigen su dimisión.

O los mismos que en Navarra -en este caso con el cobarde apoyo de representantes del PSOE navarro- toman la calle para defender y pedir la libertad de los agresores de dos guardias civiles -y de sus novias- en Alsasua. Su argumento era que todo se había basado en una “pelea de taberna”. Hoy sabemos que sólo tres días antes, algunos de estos agresores detenidos, ya habían intentado enfrentarse a uno de los guardias civiles agredidos y a otros números del Cuartel a la puerta de la iglesia del pueblo. Ocurrió el 12 de octubre. El mismo día en el que muchos políticos de la izquierda radical y nacionalista llamaban a la rebelión contra España y rompían con soberbia la orden judicial que impedía la apertura del Ayuntamiento de Badalona.

Si algo nos ha enseñado el episodio de Alsasua es para recordarnos que ETA no está desaparecida, que aún no ha entregado las armas ni ha pedido perdón a las víctimas. Y que sus hijos bastardos, los de la ‘kale borroka’, siguen campando a sus anchas e imponiendo su régimen de terror con el silencio cómplice de la izquierda radical y los abertzales. Si la violencia es una expresión definitiva del miedo al adversario, lo que ha quedado demostrado en Alsasua, es que existe otra violencia más refinada, otro ‘plomo’ que se aplica en forma de imposición ideológica. Y lo aplican quienes salen a las calles para pedir la libertad de los agresores de dos hombres y dos mujeres, quienes siguen sin honrar la memoria de las víctimas del terrorismo y todavía no han condenado a ETA con firmeza ni en las calles ni en las instituciones del Estado.

Llegará el momento en el que les suceda como a Pablo Escobar al final de sus días, mirando a su alrededor para percatarse de que, tras años de plomo, ya no quedaba nadie a su lado para justificar sus crímenes. Mientras eso llega, la inmensa mayoría de los españoles mantendremos viva la Verdad, Memoria, Dignidad y Justicia de las víctimas del terrorismo, porque los casi mil muertos de ETA merecen ser recordados cada día. Una sociedad no progresará sino reconoce la lucha de sus héroes. Y las víctimas de ETA fueron héroes. Todos.

 

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